Evangelio según San Lucas: Biblia Católica Completa

← La Santa Biblia Católica / Nuevo Testamento

Evangelio según San Lucas

Texto íntegro en la traducción católica de Monseñor Juan Straubinger, con notas patrísticas y exegéticas. 24 capítulos completos con acceso directo por versículos.

Introducción Canónica y Teológica

El autor del tercer Evangelio, "Lucas, el médico" (Colosenses 4, 14), era un sirio nacido en Antioquía, de familia pagana. Tuvo la suerte de convertirse a la fe de Jesucristo y encontrarse con San Pablo, cuyo fiel compañero y discípulo fue por muchos años, compartiendo con él hasta la prisión en Roma.

Según su propio testimonio (1, 3) Lucas se informó "de todo exactamente desde su primer origen" y escribió para dejar grabada la tradición oral (1, 4). No cabe duda de que una de sus principales fuentes de información fue el mismo Pablo, y es muy probable que recibiera informes también de la santísima Madre de Jesús, especialmente sobre la infancia del Señor, que Lucas es el único en referirnos con cierto detalle. Por sus noticias sobre el Niño y su Madre, se le llamó el Evangelista de la Virgen. De ahí que la leyenda le atribuya el haber pintado el primer retrato de María.

Lucas es llamado también el Evangelista de la misericordia, por ser el único que nos trae las parábolas del Hijo Pródigo, de la Dracma Perdida, del Buen Samaritano, etc.

Este tercer Evangelio fue escrito en Roma a fines de la primera cautividad de San Pablo, o sea entre los años 62 y 63. Sus destinatarios son los cristianos de las iglesias fundadas por el Apóstol de los Gentiles, así como Mateo se dedicó más especialmente a mostrar a los judíos el cumplimiento de las profecías realizadas en Cristo. Por eso el Evangelio de San Lucas contiene un relato de la vida de Jesús que podemos considerar el más completo de todos y hecho a propósito para nosotros los cristianos de la gentilidad.

#### PRÓLOGO

Índice de Capítulos (1 al 24)
Toca un número para ir al capítulo

1Habiendo muchos tratado de componer una narración de las cosas plenamente confirmadas entre nosotros,

2según lo que nos han transmitido aquellos que, fueron, desde el comienzo [1], testigos oculares y ministros de la palabra;

3me ha parecido conveniente, también a mí, que desde hace mucho tiempo he seguido todo exactamente, escribirlo todo en forma ordenada, óptimo Teófilo [2],

4a fin de que conozcas bien la certidumbre de las palabras en que fuiste instruido.

I. Infancia de jesús

Anunciación del nacimiento del Precursor

5Hubo en tiempo de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abía [3]. Su mujer, que descendía de Aarón, se llamaba Isabel.

6Ambos eran justos delante de Dios, siguiendo todos los mandamientos y justificaciones [4] del Señor de manera irreprensible.

7Mas no tenían hijos, porque Isabel era estéril, y ambos eran de edad avanzada [5].

8Un día que estaba de servicio delante de Dios, en el turno de su clase,

9fué designado, según la usanza sacerdotal para entrar en el Santuario del Señor y ofrecer el incienso.

10Y toda la multitud del pueblo estaba en oración afuera. Era la hora del incienso.

11Apareciósele, entonces, un ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar de los perfumes.

12Al verle, Zacarías se turbó, y lo invadió el temor.

13Pero el ángel le dijo: "No temas, Zacarías, pues tu súplica ha sido escuchada: Isabel, tu mujer, te dará un hijo, al que pondrás por nombre Juan.

14Te traerá gozo y alegría y muchos se regocijarán con su nacimiento.

15Porque será grande delante del Señor; nunca beberá vino ni bebida embriagante, y será colmado del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre;

16y convertirá a muchos de los hijos de Israel al Señor su Dios. "Caminará delante de Él con el espíritu y el poder de Elías,

17para convertir los corazones de los padres hacia los hijos", y los rebeldes a la sabiduría de los justos, y preparar al Señor un pueblo bien dispuesto" [6].

18Zacarías dijo al ángel: "¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer ha pasado los días".

19El ángel le respondió: "Yo soy Gabriel, el que asisto a la vista de Dios; y he sido enviado para hablarte y traerte esta feliz nueva.

20He aquí que quedarás mudo, sin poder hablar hasta el día en que esto suceda, porque no creíste a mis palabras, que se cumplirán a su tiempo".

21El pueblo estaba esperando a Zacarías, y se extrañaba de que tardase en el santuario [7].

22Cuando salió por fin, no podía hablarles, y comprendieron que había tenido alguna visión en el santuario; les hacía señas con la cabeza y permaneció sin decir palabra.

23Y cuando se cumplió el tiempo de su ministerio, se volvió a su casa.

24Después de aquel tiempo, Isabel, su mujer, concibió, y se mantuvo escondida durante cinco meses, diciendo:

25"He ahí lo que el Señor ha hecho por mí, en los días en que me ha mirado para quitar mi oprobio entre los hombres".

El ángel Gabriel anuncia a María la Encarnación del Verbo

26Al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret,

27a una virgen prometida en matrimonio a un varón, de nombre José, de la casa de David [8]; y el nombre de la virgen era María.

28Y entrado donde ella estaba, le dijo: "Salve, llena de gracia; el Señor es contigo" [9].

29Al oír estas palabras, se turbó, y se preguntaba qué podría significar este saludo.

30Mas el ángel le dijo: "No temas, María, porque has hallado gracia cerca de Dios.

31He aquí que vas a concebir en tu seno, y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.

32El será grande y será llamado el Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre [10],

33y reinará sobre la casa de Jacob por los siglos, y su reinado no tendrá fin.

34Entonces María dijo al ángel: "¿Cómo será eso, pues no conozco varón?" [11]

35El ángel le respondió y dijo: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá; por eso el santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios.

36Y he aquí que tu parienta Isabel, en su vejez también ha concebido un hijo, y está en su sexto mes la que era llamada estéril;

37porque no hay nada imposible para Dios".

38Entonces María dijo: "He aquí la esclava del Señor: Séame hecho según tu palabra" [12]. Y el ángel la dejó.

Visita de María a Isabel. El Magnificat

39En aquellos días, María se levantó y fue apresuradamente a la montaña, a una ciudad de Judá [13];

40y entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.

41Y sucedió cuando Isabel oyó el saludo de María, que el niño dio saltos en su seno e Isabel quedó llena del Espíritu Santo.

42Y exclamó en alta voz y dijo: "¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu seno!

43¿Y de dónde me viene, que la madre de mi Señor venga a mí?

44Pues, desde el mismo instante en que tu saludo sonó en mis oídos, el hijo saltó de gozo en mi seno.

45Y dichosa la que creyó, porque tendrá cumplimiento lo que se le dijo de parte del Señor".

