Evangelio según San Mateo: Biblia Católica Completa

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Evangelio según San Mateo

Texto íntegro en la traducción católica de Monseñor Juan Straubinger, con notas patrísticas y exegéticas. 28 capítulos completos con acceso directo por versículos.

Introducción Canónica y Teológica

De la vida de San Mateo, que antes se llamaba Leví, sabemos muy poco. Era publicano, es decir, recaudador de tributos, en Cafarnaúm, hasta que un día Jesús lo llamó al apostolado, diciéndole simplemente: "Sígueme"; y Leví "levantándose le siguió" (Mateo 9, 9).

Su vida apostólica se desarrolló primero en Palestina, al lado de los otros Apóstoles; más tarde predicó probablemente en Etiopía (África), donde a lo que parece también padeció el martirio. Su cuerpo se venera en la Catedral de Salerno (Italia); su fiesta se celebra el 21 de setiembre.

San Mateo fue el primero en escribir la Buena Nueva en forma de libro, entre los años 40-50 de la era cristiana. Lo compuso en lengua aramea o siríaca, para los judíos de Palestina que usaban aquel idioma. Más tarde este Evangelio, cuyo texto arameo se ha perdido, fue traducido al griego.

El fin que San Mateo se propuso fue demostrar que Jesús es el Mesías prometido, porque en Él se han cumplido los vaticinios de los Profetas. Para sus lectores inmediatos no había mejor prueba que esta, y también nosotros experimentamos, al leer su Evangelio, la fuerza avasalladora de esa comprobación.

Índice de Capítulos (1 al 28)
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I. Infancia de jesucristo

Genealogía legal de Jesús

1Genealogía [1] de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán:

2Abrahán engendró a Isaac; Isaac engendró a Jacob; Jacob engendró a Judá y a sus hermanos;

3Judá engendró a Farés y a Zara, de Tamar [2]; Farés engendró a Esrom; Esrom engendró a Aram;

4Aram engendró a Aminadab; Aminadab engendró a Naasón; Naasón engendró a Salmón;

5Salmón engendró a Booz, de Racab; Booz engendró a Obed, de Rut; Obed engendró a Jesé;

6Jesé engendró al rey David; David engendró a Salomón, de aquella (que había sido mujer) de Urías;

7Salomón engendró a Roboam; Roboam engendró a Abía; Abía engendró a Asaf;

8Asaf engendró a Josafat; Josafat engendró a Joram; Joram engendró a Ozías;

9Ozías engendró a Joatam; Joatam engendró a Acaz; Acaz engendró a Ezequías;

10Ezequías engendró a Manasés; Manasés engendró a Amón; Amón engendró a Josías;

11Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, por el tiempo de la deportación a Babilonia.

12Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel; Salatiel engendró a Zorobabel;

13Zorobabel engendró a Abiud; Abiud engendró a Eliaquim; Eliaquim engendró a Azor;

14Azor engendró a Sadoc; Sadoc engendró a Aquim; Aquim engendró a Eliud;

15Eliud engendró a Eleazar; Eleazar engendró a Matán; Matán engendró a Jacob;

16Jacob engendró a José, el esposo de María [3], de la cual nació Jesús, el llamado Cristo.

17Así que todas las generaciones son: desde Abrahán hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

Nacimiento de Jesús

18La generación de Jesucristo fue como sigue: Desposada [4] su madre María con José, se halló antes de vivir juntos ellos, que había concebido del Espíritu Santo.

19José, su esposo, como era justo y no quería delatarla, se proponía despedirla en secreto [5].

20Mas mientras andaba con este pensamiento, he aquí que un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María tu esposa, porque su concepción es del Espíritu Santo.

21Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús (Salvador), porque Él salvará a su pueblo de sus pecados".

22Todo esto sucedió para que se cumpliese la palabra que había dicho el Señor por el profeta:

23Ved ahí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo [6], y le pondrán el nombre de Emmanuel, que se traduce: "Dios con nosotros".

24Cuando despertó del sueño, hizo José como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su esposa.

25Y sin que la conociera [7], dio ella a luz un hijo y le puso por nombre Jesús.

Adoración de los Magos

1Cuando hubo nacido Jesús en Betlehem de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos [8] del Oriente llegaron a Jerusalén,

2y preguntaron: "¿Dónde está el rey de los judíos [9] que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo".

3Oyendo esto, el rey Herodes se turbó y con él toda Jerusalén.

4Y convocando a todos los principales sacerdotes y a los escribas del pueblo, se informó de ellos dónde debía nacer el Cristo.

5Ellos le dijeron: "En Betlehem de Judea, porque así está escrito por el profeta:

6Y tú Betlehem [10] (del) país de Judá, no eres de ninguna manera la menor entre las principales (ciudades) de Judá, porque de ti saldrá el caudillo que apacentará a Israel mi pueblo".

7Entonces Herodes llamó en secreto a los magos y se informó exactamente de ellos acerca del tiempo en que la estrella había aparecido.

8Después los envió a Betlehem diciéndoles: "Id y buscad cuidadosamente al niño; y cuando lo hayáis encontrado, hacédmelo saber, para que vaya yo también a adorarlo".

9Con estas palabras del rey, se pusieron en marcha, y he aquí que la estrella, que habían visto en el Oriente, iba delante de ellos, hasta que llegando se detuvo encima del lugar donde estaba el niño.

10Al ver de nuevo la estrella experimentaron un gozo muy grande.

11Entraron en la casa y vieron al niño con María su madre. Entonces, prosternándose lo adoraron; luego abrieron sus tesoros y le ofrecieron sus dones: oro, incienso y mirra [11].

12Y, avisados en sueños que no volvieran a Herodes, regresaron a su país por otro camino.

Huida a Egipto

13Luego que partieron, un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto, donde permanecerás, hasta que yo te avise. Porque Herodes va a buscar al niño para matarlo."

14Y él se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, y salió para Egipto [12],

15y se quedó allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por el profeta [13]: "De Egipto llamé a mi hijo."

Degollación de los inocentes

16Entonces Herodes, viendo que los magos lo habían burlado, se enfureció sobremanera, y mandó matar a todos los niños de Betlehem y de toda su comarca, de la edad de dos años para abajo, según el tiempo que había averiguado de los magos.

17Entonces se cumplió la palabra dicha por el profeta Jeremías:

18"Un clamor se hizo oír en Rama, llanto y alarido grande: Raquel llora a sus hijos y rehúsa todo consuelo, porque ellos no están más" [14].

Regreso de la Sagrada Familia

19Muerto Herodes, un ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo:

20"Levántate, toma contigo al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que buscaban la vida del niño".

21Él se levantó, tomó consigo al niño y a su madre y entró en tierra de Israel.

22Pero oyendo que Arquelao reinaba en Judea en el lugar de su padre Herodes, temió ir allí; y, advertido en sueños, se fue a la región de Galilea [15].

23Y llegado allí se estableció en una ciudad llamada Nazaret [16], para que se cumpliese la palabra de los profetas: "El será llamado Nazareno."

II. Preparación para la vida pública

Predicación de Juan el Bautista

1En aquel tiempo apareció Juan el Bautista, predicando en el desierto de Judea,

2y decía: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos [17] está cerca".

3Este es de quien habló el profeta Isaías [18] cuando dijo: "Voz de uno que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas".

4Juan tenía un vestido de pelos de camello, y un cinto de piel alrededor de su cintura; su comida eran langostas y miel silvestre.

5Entonces salía hacia él Jerusalén y toda la Judea y toda la región del Jordán,

6y se hacían bautizar [19] por él en el río Jordán, confesando sus pecados.

7Mas viendo a muchos fariseos y saduceos venir a su bautismo, les dijo: "Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la cólera que viene?

8Producid, pues, frutos propios del arrepentimiento.

9Y no creáis que podéis decir dentro de vosotros: "Tenemos por padre a Abrahán"; porque yo os digo: "Puede Dios de estas piedras hacer que nazcan hijos a Abrahán".

10Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego [20].

11Yo, por mi parte, os bautizo con agua para el arrepentimiento; mas Aquel que viene después de mí es más poderoso que yo, y yo no soy digno de llevar sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

12La pala de aventar está en su mano y va a limpiar su era: reunirá el trigo en el granero, y la paja la quemará en fuego que no se apaga".

Bautismo de Jesús

13Entonces Jesús fue de Galilea al Jordán a Juan para ser bautizado por él.

14Pero Juan quería impedírselo [21] y le decía: "Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti y ¿Tú vienes a mí?"

15Jesús le respondió y dijo: "Deja ahora; porque así conviene que nosotros cumplamos toda justicia". Entonces (Juan) le dejó.

16Bautizado Jesús, salió al punto del agua, y he aquí que se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, en figura de paloma, que descendía y venía sobre Él [22].

17Y una voz del cielo decía: "Este es mi Hijo, el Amado, en quien me complazco" [23].

Jesús es tentado por el diablo

1Por aquel tiempo Jesús fue conducido al desierto por el Espíritu, para que fuese tentado por el diablo [24].

2Ayunó cuarenta días y cuarenta noches, después de lo cual tuvo hambre.

3Entonces el tentador se aproximó y le dijo: "Si Tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se vuelvan panes" [25].

4Mas Él replicó y dijo: "Está escrito: "No de pan solo vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".

5Entonces lo llevó el diablo a la Ciudad Santa y lo puso sobre el pináculo del Templo;

6y le dijo: "Si Tú eres el Hijo de. Dios, échate abajo, porque está escrito: "Él dará órdenes a sus ángeles acerca de Ti, y te llevarán en palmas, para que no lastimes tu pie contra alguna piedra".

7Respondiole Jesús: "También está escrito: "No tentarás al Señor tu Dios" [26].

8De nuevo le llevó el diablo a una montaña muy alta, y mostrándole todos los reinos del mundo y su gloria,

9le dijo: "Yo te daré todo esto si postrándote me adoras".

10Entonces [27] Jesús le dijo: "Vete, Satanás, porque está escrito: "Adorarás al Señor tu Dios, y a Él solo servirás".

11Le dejó entonces el diablo, y he aquí que ángeles se acercaron para servirle.

III. Ministerio de jesús en galilea

Comienzo de la vida pública

12Al oír (Jesús) que Juan había sido encarcelado, se retiró a Galilea,

13y dejando Nazaret, fue y habitó en Cafarnaúm [28] junto al mar, en el territorio de Zabulón y de Neftalí,

14para que se cumpliera lo que había dicho el profeta Isaías:

15"Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, más allá del Jordán, Galilea de los gentiles;

16el pueblo asentado en tinieblas, luz grande vio; y a los asentados en la región y sombra de la muerte, luz les alboreó" [29].

Los primeros discípulos

17Desde entonces Jesús comenzó a predicar y a decir: "Arrepentíos porque el reino de los cielos está cerca".

18Caminando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón el llamado Pedro y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar, pues eran pescadores,

19y díjoles: "Venid en pos de Mí y os haré pescadores de hombres".

20Al instante, dejando las redes, le siguieron.

21Pasando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago hijo de Zebedeo y Juan su hermano, en su barca con Zebedeo su padre, que estaban arreglando sus redes, y los llamó.

22Ellos al punto, abandonando la barca y a su padre, le siguieron.

Evangelización de Galilea

23Y recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos [30], y proclamando la Buena Nueva del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

24Su fama se extendió por toda la Siria, y le traían todos los pacientes afligidos de toda clase de dolencias y sufrimientos, endemoniados, lunáticos [31], paralíticos, y los sanó.

25Y le siguieron grandes muchedumbres de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán.

El sermón de la montaña. Las ocho bienaventuranzas

1Al ver estas multitudes, subió a la montaña, y habiéndose sentado, se le acercaron sus discípulos.

2Entonces, abrió su boca, y se puso a enseñarles así:

3"Bienaventurados los pobres en el espíritu [32], porque a ellos pertenece el reino de los cielos.

4Bienaventurados los afligidos, porque serán consolados.

5Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra [33].

6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque serán hartados.

7Bienaventurados los que tienen misericordia, porque para ellos habrá misericordia.

8Bienaventurados los de corazón puro [34], porque verán a Dios.

9Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios.

10Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque a ellos pertenece el reino de los cielos [35].

11Dichosos seréis cuando os insultaren, cuando os persiguieren, cuando dijeren mintiendo todo mal contra vosotros, por causa mía.

12Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos, pues así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros".

Vosotros sois la sal de la tierra

13"Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal pierde su sabor, ¿con qué será salada? Para nada vale ya, sino para que, tirada fuera, la pisen los hombres [36].

14Vosotros sois la luz del mundo. No puede esconderse una ciudad situada sobre una montaña.

15Y no se enciende una candela para ponerla debajo del celemín, sino sobre el candelero, y (así) alumbra a todos los que están en la casa.

16Así brille [37] vuestra luz ante los hombres, de modo tal que, viendo vuestras obras buenas, glorifiquen a vuestro Padre del cielo".

Jesús perfecciona la Ley Antigua

17"No vayáis a pensar que he venido a abolir la Ley y los Profetas [38]. Yo no he venido para abolir, sino para dar cumplimiento.

18En verdad os digo, hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota [39], ni un ápice de la Ley pasará, sin que todo se haya cumplido.

19Por lo tanto, quien violare uno de estos mandamientos, (aun) los mínimos, y enseñare así a los hombres, será llamado el mínimo en el reino de los cielos; mas quien los observare y los enseñare, este será llamado grande en el reino de los cielos.

20Os digo, pues, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos".

21"Oísteis que fue dicho a los antepasados: *No matarás*; el que matare será reo de condenación".

22Mas Yo os digo: "Todo aquel que se encoleriza contra su hermano, merece la condenación; quien dice a su hermano *racá* merece el sanhedrín; quien le dice *necio* merece la gehenna del fuego [40].

23Si, pues, estás presentando tu ofrenda sobre el altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo que reprocharte,

24deja allí tu ofrenda delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda [41].

25Ponte en paz, sin tardar, con tu adversario mientras vas con él por el camino, no sea que él te entregue al juez y el juez al alguacil; y te pongan en la cárcel.

26En verdad te digo, que no saldrás de allí sin que hayas pagado hasta el último centavo".

27"Oísteis que fue dicho: *No cometerás adulterio* [42].

28Mas Yo os digo: "Quienquiera mire a una mujer codiciándola, ya cometió con ella adulterio en su corazón [43].

29Si, pues, tu ojo derecho [44] te hace tropezar, arráncatelo y arrójalo lejos de ti; más te vale que se pierda uno de tus miembros y no que sea echado todo tu cuerpo en la gehenna.

30Y si tu mano derecha te es ocasión de tropiezo, córtala y arrójala lejos de ti; más te vale que se pierda uno de tus miembros y no que sea echado todo tu cuerpo en la gehenna".

31"También ha sido dicho: *Si alguno repudia a su mujer, que le dé un acta de repudio*.

