Evangelio según San Marcos: Biblia Católica Completa

Evangelio según San Marcos
Texto íntegro en la traducción católica de Monseñor Juan Straubinger, con notas patrísticas y exegéticas. 16 capítulos completos con acceso directo por versículos.
Introducción Canónica y Teológica
Marcos, que antes se llamaba Juan, fue hijo de aquella María en cuya casa se solían reunir los discípulos del Señor (Hechos 12, 12). Es muy probable que la misma casa sirviera de escenario para otros acontecimientos sagrados, como la última Cena y la venida del Espíritu Santo.
Con su primo Bernabé acompañó Marcos a San Pablo en el primer viaje apostólico, hasta la ciudad de Perge de Panfilia (Hechos 13, 13). Más tarde, entre los años 61-63, lo encontramos de nuevo al lado del Apóstol de los gentiles cuando este estaba preso en Roma.
San Pedro llama a Marcos su "hijo" (1 Pedro 5, 13), lo que hace suponer que fue bautizado por el Príncipe de los Apóstoles. La tradición más antigua confirma por unanimidad que Marcos en Roma transmitía a la gente las enseñanzas de su padre espiritual, escribiendo allí, en los años 50-60, su Evangelio, que es por consiguiente, el de San Pedro.
El fin que el segundo Evangelista se propone, es demostrar que Jesucristo es Hijo de Dios y que todas las cosas de la naturaleza y aun los demonios le están sujetos. Por lo cual relata principalmente los milagros y la expulsión de los espíritus inmundos.
El Evangelio de San Marcos, el más breve de los cuatro, presenta en forma sintética, muchos pasajes de los sinópticos, no obstante lo cual reviste singular interés, porque narra algunos episodios que le son exclusivos y también por muchos matices propios, que permiten comprender mejor los demás Evangelios.
Murió San Marcos en Alejandría de Egipto, cuya iglesia gobernaba. La ciudad de Venecia, que lo tiene por patrono, venera su cuerpo en la catedral.
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I. San Juan Bautista
Capítulo 1
Predicación de Juan Bautista
1Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
2Según lo que está escrito en Isaías, el profeta: "Mira que envío delante de Ti a mi mensajero, el cual preparará tu camino" [1].
3"Voz de uno que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas".
4Estuvo Juan el Bautista bautizando en el desierto [2], y predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados.
5Y todos iban a él de toda la tierra de Judea y de Jerusalén y se hacían bautizar por él en el río Jordán, confesando sus pecados.
6Juan estaba vestido de pelos de camello y llevaba un ceñidor de cuero alrededor de sus lomos. Su alimento eran langostas y miel silvestre.
7Y predicaba así: "Viene en pos de mí el que es más poderoso que yo, delante del cual yo no soy digno ni aun de inclinarme para desatar la correa de sus sandalias [3].
8Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo".
Bautismo y tentación de Jesús
9Y sucedió que en aquellos días Jesús vino de Nazaret de Galilea, y se hizo bautizar por Juan en el Jordán.
10Y al momento de salir del agua, vio entreabrirse los cielos, y al Espíritu que, en forma de paloma, descendía sobre Él.
11Y sonó una voz del cielo: "Tú eres el Hijo mío amado, en Ti me complazco".
12Y en seguida el Espíritu lo llevó al desierto.
13Y se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; y estaba entre las fieras [4], y los ángeles le servían.
II. Jesús en Galilea
14Después que Juan hubo sido encarcelado, fue Jesús a Galilea, predicando la buena nueva de Dios,
15y diciendo: "El tiempo se ha cumplido, y se ha acercado el reino de Dios. Arrepentíos y creed [5] en el Evangelio".
Los primeros discípulos
16Pasando a lo largo del mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, hermano de Simón, que echaban la red en el mar, pues eran pescadores [6].
17Díjoles Jesús: "Venid, seguidme, y Yo os haré pescadores de hombres".
18Y en seguida, dejando sus redes, lo siguieron.
19Yendo un poco más adelante, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, que estaban también en la barca, arreglando sus redes.
20Al punto los llamó; y ellos dejando a Zebedeo, su padre, en la barca con los jornaleros, lo siguieron [7].
21Entraron a Cafarnaúm; y luego, el día de sábado, entró en la sinagoga y se puso a enseñar.
22Y estaban asombrados por su doctrina; pues les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
Primeros milagros de Jesús
23Se encontraba en las sinagogas de ellos un hombre poseído por un espíritu inmundo, el cual gritó [8]:
24"¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a perdernos? Te conozco quién eres: El Santo de Dios".
25Mas Jesús lo increpó diciendo: "¡Cállate y sal de él!"
26Entonces el espíritu inmundo, zamarreándolo y gritando muy fuerte salió de él.
27Y todos quedaron llenos de estupor, tanto que discutían entre sí y decían: "¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva e impartida con autoridad! ¡Aun a los espíritus inmundos manda, y le obedecen!"
28Y pronto se extendió su fama por doquier, en todos los confines de Galilea.
29Luego que salieron de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Santiago y Juan [9].
30Y estaba la suegra de Simón en cama, con fiebre y al punto le hablaron de ella.
31Entonces fue a ella, y tomándola de la mano, la levantó, y la dejó la fiebre, y se puso a servirles.
32Llegada la tarde, cuando el sol se hubo puesto, le trajeron todos los enfermos y los endemoniados.
33Y toda la ciudad estaba agolpada a la puerta.
34Sanó a muchos enfermos afligidos de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios; pero no dejaba a los demonios hablar, porque sabían quién era Él.
35En la madrugada, siendo aún muy de noche, se levantó, salió y fue a un lugar desierto, y se puso allí a orar [10].
36Mas Simón partió en su busca con sus compañeros.
37Cuando lo encontraron, le dijeron: "Todos te buscan".
38Respondioles: "Vamos a otra parte, a las aldeas vecinas, para que predique allí también. Porque a eso salí".
39Y anduvo predicando en sus sinagogas, por toda la Galilea y expulsando a los demonios.
40Vino a Él un leproso, le suplicó y arrodillándose, le dijo: "Si quieres, puedes limpiarme".
41Entonces, Jesús, movido a compasión, alargó la mano, lo tocó y le dijo: "Quiero, sé sano".
42Al punto lo dejó la lepra, y quedó sano.
43Y amonestándolo, le despidió luego,
44y le dijo: "¡Mira! No digas nada a nadie; mas anda a mostrarte al sacerdote, y presenta, por tu curación, la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio" [11].
45Pero él se fue y comenzó a publicar muchas cosas y a difundir la noticia, de modo que (Jesús) no podía ya entrar ostensiblemente en una ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares despoblados; y acudían a Él de todas partes.
Capítulo 2
Jesús sana a un paralítico
1Entró de nuevo en Cafarnaúm al cabo de cierto tiempo, y oyeron las gentes que estaba en casa.
2Y se juntaron allí tantos que ya no cabían ni delante de la puerta; y les predicaba la palabra.
3Le trajeron, entonces, un paralítico, llevado por cuatro.
4Y como no podían llegar hasta Él, a causa de la muchedumbre, levantaron el techo encima del lugar donde Él estaba, y haciendo una abertura descolgaron la camilla en que yacía el paralítico [12].
5Al ver la fe de ellos, dilo Jesús al paralítico: "Hijo mío, tus pecados te son perdonados".
6Mas estaban allí sentados algunos escribas, que pensaron en sus corazones:
7"¿Cómo habla Este así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios?"
8Al punto Jesús, conociendo en su espíritu que ellos tenían estos pensamientos dentro de sí, les dijo: "¿Por qué discurrís así en vuestros corazones?
9¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o decirle: "Levántate, toma tu camilla y anda?"
10¡Pues bien! para que sepáis que el Hijo del hombre tiene el poder de remitir los pecados, sobre la tierra,
11—dijo al paralítico—: "te lo digo, levántate, toma tu camilla y vuélvete a tu casa".
12Se levantó, tomó en seguida su camilla y se fue de allí, a la vista de todos, de modo que todos se quedaron asombrados y glorificaban a Dios diciendo "¡No hemos visto jamás nada semejante!" [13].
Vocación de Mateo
13Salió otra vez a la orilla del mar, y todo el pueblo venía a Él, y les enseñaba [14].
14Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado en la recaudación de impuestos, y le dijo: "Sígueme". Y, levantándose, lo siguió [15].
15Y sucedió que cuando Jesús estaba sentado a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores se hallaban también (allí) con Él y sus discípulos, porque eran numerosos los que lo habían seguido.
16Los escribas de entre los fariseos, empero, viendo que comía con los pecadores y publicanos, dijeron a sus discípulos: "¿Por qué come con los publicanos y los pecadores?"
17Mas Jesús, oyéndolo, les dijo: "No necesitan de médico los sanos, sino los que están enfermos. No vine a llamar a justos, sino a pecadores" [16].
Discusión sobre el ayuno y el sábado
18Un día ayunaban los discípulos de Juan y también los fariseos y vinieron a preguntarle: "¿Por qué, mientras los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?"
19Respondioles Jesús: "¿Pueden acaso ayunar los compañeros del esposo mientras el esposo está con ellos? En tanto que el esposo está con ellos no pueden ayunar.
20Pero tiempo vendrá en que el esposo [17] les será quitado, y entonces en aquel tiempo, ayunarán.
21Nadie zurce remiendo de paño nuevo en vestido viejo; pues de lo contrario, el remiendo tira de él: lo nuevo de lo viejo, y la rotura, se hace peor.
22Nadie tampoco echa vino nuevo en cueros viejos, pues de lo contrario, el vino hará reventar los cueros, y se pierde el vino lo mismo que los cueros; sino que se ha de poner el vino nuevo en cueros nuevos" [18].
23Sucedió que, un día de sábado, Él iba atravesando los sembrados, y sus discípulos, mientras caminaban, se pusieron a arrancar espigas.
24Entonces los fariseos le dijeron: "¿Ves?" ¿Por qué hacen, en día de sábado, lo que no es lícito?"
25Respondioles: "¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo necesidad y sintió hambre, él y sus compañeros,
26cómo entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar y comió de los panes de la proposición, los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes y dio también a sus compañeros?" [19].
27Y les dijo: "El sábado se hizo por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado [20];
28de manera que el Hijo del hombre es dueño también del sábado".
Capítulo 3
Nuevo encuentro de Jesús con los fariseos
1Entró de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía seca la mano.