46Y María dijo: "Glorifica mi alma al Señor [14],

47y mi espíritu se goza en Dios mi Salvador,

48porque ha mirado la pequeñez de su esclava. Y he aquí que desde ahora me felicitarán todas las generaciones;

49porque en mí obró grandezas el Poderoso. Santo es su nombre [15],

50y su misericordia, para los que le temen va de generación en generación.

51Desplegó el poder de su brazo; dispersó a los que se engrieron en los pensamientos de su corazón [16].

52Bajó del trono a los poderosos, y levantó a los pequeños;

53llenó de bienes a los hambrientos, y a los ricos despidió vacíos [17].

54Acogió a Israel su siervo [18], recordando la misericordia,

55conforme lo dijera a nuestros padres en favor de Abrahán y su posteridad para siempre" [19].

56Y quedose María con ella como tres meses, y después se volvió a su casa.

Nacimiento del Precursor. El Benedictus

57Y a Isabel le llegó el tiempo de su alumbramiento, y dio a luz un hijo.

58Al oír los vecinos y los parientes la gran misericordia que con ella había usado el Señor, se regocijaron con ella.

59Y, al octavo día vinieron para circuncidar al niño, y querían darle el nombre de su padre: Zacarías.

60Entonces la madre dijo: "No, su nombre ha de ser Juan" [20].

61Le dijeron: "Pero nadie hay en tu parentela que lleve ese nombre".

62Preguntaron, pues, por señas, al padre cómo quería que se llamase.

63El pidió una tablilla y escribió: "Juan es su nombre". Y todos quedaron admirados.

64Y al punto le fue abierta la boca y lengua, y se puso a hablar y a bendecir a Dios.

65Y sobrecogió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se hablaba de todas estas cosas;

66y todos los que las oían las grababan en sus corazones, diciendo: "¿Qué será este niño"?, pues la mano del Señor estaba con él.

67Y Zacarías su padre fue colmado del Espíritu Santo y profetizó así [21]:

68Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo,

69al suscitarnos un poderoso Salvador, en la casa de David, su siervo,

70como lo había anunciado por boca de sus santos profetas, que han sido desde los tiempos antiguos:

71un Salvador para librarnos de nuestros enemigos, y de las manos de todos los que nos aborrecen;

72usando de misericordia con nuestros padres, y acordándose de su santa alianza [22],

73según el juramento, hecho a Abrahán nuestro padre, de concedernos

74que librados de la mano de nuestros enemigos, le sirvamos sin temor

75en santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

76Y tú, pequeñuelo, serás llamado profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor para preparar sus caminos,

77para dar a su pueblo el conocimiento de la salvación, en la remisión de sus pecados,

78gracias a las entrañas misericordiosas de nuestro Dios, por las que nos visitará desde lo alto el Oriente [23],

79para iluminar a los que en tinieblas y en sombra de muerte yacen, y dirigir nuestros pies por el camino de la paz".

80Y el niño crecía y se fortalecía en espíritu, y habitó en los desiertos hasta el día de darse a conocer a Israel.

Nace en Belén el Salvador del mundo

1En aquel tiempo, apareció un edicto del César Augusto [24], para que se hiciera el censo de toda la tierra.

2Este primer censo, tuvo lugar cuando Quirino era gobernador de Siria.

3Y todos iban a hacerse empadronar, cada uno a su ciudad.

4Subió también José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Betlehem, porque él era de la casa y linaje de David,

5para hacerse inscribir con María su esposa, que estaba encinta.

6Ahora bien, mientras estaban allí, llegó para ella el tiempo de su alumbramiento [25].

7Y dio a luz a su hijo primogénito [26]; y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la hostería.

8Había en aquel contorno unos pastores acampados al raso, que pasaban la noche custodiando su rebaño,

9y he aquí que un ángel del Señor se les apareció, y la gloria del Señor los envolvió de luz, y los invadió un gran temor.

10Díjoles el ángel: "¡No temáis! porque os anuncio una gran alegría que será para todo el pueblo:

11Hoy os ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo Señor.

12Y esto os servirá de señal: hallaréis un niño envuelto en pañales, y acostado en un pesebre".

13Y de repente vino a unirse al ángel una multitud del ejército del cielo, que se puso a alabar a Dios diciendo:

14"Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres (objeto) de la buena voluntad".

Adoración de los pastores

15Cuando los ángeles se partieron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: "Vayamos, pues, a Betlehem y veamos este acontecimiento, que el Señor nos ha hecho conocer".

16Y fueron a prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.

17Y al verle, hicieron conocer lo que les había sido dicho acerca de este niño.

18Y todos los que oyeron, se maravillaron de las cosas que les referían los pastores.

19Pero María retenía todas estas palabras ponderándolas en su corazón.

20Y los pastores se volvieron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto según les había sido anunciado.

Circuncisión y Presentación en el Templo

21Habiéndose cumplido los ocho días para su circuncisión, le pusieron por nombre Jesús, el mismo que le fue dado por el ángel antes que fuese concebido en el seno.

22Y cuando se cumplieron los días de la purificación [27] de ellos, según la Ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén a fin de presentarlo al Señor,

23según está escrito en la Ley de Moisés: "Todo varón primer nacido será llamado santo para el Señor",

24y a fin de dar en sacrificio, según lo dicho en la Ley del Señor, "un par de tórtolas o dos pichones".

La profecía de Simeón

25Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo era sobre él.

26Y le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Ungido del Señor.

27Y, movido por el Espíritu, vino al templo; y cuando los padres llevaron al niño Jesús para cumplir con él las prescripciones acostumbradas de la Ley,

28él lo tomó en sus brazos, y alabó a Dios y dijo:

29"Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, según tu palabra [28],

30porque han visto mis ojos tu salvación,

31que preparaste a la faz de todos los pueblos.

32Luz para revelarse a los gentiles, y para gloria de Israel, tu pueblo".

33Su padre y su madre estaban asombrados de lo que decía de Él.

34Bendíjolos entonces Simeón, y dijo a María, su madre: "Este es puesto para ruina y para resurrección de muchos en Israel, y para ser una señal de contradicción [29]

35y a tu misma alma, una espada la traspasará—, a fin de que sean descubiertos, los pensamientos de muchos corazones" [30].

La profetisa Ana

36Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada; había vivido con su marido siete años desde su virginidad;

37y en la viudez, había llegado hasta los ochenta y cuatro años, y no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones.

38Se presentó también en aquel mismo momento y se puso a alabar a Dios y a hablar de aquel (niño) a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén.

39Y cuando hubieron cumplido todo lo que era exigido por la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret en Galilea.

40El niño crecía y se robustecía, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre Él.

Jesús entre los doctores

41Sus padres iban cada año a Jerusalén, por la fiesta de Pascua.

42Cuando tuvo doce años, subieron, según la costumbre de la fiesta;

43mas a su regreso, cumplidos los días, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin que sus padres lo advirtiesen [31].

44Pensando que Él estaba en la caravana, hicieron una jornada de camino, y lo buscaron entre los parientes y conocidos.