32Mas Yo os digo: "Quienquiera repudie a su mujer, si no es por causa de fornicación, se hace causa de que se cometa adulterio con ella; y el que toma a una mujer repudiada comete adulterio" [45].

33"Oísteis también que fue dicho a los antepasados: *No perjurarás, sino que cumplirás al Señor lo que has jurado*.

34Mas Yo os digo que no juréis de ningún modo [46]: ni por el cielo, porque es el trono de Dios;

35ni por la tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.

36Ni jures tampoco por tu cabeza, porque eres incapaz de hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos.

37Diréis (solamente): Sí, sí; No, no. Todo lo que excede a esto, viene del Maligno".

38"Oísteis que fue dicho: *Ojo por ojo y diente por diente* [47].

39Mas Yo os digo: no resistir al que es malo; antes bien, si alguien te abofeteare en la mejilla derecha, preséntale también la otra.

40Y si alguno te quiere citar ante el juez para quitarte la túnica [48], abandónale también tu manto.

41Y si alguno te quiere llevar por fuerza una milla, ve con él dos.

42Da a quien te pide [49], y no vuelvas la espalda a quien quiera tomar prestado de ti".

43"Oísteis que fue dicho: *Amarás a tu prójimo, y odiarás a tu enemigo* [50].

44Mas Yo os digo: "Amad a vuestros enemigos, y rogad por los que os persiguen [51],

45a fin de que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace levantar su sol sobre malos y buenos, y descender su lluvia sobre justos e injustos.

46Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿Los mismos publicanos no hacen otro tanto?

47Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis vosotros de particular? ¿No hacen otro tanto los gentiles?

48Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto" [52].

De la recta intención

1"Cuidad de no practicar vuestra justicia a la vista de los hombres con el objeto de ser mirados por ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.

2Cuando, pues, haces limosna, no toques la bocina [53] delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser glorificados por los hombres; en verdad os digo, ya tienen su paga.

3Tú, al contrario, cuando haces limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha [54],

4para que tu limosna quede oculta, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará".

La oración dominical

5"Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; en verdad os digo, ya tienen su paga.

6Tú, al contrario, cuando quieras orar entra en tu aposento, corre el cerrojo de la puerta, y ora a tu Padre que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará [55].

7Y cuando oráis, no abundéis en palabras, como los paganos, que se figuran que por mucho hablar serán oídos.

8Por lo tanto, no los imitéis, porque vuestro Padre sabe qué cosas necesitáis [56], antes de que vosotros le pidáis.

9Así, pues, oraréis vosotros: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre [57];

10venga tu reino [58]; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

11Danos hoy nuestro pan supersubstancial [59];

12y perdónanos [60] nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores;

13y no nos introduzcas en tentación, antes bien líbranos del Maligno [61].

14Si, pues, vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial os perdonará también [62];

15pero si vosotros no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestros pecados".

El ayuno

16"Cuando ayunéis [63], no pongáis cara triste, como los hipócritas, que fingen un rostro escuálido para que las gentes noten que ellos ayunan; en verdad, os digo, ya tienen su paga.

17Mas tú, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,

18a fin de que tu ayuno sea visto, no de las gentes, sino de tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará".

Las verdaderas riquezas

19"No os amontonéis tesoros en la tierra, donde polilla y herrumbre (los) destruyen, y donde los ladrones horadan los muros y roban.

20Amontonaos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni herrumbre destruyen, y donde ladrones no horadan ni roban.

21Porque allí donde está tu tesoro, allí también estará tu corazón" [64].

22"La lámpara del cuerpo es el ojo: Si tu ojo está sencillo, todo tu cuerpo gozará de la luz [65];

23pero si tu ojo está inservible, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Luego, si la luz que hay en ti es tiniebla, ¿las tinieblas mismas, cuán grandes serán?".

24"Nadie puede servir a dos señores; porque odiará al uno y amará al otro; o se adherirá al uno y despreciará al otro. Vosotros no podéis servir a Dios y a Mammón" [66].

Confianza en la providencia del divino Padre

25"Por esto os digo: no os preocupéis por vuestra vida: qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, con qué lo vestiréis [67]. ¿No vale más la vida que el alimento? ¿y el cuerpo más que el vestido?

26Mirad las aves del cielo, que no siembran ni siegan, ni juntan en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta [68]. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?

27¿Y quién de vosotros puede, por mucho que se afane, añadir un codo a su estatura [69] ?

28y por el vestido, ¿por qué preocuparos? Aprended de los lirios del campo: cómo crecen; no trabajan, ni hilan,

29mas Yo os digo, que ni Salomón, en toda su magnificencia, se vistió como uno de ellos [70].

30Si, pues, la hierba del campo, que hoy aparece y mañana es echada al horno, Dios así la engalana ¿no (hará Él) mucho más a vosotros, hombres de poca fe?

31No os preocupéis, por consiguiente, diciendo: "¿Qué tendremos para comer [71] ? ¿Qué tendremos para beber? ¿Qué tendremos para vestirnos?"

32Porque todas estas cosas las codician los paganos. Vuestro Padre celestial ya sabe [72] que tenéis necesidad de todo eso.

33Buscad, pues, primero el reino de Dios y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura [73].

34No os preocupéis, entonces, del mañana. El mañana se preocupará de sí mismo. A cada día le basta su propia pena [74] ".

No Juzgar

1"No juzguéis [75], para que no seáis juzgados.

2Porque el juicio que vosotros hacéis, se aplicará a vosotros [76], y la medida que usáis, se usará para vosotros.

3¿Por qué ves la pajuela que está en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que está en tu ojo? [77]

4¿O cómo puedes decir a tu hermano: "Déjame quitar la pajuela de tu ojo", mientras hay una viga en el tuyo?

5Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo, y entonces verás bien para sacar la pajuela del ojo de tu hermano".

6"No deis a los perros lo que es santo y no echéis vuestras perlas ante los puercos, no sea que las pisoteen con sus pies, y después, volviéndose, os despedacen" [78].

Poder de la oración

7"Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; golpead y se os abrirá [79].

8Porque todo el que pide obtiene; y el que busca encuentra; y al que golpea, se le abre.

9¿O hay acaso entre vosotros algún hombre que al hijo que le pide pan, le dé una piedra;

10O si le pide un pescado, le dé una serpiente?

11Si, pues, vosotros, que sois malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¡cuánto más vuestro Padre celestial dará cosas buenas a los que le pidan [80] !

12Así que, todo cuanto queréis que los hombres os hagan, hacedlo también vosotros a ellos [81]; esta es la Ley y los Profetas".

Los dos caminos

13"Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición y muchos son los que entran por él.

14Porque angosta es la puerta [82] y estrecho el camino que lleva a la vida, y pocos son los que lo encuentran".

Prevención sobre los falsos profetas

15"Guardaos de los falsos profetas [83], los cuales vienen a vosotros disfrazados de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces.

16Los conoceréis por sus frutos. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?

17Asimismo todo árbol bueno da frutos sanos, y todo árbol malo da frutos malos.

18Un árbol bueno no puede llevar frutos malos, ni un árbol malo frutos buenos.

19Todo árbol que no produce buen fruto, es cortado y echado al fuego.

20De modo que por sus frutos los conoceréis".

21"No todo el que me dice: "Señor, Señor", entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial [84].

22Muchos me dirán en aquel día [85]: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos cantidad de prodigios?"

23Entonces les declararé: "Jamás os conocí. ¡Alejaos de Mí, obradores de iniquidad!" [86].

Necesidad de poner en práctica el Evangelio

24Así pues, todo el que oye estas palabras mías y las pone en práctica, se asemejará a un varón sensato que ha edificado su casa sobre la roca:

25Las lluvias cayeron, los torrentes vinieron, los vientos soplaron y se arrojaron contra aquella casa, pero ella no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.

26Y todo el que oye estas palabras mías y no las pone en práctica, se asemejará a un varón insensato que ha edificado su casa sobre la arena:

27Las lluvias cayeron, los torrentes vinieron, los vientos soplaron y se arrojaron contra aquella casa, y cayó, y su ruina fue grande".

28Y sucedió que, cuando Jesús hubo acabado este discurso, las multitudes estaban poseídas de admiración por su doctrina;

29porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas de ellos.

El gran taumaturgo

1Cuando bajó de la montaña, le fueron siguiendo grandes muchedumbres.

2Y he aquí que un leproso se aproximó, se prosternó delante de Él y le dijo: "Señor, si Tú quieres, puedes limpiarme".

3Y Él, tendiéndole su mano, lo tocó y le dijo: "Quiero, queda limpio", y al punto fue sanado de su lepra.

4Díjole entonces Jesús: "Mira, no lo digas a nadie; sino ve a mostrarte al sacerdote y presenta la ofrenda prescrita por Moisés, para que les sirva de testimonio [87] ".

5Cuando hubo entrado en Cafarnaúm, se le aproximó un centurión [88] y le suplicó,

6diciendo: "Señor, mi criado está en casa, postrado, paralítico, y sufre terriblemente".

7Y Él le dijo: "Yo iré y lo sanaré".

8Pero el centurión replicó diciendo: "Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo, mas solamente dilo con una palabra y quedará sano mi criado [89].

9Porque también yo, que soy un subordinado, tengo soldados a mis órdenes, y digo a este: "Ve" y él va; a aquel: "Ven", y viene; y a mi criado: "Haz esto", y lo hace".

10Jesús se admiró al oírlo, y dijo a los que le seguían: "En verdad, os digo, en ninguno de Israel he hallado tanta fe".

11Os digo pues: "Muchos llegarán del Oriente y del Occidente y se reclinarán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos,

12mientras que los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allá será el llanto y el rechinar de dientes".

13Y dijo Jesús al centurión: "Anda; como creíste, se te cumpla". Y el criado en esa misma hora fue sanado.

14Entró Jesús en casa de Pedro y vio a la suegra de este, en cama, con fiebre.

15La tomó de la mano y la fiebre la dejó; y ella se levantó y le sirvió.

16Caída ya la tarde, le trajeron muchos endemoniados y expulsó a los espíritus con su palabra, y sanó a todos los enfermos.

17De modo que se cumplió lo dicho por medio del profeta Isaías [90]: "Él quitó nuestras dolencias, y llevó sobre Sí nuestras flaquezas".

18Y Jesús, viéndose rodeado por una, multitud, mandó pasar a la otra orilla.

19Entonces un escriba se acercó y le dijo: "Maestro, te seguiré adonde quiera que vayas".

20Jesús le dijo: "Las zorras tienen sus guaridas, y las aves del cielo sus nidos, mas el Hijo del hombre [91] no tiene dónde reclinar la cabeza".

21Otro de sus discípulos, le dijo: "Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre".

22Respondiole Jesús: "Sígueme, y deja a los muertos enterrar a sus muertos".

Jesús calma la tempestad del mar

23Cuando subió después a la barca, sus discípulos lo acompañaron.

24Y de pronto el mar se puso muy agitado, al punto que las olas llegaban a cubrir la barca; Él, en tanto, dormía.

25Acercáronse y lo despertaron diciendo: "Señor, sálvanos, que nos perdemos".

26Él les dijo: "¿Por qué tenéis miedo, desconfiados?" Entonces se levantó e increpó a los vientos y al mar, y se hizo una gran calma.

27Y los hombres se maravillaron y decían: "¿Quién es Este, que aun los vientos y el mar le obedecen?".

Expulsión de demonios

28Y cuando llegó a la otra orilla, al país de los gadarenos [92], vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de unos sepulcros y eran en extremo feroces, tanto, que nadie podía pasar por aquel camino.

29y se pusieron a gritar: "¿Qué tenemos que ver contigo, Hijo de Dios? ¿Viniste aquí para atormentarnos antes de tiempo?"

30Lejos de ellos pacía una piara de muchos puercos.

31Los demonios le hicieron, pues, esta súplica: "Si nos echas, envíanos a la piara de puercos".

32Él les dijo: "Andad"; a lo cual ellos salieron y se fueron a los puercos. Y he aquí que la piara entera se lanzó por el precipicio al mar, y pereció en las aguas.

33Los porqueros huyeron, y yendo a la ciudad refirieron todo esto, y también lo que había sucedido a los endemoniados.

34Entonces toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se retirase de su territorio [93].

Curación de un paralítico

1Subiendo a la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad.

2Y he aquí que le presentaron un paralítico, postrado en una camilla. Al ver la fe de ellos, dijo Jesús al paralítico: "Confía, hijo, te son perdonados los pecados".

3Entonces algunos escribas comenzaron a decir interiormente: "Este blasfema".

4Mas Jesús, viendo sus pensamientos, dijo: "¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: "Te son perdonados los pecados", o decir:

5"Levántate y camina?

6¡Y bien! para que sepáis que tiene poder el Hijo del hombre, sobre la tierra, de perdonar pecados —dijo, entonces, al paralítico—: "Levántate, cárgate la camilla y vete a tu casa" [94].

7Y se levantó y se volvió a su casa.

8Al ver esto, quedaron las muchedumbres poseídas de temor y glorificaron a Dios que tal potestad había dado en favor de los hombres.

Vocación de Mateo

9Pasando de allí, vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en la recaudación de los tributos, y le dijo: "Sígueme". Y él se levantó y le siguió.

10Y sucedió que estando Él a la mesa en la casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores vinieron a reclinarse con Jesús y sus discípulos.

11Viendo lo cual, los fariseos dijeron a los discípulos: "¿Por qué vuestro maestro come con los publicanos y los pecadores?" [95].

12Él los oyó y dijo: "No son los sanos los que tienen necesidad de médico, sino los enfermos.

13Id, pues, y aprended lo que significa: "Misericordia quiero y no sacrificio" [96]. Porque no he venido a llamar justos, sino pecadores".

Los discípulos del Bautista

14Entonces, se acercaron a Él los discípulos de Juan y le dijeron: "¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos mucho, y tus discípulos no ayunan?"

15Respondioles Jesús: "¿Pueden los hijos del esposo afligirse mientras el esposo está con ellos? Pero vendrán días en que el esposo [97] les será quitado, y entonces ayunarán.

16Nadie pone un remiendo de paño nuevo en un vestido viejo, porque aquel pedazo entero tira del vestido, y se hace peor la rotura.

17Ni tampoco se echa vino nuevo en cueros viejos; de otra manera, los cueros revientan, y el vino se derrama, y los cueros se pierden; sino que el vino nuevo se echa en cueros nuevos, y así ambos se conservan".

Jesús sana a la hemorroisa y resucita a la hija de Jairo

18Mientras les decía estas cosas, un magistrado [98] se le acercó, se prosternó y le dijo: "Mi hija acaba de morir, pero ven a poner sobre ella tu mano y revivirá".

19Jesús se levantó y lo siguió; y también sus discípulos.