2Y lo observaban, para ver si lo curaría en día de sábado, a fin de poder acusarlo.
3Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: "Ponte de pie en medio".
4Después les dijo: "¿Es lícito, en día de sábado, hacer bien o hacer mal, salvar una vida o matar?" Pero ellos callaban.
5Mas Él mirándolos en derredor con ira, contristado por el endurecimiento de sus corazones, dijo al hombre: "Alarga la mano". Y la alargó, y la mano quedó sana.
6Y salieron los fariseos en seguida y deliberaron con los herodianos [21] sobre cómo hacerlo morir.
Mucha gente acude a Jesús
7Jesús Se retiró con sus discípulos hacia el mar, y mucha gente de Galilea lo fue siguiendo. Y vino también a Él de Judea,
8de Jerusalén, de Idumea, de Transjordania y de la región de Tiro y de Sidón, una gran multitud que había oído lo que Él hacía.
9Y recomendó a sus discípulos que le tuviesen pronta una barca, a causa del gentío, para que no lo atropellasen.
10Porque había sanado a muchos, de suerte que todos cuantos tenían dolencias se precipitaron sobre El para tocarlo.
11Y los espíritus inmundos, al verlo, se prosternaban delante de Él y gritaban: "Tú eres el Hijo de Dios".
12Pero Él les mandaba rigurosamente que no lo diesen a conocer.
Elección de los Doce
13Y subió a la montaña, y llamó a los que Él quiso [22], y vinieron a Él.
14Y constituyó a doce para que fuesen sus compañeros y para enviarlos a predicar,
15y para que tuvieran poder de expulsar los demonios.
16Designó, pues, a los Doce; y puso a Simón el nombre de Pedro;
17a Jacobo, hijo de Zebedeo, y a Juan, hermano de Santiago —a los que puso el nombre de Boanerges [23], es decir, hijos del trueno—,
18a Andrés, a Felipe, a Bartolomé, a Mateo, a Tomás, a Santiago hijo de Alfeo, a Tadeo, a Simón el Cananeo,
19y a Judas Iscariote, el que lo entregó.
El pecado contra el Espíritu Santo
20Volvió a casa, y la muchedumbre se juntó nuevamente allí, de suerte que ni siquiera podían comer pan.
21Al oírlo los suyos, salieron para apoderarse de Él, porque decían: "Ha perdido el juicio" [24].
22Pero los escribas, venidos de Jerusalén, decían: "Tiene a Beelzebul [25] y por el jefe de los demonios expulsa a los demonios".
23Mas Él los llamó y les dijo en parábolas: "Cómo puede Satanás expulsar a Satanás?
24Y si dentro de un reino hay divisiones, ese reino no puede sostenerse.
25Y si hay divisiones dentro de una casa, esa casa no podrá subsistir.
26Si, pues, Satanás se levanta contra sí mismo y se divide, no puede subsistir, y llegó su fin.
27Porque nadie puede entrar en la casa del hombre fuerte y quitarle sus bienes, si primero no ata al fuerte; y solo entonces sí saqueará su casa.
28En verdad, os digo, todos los pecados serán perdonados a los hombres, y cuantas blasfemias dijeren;
29pero quien blasfemare contra el Espíritu Santo, no tendrá jamás perdón y es reo de eterno pecado" [26].
30Porque decían: "Tiene espíritu inmundo".
La verdadera familia de Jesús
31Llegaron su madre y sus hermanos, y quedándose de pie afuera, le enviaron recado, llamándolo [27].
32Estaba sentada la gente alrededor de Él y le dijeron: "Tu madre y tus hermanos [28] están fuera buscándote".
33Mas Él les respondió y dijo: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?"
34Y dando una mirada en torno sobre los que estaban sentados a su alrededor, dijo: "He aquí mi madre y mis hermanos [29].
35Porque quien hiciere la voluntad de Dios, ese es mi hermano, hermana y madre".
Capítulo 4
La parábola del sembrador
1De nuevo se puso a enseñar, a la orilla del mar, y vino a Él una multitud inmensa, de manera que Él subió a una barca y se sentó en ella, dentro del mar, mientras que toda la multitud se quedó en tierra, a lo largo del mar.
2Y les enseñó en parábolas muchas cosas; y en su enseñanza les dijo:
3"¡Escuchad! He aquí que el sembrador salió a sembrar.
4Y sucedió que al sembrar una semilla cayó a lo largo del camino, y los pájaros vinieron y la comieron.
5Otra cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotó en seguida [30], por falta de profundidad de la tierra.
6Mas al subir el sol, se abrasó, y no teniendo raíz, se secó.
7Otra parte cayó entre abrojos, y los abrojos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto.
8Y otra cayó en buena tierra [31]; brotando y creciendo dio fruto, y produjo treinta, sesenta y ciento por uno".
9Y agregó: "¡Quien tiene oídos para oír, oiga!"
10Cuando estuvo solo, preguntáronle los que lo rodeaban con los Doce, (el sentido de) estas parábolas.
11Entonces les dijo: "A vosotros es dado el misterio del reino de Dios; en cuanto a los de afuera, todo les llega en parábolas,
12para que mirando no vean, oyendo no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone" [32].
13Y añadió: "¿No comprendéis esta parábola? Entonces, ¿cómo entenderéis todas las parábolas? [33]
14El sembrador es el que siembra la palabra.
15Los de junto al camino son aquellos en quienes es sembrada la palabra; mas apenas la han oído, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos.
16De semejante manera, los sembrados en pedregal son aquellos que al oír la palabra, al momento la reciben con gozo,
17pero no tienen raíz en sí mismos, y son tornadizos. Apenas sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la palabra, se escandalizan en seguida.
18Otros son los sembrados entre abrojos; estos son los que escuchan la palabra,
19pero los afanes del mundo, el engaño de las riquezas y las demás concupiscencias invaden y ahogan la palabra, la cual queda infructuosa.
20Aquellos, en fin, que han sido sembrados en buena tierra, son: quienes escuchan la palabra, la reciben y llevan fruto, treinta, sesenta y ciento por uno".
La luz sobre el candelero
21Les dijo también: "Acaso se trae la luz para ponerla debajo del celemín o debajo de la cama? ¿No es acaso para ponerla en el candelero?
22Nada hay oculto que no haya de manifestarse, ni ha sido escondido sino para que sea sacado a luz [34].
23Si alguien tiene oídos para oír, ¡oiga!"
24Díjoles además: "Prestad atención a lo que oís: con la medida con que medís, se medirá para vosotros; y más todavía os será dado a vosotros los que oís [35];
25porque a quien tiene se le dará, y a quien no tiene, aun lo que tiene le será quitado".
La simiente que crece por sí sola
26Y dijo también: "Sucede con el reino de Dios lo que sucede cuando un hombre arroja la simiente en tierra [36].
27Ya sea que duerma o esté despierto, de noche, y de día, la simiente germina y crece, y él no sabe cómo.
28Por sí misma la tierra produce primero el tallo, después la espiga, y luego el grano lleno en la espiga.
29Y cuando el fruto está maduro, echa pronto la hoz, porque la mies está a punto" [37].
El grano de mostaza
30Dijo además: "¿Qué comparación haremos del reino de Dios, y en qué parábola lo pondremos? [38].
31Es como el grano de mostaza, el cual, cuando es sembrado en tierra, es la menor de todas las semillas de la tierra.
32Con todo, una vez sembrado, sube y se hace mayor que todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de modo que los pájaros del cielo pueden anidar bajo su sombra".
33Con numerosas parábolas como estas les presentaba su doctrina, según eran capaces de entender,
34y no les hablaba sin parábolas, pero en particular, se lo explicaba todo a los discípulos que eran suyos.
Jesús calma la tempestad
35Y les dijo en aquel día, llegada la tarde: "Pasemos a la otra orilla".
36Entonces ellos, dejando a la multitud, lo tomaron consigo tal como estaba en la barca; y otras barcas lo acompañaban.
37Ahora bien, sobrevino una gran borrasca, y las olas se lanzaron sobre la barca, hasta el punto de que ella estaba ya por llenarse.
38Mas Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron diciéndole: "Maestro, ¿no te importa que perezcamos?".
39Entonces Él se levantó, increpó al viento y dijo al mar: "¡Calla; sosiégate!" Y se apaciguó el viento y fue hecha gran bonanza.
40Después les dijo: "¿Por qué sois tan miedosos? ¿Cómo es que no tenéis fe?" [39].
41Y ellos temían con un miedo grande, y se decían unos a otros: "¿Quién es, entonces [40], Este, que aun el viento y el mar le obedecen?".
Capítulo 5
El endemoniado de Gerasa
1Llegaron a la otra orilla del mar, al país de los gerasenos [41].
2Apenas desembarcó, saliole al encuentro desde los sepulcros un hombre poseído de un espíritu inmundo,
3el cual tenía su morada en los sepulcros; y ni con cadenas podía ya nadie amarrarlo,
4pues muchas veces lo habían amarrado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y hecho pedazos los grillos, y nadie era capaz de sujetarlo.
5Y todo el tiempo, de noche y de día, se estaba en los sepulcros y en las montañas, gritando e hiriéndose con piedras.
6Divisando a Jesús de lejos, vino corriendo, se prosternó delante de Él
7y gritando a gran voz dijo: "¿Qué tengo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios altísimo? Te conjuro por Dios, no me atormentes".
8Porque Él le estaba diciendo: "Sal de este hombre inmundo espíritu".
9Y le preguntó: "¿Cuál es tu nombre?" Respondiole: "Mi nombre es Legión, porque somos muchos".
10Y le rogó con ahínco que no los echara fuera del país.
11Ahora bien, había allí junto a la montaña una gran piara de puercos paciendo.
12Le suplicaron diciendo: "Envíanos a los puercos, para que entremos en ellos".
13Se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos; y la piara, como unos dos mil, se despeñó precipitadamente en el mar y se ahogaron en el agua.
14Los porqueros huyeron a toda prisa y llevaron la nueva a la ciudad y a las granjas; y vino la gente a cerciorarse de lo que había pasado.
15Mas llegados a Jesús vieron al endemoniado, sentado, vestido y en su sano juicio: al mismo que había estado poseído por la legión, y quedaron espantados.
16Y los que habían presenciado el hecho, les explicaron cómo había sucedido con el endemoniado y con los puercos.
17Entonces comenzaron a rogarle que se retirase de su territorio [42].