45Como no lo hallaron, se volvieron a Jerusalén en su busca

46Y, al cabo de tres días lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos e interrogándolos;

47y todos los que lo oían, estaban estupefactos de su inteligencia y de sus respuestas.

48Al verlo (sus padres) quedaron admirados y le dijo su madre: "Hijo, ¿por qué has hecho así con nosotros? Tu padre y yo, te estábamos buscando con angustia".

49Les respondió: "¿Cómo es que me buscabais? ¿No sabíais que conviene que Yo esté en lo de mi Padre?" [32]

50Pero ellos no comprendieron [33] las palabras que les habló.

51Y bajó con ellos y volvió a Nazaret, y estaba sometido a ellos, su madre conservaba todas estas palabras (repasándolas) en su corazón [34].

52Y Jesús crecía en sabiduría [35], como en estatura, y en favor ante Dios y ante los hombres.

II. Preparación de jesús para la vida pública

Predicación de Juan Bautista

1El año decimoquinto del reinado de Tiberio César, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes tetrarca de Galilea, Filipo su hermano tetrarca de Iturea y de la Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene [36],

2bajo el pontificado de Anás y Caifás [37], la palabra de Dios vino sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

3Y recorrió toda la región del Jordán, predicando el bautismo de arrepentimiento para la remisión de los pecados,

4como está escrito en el libro de los vaticinios del profeta Isaías: "Voz de uno que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas [38].

5Todo valle ha de rellenarse, y toda montaña y colina ha de rebajarse; los caminos tortuosos han de hacerse rectos, y los escabrosos, llanos [39];

6y toda carne verá la salvación de Dios".

7Decía, pues, a las multitudes que salían a hacerse bautizar por él: "Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a escapar de la cólera que os viene encima?

8Producid frutos propios del arrepentimiento. Y no andéis diciendo dentro de vosotros: "Tenemos por padre a Abrahán". Porque os digo que de estas piedras puede Dios hacer que nazcan hijos a Abrahán [40].

9Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles; todo árbol que no produce buen fruto va a ser tronchado y arrojado al fuego".

10Preguntábanle las gente "¡Y bien! ¿qué debemos hacer?"

11Les respondió y dijo: "Quien tiene dos túnicas, dé una a quien no tiene; y quien víveres, haga lo mismo".

12Vinieron también los publicanos [41] a hacerse bautizar, y le dijeron: "Maestro, ¿qué debemos hacer?

13Les dijo: "No hagáis pagar nada por encima de vuestro arancel".

14A su vez unos soldados le preguntaron: "Y nosotros, ¿qué debemos hacer?" Les dijo: "No hagáis extorsión a nadie, no denunciéis falsamente a nadie, y contentaos con vuestra paga".

15Como el pueblo estuviese en expectación, y cada uno se preguntase, interiormente, a propósito de Juan, si no era él el Cristo,

16Juan respondió a todos diciendo: "Yo, por mi parte, os bautizo con agua [42]. Pero viene Aquel que es más poderoso que yo, a quien yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalias. Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

17El aventador está en su mano para limpiar su era y recoger el trigo en su granero, pero la paja la quemará en un fuego que no se apaga".

18Con estas y otras muchas exhortaciones evangelizaba al pueblo.

19Pero Herodes, el tetrarca, a quien él había reprendido a causa de Herodías, la mujer de su hermano, y a causa de todas sus maldades,

20añadió a todas estas la de poner a Juan en la cárcel.

Bautismo de Jesús

21Al bautizarse toda la gente, y habiendo sido bautizado también Jesús, y estando Este orando, se abrió el cielo [43],

22y el Espíritu Santo descendió sobre Él, en figura corporal, como una paloma, y una voz vino del cielo: "Tú eres mi Hijo, el Amado; en Ti me recreo".

Genealogía de Jesús

23Y el mismo Jesús era, en su iniciación, como de treinta años, siendo hijo, mientras se creía de José, de Helí [44],

24de Matat, de Leví, de Malquí, de Jannaí, de José,

25de Matatías, de Amós, de Naúm, de Eslí, de Naggaí,

26de Maat, de Matatías, de Semeín, de Josech, de Jodá,

27de Joanán, de Resá, de Zorobabel, de Salatiel, de Nerí,

28de Melquí, de Addí, de Kosam, de Elmadam, de Er,

29de Jesús, de Eliezer, de Jorim, de Matat, de Leví,

30de Simeón, de Judá, de José, de Jonam, de Eliaquim,

31de Meleá, de Menná, de Matatá, de Natán, de David [45],

32de Jessaí, de Jebed, de Booz, de Salá, de Naassón,

33de Aminadab, de Admín, de Arní, de Esrom, de Farés, de Judá,

34de Jacob, de Isaac, de Abrahán, de Tara, de Nachor,

35de Seruch, de Ragau, de Falec, de Eber, de Salá,

36de Cainán, de Arfaxad, de Sem, de Noé, de Lamec,

37de Matusalá, de Enoch, de Járet, de Maleleel, de Cainán, de Enós, de Set, de Adán, de Dios.

Tentación de Jesús

1Jesús, lleno del Espíritu Santo, dejó el Jordán, y fue conducido por el Espíritu al desierto;

2(donde permaneció) cuarenta días, y fue tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días; y cuando hubieron transcurrido, tuvo hambre [46].

3Entonces el diablo le dijo: "Si Tú eres el Hijo de Dios, di a esta piedra que se vuelva pan".

4Jesús le replicó: "Escrito está: *No solo de pan vivirá el hombre*" [47].

5Después le transportó (el diablo) a una altura, le mostró todos los reinos del mundo, en un instante,

6y le dijo: "Yo te daré todo este poder y la gloria de ellos, porque a mí me ha sido entregada, y la doy a quien quiero [48].

7Si pues te prosternas delante de mí, Tú la tendrás toda entera".

8Jesús le replicó y dijo: "Escrito está: *Adorarás al Señor tu Dios, y a Él solo servirás*" [49].

9Lo condujo entonces a Jerusalén, lo puso sobre el pináculo del Templo, y le dijo: "Si tú eres el Hijo de Dios, échate de aquí abajo,

10porque está escrito: *Él mandará en tu favor a sus ángeles que te guarden* [50];

11y *ellos te llevarán en palmas, para que no lastimes tu pie contra alguna piedra*".

12Jesús le replicó diciendo: "Está dicho: *No tentarás al Señor tu Dios* [51] ".

13Entonces el diablo habiendo agotado toda tentación, se alejó de Él hasta su tiempo.

III. La vida pública de jesús en galilea

Predicación en Nazaret

14Y Jesús volvió con el poder del Espíritu a Galilea, y su fama se difundió en toda la región.

15Enseñaba en las sinagogas de ellos y era alabado por todos.

16Vino también a Nazaret, donde se había criado, y entró, como tenía costumbre el día de sábado, en la sinagoga, y se levantó a hacer la lectura.

17Le entregaron el libro del profeta Isaías, y al desarrollar el libro halló el lugar en donde estaba escrito:

18"El Espíritu del Señor está sobre Mí, porque Él me ungió; Él me envió a dar la Buena Nueva a los pobres, a anunciar a los cautivos la liberación, y a los ciegos vista, a poner en libertad a los oprimidos,

19a publicar el año de gracia del Señor" [52].