20Y he ahí que una mujer que padecía un flujo de sangre hacía doce años, se aproximó a Él por detrás y tocó la franja de su vestido.

21Porque ella se decía: "Con que toque solamente su vestido, quedaré sana".

22Mas Jesús, volviéndose, la miró y dijo: "Confianza, hija, tu fe te ha sanado" [99]. Y quedó sana desde aquella hora.

23Cuando Jesús llegó a la casa del magistrado, vio a los flautistas, y al gentío que hacía alboroto,

24y dijo: "¡Retiraos! La niña no ha muerto sino que duerme". Y se reían de Él.

25Después, echada fuera la turba, entró Él, tomó la mano de la niña, y esta se levantó.

26Y la noticia del hecho se difundió por toda aquella región.

Jesús da vista a dos ciegos

27Cuando salía Jesús de allí, dos ciegos lo siguieron, gritando: "¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David [100] !"

28Y al llegar a la casa, los ciegos se le acercaron, y Jesús les dijo: "¿Creéis que puedo hacer eso?" Respondiéronle: "Sí, Señor".

29Entonces les tocó los ojos diciendo: "Os sea hecho según vuestra fe". Y sus ojos se abrieron.

30Y Jesús les ordenó rigurosamente: "¡Mirad que nadie lo sepa!".

31Pero ellos, luego que salieron, hablaron de Él por toda aquella tierra.

Curación de un mudo

32Cuando ellos hubieron salido, le presentaron un mudo endemoniado.

33Y echado el demonio, habló el mudo, y las multitudes, llenas de admiración, se pusieron a decir: "Jamás se ha visto cosa parecida en Israel".

34Pero los fariseos decían: "Por obra del príncipe de los demonios lanza a los demonios".

35Y Jesús recorría todas las ciudades y las aldeas, enseñando en sus sinagogas y proclamando la Buena Nueva del Reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia.

36Y viendo a las muchedumbres, tuvo compasión de ellas, porque estaban como ovejas que no tienen pastor [101], esquilmadas y abatidas.

37Entonces dijo a sus discípulos: "La mies es grande, mas los obreros son pocos [102].

38Rogad pues al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies".

Nombres de los apóstoles

1Y llamando a sus doce discípulos, les dio potestad de echar a los espíritus inmundos y de sanar toda enfermedad y toda dolencia.

2He aquí los nombres de los doce Apóstoles: primero Simón, llamado Pedro [103], y Andrés su hermano; Santiago el de Zebedeo y Juan su hermano;

3Felipe y Bartolomé; Tomas y Mateo el publicano; Santiago, el de Alfeo, y Tadeo;

4Simón el Cananeo, y Judas el Iscariote [104], el mismo que lo entregó.

Misión de los doce

5Estos son los Doce que Jesús envió, después de haberles dado instrucciones, diciendo: "No vayáis hacia los gentiles y no entréis en ninguna ciudad de samaritanos [105],

6sino id más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel [106].

7Y de camino predicad diciendo: "El reino de los cielos se ha acercado".

8Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad fuera demonios. Recibisteis gratuitamente, dad gratuitamente.

9No tengáis ni oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos [107];

10ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero es acreedor a su sustento.

11Llegados a una ciudad o aldea, informaos de quien en ella es digno, y quedaos allí hasta vuestra partida.

12Al entrar a una casa decidle el saludo (de paz) [108].

13Si la casa es digna, venga vuestra paz a ella; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros.

14Y si alguno no quiere recibiros ni escuchar vuestras palabras, salid de aquella casa o de aquella ciudad y sacudid el polvo de vuestros pies.

15En verdad, os digo, que en el día del juicio (el destino) será más tolerable para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad".

Predicción de persecuciones

16"Mirad que Yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas [109].

17Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los sanhedrines y os azotarán en sus sinagogas,

18y por causa de Mí seréis llevados ante gobernadores y reyes, en testimonio para ellos y para las naciones.

19Mas cuando os entregaren, no os preocupéis de cómo o qué hablaréis. Lo que habéis de decir os será dado en aquella misma hora [110].

20Porque no sois vosotros los que habláis, sino que el Espíritu de vuestro Padre es quien, habla en vosotros.

21Y entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; y se levantarán hijos contra padres y los harán morir.

22Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que perseverare hasta el fin, ese será salvo.

23Cuando os persiguieren en una ciudad, huid a otra. En verdad, os digo, no acabaréis (de predicar en) las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del Hombre" [111].

24"El discípulo no es mejor que su maestro [112], ni el siervo mejor que su amo.

25Basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo ser como su amo. Si al dueño de casa llamaron Beelzebul [113], ¿cuánto más a los de su casa?

26No los temáis. Nada hay oculto que no deba ser descubierto, y nada secreto que no deba ser conocido.

27Lo que os digo en las tinieblas, repetidlo en pleno día; lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas [114].

28Y no temáis a los que matan el cuerpo, y que no pueden matar el alma; mas temed a aquel que puede perder alma y cuerpo en la gehenna [115].

29¿No se venden dos gorriones por un as [116] ? Ahora bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin disposición de vuestro Padre.

30En cuanto a vosotros, todos los cabellos de vuestra cabeza están contados.

31No temáis, pues vosotros valéis más que muchos gorriones".

Exhortaciones y consuelos

32"A todo aquel que me confiese delante de los hombres, Yo también lo confesaré delante de mi Padre celestial;

33mas a quien me niegue delante de los hombres, Yo también lo negaré delante de mi Padre celestial.

34No [117] creáis que he venido a traer la paz sobre la tierra. No he venido a traer paz, sino espada.

35He venido, en efecto, a separar al hombre de su padre, a la hija de su madre, a la nuera de su suegra;

36y serán enemigos del hombre los de su propia casa.

37Quien ama a su padre o a su madre más que a Mí, no es digno de Mí; y quien ama a su hijo o a su hija más que a Mí, no es digno de Mí.

38Quien no toma su cruz y me sigue [118], no es digno de Mí.

39Quien halla su vida [119], la perderá; y quien pierde su vida por Mí, la hallará".

40Quien a vosotros recibe, a Mí me recibe [120], y quien me recibe a Mí, recibe a Aquel que me envió.

41Quien recibe a un profeta a título de profeta, recibirá la recompensa de profeta; quien recibe a un justo a título de justo, recibirá la recompensa del justo.

42y quienquiera diere de beber tan solo un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, a título de discípulo, en verdad os digo, no perderá su recompensa [121] ".

Jesús y el Bautista

1Cuando Jesús hubo acabado de dar así instrucciones a sus doce apóstoles, partió de allí para enseñar y predicar en las ciudades de ellos.

2Y Juan, al oír en su prisión las obras de Cristo, le envió a preguntar por medio de sus discípulos:

3"¿Eres Tú *El que viene* [122], o debemos esperar a otro?"

4Jesús les respondió y dijo: "Id y anunciad a Juan lo que oís y veis:

5Ciegos ven, cojos andan, leprosos son curados, sordos oyen, muertos resucitan, y pobres son evangelizados [123];

6¡y dichoso el que no se escandalizare de Mí [124] !"

7Y cuando ellos se retiraron, Jesús se puso a decir a las multitudes a propósito de Juan: "¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Acaso una caña sacudida por el viento?

8Y si no, ¿qué fuisteis a ver? ¿Un hombre ataviado con vestidos lujosos? Pero los que llevan vestidos lujosos están en las casas de los reyes.

9Entonces ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.

10Este es de quien está escrito: "He ahí que Yo envío a mi mensajero que te preceda, el cual preparará tu camino delante de ti".

11En verdad, os digo, no se ha levantado entre los hijos de mujer, uno mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él [125].

12Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos padece fuerza [126], y los que usan la fuerza se apoderan de él.

13Todos los profetas, lo mismo que la Ley, han profetizado hasta Juan,

14y, si queréis creerlo, él mismo es Elías, el que debía venir [127].

15¡Quién tiene oídos oiga!"

Terquedad del pueblo

16"¿Pero, con quien comparar la raza esta? Es semejante a muchachos que, sentados en las plazas, gritan a sus camaradas:

17Os tocamos la flauta y no danzasteis, entonamos cantos fúnebres y no plañisteis.

18Porque; vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Está endemoniado".

19Vino el Hijo del Hombre [128], que come y bebe, y dicen: "Es un glotón y borracho, amigo de publicanos y de pecadores". Mas la Sabiduría ha sido justificada por sus obras".

¡Ay de las ciudades impenitentes!

20Entonces se puso a maldecir a las ciudades donde había hecho el mayor número de sus milagros, porque no se habían arrepentido:

21"¡Ay de ti Corazín! ¡Ay de ti Betsaida! porque si en Tiro y en Sidón [129] se hubiesen hecho los prodigios que han sido hechos en vosotras, desde hace mucho tiempo se habrían arrepentido en saco y en ceniza.

22Por eso os digo, que el día del juicio será más soportable para Tiro y Sidón que para vosotras.

23Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso habrás de ser exaltada hasta el cielo? Hasta el abismo serás abatida. Porque si en Sodoma hubiesen sucedido las maravillas que han sido hechas en ti, aún estaría ella en pie el día de hoy.

24Por eso te digo que el día del juicio será más soportable para la tierra de Sodoma que para ti".

Infancia espiritual

25Por aquel tiempo Jesús dio una respuesta, diciendo: "Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque encubres estas cosas a los sabios y a los prudentes, y las revelas a los pequeños [130].

26Así es, oh Padre, porque esto es lo que te agrada a Ti.

27A Mí me ha sido transmitido todo por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre conoce bien nadie sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelar (lo).

28Venid a Mí todos los agobiados y los cargados [131], y Yo os haré descansar.

29Tomad sobre vosotros el yugo mío, y dejaos instruir por Mí, porque manso [132] soy y humilde en el corazón; y encontrareis reposo para vuestras vidas.

30Porque mi yugo es excelente [133]; y mi carga es liviana".

Controversias sobre el sábado

1Por aquel tiempo, Jesús iba pasando un día de sábado, a través de los sembrados; y sus discípulos, teniendo hambre, se pusieron a arrancar algunas espigas y a comerlas.

2Viendo esto, los fariseos le dijeron: "Tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado."

3Jesús les dijo: "¿No habéis leído, pues, lo que hizo David cuando tuvo hambre él y los que estaban con él,

4cómo entró en la casa de Dios y comió los panes de la proposición, que no era lícito comer ni a él, ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes [134] ?

5¿No habéis asimismo leído en la Ley, que el día de sábado, los sacerdotes, en el templo, violan el reposo sabático y lo hacen sin culpa?

6Ahora bien, os digo, hay aquí (alguien) mayor que el Templo.

7Si hubieseis comprendido lo que significa: "Misericordia quiero, y no sacrificio", no condenaríais a unos inocentes [135].

8Porque Señor del sábado es el Hijo del hombre".

9De allí se fue a la sinagoga de ellos; y he aquí un hombre que tenía una mano seca.

10Y le propusieron esta cuestión: "¿Es lícito curar el día de sábado?" —a fin de poder acusarlo—.

11Él les dijo: "¿Cuál será de entre vosotros el que teniendo una sola oveja, si esta cae en un foso, el día de sábado, no irá a tomarla y levantarla?

12Ahora bien, ¡cuánto más vale el hombre que una oveja! Por consiguiente, es lícito hacer bien el día de sábado".

13Entonces dijo al hombre: "Extiende tu mano". Él la extendió, y le fue restituida como la otra.

14Pero los fariseos salieron y deliberaron contra Él sobre el modo de hacerlo perecer.

15Jesús, al saberlo, se alejó de allí. Y muchos lo siguieron, y los sanó a todos.

16Y les mandó rigurosamente que no lo diesen a conocer;

17para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías que dijo:

18"He aquí a mi siervo, a quien elegí, el Amado, en quien mi alma se complace. Pondré mi Espíritu sobre Él, y anunciará el juicio a las naciones [136].

19No disputará, ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas [137].

20No quebrará la caña cascada, ni extinguirá la mecha que aún humea, hasta que lleve el juicio a la victoria;

21y en su nombre pondrán las naciones su esperanza".

El pecado contra el Espíritu

22Entonces le trajeron un endemoniado ciego y mudo, y lo sanó, de modo que hablaba y veía.

23Y todas las multitudes quedaron estupefactas y dijeron: "¿Será este el Hijo de David?"

24Mas los fariseos, oyendo esto, dijeron: "Él no echa los demonios sino por Beelzebul [138], el príncipe de los demonios".

25Conociendo sus pensamientos, les dijo entonces: "Todo reino dividido contra sí mismo, está arruinado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no puede subsistir.

26Si Satanás arroja a Satanás, contra sí mismo está dividido: entonces, ¿cómo podrá subsistir su reino?

27Y si Yo, por mi parte, echo los demonios por Beelzebul, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por esto ellos serán vuestros jueces.

28Pero si por el Espíritu de Dios echo Yo los demonios, es evidente que ha llegado a vosotros el reino de Dios.

29¿O si no, cómo puede alguien entrar en la casa del hombre fuerte y quitarle sus bienes, si primeramente no ata al fuerte? Solamente entonces saqueará su casa.

30Quien no está conmigo, está contra Mí, y quien no amontona conmigo, desparrama".

31"Por eso, os digo, todo pecado y toda blasfemia será perdonada a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada [139].

32Y si alguno habla contra el Hijo del hombre, esto le será perdonado; pero al que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado ni en este siglo ni en el venidero.

33O haced (que sea) el árbol bueno y su fruto bueno, o haced (que sea) el árbol malo y su fruto malo, porque por el fruto se conoce el árbol.

34Raza de víboras, ¿cómo podríais decir cosas buenas, malos como sois? Porque la boca habla de la abundancia del corazón [140].

35El hombre bueno, de su tesoro de bondad saca el bien; el hombre malo, de su tesoro de malicia saca el mal.

36Os digo, que de toda palabra ociosa que se diga se deberá dar cuenta en el día del juicio.

37Según tus palabras serás declarado justo, según tus palabras serás condenado".

Los enemigos piden una señal

38Entonces algunos de los escribas y fariseos respondieron, diciendo: "Maestro, queremos ver de Ti una señal".

39Replicoles Jesús y dijo: "Una raza mala y adúltera requiere una señal: no le será dada otra que la del profeta Jonás.

40Pues así como Jonás estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches [141].

41Los ninivitas se levantarán, en el día del juicio, con esta raza y la condenarán, porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás; ahora bien, hay aquí más que Jonás.

42La reina del Mediodía [142] se levantará, en el juicio, con la generación esta y la condenará, porque vino de las extremidades de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón; ahora bien, hay aquí más que Salomón".

La estrategia de Satanás

43"Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, recorre los lugares áridos, buscando reposo, pero no lo halla.

44Entonces se dice: "Voy a volver a mi casa, de donde salí". A su llegada, la encuentra desocupada, barrida y adornada.