18Mas cuando Él se reembarcaba, le pidió el endemoniado andar con Él;
19pero no se lo permitió, sino que le dijo: "Vuelve a tu casa, junto a los tuyos, y cuéntales todo lo que el Señor te ha hecho y cómo tuvo misericordia de ti".
20Fuése, y se puso a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho por él, y todos se maravillaban [43].
Jesús sana a una mujer que padecía flujo de sangre y resucita a la hija de Jairo
21Habiendo Jesús regresado en la barca a la otra orilla, una gran muchedumbre se juntó alrededor de Él. Y Él estaba a la orilla del mar [44],
22cuando llegó un jefe de sinagoga, llamado Jairo, el cual, al verlo, se echó a sus pies,
23le rogó encarecidamente y le dijo: "Mi hija está en las últimas; ven a poner tus manos sobre ella, para que se sane y viva".
24Se fue con él, y numerosa gente le seguía, apretándolo.
25Y había una mujer atormentada por un flujo de sangre desde hacía doce años.
26Mucho había tenido que sufrir por numerosos médicos, y había gastado todo su haber, sin experimentar mejoría, antes, por el contrario, iba de mal en peor.
27Habiendo oído lo que se decía de Jesús, vino, entre la turba, por detrás, y tocó su vestido.
28Pues se decía: "Con solo tocar sus vestidos, quedaré sana".
29Y al instante la fuente de su sangre se secó, y sintió en su cuerpo que estaba sana de su mal.
30En el acto Jesús, conociendo en sí mismo que una virtud había salido de Él, se volvió entre la turba y dijo: "¿Quién ha tocado mis vestidos?" [45].
31Respondiéronle sus discípulos: "Bien ves que la turba te oprime, y preguntas: '¿Quién me ha tocado?'".
32Pero Él miraba en torno suyo, para ver la persona que había hecho esto.
33Entonces, la mujer, azorada y temblando, sabiendo bien lo que le había acontecido, vino a postrarse delante de Él, y le dijo toda la verdad.
34Mas Él le dijo: "¡Hija! tu fe te ha salvado. Vete hacia la paz y queda libre de tu mal".
35Estaba todavía hablando cuando vinieron de casa del jefe de sinagoga a decirle (a este): "Tu hija ha muerto. ¿Con qué objeto incomodas más al Maestro?".
36Mas Jesús, desoyendo lo que hablaban, dijo al jefe de sinagoga: "No temas, únicamente cree".
37Y no permitió que nadie lo acompañara, sino Pedro, Santiago y Juan, hermano de Jacobo.
38Cuando hubieron llegado a la casa del jefe de sinagoga, vio el tumulto, y a los que estaban llorando y daban grandes alaridos.
39Entró y les dijo: "¿Por qué este tumulto y estas lamentaciones? La niña no ha muerto, sino que duerme".
40y se burlaban de Él. Hizo, entonces, salir a todos, tomó consigo al padre de la niña y a la madre y a los que lo acompañaban, y entró donde estaba la niña.
41Tomó la mano de la niña y le dijo: "¡*Talitha kum*!", que se traduce: "¡Niñita, Yo te lo mando, levántate!" [46].
42Y al instante la niña se levantó, y se puso a caminar, pues era de doce años. Y al punto quedaron todos poseídos de gran estupor.
43Y les recomendó con insistencia que nadie lo supiese; y dijo que a ella le diesen de comer [47].
Capítulo 6
Jesús rechazado en Nazaret
1Saliendo de allí, vino a su tierra, y sus discípulos lo acompañaron.
2Llegado el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la numerosa concurrencia que lo escuchaba estaba llena de admiración, y decía: "¿De dónde le viene esto? ¿Y qué es esta sabiduría que le ha sido dada? ¿Y estos grandes milagros obrados por sus manos?
3¿No es Este el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no están aquí entre nosotros?" Y se escandalizaban de Él [48].
4Mas Jesús les dijo: "No hay profeta sin honor sino en su tierra, entre sus parientes y en su casa".
5Y no pudo hacer allí ningún milagro; solamente puso las manos sobre unos pocos enfermos, y los sanó.
6Y se quedó asombrado de la falta de fe de ellos. Y recorrió las aldeas a la redonda, enseñando.
Misión de los Apóstoles
7Entonces, llamando a los doce, comenzó a enviarlos, de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos,
8y les ordenó que no llevasen nada para el camino, sino solo un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero en el cinto [49],
9sino que fuesen calzados de sandalias, y no se pusieran dos túnicas.
10Y les dijo: "Dondequiera que entréis en una casa, quedaos allí hasta el momento de salir del lugar.
11Y si en algún lugar no quieren recibiros y no se os escucha, salid de allí y sacudid el polvo de la planta de vuestros pies para testimonio a ellos".
12Partieron, pues, y predicaron el arrepentimiento.
13Expulsaban también a muchos demonios, y ungían con óleo a muchos enfermos y los sanaban [50].
Muerte del Bautista
14El rey Herodes oyó hablar (de Jesús), porque su nombre se había hecho célebre y dijo: "Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos, y por eso las virtudes obran en Él" [51].
15Otros decían: "Es Elías" otros: "Es un profeta, tal como uno de los (antiguos) profetas".
16No obstante esos rumores, Herodes decía: "Aquel Juan, a quien hice decapitar, ha resucitado" [52].
17Herodes, en efecto, había mandado arrestar a Juan, y lo había encadenado en la cárcel, a causa de Herodías, la mujer de Filipo, su hermano, pues la había tomado por su mujer.
18Porque Juan decía a Herodes: "No te es lícito tener a la mujer de tu hermano" [53].
19Herodías le guardaba rencor, y quería hacerlo morir, y no podía.
20Porque Herodes tenía respeto por Juan, sabiendo que era un varón justo y santo, y lo amparaba: al oírlo se quedaba muy perplejo y sin embargo lo escuchaba con gusto.
21Llegó, empero, una ocasión favorable, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un festín a sus grandes, a los oficiales, y a los personajes de Galilea.
22Entró (en esta ocasión) la hija de Herodías y se congració por sus danzas con Herodes y los convidados. Dijo, entonces, el rey a la muchacha. "Pídeme lo que quieras, yo te lo daré".
23Y le juró: "Todo lo que me pidas, te lo daré, aunque sea la mitad de mi reino".
24Ella salió y preguntó a su madre: "¿Qué he de pedir?" Esta dijo: "La cabeza de Juan el Bautista".
25Y entrando luego a prisa ante el rey, le hizo su petición: "Quiero que al instante me des sobre un plato la cabeza de Juan el Bautista".
26Se afligió mucho el rey; pero en atención a su juramento y a los convidados, no quiso rechazarla [54].
27Acto continuo envió, pues, el rey un verdugo, ordenándole traer la cabeza de Juan.
28Este fue, lo decapitó en la prisión, y trajo sobre un plato la cabeza que entregó a la muchacha, y la muchacha la dio a su madre.
29Sus discípulos luego que lo supieron, vinieron a llevarse el cuerpo y lo pusieron en un sepulcro.
Primera multiplicación de los panes
30Nuevamente reunidos con Jesús, le refirieron los apóstoles todo cuanto habían hecho y enseñado.
31Entonces les dijo: "Venid vosotros aparte, a un lugar desierto, para que descanséis un poco". Porque muchos eran los que venían e iban, y ellos no tenían siquiera tiempo para comer.
32Partieron, pues, en una barca, hacia un lugar desierto y apartado.
33Pero (las gentes) los vieron cuando se iban, y muchos los conocieron; y, acudieron allí, a pie, de todas las ciudades, y llegaron antes que ellos [55].
34Al desembarcar, vio una gran muchedumbre, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.
35Siendo ya la hora muy avanzada, sus discípulos se acercaron a Él, y le dijeron: "Este lugar es desierto, y ya es muy tarde.
36Despídelos, para que se vayan a las granjas y aldeas del contorno a comprarse qué comer".
37Mas Él les respondió y dijo: "Dadles de comer vosotros". Le replicaron: "¿Acaso habremos de comprar pan por doscientos denarios, a fin de darles de comer?
38Les preguntó: "¿Cuántos panes tenéis? Id a ver". Habiéndose cerciorado, le dijeron: "Cinco panes y dos peces".
39Y les ordenó hacerlos acampar a todos, por grupos, sobre la hierba verde.
40Se sentaron, pues, en cuadros, de a ciento y de a cincuenta.
41Entonces, tomó los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, bendijo los panes, los partió y los dio a los discípulos, para que ellos los sirviesen. Y repartió también los dos peces entre todos.
42Comieron todos hasta saciarse.
43Y recogieron doce canastos llenos de los trozos y de los peces.
44Los que habían comido los panes, eran cinco mil varones [56].
Jesús camina sobre las olas
45Inmediatamente obligó a sus discípulos a reembarcarse y a adelantársele hacia la otra orilla, en dirección a Betsaida, mientras Él despedía a la gente [57].
46Habiéndola, en efecto despedido, se fue al monte a orar.
47Cuando llegó la noche, la barca estaba en medio del mar, y Él solo en tierra.
48Y viendo que ellos hacían esfuerzos penosos por avanzar, porque el viento les era contrario, vino hacia ellos, cerca de la cuarta vela de la noche, andando sobre el mar, y parecía querer pasarlos de largo.
49Pero ellos, al verlo andando sobre el mar, creyeron que era un fantasma y gritaron;
50porque todos lo vieron y se sobresaltaron. Mas Él, al instante, les habló y les dijo: "¡Ánimo! soy Yo. No tengáis miedo".
51Subió entonces con ellos a la barca, y se calmó el viento. Y la extrañeza de ellos llegó a su colmo.
52Es que no habían comprendido lo de los panes, porque sus corazones estaban endurecidos.
53Terminada la travesía, llegaron a tierra de Genesaret, y atracaron.
54Apenas salieron de la barca, lo conocieron,
55y recorrieron toda esa región; y empezaron a transportar en camillas los enfermos a los lugares donde oían que Él estaba.
56Y en todas partes adonde entraba: aldeas, ciudades, granjas, colocaban a los enfermos en las plazas, y le suplicaban que los dejasen tocar aunque no fuese más que la franja de su manto; y cuantos lo tocaban, quedaban sanos.
Capítulo 7
Sobre las tradiciones y costumbres de los fariseos
1Se congregaron en torno a Él los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén.