20Enrolló el libro, lo devolvió al ministro, y se sentó; y cuantos había en la sinagoga, tenían los ojos fijos en Él.

21Entonces empezó a decirles: "Hoy esta Escritura se ha cumplido delante de vosotros".

22Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras llenas de gracia, que salían de sus labios, y decían: "¿No es Este el hijo de José?"

23Y les dijo: "Sin duda me aplicaréis aquel refrán: 'Médico, cúrate a ti mismo'. Lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm, hazlo aquí también, en tu pueblo" [53].

24Y dijo: "En verdad, os digo, ningún profeta es acogido en su tierra.

25En verdad, os digo: había muchas viudas en Israel en tiempo de Elías, cuando el cielo quedó cerrado durante tres años y seis meses, y hubo hambre grande en toda la tierra;

26mas a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.

27Y había muchos leprosos en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fue curado, sino Naamán el sirio".

28Al oír esto, se llenaron todos de cólera allí en la sinagoga;

29se levantaron, y, echándolo fuera de la ciudad, lo llevaron hasta la cima del monte, sobre la cual estaba edificada su ciudad, para despeñarlo.

30Pero Él pasó por en medio de ellos y se fué.

Expulsa a un demonio

31Y bajó a Cafarnaúm [54], ciudad de Galilea. Y les enseñaba los días de sábado.

32Y estaban poseídos de admiración por su enseñanza, porque su palabra era llena de autoridad.

33Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y gritó con voz fuerte:

34"¡Ea! ¿qué tenemos que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido para perdernos? Ya sé quien eres Tú: el Santo de Dios".

35Y Jesús le increpó diciendo: "¡Cállate y sal de él!" Y el demonio, salió de él, derribándolo al suelo en medio de ellos, aunque sin hacerle daño.

36Y todos se llenaron de estupor, y se decían unos a otros: "¿Qué cosa es esta que con imperio y fuerza manda a los espíritus inmundos, y salen?"

37Y su fama se extendió por todos los alrededores.

Sana a la suegra de Pedro y a muchos enfermos

38Levantose de la sinagoga y entró en casa de Simón. La suegra de Simón padecía de una fiebre grande, y le rogaron por ella [55].

39Inclinándose sobre ella increpó a la fiebre, y esta la dejó. Al instante se levantó ella y se puso a atenderlos.

40A la puesta del sol, todos los que tenían enfermos, cualquiera que fuese su mal, se los trajeron, y Él imponía las manos sobre cada uno de ellos, y los sanaba.

41Salían también los demonios de muchos, gritando y diciendo: "¡Tú eres el Hijo de Dios!" Y Él los reprendía y no los dejaba hablar, porque sabían que Él era el Cristo [56].

42Cuando se hizo de día, salió y se fue a un lugar desierto. Mas las muchedumbres que se pusieron en su busca, lo encontraron y lo retenían para que no las dejase.

43Pero Él les dijo: "Es necesario que Yo lleve también a otras ciudades la Buena Nueva del reino de Dios, porque para eso he sido enviado".

44Y anduvo predicando por las sinagogas de Judea.

La pesca milagrosa

1Y sucedió que la muchedumbre se agolpaba sobre Él para oír la palabra de Dios, estando Jesús de pie junto al lago de Genesaret [57].

2Y viendo dos barcas amarradas a la orilla del lago, cuyos pescadores habían descendido y lavaban sus redes,

3subió en una de aquellas, la que era de Simón, y rogó a este que la apartara un poco de la tierra. Y sentado, enseñaba a la muchedumbre desde la barca [58].

4Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Guía adelante, hacia lo profundo, y echad las redes para pescar".

5Respondiole Simón y dijo: "Maestro, toda la noche estuvimos bregando y no pescamos nada, pero, sobre tu palabra, echaré las redes".

6Lo hicieron, y apresaron una gran cantidad de peces. Pero sus redes se rompían [59].

7Entonces hicieron señas a los compañeros, de la otra barca, para que viniesen a ayudarles. Vinieron, y se llenaron ambas barcas, a tal punto que se hundían.

8Visto lo cual, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús, y le dijo: "¡Apártate de mí, Señor, porque yo soy un pecador!" [60]

9Es que el estupor se había apoderado de él y de todos sus compañeros, por la pesca que habían hecho juntos;

10y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Pedro. Y Jesús dijo a Simón: "No temas; desde ahora pescarás hombres" [61].

11Llevaron las barcas a tierra y, dejando todo [62], se fueron con Él.

Curación de un leproso

12Encontrándose Él en cierta ciudad, presentose un hombre cubierto de lepra. Al ver a Jesús se postró rostro en tierra, y le hizo esta oración: "Señor, si Tú lo quieres, puedes limpiarme".

13Alargando la mano, lo tocó y dijo: "Quiero; sé limpiado". Y al punto se le fue la lepra.

14Y le encargó que no lo dijera a nadie, sino (le dijo): "Muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que prescribió Moisés, para testimonio a ellos" [63].

15Y difundiéndose más y más la fama de Él, las muchedumbres afluían en gran número para oírle y hacerse curar de sus enfermedades;

16pero Él se retiraba a los lugares solitarios, para hacer oración.

Curación de un paralítico

17Un día estaba ocupado en enseñar, y unos fariseos y maestros de la Ley estaban ahí sentados, habiendo venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea, así como de Jerusalén, y el poder del Señor le impelía a sanar [64].

18Y sucedió que unos hombres, que traían postrado sobre un lecho un paralítico, trataban de ponerlo dentro y colocarlo delante de Él.

19Y como no lograban introducirlo a causa de la apretura de gentes, subieron sobre el techo y por entre las tejas bajaron al enfermo, con la camilla, en medio (de todos), frente a Jesús.

20Viendo la fe de ellos, dijo: "Hombre, tus pecados te son perdonados".

21Comenzaron entonces los escribas y los fariseos a pensar: "¿Quién es Este que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?"

22Mas Jesús, conociendo bien los pensamientos de ellos, respondioles diciendo:

23"¿Qué estáis pensando en vuestro corazón? ¿Qué es más fácil, decir: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate y anda?"

24¡Y bien! para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra potestad de perdonar pecados —dijo al paralitico— "A ti te digo: Levántate, toma tu camilla y ve a tu casa" [65].

25Al punto se levantó, a la vista de ellos, tomó el lecho sobre el cual había estado acostado, y se fue a su casa glorificando a Dios.

26Y todos quedaron sobrecogidos de asombro y glorificaban a Dios; y penetrados de temor decían: "Hemos visto hoy cosas paradójicas".

Vocación de Mateo

27Después de esto se fue, y fijándose en un publicano llamado Leví, que estaba en la recaudación de los tributos, le dijo: "Sígueme".

28Y este, dejándolo todo, se levantó y le siguió [66].