45Entonces se va a tomar consigo otros siete espíritus aún más malos que él; entran y se aposentan allí, y el estado último de ese hombre viene a ser peor que el primero. Así también acaecerá a esta raza perversa".

Los parientes de Cristo

46Mientras Él todavía hablaba a las multitudes, he ahí que su madre y sus hermanos [143] estaban fuera buscando hablarle.

47Díjole alguien: "Mira, tu madre y tus hermanos están de pie afuera buscando hablar contigo" [144].

48Mas Él respondió al que se lo decía: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?"

49Y extendiendo la mano hacia sus discípulos, dijo: "He aquí a mi madre y mis hermanos.

50Quienquiera que hace la voluntad de mi Padre celestial, este es mi hermano, hermana o madre".

Parábola del sembrador

1En aquel día, Jesús salió de casa y se sentó a la orilla del mar [145].

2Y se reunieron junto a Él muchedumbres tan numerosas, que hubo de entrar en una barca y sentarse, mientras que toda la gente se colocaba sobre la ribera.

3Y les habló muchas cosas en parábolas [146] diciendo: "He ahí que el sembrador salió a sembrar.

4Y, al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino, y los pájaros vinieron y las comieron.

5Otras cayeron en lugares pedregosos, donde no tenían mucha tierra, y brotaron en seguida por no estar hondas en la tierra.

6Y cuando el sol se levantó, se abrasaron, y no teniendo raíz, se secaron.

7Otras cayeron entre abrojos, y los abrojos, creciendo, las ahogaron.

8Otras cayeron sobre tierra buena, y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta.

9¡Quien tiene oídos, oiga! [147] "

10Aproximáronse sus discípulos y le dijeron: "¿Por qué les hablas en parábolas?"

11Respondioles y dijo: "A vosotros es dado conocer los misterios del reino de los cielos, pero no a ellos.

12Porque a quien tiene, se le dará y tendrá abundancia; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado [148].

13Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni comprenden.

14Para ellos se cumple esa profecía de Isaías: "Oiréis pero no comprenderéis, veréis y no conoceréis [149].

15Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, y sus oídos oyen mal, y cierran los ojos, de miedo que vean con sus ojos, y oigan con sus oídos, y comprendan con su corazón, y se conviertan, y Yo los sane".

16Pero vosotros, ¡felices de vuestros ojos porque ven, vuestros oídos porque oyen!

17En verdad, os digo, muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; oír lo que vosotros oís y no lo oyeron".

18"Escuchad pues, vosotros la parábola del sembrador.

19Sucede a todo el que oye la palabra del reino y no la comprende [150], que viene el maligno y arrebata lo que ha sido sembrado en su corazón: este es el sembrado a lo largo del camino.

20El sembrado en pedregales, este es el hombre que, oyendo la palabra, en seguida la recibe con alegría;

21pero no teniendo raíz en sí mismo, es de corta duración, y cuando llega la tribulación o la persecución por causa de la palabra, al punto se escandaliza.

22El sembrado entre los abrojos, este es el hombre que oye la palabra, pero la preocupación de este siglo y el engaño de las riquezas sofocan la palabra, y ella queda sin fruto.

23Pero el sembrado en tierra buena, este es el hombre que oye la palabra y la comprende [151]: él sí que fructifica y produce ya ciento, ya sesenta, ya treinta".

Parábola de la cizaña

[152].

24Otra parábola les propuso, diciendo: "El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró grano bueno en su campo.

25Pero, mientras la gente dormía, vino su enemigo, sobresembró cizaña entre el trigo, y se fue.

26Cuando brotó, pues, la hierba y dio grano, apareció también la cizaña.

27Y fueron los siervos al dueño de casa y le dijeron: "Señor ¿no sembraste grano bueno en tu campo? ¿Cómo, entonces, tiene cizaña?"

28Les respondió: "Algún enemigo ha hecho esto". Le preguntaron: "¿Quieres que vayamos a recogerla?"

29Mas él respondió: "No, no sea, que al recoger la cizaña, desarraiguéis también el trigo.

30Dejadlos crecer juntamente hasta la siega. Y al momento de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y al trigo juntadlo en mi granero" [153].

Parábola del grano de mostaza

31Les propuso esta otra parábola: "El reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo [154].

32Es el más pequeño de todos los granos, pero cuando ha crecido es más grande que las legumbres, y viene a ser un árbol, de modo que los pájaros del cielo llegan a anidar en sus ramas".

Parábola de la levadura

33Otra parábola les dijo: "El reino de los cielos es semejante a la levadura, que una mujer tomó y escondió [155] en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó".

34Todo esto, lo decía Jesús a las multitudes en parábolas, y nada les hablaba sin parábola,

35para que se cumpliese lo que había sido dicho por medio del profeta: "Abriré mis labios en parábolas; narraré cosas escondidas desde la fundación del mundo" [156].

Interpretación de la parábola de la cizaña

36Entonces, despidió a la multitud y volvió a la casa. Y los discípulos se acercaron a Él y dijeron: "Explícanos la parábola de la cizaña del campo".

37Respondioles y dijo: "El que siembra la buena semilla, es el Hijo del hombre.

38El campo es el mundo. La buena semilla, esos son los hijos del reino. La cizaña son los hijos del maligno.

39El enemigo que la sembró es el diablo. La siega es la consumación del siglo. Los segadores son los ángeles.

40De la misma manera que se recoge la cizaña y se la echa al fuego, así será en la consumación del siglo.

41El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y recogerán de su reino todos los escándalos, y a los que cometen la iniquidad,

42y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

43Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. ¡Quien tiene oídos, oiga!"

Parábolas del tesoro escondido, de la perla y de la red

44"El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido [157] en un campo; un hombre, habiéndolo descubierto, lo volvió a esconder, y en su gozo fue y vendió todo lo que tenía, y compró aquel campo.

45También, el reino de los cielos es semejante a un mercader en busca de perlas finas [158].

46Habiendo encontrado una de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.

47También es semejante el reino de los cielos a una red [159] que se echó en el mar y que recogió peces de toda clase.

48Una vez llena, la tiraron a la orilla, y sentándose juntaron los buenos en canastos, y tiraron los malos.

49Así será en la consumación del siglo. Saldrán los ángeles y separarán a los malos de en medio de los justos [160],

50y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

51¿Habéis entendido todo esto? [161] " Le dijeron: "Sí".

52Entonces, les dijo: "Así todo escriba que ha llegado a ser discípulo del reino de los cielos, es semejante al dueño de casa que saca de su tesoro lo nuevo y lo viejo".

Jesús predicando en Nazaret

53Y cuando Jesús hubo acabado estas parábolas, partió de este lugar,

54y fue a su patria [162], y les enseñaba en la sinagoga de ellos; de tal manera que estaban poseídos de admiración y decían: "¿De dónde tiene Este la sabiduría esa y los milagros?

55¿No es Este el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?

56¿Y sus hermanas no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?"

57Y se escandalizaban de Él [163]. Mas Jesús les dijo: "Un profeta no está sin honor sino en su país y en su familia".

58Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe.

Muerte del Bautista

1En aquel tiempo, Herodes el tetrarca [164] oyó hablar de Jesús,

2y dijo a sus servidores: "Este es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso las virtudes operan en él".

3Porque Herodes había prendido a Juan, encadenándolo y puesto en prisión, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo [165].

4Pues Juan le decía: "No te es permitido tenerla".

5Y quería quitarle la vida, pero temía al pueblo, que lo consideraba como profeta.

6Mas en el aniversario del nacimiento de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de los convidados y agradó a Herodes,

7quien le prometió, con juramento, darle lo que pidiese.

8Y ella instruida por su madre: "Dame aquí, dijo, sobre un plato, la cabeza de Juan el Bautista".

9A pesar de que se afligió el rey, en atención a su juramento, y a los convidados, ordenó que se le diese [166].

10Envió, pues, a decapitar a Juan en la cárcel.

11Y la cabeza de este fue traída sobre un plato, y dada a la muchacha, la cual la llevó a su madre.

12Sus discípulos vinieron, se llevaron el cuerpo y lo sepultaron; luego fueron a informar a Jesús.

Primera multiplicación de los panes

13Jesús, habiendo oído esto, se retiró de allí en barca, a un lugar desierto, a solas. Las muchedumbres, al saberlo, fueron a pie, de diversas ciudades, en su busca.

14Y cuando desembarcó, vio un gran gentío; y teniendo compasión de ellos, les sanó a los enfermos.

15Como venía la tarde, sus discípulos se llegaron a Él diciendo: "Este lugar es desierto, y la hora ya ha pasado. Despide, pues, a la gente, para que vaya a las aldeas a comprarse comida".

16Mas Jesús les dijo: "No necesitan irse; dadles vosotros de comer".

17Ellos le dijeron: "No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces".

18Díjoles: "Traédmelos aquí".

19Y habiendo mandado que las gentes se acomodasen sobre la hierba, tomó los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo los bendijo [167] y, habiendo partido los panes, los dio a los discípulos y los discípulos a las gentes.

20Y comieron todos y se saciaron y alzaron lo sobrante de los trozos, doce canastos llenos.

21Y eran los que comieron cinco mil varones, sin contar mujeres y niños.

22En seguida obligó a sus discípulos a reembarcarse, precediéndole, a la ribera opuesta, mientras Él despedía a la muchedumbre.

Jesús camina sobre las aguas

23Despedido que hubo a las multitudes, subió a la montaña para orar aparte, y caída ya la tarde, estaba allí solo [168].

24Mas, estando la barca muchos estadios lejos de la orilla, era combatida por las olas, porque el viento era contrario.

25Y a la cuarta vigilia de la noche vino a ellos, caminando sobre el mar.

26Mas los discípulos viéndolo andar sobre el mar, se turbaron diciendo: Es un fantasma; y en su miedo, se pusieron a gritar.

27Pero en seguida les habló Jesús y dijo: "¡Ánimo! soy Yo. No temáis".

28Entonces, respondió Pedro y le dijo: "Señor, si eres Tú, mándame ir a Ti sobre las aguas".

29Él le dijo: "¡Ven!". Y Pedro saliendo de la barca, y andando sobre las aguas, caminó hacia Jesús.

30Pero, viendo la violencia del viento, se amedrentó, y como comenzase a hundirse, gritó: "¡Señor, sálvame!"

31Al punto Jesús tendió la mano, y asió de él diciéndole: "Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?"

32Y cuando subieron a la barca, el viento se calmó.

33Entonces los que estaban en la barca se prosternaron ante Él diciendo: "Tú eres verdaderamente el Hijo de Dios".

34Y habiendo hecho la travesía, llegaron a la tierra de Genesaret.

35Los hombres del lugar, apenas lo reconocieron, enviaron mensajes por toda la comarca, y le trajeron todos los enfermos.

36Y le suplicaban los dejara tocar tan solamente la franja de su vestido, y todos los que tocaron, quedaron sanos.

Controversias con los fariseos

1Entonces se acercaron a Jesús algunos fariseos y escribas venidos de Jerusalén, los cuales le dijeron [169]:

2"¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los antepasados?, ¿por qué no se lavan las manos antes de comer?"

3Él les respondió y dijo: "Y vosotros ¿por qué traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? [170]

4Dios ha dicho: "Honra a tu padre y a tu madre", y: "El que maldice a su padre o a su madre, sea condenado a muerte" [171].

5Vosotros, al contrario, decís: "Cualquiera que diga a su padre o a su madre: "Es ofrenda (para el Templo) aquello con lo cual yo te podría haber socorrido,

6—no tendrá que honrar a su padre o a su madre". Y vosotros habéis anulado la palabra de Dios por vuestra tradición [172].

7Hipócritas, con razón Isaías profetizó de vosotros diciendo:

8"Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está lejos de Mí.

9En vano me rinden culto, pues que enseñan doctrinas que son mandamientos de hombres" [173].

10Y habiendo llamado a la multitud, les dijo: "¡Oíd y entended!

11No lo que entra en la boca mancha al hombre; sino lo que sale de la boca, eso mancha al hombre".

12Entonces sus discípulos vinieron a Él y le dijeron: "¿Sabes que los fariseos, al oír aquel dicho, se escandalizaron?"

13Les respondió: "Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada [174].

14Dejadlos: son ciegos que guían a ciegos. Si un ciego guía a otro ciego, caerán los dos en el hoyo".

15Pedro, entonces, le respondió y dijo: "Explícanos esa parábola".

16Y dijo Jesús: "¿Todavía estáis vosotros también faltos de entendimiento?

17¿No sabéis que todo lo que entra en la boca, pasa al vientre y se echa en lugar aparte?

18Pero lo que sale de la boca, viene del corazón, y eso mancha al hombre.

19Porque del corazón salen pensamientos malos, homicidios, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias.

20He aquí lo que mancha al hombre; mas el comer sin lavarse las manos, no mancha al hombre".

La cananea

21Partiendo de este lugar, se retiró Jesús a la región de Tiro y de Sidón.

22Y he ahí que una mujer cananea venida de ese territorio, dio voces diciendo: "¡Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David! Mi hija está atormentada por un demonio".

23Pero Él no le respondió nada. Entonces los discípulos, acercándose, le rogaron: "Despídela, porque nos persigue con sus gritos".

24Mas Él respondió y dijo: "No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel" [175].

25Ella, no obstante, vino a prosternarse delante de Él y dijo: "¡Señor, socórreme!"

26Mas Él respondió: "No está bien tomar el pan de los hijos para echarlo a los perros".

27Y ella dijo: "Sí, Señor, pero los perritos también comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños".

28Entonces Jesús respondiendo le dijo: "Oh mujer, grande es tu fe; hágasete como quieres". Y su hija quedó sana, desde aquel momento.

29Partiendo de allí, Jesús llegó al mar de Galilea, subió a la montaña y se sentó.

30Y vinieron a Él turbas numerosas, llevando cojos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros, y los pusieron a sus pies, y Él los sanó [176].

31De modo que el gentío estaba maravillado al ver los mudos hablando, sanos los lisiados, cojos que caminaban, ciegos que veían; y glorificaba al Dios de Israel.

Segunda multiplicación de los panes

32Entonces, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: "Me da lástima de estas gentes, porque hace ya tres días que no se apartan de Mí, y ya no tienen qué comer. No quiero despedirlas en ayunas, no sea que les falten las fuerzas en el camino".

33Los discípulos le dijeron: "¿De dónde procurarnos en este desierto pan suficiente para saciar a una multitud como esta?"

34Jesús les preguntó: "¿Cuántos panes tenéis?" Respondieron: "Siete, y algunos pececillos".

35Entonces mandó a la gente acomodarse en tierra.

36Luego tomó los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y los dio a los discípulos, y los discípulos a la gente.

37Y todos comieron y se saciaron, y levantaron lo sobrante de los pedazos, siete canastos llenos.

38Y los que comieron eran como cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños.