2Los cuales vieron que algunos de sus discípulos comían con manos profanas, es decir, no lavadas,
3porque los fariseos y los judíos en general, no comen, si no se lavan las manos, hasta la muñeca, guardando la tradición de los antiguos;
4y lo que procede del mercado no lo comen, sin haberlo rociado con agua; y observan muchos otros puntos por tradición, ablución de copas, de jarros, de vasos de bronce [58].
5Así, pues, los fariseos y los escribas le preguntaron: "¿Por qué no siguen tus discípulos la tradición de los antiguos, sino que comen con manos profanas?"
6Les dijo: "Con razón Isaías profetizó sobre vosotros, hipócritas, como está escrito: 'Este pueblo me honra con los labios,
7pero su corazón está lejos de Mí. Me rinden un culto vano, enseñando doctrinas (que son) mandamientos de hombres' [59].
8Vosotros quebrantáis los mandamientos de Dios, al paso que observáis la tradición de los hombres; lavados de jarros y copas y otras muchas cosas semejantes a estas hacéis".
9Y les dijo: "Lindamente habéis anulado el mandamiento de Dios, para observar la tradición vuestra.
10Porque Moisés dijo: "Honra a tu padre y a tu madre", y: "Quien maldice a su padre o a su madre, sea muerto". Y vosotros decís [60]:
11"Si uno dice a su padre o a su madre: *Es Korbán, es decir, ofrenda, esto con lo cual yo te podría socorrer* [61],
12ya no lo dejáis hacer nada por su padre o por su madre,
13anulando así la palabra de Dios por la tradición que transmitisteis. Y hacéis cantidad de cosas semejantes".
14Y habiendo de nuevo llamado a la muchedumbre, les dijo: "Escuchadme todos con inteligencia:
15No hay cosa fuera del hombre que, entrando en él, lo pueda manchar; mas lo que sale del hombre, eso es lo que mancha al hombre.
16Si alguno tiene oídos para oír, oiga".
17Cuando, dejando a la multitud, hubo entrado en casa, sus discípulos lo interrogaron sobre esta parábola.
18Respondioles: "¿A tal punto vosotros también estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre, no lo puede manchar?
19Porque eso no va al corazón, sino al vientre y sale a un lugar oculto, limpiando así todos los alimentos".
20Y agregó: "Lo que procede del hombre, eso es lo que mancha al hombre.
21Porque es de adentro, del corazón de los hombres, de donde salen los malos pensamientos, fornicaciones, hurtos, homicidios,
22adulterios, codicias, perversiones, dolo, deshonestidad, envidia, blasfemia, soberbia, insensatez.
23Todas estas cosas malas proceden de dentro y manchan al hombre".
La fe de la cananea
24Partiendo de allí, se fue al territorio de Tiro, y de Sidón, y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese, mas no pudo quedar oculto.
25Porque en seguida una mujer cuya hija estaba poseída de un demonio inmundo, habiendo oído hablar de Él, vino a prosternarse a sus pies.
26Esta mujer era pagana, sirofenicia [62] de origen, y le rogó que echase al demonio fuera de su hija.
27Mas Él le dijo: "Deja primero a los hijos saciarse, porque no está bien tomar el pan de los hijos para darlo a los perritos".
28Ella le contestó diciendo: "Sí, Señor, pero también los perritos debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos" [63].
29Entonces Él le dijo: "¡Anda! Por lo que has dicho, el demonio ha salido de tu hija".
30Ella se volvió a su casa, y encontró a la niña acostada sobre la cama, y que el demonio había salido.
El sordomudo
31Al volver del territorio de Tiro, vino, por Sidón, hacia el mar de Galilea atravesando el territorio de la Decápolis.
32Le trajeron un sordo y tartamudo, rogándole que pusiese su mano sobre él.
33Mas Él, tomándolo aparte, separado de la turba, puso sus dedos en los oídos de él; escupió y tocole la lengua.
34Después, levantando los ojos al cielo, dio un gemido y le dijo: "Effathá" [64], es decir, "ábrete".
35Y al punto sus oídos se abrieron, y la ligadura de su lengua se desató, y hablaba correctamente.
36Mas les mandó no decir nada a nadie; pero cuanto más lo prohibía, más lo proclamaban.
37Y en el colmo de la admiración, decían: "Todo lo hizo bien: hace oír a los sordos, y hablar a los mudos".
Capítulo 8
Segunda multiplicación de los panes
1En aquel tiempo, como hubiese de nuevo una gran muchedumbre, y que no tenía qué comer, llamó a sus discípulos, y les dijo [65]:
2"Tengo compasión de la muchedumbre, porque hace ya tres días que no se aparta de Mí, y no tiene nada qué comer.
3Si los despido en ayunas a sus casas, les van a faltar las fuerzas en el camino, porque los hay que han venido de lejos".
4Dijéronle sus discípulos: "¿Cómo será posible aquí, en un desierto, saciarlos con pan?"
5Les preguntó: "¿Cuántos panes tenéis?" Respondieron: "Siete".
6Y mandó que la gente se sentase en el suelo; tomó, entonces, los siete panes, dio gracias, los partió y los dio a sus discípulos, para que ellos los sirviesen; y los sirvieron a la gente.
7Tenían también algunos pececillos; los bendijo, y dijo que los sirviesen también.
8Comieron hasta saciarse, y recogieron siete canastos de pedazos que sobraron.
9Eran alrededor de cuatro mil. Y los despidió.
Los fariseos piden una señal
10En seguida subió a la barca con sus discípulos, y fue a la región de Dalmanuta.
11Salieron entonces los fariseos y se pusieron a discutir con Él, exigiéndole alguna señal del cielo, para ponerlo a prueba [66].
12Mas Él, gimiendo en su espíritu, dijo: "¿Por qué esta raza exige una señal? En verdad, os digo, ninguna señal será dada a esta generación" [67].
13Y dejándolos allí, se volvió a embarcar para la otra ribera.
Contra las levaduras
14Habían olvidado de tomar pan, y no tenían consigo en la barca más que un solo pan.
15Les hizo entonces esta advertencia: "¡Cuidado! Guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes" [68].
16Por lo cual ellos se hicieron esta reflexión unos a otros: "Es que no tenemos panes".
17Mas conociéndolo, Jesús les dijo: "¿Por qué estáis pensando en que no teneis panes? ¿No comprendéis todavía? ¿No caéis en la cuenta? ¿Tenéis endurecido vuestro corazón?
18¿Teniendo ojos, no veis; y teniendo oídos, no oís?
19Cuando partí los cinco panes entre los cinco mil, ¿cuántos canastos llenos de pedazos recogisteis?" "Doce", le dijeron.
20"Y cuando partí los siete panes entre los cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de trozos os llevasteis?" Dijéronle: "Siete".
21Y les dijo: "¿No comprendéis todavía?"
El ciego de Betsaida
22Fueron luego a Betsaida. Y le trajeron un ciego, rogándole que lo tocase [69].
23Y Él, tomando de la mano al ciego, lo condujo fuera de la aldea, le escupió en los ojos, y le impuso las manos; después le preguntó: "¿Ves algo?"
24Él alzó los ojos y dijo: "Veo a los hombres; los veo como árboles que caminan".
25Le puso otra vez las manos sobre los ojos, y el hombre miró con fijeza y quedó curado, y veía todo claramente.
26Y lo envió de nuevo a su casa y le dijo: "Ni siquiera entres en la aldea".
Confesión de Pedro
27Jesús se marchó con sus discípulos para las aldeas de Cesarea de Filipo. Por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: "¿Quién soy Yo, según el decir de los hombres?" [70].
28Le respondieron diciendo: "Juan el Bautista; otros: Elías; otros: uno de los profetas".
29Entonces, les preguntó: "Según vosotros, ¿quién soy Yo?" Respondiole Pedro y dijo: "Tú eres el Cristo" [71].
30Y les mandó rigurosamente que a nadie dijeran (esto) de Él.
Primer anuncio de la Pasión
31Comenzó entonces, a enseñarles que era necesario que el Hijo del hombre sufriese mucho; que fuese reprobado [72] por los ancianos, por los sumos sacerdotes, y por los escribas; que le fuese quitada la vida, y que, tres días después, resucitase.
32Y les hablaba abiertamente. Entonces, Pedro, tomándolo aparte, empezó a reprenderlo.
33Pero Él, volviéndose y viendo a sus discípulos, increpó a Pedro y le dijo: "¡Vete de Mí, atrás, Satanás! porque no sientes las cosas de Dios, sino las de los hombres" [73].
La renuncia del "yo"
34Y convocando a la muchedumbre con sus discípulos les dijo: "Si alguno quiere venir en pos de Mí, renúnciese a sí mismo, tome su cruz, y sígame [74].
35Quien quiere salvar su vida, la perderá, y quien pierde su vida a causa de Mí y del Evangelio, la salvará.
36En efecto: ¿de qué servirá al hombre ganar el mundo entero, y perder su vida?
37Pues ¿qué cosa puede dar el hombre a cambio de su vida?
38Porque quien se avergonzare de Mí y de mis palabras delante de esta raza adúltera y pecadora, el Hijo del hombre también se avergonzará de él cuando vuelva en la gloria de su Padre, escoltado por los santos ángeles".
Capítulo 9
Transfiguración de Jesús
1Y les dijo: "En verdad, os digo, entre los que están aquí, algunos no gustarán la muerte sin que hayan visto el reino de Dios venido con poder" [75].
2Y seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó solos, aparte, a un alto monte, y se transfiguró a su vista [76].
3Sus vestidos se pusieron resplandecientes y de tal blancura; que no hay batanero sobre esta tierra, capaz de blanquearlos así.
4Y se les aparecieron Elías y Moisés y conversaban con Jesús.
5Entonces, Pedro dijo a Jesús: "Rabí, es bueno que nos quedemos aquí. Hagamos, pues, aquí tres pabellones, uno para ti, uno para Moisés, y uno para Elías".
6Era que no sabía lo que decía, porque estaban sobrecogidos de temor.
7Vino, entonces, una nube que los cubrió con su sombra, y de la nube una voz se hizo oír: "Este es mi Hijo, el Amado. ¡Escuchadlo!" [77].
8Y de repente, mirando todo alrededor, no vieron a nadie con ellos, sino a Jesús solo.
La venida de Elías
9Cuando bajaban del monte, les prohibió referir a nadie lo que habían visto, mientras el Hijo del hombre no hubiese resucitado de entre los muertos [78].