29Ahora bien, Leví le ofreció un gran festín en su casa, y había allí un grupo numeroso de publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos;

30y los fariseos y los escribas de entre ellos se pusieron a murmurar contra los discípulos de Jesús y decían: "¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y los pecadores?"

31Respondió Jesús y les dijo: "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos.

32Yo no he venido para convidar al arrepentimiento a los justos sino a los pecadores" [67].

Parábolas del remiendo y del vino nuevo

33Entonces le dijeron: "Los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen súplicas, e igualmente los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben".

34Mas Jesús les dijo: "¿Podéis hacer ayunar a los compañeros del esposo, mientras está con ellos el esposo? [68]

35Un tiempo vendrá, en que el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días ayunarán".

36Y les dijo también una parábola: "Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para ponerlo (de remiendo), a un vestido viejo; pues si lo hace, no solo romperá el nuevo, sino que el pedazo cortado al nuevo no andará bien con el viejo [69].

37Nadie, tampoco, echa vino nuevo en cueros viejos; pues procediendo así, el vino nuevo hará reventar los cueros, y se derramará, y los cueros se perderán [70].

38Sino que el vino nuevo ha de echarse en cueros nuevos.

39Y nadie que bebe de lo viejo quiere luego de lo nuevo, porque dice: "el viejo es excelente" [71].

Jesús, dueño del sábado

1Un día sabático iba Él pasando a través de unos sembrados, y sus discípulos arrancaban espigas y las comían, después de estregarlas entre las manos.

2Entonces algunos de los fariseos dijeron: "¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en sábado?" [72]

3Jesús les respondió y dijo: "¿No habéis leído siquiera lo que hizo David cuando tuvieron hambre, él y los que le acompañaban;

4cómo entró en la casa de Dios, y tomando los panes de la proposición, que no pueden comer sino los sacerdotes, comió y dio a sus compañeros?"

5Y díjoles: "El Hijo del hombre es señor aun del sábado".

El hombre de la mano seca

6Otro día sabático entró en la sinagoga para enseñar. Y había allí un hombre cuya mano derecha estaba seca.

7Los escribas y los fariseos lo acechaban, para ver si sanaría en sábado, y hallar así acusación contra Él.

8Pero Él conocía los pensamientos de ellos, y dijo al hombre, que tenía la mano seca: "¡Levántate y ponte de pie en medio!" Y este se levantó y permaneció de pie.

9Entonces Jesús les dijo: "Os pregunto: ¿Es lícito, en sábado, hacer el bien o hacer el mal, salvar una vida o dejarla perder?"

10Y habiéndolos mirado a todos en derredor, dijo al hombre: "Extiende tu mano", y él lo hizo y su mano fue restablecida.

11Pero ellos se llenaron de furor y se pusieron a discutir unos con otros qué harían contra Jesús.

Elección de los apóstoles

12Por aquellos días se salió a la montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios [73].

13Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y de entre ellos eligió a doce a los que dio el nombre de apóstoles:

14a Simón, a quien también llamó Pedro, y a Andrés el hermano de este; a Santiago y Juan; a Felipe y Bartolomé;

15a Mateo y Tomás; a Santiago (hijo) de Alfeo, y Simón llamado el celoso;

16a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, el que llegó a ser el traidor.

17Con estos descendió y se estuvo de pie en un lugar llano, donde había un gran número de sus discípulos y una gran muchedumbre del pueblo de toda la Judea y de Jerusalén, y de la costa de Tiro y de Sidón,

18los cuales habían venido a oírlo y a que los sanara de sus enfermedades; y también los atormentados de espíritus inmundos eran sanados.

19Y toda la gente quería tocarlo, porque de Él salía virtud y sanaba a todos.

Las bienaventuranzas

20Entonces, alzando los ojos dijo, dirigiéndose a sus discípulos: "Dichosos los que sois pobres, porque es vuestro el reino de Dios [74].

21Dichosos los que estáis hambrientos ahora, porque os hartaréis. Dichosos los que lloráis ahora, porque reiréis.

22Dichosos sois cuando os odiaren los hombres, os excluyeren, os insultaren, y proscribieren vuestro nombre, como pernicioso, por causa del Hijo del hombre.

23Alegraos entonces y saltad de gozo, pues sabed que vuestra recompensa es mucha en el cielo. Porque de la misma manera trataron sus padres a los profetas.

24Mas, ¡ay de vosotros, ricos! porque ya recibisteis vuestro consuelo [75].

25¡Ay de vosotros los que ahora estáis hartos! porque padeceréis hambre. ¡Ay de los que reís ahora! porque lloraréis de dolor.

26¡Ay cuando digan bien de vosotros todos los hombres! porque lo mismo hicieron sus padres con los falsos profetas" [76].

Hay que amar a nuestros enemigos

27"A vosotros, empero, los que me escucháis, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian [77];

28bendecid a los que os maldicen; rogad por los que os calumnian.

29A quien te abofetee en la mejilla, preséntale la otra; y al que te quite el manto, no le impidas tomar también la túnica [78].

30Da a todo el que te pida; y a quien tome lo tuyo, no se lo reclames.

31Y según queréis que hagan los hombres con vosotros, así haced vosotros con ellos [79].

32Si amáis a los que os aman, ¿qué favor merecéis con ello? También los pecadores aman a los que los aman a ellos.

33Y si hacéis bien a quienes os lo hacen, ¿qué favor merecéis con ello? También los pecadores hacen lo mismo.

34Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis restitución, ¿qué favor merecéis con ello? Los pecadores también prestan a los pecadores, para recibir el equivalente.

35Vosotros, amad a vuestros enemigos; haced el bien y prestad sin esperar nada en retorno, y vuestra recompensa será grande, y seréis los hijos del Altísimo; de Él, que es bueno con los desagradecidos y malos" [80].

Imitad la misericordia del Padre

36"Sed misericordiosos como es misericordioso vuestro Padre [81].

37No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; absolved, y se os absolverá [82].

38Dad y se os dará; una medida buena y apretada y remecida y rebosante se os volcará en el seno; porque con la medida con que medís se os medirá" [83].

Contra la hipocresía

39Les dijo también una parábola: "¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en algún hoyo?

40No es el discípulo superior al maestro, sino que todo discípulo cuando llegue a ser perfecto será como su maestro.

41¿Cómo es que ves la pajuela que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que está en tu propio ojo? [84]

42¿Cómo puedes decir a tu hermano: *Hermano, déjame que te saque la pajuela de tu ojo*, tú que no ves la viga en el tuyo? Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver bien para sacar la pajuela del ojo de tu hermano".

Por su fruto se conoce el árbol

43Pues no hay árbol sano que dé frutos podridos, ni hay a la inversa, árbol podrido que dé frutos sanos.

44Porque cada árbol se conoce por el fruto que da. No se recogen higos de los espinos, ni de un abrojo se vendimian uvas.

45El hombre bueno saca el bien del buen tesoro que tiene en su corazón; mas el hombre malo, de su propia maldad saca el mal; porque la boca habla de lo que rebosa el corazón [85].