39Después que despidió a la muchedumbre, se embarcó, y vino al territorio de Magadán [177].

Los fariseos Y saduceos piden un milagro

1Acercáronse los fariseos y saduceos y, para ponerlo a prueba le pidieron que les hiciese ver alguna señal del cielo.

2Mas Él les respondió y dijo: "Cuando ha llegado la tarde, decís: Buen tiempo, porque el cielo está rojo",

3y a la mañana: "Hoy habrá tormenta, porque el cielo tiene un rojo sombrío". Sabéis discernir el aspecto del cielo, pero no las señales de los tiempos [178].

4Una generación mala y adúltera requiere una señal: no le será dada otra que la del profeta Jonás". Y dejándolos, se fue.

Levadura de hipocresía

5Los discípulos, al ir a la otra orilla, habían olvidado de llevar panes.

6Y Jesús les dijo: "Mirad y guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos".

7Ellos dentro de sí discurrían diciendo: "Es que no hemos traído panes".

8Mas Jesús lo conoció y dijo: "Hombres de poca fe; ¿qué andáis discurriendo dentro de vosotros mismos que no tenéis panes?

9¿No entendéis todavía, ni recordáis los cinco panes de los cinco mil, y cuántos canastos recogisteis?

10¿Ni los siete panes de los cuatro mil, y cuántos canastos recogisteis?

11¿Cómo no entendéis que no de los panes os quería hablar al deciros: "Guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos?"

12Entonces, comprendieron que no había querido decir que se guardasen de la levadura de los panes [179], sino de la doctrina de los fariseos y saduceos.

Jesús en Cesárea de Filipo. Primado de Pedro

13Y llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo [180], propuso esta cuestión a sus discípulos: "¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?"

14Respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista, otros Elías, otros Jeremías o algún otro de los profetas".

15Díjoles: "Y según vosotros, ¿quién soy Yo?"

16Respondiole Simón Pedro y dijo: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo".

17Entonces Jesús le dijo: "Bienaventurado eres, Simón Bar-Yoná, porque carne y sangre no te lo reveló, sino mi Padre celestial.

18Y Yo, te digo que tú eres Pedro [181], y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del abismo no prevalecerán contra ella.

19A ti te daré las llaves del reino de los cielos: lo que atares sobre la tierra, estará atado en los cielos, lo que desatares sobre la tierra, estará desatado en los cielos".

20Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Cristo [182].

Anuncio de la pasión

21Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas, y ser condenado a muerte y, resucitar al tercer día.

22Mas Pedro, tomándolo aparte, se puso a reconvenirle, diciendo: "¡Lejos de Ti, Señor! Esto no te sucederá por cierto".

23Pero Él volviéndose, dijo a Pedro: "¡Quítateme de delante, Satanás! ¡Un tropiezo eres para Mí, porque no sientes las cosas de Dios, sino las de los hombres!" [183].

¡Renunciarse!

24Entonces [184], dijo a sus discípulos: "Si alguno quiere seguirme, renúnciese a sí mismo, y lleve su cruz y siga tras de Mí.

25Porque el que quisiere salvar su alma, la perderá; y quien pierda su alma por mi causa, la hallará.

26Porque ¿de qué sirve al hombre, si gana el mundo entero, mas pierde su alma? ¿O qué podrá dar el hombre a cambio de su alma?

27Porque el Hijo del hombre ha de venir, en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces dará a cada uno según sus obras.

28En verdad, os digo, algunos de los que están aquí no gustarán la muerte sin que hayan visto al Hijo del hombre viniendo en su Reino" [185].

Transfiguración del Señor

1Seis días después, Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan su hermano, y los llevó aparte, sobre un alto monte.

2Y se transfiguró delante de ellos: resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

3Y he ahí que se les aparecieron Moisés y Elías [186], que hablaban con Él.

4Entonces, Pedro habló y dijo a Jesús: "Señor, bueno es que nos quedemos aquí. Si quieres, levantaré aquí tres tiendas, una para Ti, una para Moisés, y otra para Elías".

5No había terminado de hablar cuando una nube luminosa vino a cubrirlos, y una voz se hizo oír desde la nube que dijo: "Este es mi Hijo, el Amado, en quien me complazco; escuchadlo [187] a Él".

6Y los discípulos, al oírla, se prosternaron, rostro en tierra, poseídos de temor grande.

7Mas Jesús se aproximó a ellos, los tocó y les dijo: "Levantaos; no tengáis miedo".

8Y ellos, alzando los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo.

La venida de Elías

9Y cuando bajaban de la montaña, les mandó Jesús diciendo: "No habléis a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos".

10Los discípulos le hicieron esta pregunta: "¿Por qué, pues, los escribas dicen que Elías debe venir primero?"

11Él les respondió y dijo: "Ciertamente, Elías vendrá y restaurará todo [188].

12Os declaro, empero, que Elías ya vino, pero no lo conocieron, sino que hicieron con él cuento quisieron. Y así el mismo Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos".

13Entonces los discípulos cayeron en la cuenta que les hablaba con relación a Juan el Bautista.

Curación de un lunático

14Cuando llegaron adonde estaba la gente, un hombre se aproximó a Él, y, doblando la rodilla, le dijo:

15"Señor, ten piedad de mi hijo, porque es lunático y está muy mal; pues muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua.

16Lo traje a tus discípulos, y ellos no han podido sanarlo".

17Respondiole Jesús y dijo: "Oh raza incrédula y perversa, ¿hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os habré de soportar? Traédmelo aquí".

18Increpole Jesús, y el demonio salió de él, y el niño quedó sano desde aquella hora.

19Entonces los discípulos se llegaron a Jesús, aparte, y le dijeron: "¿Por qué nosotros no hemos podido lanzarlo?"

20Les dijo: "Por vuestra falta de fe [189]. Porque en verdad os digo: Que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diríais a esta montaña: "Pásate de aquí, allá", y se pasaría, y no habría para vosotros cosa imposible".

21[En cuanto a esta ralea, no se va sino con oración y ayuno].

Nuevo anuncio de la pasión

22Y yendo juntos por Galilea, Jesús les dijo: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres;

23y lo harán morir, y al tercer día resucitará". Y se entristecieron en gran manera.

El tributo del templo

24Cuando llegaron a Cafarnaúm acercáronse a Pedro los que cobraban las didracmas y dijeron: "¿No paga vuestro Maestro las dos dracmas?"

25Respondió: "Sí". Y cuando llegó a la casa, Jesús se anticipó a decirle: "Qué te parece, Simón: los reyes de la tierra ¿de quién cobran las tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?"

26Respondió: "De los extraños". Entonces Jesús le dijo: "Así, pues, libres son los hijos.

27Sin embargo, para que no los escandalicemos, ve al mar a echar el anzuelo, y el primer pez que suba, sácalo, y abriéndole la boca encontrarás un estatero. Tómalo y dáselo por Mí y por ti".

El mayor en el reino de los cielos

1En aquel tiempo, los discípulos se llegaron a Jesús y le preguntaron: "En conclusión, ¿quién es el mayor en el reino de los cielos?" [190]

2Entonces, Él llamó a sí a un niño, lo puso en medio de ellos,

3y dijo: "En verdad, os digo, si no volviereis a ser como los niños [191], no entraréis en el reino de los cielos.

4Quien se hiciere pequeño como este niñito, ese es el mayor en el reino de los cielos.

5Y quien recibe en mi nombre a un niño como este, a Mí me recibe [192] ".

El escándalo

6"Pero quien encandalizare a uno solo de estos pequeños que creen en Mí, más le valdría que se le suspendiese al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que fuese sumergido en el abismo del mar.

7¡Ay del mundo por los escándalos [193] Porque forzoso es que vengan escándalos, pero ¡ay del hombre por quien el escándalo viene!

8Si tu mano o tu pie [194] te hace tropezar, córtalo y arrójalo lejos de ti. Más te vale entrar en la vida manco o cojo, que ser, con tus dos manos o tus dos pies, echado en el fuego eterno.

9Y si tu ojo te hace tropezar, sácalo y arrójalo lejos de ti. Más te vale entrar en la vida con un solo ojo, que ser, con tus dos ojos, arrojado en la gehenna del fuego.

10Guardaos de despreciar a uno solo de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente la faz de mi Padre celestial [195].

11[Porque el Hijo del hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido] [196] ".

Valor de un Alma

12"¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se llega a descarriar, ¿no dejará sobre las montañas las noventa y nueve, para ir en busca de la que se descarrió?

13Y si llega a encontrarla, en verdad, os digo, tiene más gozo por ella que por las otras noventa y nueve, que no se descarriaron.

14De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeños" [197].

Corrección fraterna

15"Si tu hermano peca [contra ti] [198] repréndelo entre ti y él solo; si te escucha, habrás ganado a tu hermano.

16Si no te escucha toma todavía contigo un hombre o dos, para que por boca de dos testigos o tres conste toda palabra.

17Si a ellos no escucha, dilo a la Iglesia. Y si no escucha tampoco a la Iglesia [199], sea para ti como un pagano y como un publicano.

18En verdad, os digo, todo lo que atareis sobre la tierra, será atado en el cielo, y todo lo que desatareis sobre la tierra, será desatado en el cielo" [200].

19"De nuevo, en verdad, os digo, si dos de entre vosotros [201] sobre la tierra se concertaren acerca de toda cosa que pidan, les vendrá de mi Padre celestial.

20Porque allí donde dos o tres están reunidos por causa mía, allí estoy Yo en medio de ellos [202] ".

El Siervo sin entrañas

21Entonces Pedro le dijo: "Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí y le perdonaré? ¿Hasta siete veces?"

22Jesús le dijo: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete [203].

23Por eso el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos.

24Y cuando comenzó a ajustarlas, le trajeron a uno que le era deudor de diez mil talentos [204].

25Como no tenía con qué pagar, mandó el Señor que lo vendiesen a él, a su mujer y a sus hijos y todo cuanto tenía y se pagase la deuda.

26Entonces arrojándose a sus pies el siervo, postrado, le decía: "Ten paciencia conmigo, y te pagaré todo"

27Movido a compasión el amo de este siervo, lo dejó ir y le perdonó la deuda.

28Al salir, este siervo encontró a uno de sus compañeros, que le debía cien denarios [205], y agarrándolo, lo sofocaba y decía: "Paga lo que debes".

29Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba y decía: "Ten paciencia conmigo y te pagaré".

30Mas él no quiso, y lo echó a la cárcel, hasta que pagase la deuda.

31Pero, al ver sus compañeros lo ocurrido, se contristaron sobremanera y fueron y contaron al amo todo lo que había sucedido.

32Entonces lo llamó su señor y le dijo: "Mal siervo, yo te perdoné toda aquella deuda como me suplicaste.

33¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, puesto que yo me compadecí de ti?"

34Y encolerizado su señor, lo entregó a los verdugos hasta que hubiese pagado toda su deuda.

35Esto hará con vosotros mi Padre celestial si no perdonáis de corazón cada uno a su hermano [206] ".

IV. Ministerio de jesús en judea

Indisolubilidad del matrimonio

1Cuando Jesús hubo acabado estos discursos partió de Galilea, y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán.

2Le siguieron muchas gentes, y las sanó allí.

3Entonces, algunos fariseos, queriendo tentarlo, se acercaron a Él y le dijeron: "¿Es permitido al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?"

4Él respondió y dijo: "¿No habéis leído que el Creador, desde el principio, varón y mujer los hizo? [207] "

5y dijo: "Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne".

6"De modo que ya no son dos, sino una carne. ¡Pues bien! ¡Lo que Dios juntó, el hombre no lo separe!"

7Dijéronle: "Entonces ¿por qué Moisés prescribió dar libelo de repudio y despacharla?"

8Respondioles: "A causa de la dureza de vuestros corazones, os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así.

9Mas Yo os digo, quien repudia a su mujer salvo el caso de adulterio, y se casa con otra, comete adulterio, y el que se casa con una repudiada, comete adulterio".

10Dijéronle sus discípulos: "Si tal es la condición del hombre con la mujer, no conviene casarse".

11Pero Él les respondió: "No todos pueden comprender esta palabra, sino solamente aquellos a quienes es dado.

12Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos hechos por los hombres, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el reino de los cielos. El que pueda entender, entienda" [208].

Privilegios de los niños

13Entonces le fueron presentados unos niños para que pusiese las manos sobre ellos, y orase (por ellos); pero los discípulos los reprendieron.

14Mas Jesús les dijo: "Dejad a los niños venir a Mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos" [209].

15Y les impuso las manos y después partió de allí.

El joven rico

16Y he ahí que uno, acercándose a Él, le preguntó: "Maestro, ¿qué de bueno he de hacer para obtener la vida eterna?"

17Respondiole: "¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? [210] Uno solo es el bueno. Mas, si quieres entrar en la vida, observa los mandamientos".

18"¿Cuáles?", le replicó. Jesús le dijo: "No matarás; no cometerás adulterio; no robarás; no darás falso testimonio;

19honra a tu padre y a tu madre, y: amarás a tu prójimo como a ti mismo".

20Díjole entonces el joven: "Todo esto he observado; ¿qué me falta aún?"

21Jesús le contestó: "Si quieres ser perfecto, vete a vender lo que posees, y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; y ven, sígueme".

22Al oír esta palabra, el joven se fue triste, porque tenía grandes bienes.

Peligros de las riquezas

23Después dijo Jesús a sus discípulos: "En verdad, os digo: Un rico difícilmente entrará en el reino de los cielos.

24Y vuelvo a deciros que más fácil es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios".

25Al oír esto, los discípulos se asombraron en gran manera y le dijeron: "¿Quién pues podrá salvarse?"

26Mas Jesús, fijando los ojos en ellos, les dijo: "Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible" [211].

Recompensa del seguimiento de Jesús

27Entonces Pedro respondió diciéndole: "Tú lo ves, nosotros hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué nos espera?"

28Jesús les dijo: "En verdad, os digo, vosotros que me habéis seguido, en la regeneración [212], cuando el Hijo del hombre se siente sobre su trono glorioso, os sentaréis, vosotros también, sobre doce tronos, y juzgaréis a las doce tribus de Israel.

29Y todo el que dejare casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o mujer, o hijos, o campos por causa de mi nombre [213], recibirá el céntuplo y heredará la vida eterna.

30Y muchos primeros serán postreros, y (muchos) postreros, primeros".

Parábola de los obreros de la viña

1"Porque el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que salió muy de mañana a contratar obreros para su viña [214].

2Habiendo convenido con los obreros en un denario por día, los envió a su viña.

3Salió luego hacia la hora tercera, vio a otros que estaban de pie, en la plaza, sin hacer nada.

4Y les dijo: "Id vosotros también a mi viña, y os daré lo que sea justo".

5Y ellos fueron. Saliendo otra vez a la sexta y a la novena hora, hizo lo mismo.