10Y conservaron lo acaecido dentro de sí, discurriendo "qué podría significar eso de resucitar de entre los muertos".
11Y le hicieron esta pregunta: "¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?"
12Respondioles: "Elías, en efecto, vendrá primero y lo restaurará todo. Pero ¿cómo está escrito del Hijo del hombre, que debe padecer mucho y ser vilipendiado?
13Pues bien, Yo os declaro: en realidad Elías ya vino e hicieron con él cuanto les plugo, como está escrito de él" [79].
El niño endemoniado
14Llegaron, entretanto, a los discípulos y vieron un gran gentío que los rodeaba, y escribas que discutían con ellos [80].
15Toda esta multitud en cuanto lo vio se quedó asombrada y corrió a saludarlo.
16Preguntoles: "¿Por qué discutís con ellos?"
17Respondiole uno de la multitud: "Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un demonio mudo.
18Y cuando se apodera de él, lo zamarrea y él echa espumarajos, rechina los dientes y queda todo rígido. Y pedí a tus discípulos que lo expulsasen, y no han podido".
19Entonces, Él les respondió y dijo: "Oh raza incrédula, ¿hasta cuándo habré de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo!" [81].
20Y se lo trajeron. En cuanto lo vio, el espíritu lo zamarreaba (al muchacho); y caído en el suelo, se revolvía echando espumarajos.
21Y preguntó al padre: "¿Cuánto tiempo hace que esto le sucede?" Respondió: "Desde su infancia;
22y a menudo lo ha echado, ora en el fuego, ora en el agua, para hacerlo morir. Pero si Tú puedes algo, ayúdanos, Y ten compasión de nosotros".
23Replicole Jesús: "¡Si puedes! ... Todo es posible para el que cree".
24Entonces, el padre del niño se puso a gritar: "¡Creo! ¡Ven en ayuda de mi falta de fe!"
25Y Jesús viendo que se aproximaba un tropel de gente, conminó al espíritu diciéndole: "Espíritu mudo y sordo, Yo te lo mando, sal de él, y no vuelvas a entrar más en él".
26Y, gritando y retorciéndole en convulsiones, salió. Y quedó el niño como muerto, y así muchos decían que había muerto.
27Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó y él se tuvo en pie.
28Cuando hubo entrado en casa, los discípulos le preguntaron en privado: "¿Por qué, pues, no pudimos nosotros expulsarlo?"
29Les dijo: "Esta casta no puede ser expulsada sino con la oración y el ayuno" [82].
Segundo anuncio de la Pasión
30Partiendo de allí, pasaron a través de Galilea, y no quería que se supiese;
31porque enseñó esto a sus discípulos: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo harán morir; y tres días después de su muerte resucitará?"
32Pero ellos no comprendieron estas palabras y temían preguntarle.
Humildad y caridad
33Entretanto, llegaron a Cafarnaúm; y cuando estuvo en su casa, les preguntó: "¿De qué conversabais en el camino?" [83].
34Mas ellos guardaron silencio, porque habían discutido entre sí, durante el camino, sobre quien sería el mayor.
35Entonces, sentose, llamo a los Doce y les dijo: "Si alguno quiere, ser el primero, deberá ser el último de todos y el servidor de todos".
36Y tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, y abrazándolo, les dijo:
37"El que recibe a uno de estos niños en mi nombre, a Mí me recibe; y el que a Mí me recibe, no me recibe a Mí, sino a Aquel que me envió".
38Díjole Juan: "Maestro, vimos a un hombre que expulsaba demonios en tu nombre, el cual no nos sigue; y se lo impedíamos, porque no anda con nosotros".
39Pero Jesús dijo: "No se lo impidáis, porque nadie, haciendo milagro por mi nombre, será capaz de hablar luego mal de Mí.
40Porque quien no está contra nosotros, por nosotros está.
41Quien os diere a beber un vaso de agua, por razón de que sois de Cristo, en verdad os digo, no perderá su recompensa" [84].
Gravedad del escándalo
42Quien escandalizare a uno de estos pequeñitos que creen, más le valdría que le atasen alrededor de su cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que lo echasen al mar.
43Si tu mano te escandaliza, córtala: más te vale entrar en la vida manco, que irte, con tus dos manos, a la gehenna [85], al fuego que no se apaga.
45Y si tu pie te escandaliza, córtalo: más te vale entrar en la vida cojo que ser, con tus dos pies, arrojado a la gehenna.
46.
47Y si tu ojo te escandaliza, sácalo: más te vale entrar en el reino de Dios teniendo un solo ojo que con tus dos ojos ser arrojado a la gehenna,
48donde "el gusano de ellos no muere y el fuego no se apaga" [87].
49Porque cada uno ha de ser salado con el fuego. La sal es buena; mas si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos y estad en paz unos con otros [88].
III. Camino de Jerusalén
Capítulo 10
Indisolubilidad del matrimonio
1Partiendo de allí, fue al territorio de Judea y de Transjordania. De nuevo, las muchedumbres acudieron a Él, y de nuevo, según su costumbre, los instruía [89].
2Y viniendo a Él algunos fariseos que, con el propósito de tentarlo, le preguntaron si era lícito al marido repudiar a su mujer,
3les respondió y dijo: "¿Qué os ha ordenado Moisés?"
4Dijeron: "Moisés permitió dar libelo de repudio y despedir (la)".
5Mas Jesús les replicó: "En vista de vuestra dureza de corazón os escribió ese precepto.
6Pero desde el comienzo de la creación, Dios los hizo varón y mujer.
7Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer,
8y los dos vendrán a ser una sola carne. De modo que no son ya dos, sino una sola carne.
9¡Y bien! ¡lo que Dios ha unido, el hombre no lo separe!"
10De vuelta a su casa, los discípulos otra vez le preguntaron sobre eso.
11Y les dijo: "Quien repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera [90];
12y si una mujer repudia a su marido y se casa con otro, ella comete adulterio".
Los niños son dueños del Reino
13Le trajeron unos niños para que los tocase; mas los discípulos ponían trabas.
14Jesús viendo esto, se molestó y les dijo: "Dejad a los niños venir a Mí y no les impidáis, porque de tales como estos es el reino de Dios [91].
15En verdad, os digo, quien no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él".
16Después los abrazó y los bendijo, poniendo sobre ellos las manos.
El joven rico
17Cuando iba ya en camino, vino uno corriendo y, doblando la rodilla, le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué he de hacer para heredar la vida eterna?" [92].
18Respondiole Jesús: "¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo Dios.
19Tú conoces los mandamientos: "No mates, no cometas adulterio, no robes, no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre";
20y él le respondió: "Maestro, he cumplido todo esto desde mi juventud".
21Entonces, Jesús lo miró con amor y le dijo: "Una cosa te queda: anda, vende todo lo que posees y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; después, vuelve, y sígueme, llevando la cruz".
22Al oír estas palabras, se entristeció, y se fue apenado, porque tenía muchos bienes [93].
Recompensa de los que siguen a Jesús
23Entonces, Jesús, dando una mirada a su rededor, dijo a sus discípulos: "¡Cuán difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios!"
24Como los discípulos se mostrasen asombrados de sus palabras, volvió a decirles Jesús: "Hijitos, ¡cuán difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el reino de Dios!
25Es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios" [94].
26Pero su estupor aumentó todavía; y se decían entre sí: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?"
27Mas Jesús, fijando sobre ellos su mirada, dijo: "Para los hombres, esto es imposible, mas no para Dios, porque todo es posible para Dios".
28Púsose, entonces, Pedro a decirle: "Tú lo ves, nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido".
29Jesús le contestó y dijo: "En verdad, os digo, nadie habrá dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o campos, a causa de Mí y a causa del Evangelio,
30que no reciba centuplicado [95] ahora, en este tiempo, casas, hermanos, hermanas, madre, hijos y campos —a una con persecuciones—, y, en el siglo venidero, la vida eterna.
31Mas muchos primeros serán últimos, y muchos últimos, primeros".
Tercer anuncio de la Pasión
32Iban de camino, subiendo a Jerusalén, y Jesús se les adelantaba; y ellos se asombraban y lo seguían con miedo. Y tomando otra vez consigo a los Doce, se puso a decirles lo que le había de acontecer:
33"He aquí que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte, y lo entregarán a los gentiles;
34y lo escarnecerán, lo escupirán, lo azotarán y lo matarán, mas tres días después resucitará".
La ambición de Santiago y Juan
35Acercáronsele Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron: "Maestro, queremos que Tú hagas por nosotros cualquier cosa que te pidamos" [96].
36Él les dijo: "¿Qué queréis, pues, que haga por vosotros?"
37Le respondieron: "Concédenos sentarnos, el uno a tu derecha, el otro a tu izquierda, en tu gloria".
38Pero Jesús les dijo: "No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que Yo he de beber, o recibir el bautismo que Yo he de recibir?"
39Le contestaron: "Podemos". Entonces, Jesús les dijo: "El cáliz que Yo he de beber, lo beberéis; y el bautismo [97] que Yo he de recibir lo recibiréis.
40Mas en cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no es mío darlo sino a aquellos para quienes está preparado".
41Cuando los otros diez oyeron esto, comenzaron a indignarse contra Santiago y Juan.
42Entonces, Jesús los llamó y les dijo: "Como vosotros sabéis, los que aparecen como jefes de los pueblos, les hacen sentir su dominación; y los grandes, su poder [98].
43Entre vosotros no debe ser así; al contrario, quien, entre vosotros, desea hacerse grande, hágase sirviente de los demás;
44y quien desea ser el primero, ha de ser esclavo de todos.
45Porque también el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos" [99].
El ciego de Jericó
46Habían llegado a Jericó. Ahora bien, cuando iba saliendo de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una numerosa muchedumbre, el hijo de Timeo, Bartimeo, ciego y mendigo, estaba sentado al borde del camino [100];
47y oyendo que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: "¡Hijo de David, Jesús, ten piedad de mí!"
48Muchos le reprendían para que callase, pero él mucho más gritaba: "¡Hijo de David, ten piedad de mí!"
49Entonces, Jesús se detuvo y dijo: "Llamadlo". Llamaron al ciego y le dijeron: "¡Ánimo, levántate! Él te llama".
50Y él arrojó su manto, se puso en pie de un salto y vino a Jesús.
51Tomando la palabra, Jesús le dijo: "¿Qué deseas que te haga?" El ciego le respondió: "¡*Rabbuni*, que yo vea!"