46¿Por qué me llamáis: "Señor, Señor", si no hacéis lo que Yo digo?

47Yo os mostraré a quien se parece todo el que viene a Mí, y oye mis palabras y las pone en práctica [86].

48Se asemeja a un hombre que para construir una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca; cuando vino la creciente, el río dio con ímpetu contra aquella casa, mas no pudo moverla, porque estaba bien edificada.

49Pero, el que (las) oye y no (las) pone por obra, es semejante a un hombre que construyó su casa sobre el suelo mismo, sin cimientos; el río se precipitó sobre ella, y al punto se derrumbó, y fue grande la ruina de aquella casa".

La fe del centurión pagano

1Después que hubo acabado de decir al pueblo todas estas enseñanzas, volvió a entrar en Cafarnaúm.

2Y sucedió que un centurión tenía un servidor enfermo a punto de morir, y que le era de mucha estima.

3Habiendo oído hablar de Jesús, envió a Él a algunos ancianos de los judíos, para rogarle que viniese a sanar a su servidor.

4Presentáronse ellos a Jesús, y le rogaron con insistencia, diciendo: "Merece que se lo concedas,

5porque quiere bien a nuestra nación, y él fue quien nos edificó la sinagoga".

6Y Jesús se fue con ellos. No estaba ya lejos de la casa, cuando el centurión envió unos amigos para decirle: "Señor, no te des esta molestia, porque yo no soy digno de que Tú entres bajo mi techo [87];

7por eso no me atreví a ir a Ti en persona: mas dilo con tu palabra, y sea sano mi criado.

8Pues también yo, que soy un subordinado, tengo soldados a mis órdenes, y digo a este: "Anda", y va; y al otro: "Ven", y viene; y a mi siervo: "Haz esto", y lo hace" [88].

9Jesús al oírlo se admiró de él; y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: "Os digo que en Israel no hallé fe tan grande".

10Y los enviados, de vuelta a la casa, hallaron sano al servidor.

Resurrección del joven de Naím

11Después se encaminó a una ciudad llamada Naím [89]; iban con Él sus discípulos y una gran muchedumbre de pueblo.

12Al llegar a la puerta de la ciudad, he ahí que era llevado fuera un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda, y venía con ella mucha gente de la ciudad.

13Al verla, el Señor movido de misericordia hacia ella, le dijo: "No llores".

14Y se acercó y tocó el féretro, y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces dijo: "Muchacho, Yo te digo: ¡Levántate!"

15Y el (que había estado) muerto se incorporó y se puso a hablar. Y lo devolvió a la madre.

16Por lo cual todos quedaron poseídos de temor, y glorificaron a Dios, diciendo: "Un gran profeta se ha levantado entre nosotros", y: "Dios ha visitado a su pueblo".

17Esta fama referente a su persona se difundió por toda la Judea y por toda la comarca circunvecina.

Jesús y el Bautista

18Los discípulos de Juan le informaron de todas estas cosas. Entonces, Juan llamando a dos de sus discípulos,

19enviolos a decir al Señor: "¿Eres Tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?" [90]

20Y llegados a Él estos hombres, le dijeron: "Juan el Bautista nos envió a preguntarte: '¿Eres Tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?'"

21En aquella hora sanó Jesús a muchos, de enfermedades y plagas y de malos espíritus, y concedió la vista a muchos ciegos.

22Les respondió, entonces, y dijo: "Volved y anunciad a Juan lo que acabáis de ver y oír: ciegos ven, cojos andan, leprosos son limpiados, sordos oyen, muertos resucitan, a pobres se les anuncia la Buena Nueva.

23Y ¡bienaventurado el que no se escandalizare de Mí!" [91].

24Cuando los enviados de Juan hubieron partido, se puso Él a decir a la multitud acerca de Juan: "¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Acaso una caña sacudida por el viento?

25Y si no ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre lujosamente vestido? Los que llevan vestidos lujosos y viven en delicias están en los palacios.

26Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.

27Este es aquel de quien está escrito: *Mira que Yo envío mi mensajero ante tu faz que irá delante de Ti para barrete el camino*.

28Os digo, no hay, entre los hijos de mujer, más grande que Juan; pero el más pequeño en el reino de Dios es más grande que él [92];

29porque todo el pueblo que lo escuchó (a Juan), y aun los publicanos reconocieron la justicia de Dios, recibiendo el bautismo de Él.

30Pero los fariseos y los doctores de la Ley frustraron los designios de Dios para con ellos, al no dejarse bautizar por Juan".

Parábola de los niños caprichosos

31"¿Con quién podré comparar a hombres de este género?

32Son semejantes a esos muchachos que, sentados en la plaza, cantan unos a otros aquello de: 'Os tocamos la flauta, y no danzasteis; entonamos lamentaciones, y no llorasteis' [93].

33Porque vino Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y vosotros decís: 'Está endemoniado' [94];

34ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: 'Es un hombre glotón y borracho, amigo de publicanos y pecadores'.

35Mas la sabiduría ha quedado justificada por todos sus hijos" [95].

La pecadora perdonada

36Uno de los fariseos le rogó que fuese a comer con él, y habiendo entrado (Jesús) en la casa del fariseo, se puso a la mesa.

37Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús se encontraba reclinado a la mesa en casa del fariseo, tomó consigo un vaso de alabastro, con ungüento [96];

38y, colocándose detrás de Él, a sus pies, y llorando con sus lágrimas bañaba sus pies y los enjugaba con su cabellera; los llenaba de besos y los ungía con el ungüento.

39Viendo lo cual el fariseo que lo había convidado dijo para sus adentros: "Si Este fuera profeta, ya sabría quién y de qué clase es la mujer que lo está tocando, que es una pecadora".

40Entonces Jesús respondiendo (a sus pensamientos) le dijo: "Simón, tengo algo que decirte". Y él: "Dilo, Maestro".

41Y dijo: "Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta.

42Como no tuviesen con qué pagar, les perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?"

43Simón respondió diciendo: "Supongo que aquel a quien más ha perdonado". Él le dijo: "Bien juzgaste".

44Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Vine a tu casa, y tú no vertiste agua sobre mis pies; mas esta ha regado mis pies con sus lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos.

45Tú no me diste el ósculo; mas ella, desde que entró, no ha cesado de besar mis pies.

46Tú no ungiste con óleo mi cabeza; ella ha ungido mis pies con ungüento [97].

47Por lo cual, te digo, se le han perdonado sus pecados, los muchos, puesto que ha amado mucho. A la inversa, aquel a quien se perdone poco, ama poco" [98].

48Después dijo a ella: "Tus pecados se te han perdonado".

49Entonces, los que estaban con Él a la mesa se pusieron a decir entre sí: "¿Quién es Este, que también perdona pecados?"

50Y dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado: ve hacia la paz" [99].