6Saliendo todavía a eso de la hora undécima, encontró otros que estaban allí, y les dijo: "¿Por qué estáis allí todo el día sin hacer nada?"

7Dijéronle: "Porque "nadie nos ha contratado". Les dijo: "Id vosotros también a la viña".

8Llegada la tarde, el dueño de la viña dijo a su mayordomo: "Llama a los obreros, y págales el jornal, comenzando por los últimos, hasta los primeros".

9Vinieron, pues, los de la hora undécima, y recibieron cada uno un denario.

10Cuando llegaron los primeros, pensaron que recibirían más, pero ellos también recibieron cada uno un denario.

11Y al tomarlo, murmuraban contra el dueño de casa,

12y decían: "Estos últimos no han trabajado más que una hora, y los tratas como a nosotros, que hemos soportado el peso del día y el calor" [215].

13Pero él respondió a uno de ellos: "Amigo, yo no te hago injuria. ¿No conviniste conmigo en un denario?

14Toma, pues, lo que te toca, y vete. Mas yo quiero dar a este último tanto como a ti.

15¿No me es permitido, con lo que es mío, hacer lo que me place? ¿O has de ser tú envidioso, porque yo soy bueno?" [216]

16Así [217] los últimos serán primeros, y los primeros, últimos".

Tercer anuncio de la pasión

17Y subiendo Jesús a Jerusalén, tomó aparte a los doce discípulos, y les dijo en el camino:

18"He aquí que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y escribas, y lo condenarán a muerte.

19Y lo entregarán a los gentiles, para que lo escarnezcan, lo azoten y lo crucifiquen, pero al tercer día resucitará".

Falsa ambición de los hijos de Zebedeo

20Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Él con sus hijos, y prosternose como para hacerle una petición [218].

21Él le preguntó: "¿Qué deseas?" Contestole ella: "Ordena que estos dos hijos míos se sienten, el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu reino".

22Mas Jesús repuso diciendo: "No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz, que Yo he de beber?" Dijéronle: "Podemos".

23Él les dijo: "Mi cáliz, sí, lo beberéis; pero el sentaros a mi derecha o a mi izquierda, no es cosa mía [219] el darlo, sino para quienes estuviere preparado por mi Padre".

24Cuando los diez oyeron esto, se enfadaron contra los dos hermanos.

25Mas Jesús los llamó y dijo: "Los jefes de los pueblos, como sabéis, les hacen sentir su dominación, y los grandes sus poder [220].

26No será así entre vosotros [221], sino al contrario: entre vosotros el que quiera ser grande se hará el servidor vuestro,

27y el que quiera ser el primero de vosotros ha de hacerse vuestro esclavo;

28así como el Hijo del hombre vino, no para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos [222] ".

Curación de dos ciegos

29Cuando salieron de Jericó, le siguió una gran muchedumbre.

30Y he ahí que dos ciegos, sentados junto al camino, oyendo que Jesús pasaba, se pusieron a gritar, diciendo: "Señor, ten piedad de nosotros, Hijo de David".

31La gente les reprendía para que callasen, pero ellos gritaban más, diciendo: "Señor, ten piedad de nosotros, Hijo de David".

32Entonces Jesús, parándose los llamó y dijo: "¿Qué queréis que os haga?"

33Le dijeron: "¡Señor, que se abran nuestros ojos!".

34Y Jesús, teniendo compasión de ellos, les tocó los ojos, y al punto recobraron la vista, y le siguieron.

Entrada triunfal en Jerusalén

1Cuando se aproximaron a Jerusalén, y llegaron a Betfagé [223], junto al Monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos,

2diciendoles: "Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y encontraréis una asna atada y un pollino con ella: desatadlos y traédmelos.

3Y si alguno os dice algo, contestaréis que los necesita [224] el Señor; y al punto los enviará".

4Esto sucedió para que se cumpliese lo que había sido dicho por el profeta:

5"Decid a la hija de Sión [225]: He ahí que tu rey viene a ti, benigno y montado sobre una asna y un pollino, hijo de animal de yugo".

6Los discípulos fueron pues, e hicieron como Jesús les había ordenado:

7trajeron la asna y el pollino, pusieron sobre ellos sus mantos, y Él se sentó encima.

8Una inmensa multitud de gente extendía sus mantos sobre el camino, otros cortaban ramas de árboles, y las tendían por el camino.

9Y las muchedumbres que marchaban delante de Él, y las que le seguían, aclamaban, diciendo: "¡Hosanna [226] al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en lo más alto!"

10Y al entrar Él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y decían: "¿Quién es este?"

11Y las muchedumbres decían: "Este es Jesús, el profeta, de Nazaret de Galilea".

Purificación del templo

12Y entró Jesús en el Templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el Templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían las palomas;

13y les dijo: "Está escrito: "Mi casa será llamada casa de oración" [227], mas vosotros la hacéis "cueva de ladrones".

14y se llegaron a Él en el Templo ciegos y tullidos, y los sanó.

15Mas los sumos sacerdotes y los escribas, viendo los milagros que hacía, y oyendo a los niños que gritaban en el Templo y decían: "Hosanna al Hijo de David", se indignaron,

16y le dijeron: "¿Oyes lo que dicen estos?" Jesús les replicó: "Sí, ¿nunca habéis leído aquello: "De la boca de los pequeñitos y de los lactantes, me prepararé alabanza?" [228].

17Y dejándolos, salió de la ciudad a Betania, donde se albergó.

La higuera estéril

18Por la mañana, cuando volvía a la ciudad, tuvo hambre;

19y viendo una higuera junto al camino, se acercó a ella, mas no halló en ella sino hojas. Entonces le dijo: "¡Nunca más nazca ya fruto de ti!" Y en seguida la higuera se secó [229].

20Viendo esto, los discípulos se maravillaron y dijeron: "¿Cómo al momento se secó la higuera?"

21Y Jesús les dijo: "En verdad, os digo, si tenéis fe, y no dudáis, no solamente haréis lo de la higuera, sino que si decís a esta montaña: "Quítate de ahí y échate al mar", eso se hará [230].

22Y todo lo que pidiereis con fe, en la oración, lo obtendréis".

Controversia con los sumos sacerdotes y ancianos

23Llegado al Templo, se acercaron a Él, mientras enseñaba, los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo y le dijeron: "¿Con qué autoridad haces esto, y quién te ha dado ese poder?" [231].

24Mas Jesús les respondió y dijo: "Yo también quiero preguntaros una cosa; si vosotros me la decís, Yo os diré a mi vez con qué autoridad hago esto:

25El bautismo de Juan ¿de dónde era? ¿Del cielo o de los hombres?" Ellos, entonces, discurrieron así en sí mismos:

26Si decimos: "del cielo", nos dirá: "Entonces ¿por qué no le creísteis?" "Si decimos: "de los hombres", hemos de temer al pueblo, porque todos tienen a Juan por profeta".

27Respondieron, pues, a Jesús, diciendo: "No sabemos". Y Él les dijo: "Ni Yo tampoco os digo con qué autoridad hago esto".

Los dos hijos desiguales

28"¿Qué opináis vosotros? Un hombre tenía dos hijos; fue a buscar al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar a la viña" [232].

29Mas este respondió y dijo: "Voy, Señor", y no fue.

30Después fue a buscar al segundo, y le dijo lo mismo. Este contestó y dijo: "No quiero", pero después se arrepintió y fue.

31¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?" Respondieron: "El último". Entonces, Jesús les dijo: "En verdad, os digo, los publicanos y las rameras entrarán en el reino de Dios antes que vosotros [233].

32Porque vino Juan a vosotros, andando en camino de justicia, y vosotros no le creísteis, mientras que los publicanos y las rameras le creyeron. Ahora bien, ni siquiera después de haber visto esto, os arrepentisteis, para creerle".

Parábola de los viñadores homicidas

33"Escuchad otra parábola. "Había un dueño de casa, que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; después, la arrendó a unos viñadores, y se fue a otro país.

34Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los viñadores para recibir los frutos suyos [234].

35Pero los viñadores agarraron a los siervos, apalearon a este, mataron a aquel, lapidaron a otro.

36Entonces envió otros siervos en mayor número que los primeros; y los trataron de la misma manera.

37Finalmente les envió su hijo, diciendo: "Respetarán a mi hijo".

38Pero los viñadores, viendo al hijo, se dijeron entre sí: "Este es el heredero. Venid, matémoslo, y nos quedaremos con su herencia".

39Lo agarraron, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.

40Cuando vuelva pues el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos viñadores?"

41Dijeron: "Hará perecer sin piedad a estos miserables, y arrendará la viña a otros viñadores, que le paguen los frutos a su tiempo".

42y díjoles Jesús: "¿No habéis leído nunca en las Escrituras: "La piedra que desecharon los que edificaban, esa ha venido a ser cabeza de esquina; el Señor es quien hizo esto, y es un prodigio a nuestros ojos?" [235].

43Por eso os digo: El reino de Dios os será quitado, y dado a gente que rinda sus frutos.

44Y quien cayere sobre esta piedra, se hará pedazos; y a aquel sobre quien ella cayere, lo hará polvo".

45Los sumos sacerdotes y los fariseos, oyendo sus parábolas, comprendieron que de ellos hablaba.

46Y trataban de prenderlo, pero temían a las multitudes porque estas lo tenían por profeta.

Parábola del banquete nupcial

1Respondiendo Jesús les habló de nuevo en parábolas, y dijo:

2"El reino de los cielos es semejante a un rey que celebró las bodas de su hijo.

3Y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas, mas ellos no quisieron venir.

4Entonces envió a otros siervos, a los cuales dijo: "Decid a los convidados: Tengo preparado mi banquete; mis toros y animales cebados han sido sacrificados ya, y todo está a punto: venid a las bodas".

5Pero, sin hacerle caso, se fueron el uno a su granja, el otro a sus negocios.

6Y los restantes agarraron a los siervos, los ultrajaron y los mataron.

7El rey, encolerizado, envió sus soldados, hizo perecer a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.

8Entonces dijo a sus siervos: "Las bodas están preparadas, mas los convidados no eran dignos.

9Id, pues, a las encrucijadas de los caminos, y a todos cuantos halléis, invitadlos a las bodas".

10Salieron aquellos siervos a los caminos, y reunieron a todos cuantos hallaron, malos y buenos, y la sala de las bodas quedó llena de convidados.

11Mas cuando el rey entró para ver a los comensales, notó a un hombre que no estaba vestido con el traje de boda.

12Díjole: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin tener el traje de boda?" Y él enmudeció.

13Entonces el rey dijo a los siervos: "Atadlo de pies y manos, y arrojadlo a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

14Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos" [236].

La cuestión del tributo

15Entonces los fariseos se fueron y deliberaron cómo le sorprenderían en alguna palabra.

16Le enviaron, pues, sus discípulos con los herodianos, a decirle: "Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con verdad, sin miedo a nadie, porque no miras a la persona de los hombres.

17Dinos, pues, lo que piensas: ¿es lícito pagar tributo al César [237] o no?"

18Mas Jesús, conociendo su malicia, repuso: "Hipócritas, ¿por qué me tentáis?

19Mostradme la moneda del tributo". Y le presentaron un denario.

20Preguntoles: "¿De quién es esta figura y la leyenda?"

21Le respondieron: "del César". Entonces les dijo: "Dad, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios" [238].

22Oyendo esto, quedaron maravillados, y dejándolo se fueron.

Los saduceos y la resurrección

23En aquel día, algunos saduceos, los cuales dicen que no hay resurrección, se acercaron a Él, y le propusieron esta cuestión:

24"Maestro, Moisés ha dicho: 'Si alguno muere sin tener hijos, su hermano se casará con la cuñada, y suscitará prole a su hermano' [239].

25Ahora bien, había entre nosotros siete hermanos. El primero se casó y murió; y como no tuviese descendencia, dejó su mujer a su hermano.

26Sucedió lo mismo con el segundo, y con el tercero, hasta el séptimo.

27Después de todos murió la mujer.

28En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque todos la tuvieron".

29Respondioles Jesús y dijo: "Erráis, por no entender las Escrituras [240] ni el poder de Dios.

30Pues en la resurrección, ni se casan (los hombres), ni se dan (las mujeres) en matrimonio, sino que son como ángeles de Dios en el cielo.

31Y en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os ha dicho Dios:

32"Yo soy el Dios de Abrahán, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob"? Dios no es Dios de muertos, sino de vivientes" [241].

33Al oír esto, las muchedumbres estaban poseídas de admiración por su doctrina.

El mandamiento principal

34Mas los fariseos, al oír que había tapado la boca a los saduceos, vinieron a reunirse junto a Él;

35y uno de ellos, doctor de la Ley, le propuso esta cuestión para tentarlo:

36"Maestro, ¿cuál es el mayor mandamiento de la Ley?"

37Respondió Él: "Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, con toda tu alma, y con todo tu espíritu [242].

38Este es el mayor y primer mandamiento.

39El segundo le es semejante: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo".

40De estos dos mandamientos pende toda la Ley y los Profetas".

El salmo 109

41Estando aún reunidos los fariseos, Jesús les propuso esta cuestión:

42"¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo?" Dijéronle "de David".

43Replicó Él "¿Cómo, entonces, David (inspirado), por el Espíritu, lo llama "Señor", cuando dice:

44"El Señor dijo a mi Señor: Sientate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos bajo tus pies" [243] ?

45Si David lo llama "Señor" ¿cómo es su hijo?

46Y nadie pudo responderle nada, y desde ese día nadie osó más proponerle cuestiones.

Último gran discurso de Jesús en el Templo: la hipocresía de los escribas y fariseos.

1Entonces Jesús habló a las muchedumbres y a sus discípulos,

2y les dijo: "Los escribas y los fariseos se han sentado en la cátedra de Moisés.

3Todo lo que ellos os mandaren, hacedlo, y guardadlo; pero no hagáis como ellos, porque dicen, y no hacen.

4Atan cargas pesadas e insoportables y las ponen sobre las espaldas de las gentes, pero ellos mismos ni con el dedo quieren moverlas.

5Hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres; se hacen más anchas las filacterias [244] y más grandes las franjas (de sus mantos);

6quieren tener los primeros puestos en los banquetes y en las sinagogas,

7ser saludados en las plazas públicas, y que los hombres los llamen: "Rabí".

8Vosotros, empero, no os hagáis llamar "Rabí", porque uno solo es para vosotros el Maestro; vosotros sois todos hermanos [245].

9Y tampoco llaméis padre a ninguno de vosotros sobre la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo.

10Ni os llaméis director, porque uno solo es vuestro director: Cristo.

11El mayor entre vosotros sea servidor de todos [246].

12Quien se elevare, será abajado; y quien se abajare, será elevado [247] ".

13"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque cerráis con llave ante los hombres el reino de los cielos; vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando, no los dejáis entrar [248].