52Jesús le dijo: "¡Anda! tu fe te ha sanado". Y en seguida vio, y lo fue siguiendo por el camino [101].
IV. Jesús en Jerusalén
Capítulo 11
Entrada triunfal en Jerusalén
1Cuando estuvieron próximos a Jerusalén, cerca de Betfagé [102] y Betania, junto al Monte de los Olivos, envió a dos de sus discípulos,
2diciéndoles: "Id a la aldea que está enfrente de vosotros; y luego de entrar en ella, encontraréis un burrito atado, sobre el cual nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo.
3Y si alguien os pregunta: "¿Por qué hacéis esto?", contestad: "El Señor lo necesita, y al instante lo devolverá aquí".
4Partieron, pues, y encontraron un burrito atado a una puerta, por de fuera, en la calle, y lo desataron.
5Algunas personas que se encontraban allí, les dijeron: "¿Qué hacéis, desatando el burrito?"
6Ellos les respondieron como Jesús les había dicho, y los dejaron hacer.
7Llevaron, pues, el burrito a Jesús y pusieron encima sus mantos, y Él lo montó.
8Y muchos extendieron sus mantos sobre el camino; otros, brazadas de follaje que habían cortado de los campos.
9Y los que marchaban delante y los que seguían, clamaban: "¡Hosanna! [103] ¡Bendito sea el que viene en el nombre del Señor!
10¡Bendito sea el advenimiento del reino de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!"
11Y entró en Jerusalén en el Templo, y después de mirarlo todo, siendo ya tarde, partió de nuevo para Betania con los Doce.
La higuera estéril
12Al día siguiente [104], cuando salieron de Betania, tuvo hambre.
13Y divisando, a la distancia, una higuera que tenía hojas, fue para ver si encontraba algo en ella; pero llegado allí, no encontró más que hojas, porque no era el tiempo de los higos [105].
14Entonces, respondió y dijo a la higuera: "¡Que jamás ya nadie coma fruto de ti!" Y sus discípulos lo oyeron.
Indignación de Jesús por el templo profanado
15Llegado a Jerusalén, entró en el Templo, y se puso a expulsar a los que vendían y a los que compraban en el Templo, y volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían las palomas;
16y no permitía que nadie atravesase el Templo transportando objetos.
17Y les enseñó diciendo: "¿No está escrito: *Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones*? Pero vosotros, la habéis hecho cueva de ladrones" [106].
18Los sumos sacerdotes y los escribas lo oyeron y buscaban cómo hacerlo perecer; pero le tenían miedo, porque todo el pueblo estaba poseído de admiración por su doctrina.
19Y llegada la tarde, salieron (Jesús y sus discípulos) de la ciudad.
Poder de la fe
20Al pasar (al día siguiente) muy de mañana, vieron la higuera que se había secado de raíz [107].
21Entonces, Pedro se acordó y dijo: "¡Rabí, mira! La higuera que maldijiste se ha secado".
22Y Jesús les respondió y dijo: "¡Tened fe en Dios! [108]
23En verdad, os digo, quien dijere a este monte: "Quítate de ahí y échate al mar", sin titubear interiormente, sino creyendo que lo que dice se hará, lo obtendrá.
24Por eso, os digo, todo lo que pidiereis orando, creed que lo obtuvisteis ya, y se os dará [109].
25Y cuando os ponéis de pie para orar, perdonad lo que podáis tener contra alguien, a fin de que también vuestro Padre celestial os perdone vuestros pecados.
26[Si no perdonáis, vuestro Padre que está en los cielos no os perdonará tampoco vuestros pecados]" [110].
Controversia sobre el poder de Jesús
27Fueron de nuevo a Jerusalén. Y como Él se pasease por el Templo, se le llegaron los jefes de los sacerdotes, los escribas y los ancianos [111],
28y le dijeron: "¿Con qué poder haces estas cosas, y quién te ha dado ese poder para hacerlas?"
29Jesús les contestó: "Os haré Yo también una pregunta. Respondedme, y os diré con qué derecho obro así:
30El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme".
31Mas ellos discurrieron así en sí mismos: "Si decimos *del cielo*, dirá: *entonces ¿por qué no le creísteis?*"
32Y ¿si decimos: "de los hombres"? pero temían al pueblo, porque todos tenían a Juan por un verdadero profeta.
33Respondieron, pues, a Jesús. "No sabemos". Entonces, Jesús les dijo: "Y bien, ni Yo tampoco os digo con qué poder hago esto".
Capítulo 12
Parábola de los viñadores
1Y se puso a hablarles en parábolas: "Un hombre plantó una viña, la cercó con un vallado, cavó un lagar y edificó una torre; después la arrendó a unos viñadores, y se fue a otro país [112].
2A su debido tiempo, envió un siervo a los viñadores para recibir de ellos su parte de los frutos de la viña.
3Pero ellos lo agarraron, lo apalearon y lo remitieron con las manos vacías.
4Entonces, les envió otro siervo, al cual descalabraron y ultrajaron;
5y otro, al cual mataron; después otros muchos, de los cuales apalearon a unos y mataron a otros.
6No le quedaba más que uno, su hijo amado; a este les envió por último, pensando: *Respetarán a mi hijo*.
7Pero aquellos viñadores se dijeron unos a otros: *Este es el heredero. Venid, matémoslo, y la herencia será nuestra*.
8Lo agarraron, pues, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.
9¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y acabará con los viñadores, y entregará la viña a otros.
10¿No habéis leído esta Escritura: *La piedra que desecharon los que edificaban, esta ha venido a ser cabeza de esquina [113];
11de parte del Señor esto ha sido hecho, y es maravilloso a nuestros ojos?*"
12Trataron, entonces, de prenderlo, pero temían al pueblo. Habían comprendido, en efecto, que con respecto a ellos había dicho esta parábola. Lo dejaron, pues, y se fueron.
Jesús ante lo temporal
13Le enviaron, después, algunos fariseos y herodianos, a fin de enredarlo en alguna palabra.
14Vinieron ellos y le dijeron: "Maestro, sabemos que Tú eres veraz, que no tienes miedo a nadie, y que no miras la cara de los hombres, sino que enseñas el camino de Dios con verdad. ¿Es lícito pagar el tributo al César o no? ¿Pagaremos o no pagaremos?" [114]
15Mas Él, conociendo su hipocresía, les dijo: "¿Por qué me tendéis un lazo? Traedme un denario, para que Yo lo vea".
16Se lo trajeron, y Él les preguntó: "¿De quién es esta figura y la leyenda?" Le respondieron: "Del César".
17Entonces, Jesús les dijo: "Dad al César lo que es del César; y a Dios lo que es de Dios". Y se quedaron admirados de Él [115].
Los saduceos y la resurrección
18Acercáronsele también algunos saduceos [116], que dicen que no hay resurrección, y le propusieron esta cuestión:
19"Maestro, Moisés nos ha prescrito, si el hermano de alguno muere dejando mujer y no deja hijos, tome su hermano la mujer de él y dé prole a su hermano.
20Ahora bien, eran siete hermanos. El primero tomó mujer, y murió sin dejar prole.
21El segundo la tomó, y murió sin dejar prole. Sucedió lo mismo con el tercero.
22Y ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos ellos murió también la mujer.
23En la resurrección, cuando ellos resuciten, ¿de cuál de ellos será esposa? Porque los siete la tuvieron por mujer".
24Mas Jesús les dijo: "¿No erráis, acaso, por no conocer las Escrituras ni el poder de Dios?
25Porque, cuando resuciten de entre los muertos, no se casarán (los hombres), ni se darán en matrimonio (las mujeres), sino que serán como ángeles en el cielo.
26Y en cuanto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la Zarza, cómo Dios le dijo: *Yo soy el Dios de Abrahán y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob?* [117]
27Él no es Dios de muertos, sino de vivos. Vosotros estáis, pues, en un gran error".
El gran mandamiento
28Llegó también un escriba que los había oído discutir; y viendo lo bien que Él les había respondido, le propuso esta cuestión: "¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?"
29Jesús respondió: "El primero es: *Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, un solo Señor es.
30Y amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza*" [118]
31El segundo es: *Amarás a tu prójimo como a ti mismo*. No existe mandamiento mayor que estos".
32Díjole el escriba: "Maestro, bien has dicho; en verdad, que *Él es único, que no hay otro más que Él*.
33Y el amarlo con todo el corazón y con todo el espíritu y con toda la fuerza, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios".
34Jesús, viendo que había hablado juiciosamente, le dijo: "Tú no estás lejos del reino de Dios". Y nadie osó más proponerle cuestiones.
Cristo Hijo y Señor de David
35Entonces, Jesús, tomando la palabra, enseñaba en el Templo diciendo: "¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? [119]
36Porque David mismo dijo (inspirado) por el Espíritu Santo: *El Señor dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga Yo a tus enemigos por tarima de tus pies*.
37Si David mismo lo llama *Señor*, ¿cómo puede entonces ser su hijo?" Y la gente numerosa lo escuchaba con placer.
Guardaos de los escribas
38Dijo también en su enseñanza: "Guardaos de los escribas [120], que se complacen en andar con largos vestidos, en ser saludados en las plazas públicas,
39en ocupar los primeros sitiales en las sinagogas y los primeros puestos en los convites,
40y que devoran las casas de las viudas, y afectan hacer largas oraciones. Estos recibirán mayor castigo".
La ofrenda de la viuda
41Estando Jesús sentado frente al arca de las ofrendas, miraba a la muchedumbre que echaba monedas en el arca, y numerosos ricos echaban mucho.
42Vino también una pobre viuda que echó dos moneditas, esto es un cuarto de as [121].
43Entonces llamó a sus discípulos y les dijo: "En verdad, os digo, esta pobre viuda ha echado más que todos los que echaron en el arca [122].
44Porque todos los otros echaron de lo que les sobraba, pero esta ha echado de su propia indigencia todo lo que tenía, todo su sustento".
Capítulo 13
Profecía de la ruina de Jerusalén y del fin de los tiempos
1Cuando Él salía del templo, uno de sus discípulos le dijo: "¡Maestro, mira! ¡qué piedras y qué edificios!" [123]
2Respondiole Jesús: "¿Ves estas grandes construcciones? No quedará piedra sobre piedra que no sea derribada".