Las santas mujeres

1En el tiempo siguiente anduvo caminando por ciudades y aldeas, predicando y anunciando la Buena Nueva del reino de Dios, y con Él los Doce,

2y también algunas mujeres, que habían sido sanadas de espíritus malignos y enfermedades: María, la llamada Magdalena, de la cual habían salido siete demonios [100];

3Juana, mujer de Cuzá el intendente de Herodes; Susana, y muchas otras, las cuales les proveían del propio sustento de ellas.

Parábola del sembrador

4Como se juntase una gran multitud, y además los que venían a Él de todas las ciudades, dijo en parábola:

5"El sembrador salió a sembrar su simiente. Y al sembrar, una semilla cayó a lo largo del camino; y fue pisada y la comieron las aves del cielo [101].

6Otra cayó en la piedra y, nacida, se secó por no tener humedad.

7Otra cayó en medio de abrojos, y los abrojos, que nacieron juntamente con ella, la sofocaron.

8Y otra cayó en buena tierra, y brotando dio fruto centuplicado". Diciendo esto, clamó: "¡Quien tiene oídos para oír oiga!"

9Sus discípulos le preguntaron lo que significaba esta parábola.

10Les dijo: "A vosotros ha sido dado conocer los misterios del reino de Dios; en cuanto a los demás (se les habla) por parábolas, para que *mirando, no vean; y oyendo, no entiendan* [102].

11La parábola es esta: *La simiente es la palabra de Dios.

12Los de junto al camino, son los que han oído; mas luego viene el diablo, y saca afuera del corazón la palabra para que no crean y se salven.

13Los de sobre la piedra, son aquellos que al oír la palabra la reciben con gozo, pero carecen de raíz: creen por un tiempo, y a la hora de la prueba, apostatan.

14Lo caído entre los abrojos, son los que oyen, mas siguiendo su camino son sofocados por los afanes de la riqueza y los placeres de la vida, y no llegan a madurar.

15Y lo caído en la buena tierra, son aquellos que oyen con el corazón recto y bien dispuesto y guardan consigo la palabra y dan fruto en la perseverancia*."

16Nadie que enciende luz, la cubre con una vasija ni la pone bajo la cama, sino en el candelero, para que todos los que entren, vean la luz [103].

17Nada hay oculto que no deba ser manifestado, ni nada secreto que no deba ser conocido y sacado a luz.

18¡Cuidad de escuchar bien! Al que tiene, se le dará, y al que no tiene, aun lo que cree tener le será quitado".

Los parientes de Jesús

19Luego su madre y sus hermanos se presentaron y no podían llegar hasta Él por causa de la multitud.

20Le anunciaron: "Tu madre y tus hermanos están de pie afuera y desean verte".

21Respondioles y dijo: "Mi madre y mis hermanos son estos: los que oyen la palabra de Dios y la practican" [104].

La tempestad calmada

22Por aquellos días subió con sus discípulos en una barca, y les dijo: "Pasemos a la otra orilla del lago", y partieron.

23Mientras navegaban, se durmió [105]. Entonces un torbellino de viento cayó sobre el lago, y las aguas los iban cubriendo, y peligraban.

24Acercándose a Él, lo despertaron diciendo: "¡Maestro, Maestro, perecemos!" Despierto, Él increpó al viento y al oleaje, y cesaron, y hubo bonanza.

25Entonces les dijo: "¿Dónde está vuestra fe?" Y llenos de miedo y de admiración, se dijeron unos a otros: "¿Quién, pues, es Este que manda a los vientos y al agua, y le obedecen?".

El poseso de Gergesa

26Y abordaron en la tierra de los gergesenos, que está en la ribera opuesta a Galilea [106].

27Cuando hubo descendido a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, que tenía demonios; hacía mucho tiempo que no llevaba ningún vestido, ni vivía en casa, sino en los sepulcros.

28Al ver a Jesús, dio gritos, postrose ante Él y dijo a gran voz: "¿Qué tenemos que ver yo y Tú, Jesús, hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes".

29Y era que Él estaba mandando al espíritu inmundo que saliese del hombre. Porque hacía mucho tiempo que se había apoderado de él; lo ataban con cadenas y lo sujetaban con grillos, pero él rompía sus ataduras, y el demonio lo empujaba al despoblado.

30Y Jesús le preguntó: "¿Cuál es tu nombre?" Respondió: "Legión"; porque eran muchos los demonios que habían entrado en él.

31Y le suplicaron que no les mandase ir al abismo.

32Ahora bien, había allí una piara de muchos puercos que pacían sobre la montaña; le rogaron que les permitiese entrar en ellos, y se lo permitió [107].

33Entonces los demonios salieron del hombre y entraron en los puercos, y la piara se despeñó precipitadamente en el lago, y allí se ahogó [108].

34Los porqueros que vieron lo ocurrido huyeron y dieron la noticia en la ciudad y por los campos.

35Vinieron, pues, las gentes a ver lo que había pasado, y al llegar junto a Jesús, encontraron al hombre, del cual los demonios habían salido, sentado a los pies de Jesús, vestido, en su sano juicio, y se llenaron de miedo.

36Los que lo habían visto les refirieron cómo había quedado libre el endemoniado.

37Y todos los pobladores de la comarca de los gergesenos le rogaron a Jesús que se alejara de ellos, porque estaban poseídos de gran temor. Y Él, entrando en la barca, se volvió [109],

38Y el hombre, del cual los demonios habían salido, le suplicaba estar con Él; pero Él lo despidió diciéndole:

39"Vuelve de nuevo a tu casa, y cuenta todo lo que Dios ha hecho contigo". Y él se fue proclamando por toda la ciudad todas las cosas que le había hecho Jesús.

Jesús resucita a la hija de Jairo y sana a una mujer enferma

40A su regreso, Jesús fue recibido por la multitud, porque estaban todos esperándolo.

41He ahí que llegó un hombre llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga. Se echó a los pies de Jesús y le suplicó que fuera a su casa [110];

42porque su hija única, como de doce años de edad, se moría. Mas yendo Él, la multitud lo sofocaba.

43Y sucedió que una mujer que padecía de un flujo de sangre, desde hacía doce años y que, después de haber gastado en médicos todo su sustento, no había podido ser curada por ninguno,

44se acercó por detrás y tocó la franja de su vestido, y al instante su flujo de sangre se paró.

45Jesús dijo: "¿Quién me tocó?" Como todos negaban, Pedro le dijo: "Maestro, es la gente que te estrecha y te aprieta".

46Pero Jesús dijo: "Alguien me tocó, porque he sentido salir virtud de Mí".

47Entonces, la mujer, viéndose descubierta, vino toda temblorosa a echarse a sus pies y declaró delante de todo el pueblo por qué motivo lo había tocado, y cómo había quedado sana de repente.

48Y Él le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado, ve hacia la paz".

49Cuando Él hablaba todavía, llegó uno de casa del jefe de la sinagoga a decirle: "Tu hija ha muerto, no molestes más al Maestro".

50Oyendo Jesús, le dijo: "No temas; únicamente cree y sanará".