14[¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque devoráis las casas de las viudas, y pretextáis hacer largas oraciones. Por eso recibiréis condenación más rigurosa] [249].

15¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito [250], y cuando llega a serlo, lo hacéis doblemente más hijo de la gehenna que vosotros.

16¡Ay de vosotros, conductores ciegos!, que decís: "Quien jura por el Templo, nada es; mas quien jura por el oro del Templo, queda obligado".

17¡Insensatos y ciegos! ¿qué es más, el oro, o el Templo que santifica el oro?

18Y: "Quien jura por el altar, nada importa; mas quien jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado".

19¡Ciegos! ¿qué es más, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda?

20Quien, pues, jura por el altar, jura por el altar y por todo lo que está sobre él.

21Quien jura por el Templo, jura por él y por Aquel que lo habita.

22Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él".

23"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, que pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe [251]. Esto hay que practicar, sin omitir aquello,

24conductores ciegos, que coláis el mosquito, y os tragáis el camello.

25¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque purificáis lo exterior de la copa y del plato, mas el interior queda lleno de rapiña y de iniquidad [252].

26¡Fariseo ciego! comienza por limpiar el interior de la copa y del plato, para que también su exterior se purifique".

27"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera tienen bella apariencia, pero por dentro están llenos de osamentas de muertos y de toda inmundicia [253].

28Lo mismo vosotros, por fuera parecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad".

29"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque reedificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos;

30y decís: "Si nosotros hubiésemos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos participado con ellos en el asesinato de los profetas".

31Con esto, confesáis que sois hijos de los que mataron a los profetas.

32¡Colmad, pues, vosotros la medida de vuestros padres!"

33"¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo podréis escapar a la condenación de la gehenna?

34Por eso, he aquí que Yo os envío profetas, sabios y escribas: a unos mataréis y crucificaréis, a otros azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad,

35para que recaiga sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de Zacarías [254], hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el santuario y el altar.

36En verdad, os digo, todas estas cosas recaerán sobre la generación esta".

Queja amarga de Jesús

37"¡Jerusalén! ¡Jerusalén! tú que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados, ¡cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos debajo de sus alas, y vosotros no habéis querido!

38He aquí que vuestra casa os queda desierta.

39Por eso os digo, ya no me volveréis a ver, hasta que digáis: "¡Bendito el que viene en nombre del Señor!" [255].

Discurso escatológico de Jesús

1Saliendo Jesús del Templo, íbase de allí, y sus discípulos se le acercaron para hacerle contemplar las construcciones, del Templo.

2Entonces Él les respondió y dijo: "¿Veis todo esto? En verdad, os digo, no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada".

3Después, habiendo ido a sentarse en el Monte de los Olivos, se acercaron a Él sus discípulos en particular, y le dijeron: "Dinos cuándo sucederá esto, y cuál será la señal de tu advenimiento y de la consumación del siglo".

4Jesús les respondió diciendo: "Cuidaos que nadie os engañe [256].

5Porque muchos vendrán bajo mi nombre, diciendo: "Yo soy el Cristo", y a muchos engañarán [257].

6Oiréis también hablar de guerras y rumores de guerras. ¡Mirad que no os turbéis! Esto, en efecto, debe suceder, pero no es todavía el fin [258].

7Porque se levantará pueblo contra pueblo, reino contra reino, y habrá en diversos lugares hambres y pestes y terremotos.

8Todo esto es el comienzo de los dolores".

9"Después os entregarán a la tribulación y os matarán y seréis odiados de todos los pueblos por causa de mi nombre.

10Entonces se escandalizarán muchos, y mutuamente se traicionarán y se odiarán.

11Surgirán numerosos falsos profetas, que arrastrarán a muchos al error;

12y por efecto de los excesos de la iniquidad, la caridad de los más se enfriará [259].

13Mas el que perseverare hasta el fin, ese será salvo.

14Y esta Buena Nueva del Reino será proclamada en el mundo entero, en testimonio a todos los pueblos [260]. Entonces vendrá el fin.

15Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel [261], instalada en el lugar santo —el que lee, entiéndalo—,

16entonces los que estén en Judea, huyan a las montañas;

17quien se encuentre en la terraza, no baje a recoger las cosas de la casa;

18quien se encuentre en el campo, no vuelva atrás para tomar su manto.

19¡Ay de las que estén encintas y de las que críen en aquel tiempo!

20Rogad, pues, para que vuestra huida no acontezca en invierno ni en día de sábado [262].

21Porque habrá, entonces, grande tribulación, cual no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá más.

Falsos cristos

22Y si aquellos días no fueran acortados, nadie se salvaría; mas por razón de los elegidos serán acortados esos días.

23Si entonces os dicen: "Ved, el Cristo está aquí o allá", no lo creáis.

24Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas [263], y harán cosas estupendas y prodigios, hasta el punto de desviar, si fuera posible, aún a los elegidos [264].

25¡Mirad que os lo he predicho!

26Por tanto, si os dicen: "Está en el desierto", no salgáis; "está en las bodegas", no lo creáis.

27Porque, así como el relámpago sale del Oriente y brilla hasta el Poniente, así será la Parusía del Hijo del Hombre.

28Allí donde esté el cuerpo, allí se juntarán las águilas" [265].

Segunda venida de Cristo

29"Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días el sol se oscurecerá, y la luna no dará más su fulgor, los astros caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.

30Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre [266], y entonces se lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con Poder y gloria grande.

31Y enviará sus ángeles con trompeta de sonido grande, y juntarán a los elegidos de Él de los cuatro vientos, de una extremidad del cielo hasta la otra" [267].

Aprended de la higuera

32"De la higuera [268] aprended esta semejanza: cuando ya sus ramas se ponen tiernas, y sus hojas brotan, conocéis que está cerca el verano.

33Así también vosotros cuando veáis todo esto, sabed que está cerca, a las puertas.

34En verdad, os digo, que no pasará la generación esta [269] hasta que todo esto suceda.

35El cielo y la tierra pasarán, pero las palabras mías no pasarán ciertamente".

36"Mas en cuanto al día aquel y a la hora, nadie sabe, ni los ángeles del cielo, sino el Padre solo [270].

37Y como sucedió en tiempo de Noé, así será la Parusía del Hijo del Hombre.

38Porque así como en el tiempo que precedió al diluvio, comían, bebían, tomaban en matrimonio y daban en matrimonio, hasta el día en que entró Noé en el arca,

39y no conocieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la Parusía del Hijo del Hombre.

40Entonces, estarán dos en el campo, el uno será tomado, y el otro dejado;

41dos estarán moliendo en el molino, la una será tomada y la otra dejada".

¡Velad!

42"Velad [271], pues, porque no sabéis en qué día vendrá vuestro Señor.

43Comprended bien esto, porque si supiera el amo de casa a qué hora de la noche el ladrón había de venir, velaría ciertamente y no dejaría horadar su casa.

44Por eso, también vosotros estad prontos, porque a la hora que no pensáis [272], vendrá el Hijo del Hombre.

45¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien puso el Señor sobre su servidumbre para darles el alimento a su tiempo? [273]

46¡Feliz el servidor aquel, a quien su señor al venir hallare obrando así!

47En verdad, os digo, lo pondrá sobre toda su hacienda [274].

48Pero si aquel siervo malo dice en su corazón: "Se me retrasa el señor",

49y se pone a golpear a sus consiervos y a comer y a beber con los borrachos [275];

50volverá el señor de aquel siervo en día que no espera, y en hora que no sabe,

51y lo separará y le asignará su suerte con los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes".

Parábola de las diez vírgenes

1"En aquel entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes, que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo [276].

2Cinco de entre ellas eran necias, y cinco prudentes.

3Las necias, al tomar sus lámparas, no tomaron aceite consigo,

4mientras que las prudentes tomaron aceite en sus frascos, además de sus lámparas.

5Como el esposo tardaba, todas sintieron sueño y se durmieran.

6Mas a medianoche se oyó un grito: "¡He aquí al esposo! ¡Salid a su encuentro!"

7Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas.

8Mas las necias dijeron a las prudentes: "Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan".

9Replicaron las prudentes y dijeron: "No sea que no alcance para nosotras y para vosotras; id más bien a los vendedores y comprad para vosotras".

10Mientras ellas iban a comprar, llegó el esposo; y las que estaban prontas, entraron con él a las bodas, y se cerró la puerta.

11Después llegaron las otras vírgenes y dijeron: "¡Señor, señor, ábrenos!"

12Pero él respondió y dijo: "En verdad, os digo, no os conozco".

13Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora".

Parábolas de los talentos

14"Es como un hombre, que al hacer un viaje a otro país, llamó a sus siervos, y les encomendó sus haberes [277].

15A uno dio cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad [278]; luego partió.

16En seguida, el que había recibido cinco talentos se fue a negociar con ellos, y ganó otros cinco.

17Igualmente el de los dos, ganó otros dos.

18Mas el que había recibido uno, se fue a hacer un hoyo en la tierra, y escondió allí el dinero de su señor.

19Al cabo de mucho tiempo, volvió el señor de aquellos siervos, y ajustó cuentas con ellos.

20Presentándose el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco, y dijo: "Señor, cinco talentos me entregaste; mira, otros cinco gané".

21Díjole su señor: "¡Bien! siervo bueno y fiel; en lo poco has sido fiel, te pondré al frente de lo mucho; entra en el gozo de tu señor".

22A su turno, el de los dos talentos, se presentó y dijo: "Señor, dos talentos me entregaste; mira, otros dos gané".

23Díjole su señor: "¡Bien! siervo bueno y fiel; en lo poco has sido fiel, te pondré al frente de lo mucho; entra en el gozo de tu señor".

24Mas llegándose el que había recibido un talento, dijo: "Tengo conocido que eres un hombre duro, que quieres cosechar allí donde no sembraste, y recoger allí donde nada echaste.

25Por lo cual, en mi temor, me fui a esconder tu talento en tierra. Helo aquí; tienes lo que es tuyo".

26Mas el señor le respondió y dijo: "Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho allí donde no sembré y recojo allí donde nada eché.

27Debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y a mi regreso yo lo habría recobrado con sus réditos.

28Quitadle, por tanto, el talento, y dádselo al que tiene los diez talentos.

29Porque a todo aquel que tiene, se le dará, y tendrá sobreabundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado [279].

30Y a ese siervo inútil, echadlo a las tinieblas de afuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes".

El Juicio de las naciones

31"Cuando el Hijo del Hombre vuelva en su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará sobre su trono de gloria,

32y todas las naciones [280] serán congregadas delante de Él, y separará a los hombres, unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los machos cabríos.

33Y colocará las ovejas a su derecha, y los machos cabríos a su izquierda.

34Entonces el rey dirá a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo [281].

35Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero y me acogisteis [282];

36estaba desnudo, y me vestisteis; estaba enfermo, y me visitasteis; estaba preso, y vinisteis a verme".

37Entonces los justos le responderán, diciendo: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer, o sediento, y te dimos de beber?

38¿Cuándo te vimos forasteros, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos?

39¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?"

40Y respondiendo el rey les dirá: "En verdad, os digo: en cuanto lo hicisteis a uno solo, el más pequeño de estos mis hermanos, a Mí lo hicisteis [283] ".

41Entonces dirá también a los de su izquierda: "Alejaos de Mí, malditos, al fuego eterno; preparado para el diablo y sus ángeles.

42Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;

43era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel y no me visitasteis".

44Entonces responderán ellos también: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?"

45Y Él les responderá: "En verdad, os digo: en cuanto habéis dejado de hacerlo a uno de estos, los más pequeños, tampoco a Mí lo hicisteis".

46Y estos irán al suplicio eterno, mas los justos a la eterna vida".

V. Pasión y muerte de jesús

María de Betania unge a Jesús

1Cuando Jesús hubo acabado todos estos discursos, dijo a sus discípulos:

2"La Pascua, como sabéis, será dentro de dos días, y el Hijo del hombre va a ser entregado para que lo crucifiquen".

3Entonces los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del pontífice que se llamaba Caifás;

4y deliberaron prender a Jesús con engaño, y darle muerte.

5Pero, decían: "No durante la fiesta, para que no haya tumulto en el pueblo".

6Ahora bien, hallándose Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso,

7una mujer se acercó a Él, trayendo un vaso de alabastro, con ungüento de mucho precio, y lo derramó sobre la cabeza de Jesús, que estaba a la mesa.

8Los discípulos, viendo esto, se enojaron y dijeron: "¿Para qué este desperdicio?

9Se podía vender por mucho dinero, y darlo a los pobres" [284].

10Mas Jesús, notándolo, les dijo: "¿Por qué molestáis a esta mujer? Ha hecho una buena obra conmigo.

11Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a Mí no me tenéis siempre.

12Al derramar este ungüento sobre mi cuerpo, lo hizo para mi sepultura.

13En verdad, os digo, en el mundo entero, dondequiera que fuere predicado este Evangelio, se contará también, en su memoria, lo que acaba de hacer" [285].

Judas vende al Maestro

14Entonces uno de los Doce, el llamado Judas Iscariote [286], fue a los sumos sacerdotes,

15y dijo: "¿Qué me dais, y yo os lo entregaré?" Ellos le asignaron treinta monedas de plata.

16Y desde ese momento buscaba una ocasión para entregarlo.

La Última Cena

17El primer día de los Ázimos [287], los discípulos se acercaron a Jesús, y le preguntaron: "¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?"

18Les respondió: id a la ciudad, a cierto hombre, y decidle: "El Maestro te dice: Mi tiempo está cerca, en tu casa quiero celebrar la Pascua con mis discípulos".

19Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua.

20Y llegada la tarde, se puso a la mesa con los Doce.

21Mientras comían les dijo: "En verdad, os digo, uno de vosotros me entregará".

22Y entristecidos en gran manera, comenzaron cada uno a preguntarle: "¿Seré yo, Señor?"

23Mas Él respondió y dijo: "El que conmigo pone la mano en el plato, ese me entregará.

24El Hijo del hombre se va, como esta escrito de Él, pero ¡ay de aquel hombre, por quien el Hijo del hombre es entregado! Más le valdría a ese hombre no haber nacido".

25Entonces Judas, el que le entregaba, tomó la palabra y dijo: "¿Seré yo, Rabí?" Le respondió: "Tú lo has dicho" [288].

26Mientras comían, pues, ellos, tomando Jesús pan, y habiendo bendecido partió y dio a los discípulos diciendo: "Tomad, comed, este es el cuerpo mío" [289].

27Y tomando un cáliz, y habiendo dado gracias, dio a ellos, diciendo: "Bebed de él todos,

28porque esta es la sangre mía de la Alianza, la cual por muchos se derrama para remisión de pecados.

29Os digo: desde ahora no beberé de este fruto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el reino de mi Padre".

Jesús predice a Pedro su negación

30Y entonado el himno, salieron hacia el Monte de los Olivos.