3Luego, estando Él sentado en el Monte de los Olivos, frente al Templo, Pedro, Santiago, Juan y Andrés le preguntaron aparte:
4"Dinos: ¿cuándo sucederá esto?, y al estar esas cosas a punto de cumplirse todas, ¿cuál será la señal?" [124]
5Y Jesús se puso a decirles: "Estad en guardia, que nadie os induzca en error.
6Muchos vendrán bajo mi nombre y dirán: *Yo soy (el Cristo)* y a muchos engañarán [125].
7Cuando oigáis hablar de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis. Esto ha de suceder, pero no es todavía el fin.
8Porque se levantará pueblo contra pueblo, reino contra reino. Habrá terremotos en diversos lugares, y habrá hambres. Esto es el comienzo de los dolores".
9"Mirad por vosotros mismos. Porque os entregarán a los sanhedrines, y seréis flagelados en las sinagogas, y compareceréis ante gobernadores y reyes, a causa de Mí, para dar testimonio ante ellos [126].
10Y es necesario primero que a todas las naciones sea proclamado el Evangelio [127].
11Mas cuando os llevaren para entregaros, no os afanéis anticipadamente por lo que diréis; sino decid lo que en aquel momento os será inspirado; porque no sois vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu Santo [128].
12El hermano entregará a su hermano a la muerte, el padre a su hijo; y los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán.
13Seréis odiados de todos a causa de mi nombre; pero el que perseverare hasta el fin, este será salvo.
14Mas cuando veáis la abominación de la desolación [129] instalada allí donde no debe —¡entienda el que lee!—, entonces, los que estén en Judea, huyan a las montañas;
15quien se encuentre en la azotea, no baje ni entre para tomar nada en su casa;
16quien vaya al campo, no vuelva atrás para tomar su manto.
17¡Ay de las mujeres que estén encintas y de las que críen por aquellos días!
18Y orad, para que no acontezca en invierno".
19"Porque habrá en aquellos días tribulación tal, cual no la hubo desde el principio de la creación que hizo Dios, hasta el presente, ni la habrá.
20Y si el Señor no hubiese acortado los días, ningún viviente escaparía; mas a causa de los escogidos que Él eligió, ha acortado esos días.
21Entonces, si os dicen: *Helo a Cristo aquí o allí*, no lo creáis.
22Porque surgirán falsos Cristos y falsos profetas, que harán señales y prodigios para descarriar aun a los elegidos, si fuera posible [130].
23Vosotros, pues, estad alerta; ved que os lo he predicho todo".
24"Pero en aquellos días, después de la tribulación aquella, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor [131],
25y los astros estarán cayendo del cielo, y las fuerzas que hay en los cielos serán sacudidas.
26Entonces, verán al Hijo del hombre viniendo en las nubes con gran poder y gloria.
27Y entonces enviará a los ángeles, y congregará [132] a sus elegidos de los cuatro vientos, desde la extremidad de la tierra hasta la extremidad del cielo".
Aprended de la higuera
28"De la higuera aprended la semejanza: cuando ya sus ramas se ponen tiernas, y brotan las hojas, conocéis que el verano esta cerca;
29así también, cuando veáis suceder todo esto, sabed que (Él) está cerca, a las puertas.
30En verdad, os digo, la generación esta no pasará sin que todas estas cosas se hayan efectuado [133].
31El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán".
¡Velad!
32"Mas en cuanto al día y la hora, nadie sabe, ni los mismos ángeles del cielo, ni el Hijo, sino el Padre [134].
33¡Mirad!, ¡velad! porque no sabéis cuándo será el tiempo;
34como un hombre que partiendo para otro país, dejó su casa y dio a sus siervos la potestad, a cada uno su tarea, y al portero encomendó que velase.
35Velad, pues, porque no sabéis cuando volverá el Señor de la casa, si en la tarde, o a la medianoche, o al canto del gallo, o en la mañana,
36no sea que volviendo de improviso, os encuentre dormidos.
37Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!" [135].
V. Pasión y muerte del Señor
Capítulo 14
Unción de Jesús en Betania
1Dos días [136] después era la Pascua y los Ázimos, y los sumos sacerdotes y los escribas, buscaban cómo podrían apoderarse de Él con engaño y matarlo.
2Mas decían: "No durante la fiesta, no sea que ocurra algún tumulto en el pueblo".
3Ahora bien, hallándose Él en Betania, en casa de Simón, el Leproso, y estando sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro lleno de ungüento de nardo puro de gran precio; y quebrando el alabastro, derramó el ungüento sobre su cabeza [137].
4Mas algunos de los presentes indignados interiormente, decían: "¿A qué este despilfarro de ungüento?
5Porque el ungüento este se podía vender por más de trescientos denarios [138], y dárselos a los pobres". Y bramaban contra ella.
6Mas Jesús dijo: "Dejadla. ¿Por qué la molestáis? Ha hecho una buena obra conmigo.
7Porque los pobres los tenéis con vosotros siempre, y podéis hacerles bien cuando queráis; pero a Mí no me tenéis siempre.
8Lo que ella podía hacer lo ha hecho. Se adelantó a ungir mi cuerpo para la sepultura [139].
9En verdad, os digo, dondequiera que fuere predicado este Evangelio [140], en el mundo entero, se narrará también lo que acaba de hacer, en recuerdo suyo".
10Entonces, Judas Iscariote, que era de los Doce, fue a los sumos sacerdotes, con el fin de entregarlo a ellos [141].
11Los cuales al oírlo se llenaron de alegría y prometieron darle dinero. Y él buscaba una ocasión favorable para entregarlo.
La Última Cena
12El primer día de los Azimos, cuando se inmolaba la Pascua, sus discípulos le dijeron: "¿Adónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas la Pascua?"
13Y envió a dos de ellos, diciéndoles: "Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle,
14y adonde entrare, decid al dueño de casa: "El Maestro dice: ¿Dónde está mi aposento en que voy a comer la Pascua [142] con mis discípulos?".
15Y él os mostrará un cenáculo grande en el piso alto, ya dispuesto; y allí aderezad para nosotros".
16Los discípulos se marcharon, y al llegar a la ciudad encontraron como Él había dicho; y prepararon la Pascua.
Institución de la Eucaristía
17Venida la tarde, fue Él con los Doce.
18Y mientras estaban en la mesa y comían, Jesús dijo: "En verdad os digo, me entregará uno de vosotros que come conmigo".
19Pero ellos comenzaron a contristarse, y a preguntarle uno por uno: "¿Seré yo?"
20Respondioles: "Uno de los Doce, el que moja conmigo en el plato.
21El Hijo del hombre se va, como está escrito de Él, pero ¡ay del hombre, por quien el Hijo del hombre es entregado! Más le valdría a ese hombre no haber nacido" [143].
22Y mientras ellos comían, tomó pan, y habiendo bendecido, partió y dio a ellos y dijo: "Tomad, este es el cuerpo mío".
23Tomó luego un cáliz, y después de haber dado gracias dio a ellos; y bebieron de él todos.
24Y les dijo: "Esta es la sangre mía de la Alianza, que se derrama por muchos [144].
25En verdad, os digo, que no beberé ya del fruto de la vid hasta el día aquel en que lo beberé nuevo en el reino de Dios".
26Y después de cantar el himno, salieron para el monte de los olivos.
Promesas de fidelidad
27Entonces Jesús les dijo: "Vosotros todos os vais a escandalizar, porque está escrito: *Heriré al pastor, y las ovejas se dispersarán* [145].
28Mas después que Yo haya resucitado, os precederé en Galilea" [146].
29Díjole Pedro: "Aunque todos se escandalizaren, yo no".
30Y le dijo Jesús: "En verdad, te digo: que hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, tú me negarás tres".
31Pero él decía con mayor insistencia: "¡Aunque deba morir contigo, jamás te negaré!" Esto mismo dijeron también todos.
Agonía de Jesús en Getsemaní
32Y llegaron al huerto llamado Getsemaní, y dijo a sus discípulos: "Sentaos aquí mientras hago oración" [147].
33Tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan; y comenzó a atemorizarse y angustiarse.
34Y les dijo: "Mi alma está mortalmente triste; quedaos aquí y velad".
35Y yendo un poco más lejos, se postró en tierra, y rogó a fin de que, si fuese posible, se alejase de Él esa hora;
36y decía: "¡*Abba*, Padre! ¡todo te es posible; aparta de Mí este cáliz; pero, no como Yo quiero, sino como Tú!" [148].
37Volvió y los halló dormidos; y dijo a Pedro: "¡Simón! ¿duermes? [149] ¿No pudiste velar una hora?.
38Velad y orad para no entrar en tentación. El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil".
39Se alejó de nuevo y oró, diciendo lo mismo.
40Después volvió y los encontró todavía dormidos; sus ojos estaban en efecto cargados, y no supieron qué decirle.
41Una tercera vez volvió, y les dijo: "¿Dormís ya y descansáis? [150] ¡Basta! llegó la hora. Mirad: ahora el Hijo del hombre es entregado en las manos de los pecadores.
42¡Levantaos! ¡Vamos! Se acerca el que me entrega".
Prisión de Jesús
43Y al punto, cuando Él todavía hablaba, apareció Judas, uno de los Doce, y con él una tropa armada de espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos [151].
44Y el que lo entregaba, les había dado esta señal: "Aquel a quien yo daré un beso, Él es: prendedlo y llevadlo con cautela".
45Y apenas llegó, se acercó a Él y le dijo: "Rabí", y lo besó.
46Ellos, pues, le echaron mano, y lo sujetaron.
47Entonces, uno de los que ahí estaban, desenvainó su espada, y dio al siervo del sumo sacerdote un golpe y le amputó la oreja.
48Y Jesús, respondiendo, les dijo: "Como contra un bandolero habéis salido, armados de espadas y palos, para prenderme.
49Todos los días estaba Yo en medio de vosotros enseñando en el Templo, y no me prendisteis. Pero (es) para que se cumplan las Escrituras".
50Y abandonándole, huyeron todos [152].
51Cierto joven [153], empero, lo siguió, envuelto en una sábana sobre el cuerpo desnudo, y lo prendieron;
52pero él soltando la sábana, se escapó de ellos desnudo.
53Condujeron a Jesús a casa del Sumo Sacerdote [154], donde se reunieron todos los jefes de los sacerdotes, los ancianos y los escribas.
54Pedro lo había seguido de lejos hasta el interior del palacio del Sumo Sacerdote, y estando sentado con los criados se calentaba junto al fuego.