31Entonces les dijo Jesús: "Todos vosotros os vais a escandalizar de Mí esta noche, porque está escrito: 'Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño' [290].

32Mas después que Yo haya resucitado, os precederé en Galilea".

33Respondiole Pedro y dijo: "Aunque todos se escandalizaren de Ti, yo no me escandalizaré jamás".

34Jesús le respondió: "En verdad, te digo que esta noche, antes que el gallo cante, tres veces me negarás".

35Replicole Pedro: "¡Aunque deba contigo morir, de ninguna manera te negaré!" Y lo mismo dijeron también todos los discípulos [291].

Agonía de Jesús

36Entonces, Jesús llegó con ellos al huerto llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos: "Sentaos aquí, mientras voy allí y hago oración" [292].

37y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos dé Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse.

38Después les dijo: "Mi alma está triste, mortalmente; quedaos aquí y velad conmigo".

39Y adelantándose un poco, se postró con el rostro en tierra, orando y diciendo: "Padre mío, si es posible, pase este cáliz lejos de Mí; mas no como Yo quiero, sino como Tú".

40Y yendo hacia los discípulos, los encontró durmiendo. Entonces dijo a Pedro: "¿No habéis podido, pues, una hora velar conmigo?

41Velad y orad, para que no entréis en tentación. El espíritu, dispuesto (está), mas la carne, es débil".

42Se fue de nuevo, y por segunda vez, oró así: "Padre mío, si no puede esto pasar sin que Yo lo beba, hágase la voluntad tuya" [293].

43Y vino otra vez y los encontró durmiendo; sus ojos estaban, en efecto, cargados.

44Los dejó, y yéndose de nuevo, oró una tercera vez, diciendo las mismas palabras.

45Entonces, vino hacia los discípulos y les dijo: "¿Dormís ahora y descansáis?" [294] He aquí que llegó la hora y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores.

46¡Levantaos! ¡Vamos! Mirad que ha llegado el que me entrega".

La Divina Víctima es presa y llevada ante el Sanhedrín

47Aún estaba hablando y he aquí que Judas, uno de los Doce, llegó acompañado de un tropel numeroso con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo.

48El traidor les había dado esta señal: "Aquel a quien yo daré un beso, ese es; sujetadle".

49En seguida se aproximó a Jesús y le dijo: "¡Salud, Rabí!", y lo besó.

50Jesús le dijo: "Amigo, ¡a lo que vienes!" [295]. Entonces, se adelantaron, echaron mano de Jesús, y lo prendieron.

51Y he aquí que uno de los que estaban con Jesús llevó la mano a su espada, la desenvainó y dando un golpe al siervo del sumo sacerdote, le cortó la oreja [296].

52Díjole, entonces, Jesús: "Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que empuñan la espada, perecerán a espada.

53¿O piensas que no puedo rogar a mi Padre, y me dará al punto más de doce legiones de ángeles? [297]

54¿Mas, cómo entonces se cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?" [298].

55Al punto dijo Jesús a la turba: "Como contra un ladrón habéis salido, armados de espadas y palos, para prenderme. Cada día me sentaba en el Templo para enseñar, ¡y no me prendisteis!

56Pero todo esto ha sucedido para que se cumpla lo que escribieron los profetas". Entonces los discípulos todos [299], abandonándole a Él, huyeron.

57Los que habían prendido a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde los escribas y los ancianos estaban reunidos.

58Pedro lo había seguido de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote, y habiendo entrado allí, se hallaba sentado con los sirvientes para ver cómo terminaba eso.

59Los sumos sacerdotes, y todo el Sanhedrín, buscaban un falso testimonio contra Jesús para hacerlo morir;

60y no lo encontraban, aunque se presentaban muchos testigos falsos. Finalmente se presentaron dos [300],

61que dijeron: "Él ha dicho: "Yo puedo demoler el templo de Dios, y en el espacio de tres días reedificarlo".

62Entonces, el sumo sacerdote se levantó y le dijo: "¿Nada respondes? ¿Qué es eso que estos atestiguan contra Ti?" Pero Jesús callaba.

63Díjole, pues, el sumo sacerdote: "Yo te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios".

64Jesús le respondió: "Tú lo has dicho. Y Yo os digo: desde este momento veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo sobre las nubes del cielo".

65Entonces, el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, y dijo: "¡Ha blasfemado! [301] ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ahora mismo, vosotros habéis oído la blasfemia.

66¿Qué os parece?" Contestaron diciendo: "Merece la muerte".

67Entonces lo escupieron en la cara, y lo golpearon, y otros lo abofetearon,

68diciendo: "Adivínanos, Cristo, ¿quién es el que te pegó?"

Negación de Pedro

69Pedro, entretanto, estaba sentado fuera, en el patio; y una criada se aproximó a él y le dijo: "Tú también estabas con Jesús, el Galileo".

70Pero él lo negó delante de todos, diciendo: "No sé qué dices".

71Cuando salía hacia la puerta, otra lo vio y dijo a los que estaban allí: "Este andaba con Jesús el Nazareno".

72Y de nuevo lo negó, con juramento, diciendo: "Yo no conozco a ese hombre".

73Un poco después, acercándose los que estaban allí de pie, dijeron a Pedro: "¡Ciertamente, tú también eres de ellos, pues tu habla te denuncia!"

74Entonces se puso a echar imprecaciones y a jurar: "Yo no conozco a ese hombre". Y en seguida cantó un gallo,

75y Pedro se acordó de la palabra de Jesús: "Antes que el gallo cante, me negarás tres veces" [302]. Y saliendo afuera, lloró amargamente.

Fin del traidor

1Llegada la madrugada, todos los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo tuvieron una deliberación contra Jesús para hacerlo morir.

2Y habiéndolo atado, lo llevaron y entregaron a Pilato, el gobernador.

3Entonces viendo Judas, el que lo entregó, que había sido condenado, fue acosado por el remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos,

4diciendo: "Pequé, entregando sangre inocente". Pero ellos dijeron: "A nosotros ¿qué nos importa? tú verás".

5Entonces, él arrojó las monedas en el Templo, se retiró y fue a ahorcarse [303].

6Mas los sumos sacerdotes, habiendo recogido las monedas, dijeron: "No nos es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre".

7Y después de deliberar, compraron con ellas el campo del Alfarero para sepultura de los extranjeros.

8Por lo cual ese campo fue llamado Campo de Sangre, hasta el día de hoy.

9Entonces, se cumplió lo que había dicho el profeta Jeremías [304]: "Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio del que fue tasado, al que pusieron precio los hijos de Israel,

10y las dieron por el Campo del Alfarero, según me ordenó el Señor".

Jesús ante Pilato

11Entretanto, Jesús compareció delante del gobernador, y el gobernador le hizo esta pregunta: "¿Eres Tú el rey de los judíos?" Jesús le respondió: "Tú lo dices".

12Y mientras los sumos sacerdotes y los ancianos lo acusaban, nada respondió.

13Entonces, Pilato le dijo: "¿No oyes todo esto que ellos alegan contra Ti?"

14Pero Él no respondió ni una palabra sobre nada, de suerte que el gobernador estaba muy sorprendido.

Pospuesto a un ladrón

15Ahora bien, con ocasión de la fiesta, el gobernador acostumbraba conceder al pueblo la libertad de un preso, el que ellos quisieran.

16Tenían a la sazón, un preso famoso, llamado Barrabás.

17Estando, pues, reunido el pueblo, Pilato les dijo: "¿A cuál queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, el que se dice Cristo?",

18porque sabía que lo habían entregado por envidia [305].

19Mas mientras él estaba sentado en el tribunal, su mujer [306] le mandó decir: "No tengas nada que ver con ese justo, porque yo he sufrido mucho hoy, en sueños, por Él".

20Pero los sumos sacerdotes y los ancianos persuadieron a la turba que pidiese a Barrabás, y exigiese la muerte de Jesús.

21Respondiendo el gobernador les dijo: "¿A cuál de los dos queréis que os suelte?" Ellos dijeron: "A Barrabás".

22Díjoles Pilato: "¿Qué haré entonces con Jesús, el que se dice Cristo?" Todos respondieron: "¡Sea crucificado!"

23Y cuando él preguntó: "Pues ¿qué mal ha hecho?", gritaron todavía más fuerte, diciendo: "¡Sea crucificado!"

24Viendo Pilato, que nada adelantaba, sino que al contrario crecía el clamor, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo diciendo: "Yo soy inocente de la sangre de este justo [307]. Vosotros veréis".

25Y respondió todo el pueblo diciendo: "¡La sangre de Él, sobre nosotros y sobre nuestros hijos!"

26Entonces, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuese crucificado.

Coronación de espinas

27Entonces, los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de Él toda la guardia [308].

28Lo despojaron de los vestidos y lo revistieron con un manto de púrpura.

29Trenzaron también una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza, y una caña en su derecha; y doblando la rodilla delante de Él, lo escarnecían, diciendo: "¡Salve, rey de los judíos!";

30y escupiendo sobre Él, tomaban la caña y lo golpeaban en la cabeza.

31Después de haberse burlado de Él, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y se lo llevaron para crucificarlo.

Crucifixión

32Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, de nombre Simón; a este lo requisaron para que llevara la cruz de Él [309].

33Y llegados a un lugar llamado Gólgota, esto es, "del Cráneo",

34le dieron a beber vino mezclado con hiel; y gustándolo, no quiso beberlo.

35Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos, echando suertes [310].

36Y se sentaron allí para custodiarlo.

37Sobre su cabeza pusieron, por escrito, la causa de su condenación: "Este es Jesús el rey de los judíos".

38Al mismo tiempo crucificaron con Él a dos ladrones, uno a la derecha, otro a la izquierda.

39Y los transeúntes lo insultaban meneando la cabeza y diciendo:

40"Tú que derribas el Templo, y en tres días lo reedificas, ¡sálvate a Ti mismo! Si eres el Hijo de Dios, ¡bájate de la cruz!"

41De igual modo los sacerdotes se burlaban de Él junto con los escribas y los ancianos, diciendo:

42"A otros salvó, a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: baje ahora de la cruz, y creeremos en Él.

43Puso su confianza en Dios, que Él lo salve ahora, si lo ama, pues ha dicho: "De Dios soy Hijo".

44También los ladrones, crucificados con Él, le decían las mismas injurias.

Muerte de Jesús

45Desde la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona [311].

46Y alrededor de la hora nona, Jesús clamó a gran voz, diciendo: "¡Elí, Elí, ¿lama sabactani?", esto es: "¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?" [312].

47Al oír esto, algunos de los que estaban allí dijeron: "A Elías llama este".

48Y en seguida uno de ellos corrió a tomar una esponja, que empapó en vinagre, y atándola a una caña, le presentó de beber.

49Los otros decían: "Déjanos ver si es que viene Elías a salvarlo".

50Mas Jesús, clamando de nuevo, con gran voz, exhaló el espíritu.

Prodigios

51Y he ahí que el velo del templo se rasgó en dos [313], de arriba abajo; tembló la tierra, se agrietaron las rocas,

52se abrieron los sepulcros y los cuerpos de muchos santos difuntos resucitaron [314].

53Y, saliendo del sepulcro después de la resurrección de Él, entraron en la Ciudad Santa, y se aparecieron a muchos.

54Entretanto, el centurión y sus compañeros que guardaban a Jesús, viendo el terremoto y lo que había acontecido, se llenaron de espanto y dijeron: "Verdaderamente, Hijo de Dios era este".

55Había también allí muchas mujeres que miraban de lejos; las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole.

56Entre ellas se hallaban María la Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

La sepultura

57Llegada la tarde, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José [315], el cual también era discípulo de Jesús.

58Se presentó delante de Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le entregase.

59José tomó, pues, el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia [316],

60y lo puso en el sepulcro suyo, nuevo, que había hecho tallar en la roca. Después rodó una gran piedra sobre la entrada del sepulcro, y se fue.

61Estaban allí María la Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro.

Custodia del sepulcro

62Al otro día, el siguiente de la Preparación [317], los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron y fueron a Pilato,

63a decirle: "Señor, recordamos que aquel impostor dijo cuando vivía: "A los tres días resucitaré".

64Manda, pues, que el sepulcro sea guardado hasta el tercer día, no sea que sus discípulos vengan a robarlo y digan al pueblo: "Ha resucitado de entre los muertos", y la última impostura sea peor que la primera".

65Pilato les dijo: "Tenéis guardia. Id, guardadlo como sabéis".

66Ellos, pues, se fueron y aseguraron el sepulcro con la guardia, después de haber sellado la piedra [318].

VI. La resurrección

Resurrección de Jesús

1Después del sábado, cuando comenzaba ya el primer día de la semana, María la Magdalena y la otra María [319] fueron a visitar el sepulcro.

2Y he ahí que hubo un gran terremoto, porque un ángel del Señor bajó del cielo, y llegándose rodó la piedra, y se sentó encima de ella.

3Su rostro brillaba como el relámpago, y su vestido era blanco como la nieve.

4Y de miedo a él, temblaron los guardias y quedaron como muertos.

5Habló el ángel y dijo a las mujeres: "No temáis [320], vosotras; porque sé que buscáis a Jesús, el crucificado.

6No está aquí; porque resucitó, como lo había dicho. Venid y ved el lugar donde estaba.

7Luego, id pronto y decid a sus discípulos que resucitó de los muertos, y he aquí que os precederá en Galilea; allí lo veréis. Ya os lo he dicho".

8Ellas, yéndose a prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, corrieron a llevar la nueva a los discípulos de Él.

9Y de repente Jesús les salió al encuentro y les dijo: "¡Salud!" Y ellas, acercándose, se asieron de sus pies y lo adoraron.

10Entonces Jesús les dijo: "No temáis. Id, avisad a los hermanos míos que vayan a Galilea; allí me verán".

Soborno de los soldados

11Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos sacerdotes todo lo que había pasado.

12Estos, reunidos con los ancianos, deliberaron y resolvieron dar mucho dinero a los soldados,

13diciéndoles: "Habéis de decir: Sus discípulos vinieron de noche, y lo robaron mientras nosotros dormíamos [321].

14Y si el gobernador llega a saberlo, nosotros lo persuadiremos y os libraremos de cuidado".

15Ellos, tomando el dinero, hicieron como les habían enseñado. Y se difundió este dicho entre los judíos, hasta el día de hoy.

Aparición de Jesús en Galilea

16Los once discípulos fueron, pues, a Galilea, al monte donde les había ordenado Jesús.

17Y al verlo lo adoraron; algunos, sin embargo, dudaron.

18Y llegándose Jesús les habló, diciendo: "Todo poder me ha sido dado en el cielo y sobre la tierra.

19Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo [322];

20enseñándoles a conservar todo cuanto os he mandado. Y mirad que Yo con vosotros estoy todos los días, hasta la consumación del siglo" [323].

Comentarios de Mons. Straubinger

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