Ante Caifás
55Los sumos sacerdotes, y todo el Sanhedrín, buscaban contra Jesús un testimonio para hacerlo morir, pero no lo hallaban.
56Muchos, ciertamente, atestiguaron en falso contra Él, pero los testimonios no eran concordes.
57Y algunos se levantaron y adujeron contra Él este falso testimonio:
58"Nosotros le hemos oído decir: 'Derribaré este Templo hecho de mano de hombre, y en el espacio de tres días reedificaré otro no hecho de mano de hombre'" [155].
59Pero aun en esto el testimonio de ellos no era concorde.
60Entonces, el Sumo Sacerdote, se puso de pie en medio e interrogó a Jesús diciendo: "¿No respondes nada? ¿Qué es lo que estos atestiguan contra Ti?"
61Pero Él guardó silencio y nada respondió. De nuevo, el Sumo Sacerdote lo interrogó y le dijo: "¿Eres Tú el Cristo, el Hijo del Bendito?"
62Jesús respondió: "Yo soy. Y veréis al Hijo del Hombre [156] sentado a la derecha del Poder, y viniendo en las nubes del cielo".
63Entonces, el Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos, y dijo: "¿Qué necesidad tenemos ahora de testigos?
64Vosotros acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece?" Y ellos todos sentenciaron que Él era reo de muerte [157].
65Y comenzaron algunos a escupir sobre Él y, velándole el rostro, lo abofeteaban diciéndole: "¡Adivina!" Y los criados le daban bofetadas.
Pedro niega a Cristo
66Mientras Pedro estaba abajo, en el patio, vino una de las sirvientas del Sumo Sacerdote [158],
67la cual viendo a Pedro que se calentaba, lo miró y le dijo: "Tú también estabas con el Nazareno Jesús".
68Pero él lo negó, diciendo: "No sé absolutamente qué quieres decir". Y salió fuera, al pórtico, y cantó un gallo.
69Y la sirvienta, habiéndolo visto allí, se puso otra vez a decir a los circunstantes: "Este es uno de ellos". Y él lo negó de nuevo.
70Poco después los que estaban allí, dijeron nuevamente a Pedro: "Por cierto que tú eres de ellos; porque también eres galileo".
71Entonces, comenzó a echar imprecaciones y dijo con juramento: "Yo no conozco a ese hombre del que habláis".
72Al punto, por segunda vez, cantó un gallo. Y Pedro se acordó de la palabra que Jesús le había dicho: "Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres", y rompió en sollozos [159].
Capítulo 15
Jesús ante Pilato
1Inmediatamente, a la madrugada, los sumos sacerdotes tuvieron consejo con los ancianos, los escribas y todo el Sanhedrín, y después de atar a Jesús, lo llevaron y entregaron a Pilato [160].
2Pilato lo interrogó: "¿Eres Tú el rey de los judíos?" Él respondió y dijo: "Tú lo dices" [161].
3Como los sumos sacerdotes lo acusasen de muchas cosas,
4Pilato, de nuevo, lo interrogó diciendo: "¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan".
5Pero Jesús no respondió nada más, de suerte que Pilato estaba maravillado [162].
Pospuesto a Barrabás
6Mas en cada fiesta les ponía en libertad a uno de los presos, al que pedían.
7Y estaba el llamado Barrabás, preso entre los sublevados que, en la sedición, habían cometido un homicidio.
8Por lo cual la multitud subió y empezó a pedirle lo que él tenía costumbre de concederles.
9Pilato les respondió y dijo: "¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?"
10Él sabía, en efecto, que los sumos sacerdotes lo habían entregado por envidia.
11Mas los sumos sacerdotes incitaron a la plebe para conseguir que soltase más bien a Barrabás [163].
12Entonces, Pilato volvió a tomar la palabra y les dijo: "¿Qué decís pues que haga al rey de los judíos?"
13Y ellos, gritaron: "¡Crucifícalo!"
14Díjoles Pilato: "Pues, ¿qué mal ha hecho?" Y ellos gritaron todavía más fuerte: "¡Crucifícalo!"
15Entonces Pilato, queriendo satisfacer a la turba, les dejó en libertad a Barrabás; y después de haber hecho flagelar a Jesús, lo entregó para ser crucificado [164].
El Rey de burlas coronado de espinas
16Los soldados, pues, lo condujeron al interior del palacio, es decir, al pretorio, y llamaron a toda la cohorte [165].
17Lo vistieron de púrpura, y habiendo trenzado una corona de espinas, se la ciñeron.
18Y se pusieron a saludarlo: "¡Salve, rey de los judíos".
19Y le golpeaban la cabeza con una caña, y lo escupían, y le hacían reverencia doblando la rodilla.
20Y después que se burlaron de Él, le quitaron la púrpura, le volvieron a poner sus vestidos, y se lo llevaron para crucificarlo.
Simón de Cirene
21Requisaron a un hombre que pasaba por allí, volviendo del campo, Simón Cireneo [166], el padre de Alejandro y de Rufo, para que llevase la cruz de Él.
22Lo condujeron al lugar llamado Gólgota, que se traduce: "Lugar del Cráneo" [167].
Crucifixión de Jesús
23Y le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero Él no lo tomó.
24Y lo crucificaron, y se repartieron sus vestidos, sorteando entre ellos la parte de cada cual.
25Era la hora de tercia [168] cuando lo crucificaron.
26Y en el epígrafe de su causa estaba escrito: "El rey de los judíos".
27Y con Él crucificaron a dos bandidos, uno a la derecha, y el otro a la izquierda de Él.
28Así se cumplió la Escritura que dice: "Y fue contado entre los malhechores" [169].
29Y los que pasaban, blasfemaban de Él meneando sus cabezas y diciendo: "¡Bah, Él que destruía el Templo, y lo reedificaba en tres días! [170]
30¡Sálvate a Ti mismo, bajando de la cruz!"
31Igualmente los sumos sacerdotes escarneciéndole, se decían unos a otros con los escribas: "¡Salvó a otros, y no puede salvarse a sí mismo!
32¡El Cristo, el rey de Israel, baje ahora de la cruz para que veamos y creamos!" Y los que estaban crucificados con Él, lo injuriaban también.
33Y cuando fue la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona.
34Y a la hora nona, Jesús gritó con una voz fuerte: "*Eloí, Eloí, ¿lama sabacthani?*", lo que es interpretado: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" [171].
35Oyendo esto, algunos de los presentes dijeron: "¡He ahí que llama a Elías!"
36Y uno de ellos corrió entonces a empapar con vinagre una esponja, y atándola a una caña, le ofreció de beber, y decía: "Vamos a ver si viene Elías a bajarlo" [172].
37Mas Jesús, dando una gran voz, expiró [173].
38Entonces, el velo del Templo se rasgó en dos partes, de alto a bajo.
39El centurión, apostado enfrente de Él, viéndolo expirar de este modo, dijo: "¡Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios!" [174].
40Había también allí unas mujeres mirando desde lejos, entre las cuales también María la Magdalena, y María la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé,
41las cuales cuando estaban en Galilea, lo seguían y lo servían, y otras muchas que habían subido con Él a Jerusalén.
Sepultura de Jesús
42Llegada ya la tarde, como era día de Preparación [175], es decir, víspera del día sábado,
43vino José, el de Arimatea, noble consejero, el cual también estaba esperando el reino de Dios. Este se atrevió a ir a Pilato, y le pidió el cuerpo de Jesús [176].
44Pilato, se extrañó de que estuviera muerto; hizo venir al centurión y le preguntó si había muerto ya.
45Informado por el centurión, dio el cuerpo a José;
46el cual habiendo comprado una sábana, lo bajó, lo envolvió en el sudario, lo depositó en un sepulcro tallado en la roca, y arrimó una loza a la puerta del sepulcro.
47Entre tanto, María la Magdalena y María la de José observaron dónde era sepultado.
VI. La resurrección
Capítulo 16
Las santas mujeres van al sepulcro
1Pasado el sábado, María la Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas, para ir a ungirlo [177].
2Y muy de madrugada, el primer día de la semana, llegaron al sepulcro, al salir el sol.
3Y se decían unas a otras: "¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?"
4Y al mirar, vieron que la piedra había ya sido removida, y era en efecto sumamente grande.
5Y entrando en el sepulcro vieron, sentado a la derecha, a un joven vestido con una larga túnica blanca, y quedaron llenas de estupor.
6Mas él les dijo: "No tengáis miedo. A Jesús buscáis, el Nazareno crucificado; resucitó, no está aquí. Ved el lugar donde lo habían puesto [178].
7Pero id a decir a los discípulos de Él y a Pedro [179]: va delante de vosotros a la Galilea; allí lo veréis, como os dijo".
8Ellas salieron huyendo del sepulcro porque estaban dominadas por el temor y el asombro; y no dijeron nada a nadie, a causa del miedo.
Jesús se aparece a los suyos
9Resucitado, pues, temprano, el primer día de la semana, se apareció primeramente a María la Magdalena, de la cual había echado siete demonios [180].
10Ella fue y lo anunció a los que habían estado con Él, que se hallaban afligidos y llorando.
11Pero ellos al oír que vivía y que había sido visto por ella, no creyeron [181].
12Después de estas cosas se mostró en el camino, con otra figura, a dos de ellos, que iban a una granja [182].
13Estos también fueron a anunciarlo a los demás; pero tampoco a ellos les creyeron.
Misión de los Apóstoles
14Por último, se les apareció a los once mientras comían y les echó en cara su falta de fe y dureza de corazón porque no habían creído a los que lo habían visto a Él resucitado de entre los muertos [183].
15Y les dijo: "Id por el mundo entero, predicad el Evangelio a toda la creación.
16Quien creyere y fuere bautizado, será salvo; mas, quien no creyere, será condenado [184].
17Y he aquí los milagros que acompañarán a los que creyeren: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán nuevas lenguas,
18tomarán las serpientes; y si bebieren algo mortífero no les hará daño alguno; sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán".
Ascensión del Señor
19Y el Señor Jesús, después de hablarles, fue arrebatado al cielo, y se sentó a la diestra de Dios.
20En cuanto a ellos, fueron y predicaron por todas partes, asistiéndolos el Señor y confirmando la palabra con los milagros que la acompañaban [185].
Comentarios de Mons. Straubinger
Notas Exegéticas y Comentarios Teológicos de Mons. Juan Straubinger
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