51Llegado, después, a la casa, no dejó entrar a nadie consigo, excepto a Pedro, Juan y Santiago, y también al padre y a la madre de la niña [111].

52Todos lloraban y se lamentaban por ella. Mas Él dijo: "No lloréis; no ha muerto, sino que duerme".

53Y se reían de Él, sabiendo que ella había muerto.

54Mas Él, tomándola de la mano, clamó diciendo: "Niña, despierta".

55Y le volvió el espíritu, y al punto se levantó y Jesús mandó que le diesen de comer.

56Sus padres quedaron fuera de sí; y Él les encomendó que a nadie dijeran lo acontecido.

Misión de los apóstoles

1Habiendo llamado a los Doce, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para curar enfermedades.

2Y los envió a pregonar el reino de Dios y a sanar a los enfermos.

3Y les dijo [112]: "No toméis nada para el camino, ni bastón, ni bolsa, ni pan, ni dinero, ni tengáis dos túnicas.

4En la casa en que entrareis, quedaos, y de allí partid [113].

5Y dondequiera que no os recibieren, salid de esa ciudad y sacudid el polvo de vuestros pies, en testimonio contra ellos".

6Partieron, pues, y recorrieron las aldeas, predicando el Evangelio y sanando en todas partes.

7Oyó Herodes, el tetrarca, todo lo que sucedía, y estaba perplejo, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos,

8otros que Elías había aparecido, otros que uno de los antiguos profetas había resucitado.

9Y decía Herodes: "A Juan, yo lo hice decapitar, ¿quién es, pues, este de quien oigo decir tales maravillas?" Y procuraba verlo.

Multiplicación de los panes

10Vueltos los apóstoles le refirieron (a Jesús) todo lo que habían hecho. Entonces, tomándolos consigo, se retiró a un lugar apartado, de una ciudad llamada Betsaida.

11Y habiéndolo sabido las gentes, lo siguieron. Él los recibió, les habló del reino de Dios y curó a cuantos tenían necesidad de ello [114].

12Mas al declinar el día los Doce se acercaron a Él para decirle: "Despide a la multitud, que vayan en busca de albergue y alimento a las aldeas y granjas de los alrededores, porque aquí estamos en despoblado".

13Les dijo: "Dadles vosotros de comer". Le contestaron: "No tenemos más que cinco panes y dos peces; a menos que vayamos nosotros a comprar qué comer para todo este pueblo".

14Porque eran como unos cinco mil hombres. Dijo entonces a sus discípulos: "Hacedlos recostar por grupos como de a cincuenta".

15Hiciéronlo así y acomodaron a todos.

16Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, los bendijo, los partió y los dio a sus discípulos para que los sirviesen a la muchedumbre [115].

17Todos comieron hasta saciarse, y de lo que les sobró se retiraron doce canastos de pedazos.

Confesión de Pedro

18Un día que estaba orando a solas [116], hallándose con Él sus discípulos, les hizo esta pregunta: "¿Quién dicen las gentes que soy Yo?"

19Le respondieron diciendo: "Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los antiguos profetas ha resucitado".

20Díjoles: "Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo?" Pedro le respondió y dijo: "El Ungido de Dios" [117].

21Y Él les recomendó con energía no decir esto a nadie [118],

22agregando: "Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea reprobado por los ancianos, por los sumos sacerdotes y por los escribas, que sea muerto, y que al tercer día sea resucitado".

Negación del yo

23Y a todos les decía: "Si alguno quiere venir en pos de Mí, renúnciese a sí mismo [119], tome su cruz cada día, y sígame.

24Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; mas el que pierda su vida a causa de Mí, la salvará [120].

25Pues ¿qué provecho tiene el hombre que ha ganado el mundo entero, si a sí mismo se pierde o se daña?

26Quien haya, pues, tenido vergüenza de Mí y de mis palabras, el Hijo del hombre tendrá vergüenza de él, cuando venga en su gloria, y en la del Padre y de los santos ángeles.

27Os digo, en verdad, algunos de los que están aquí, no gustarán la muerte sin que hayan visto antes el reino de Dios" [121].

La gloriosa Transfiguración

28Pasaron como ocho días después de estas palabras, y, tomando a Pedro, Juan y Santiago, subió a la montaña para orar [122].

29Y mientras oraba, la figura de su rostro se hizo otra y su vestido se puso de una claridad deslumbradora.

30Y he aquí a dos hombres hablando con Él: eran Moisés y Elías,

31los cuales, apareciendo en gloria, hablaban del éxodo [123] suyo que Él iba a verificar en Jerusalén.

32Pedro y sus compañeros estaban agobiados de sueño, mas habiéndose despertado, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban a su lado.

33Y en el momento en que se separaban de Él, dijo Pedro a Jesús: "Maestro, bueno es para nosotros estarnos aquí; hagamos, pues, tres pabellones, uno para Ti, uno para Moisés, y uno para Elías", sin saber lo que decía.

34Mientras él decía esto, se hizo una nube que los envolvió en sombra. Y se asustaron al entrar en la nube.

35Y desde la nube una voz se hizo oír: "Este es mi Hijo el Elegido: escuchadle a Él" [124].

36Y al hacerse oír la voz, Jesús se encontraba solo. Guardaron, pues, silencio; y a nadie dijeron, por entonces, cosa alguna de lo que habían visto.

El niño epiléptico

37Al día siguiente, al bajar de la montaña, una gran multitud de gente iba al encuentro de Él [125].

38Y he ahí que de entre la muchedumbre, un varón gritó diciendo: "Maestro, te ruego pongas tus ojos sobre mi hijo, porque es el único que tengo.

39Se apodera de él un espíritu, y al instante se pone a gritar; y lo retuerce en convulsiones hasta hacerle echar espumarajos, y a duras penas se aparta de él, dejándolo muy maltratado.

40Rogué a tus discípulos que lo echasen, y ellos no han podido".

41Entonces Jesús respondió y dijo: "Oh, generación incrédula y perversa, ¿hasta cuándo estaré con vosotros y tendré que soportaros? Trae aquí a tu hijo" [126].

42Aún no había llegado este a Jesús, cuando el demonio lo zamarreó y lo retorció en convulsiones. Mas Jesús increpó al espíritu impuro y sanó al niño, y lo devolvió a su padre.

43Y todos estaban maravillados de la grandeza de Dios.

Predicción de la Pasión

Como se admirasen todos de cuanto Él hacía, dijo a sus discípulos:

44"Vosotros, haced que penetren bien en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del hombre ha de ser entregado en manos de los hombres".

45Pero ellos no entendían este lenguaje, y les estaba velado para que no lo comprendiesen; y no se atrevieron a interrogarlo al respecto.

Humildad y tolerancia

46Y entró en ellos la idea: ¿Quién de entre ellos sería el mayor?

47Viendo Jesús el pensamiento de sus corazones, tomó a un niño, púsolo junto a Sí,

48y les dijo: "Quien recibe a este niño en mi nombre, a Mí me recibe; y quien me recibe, recibe al que me envió; porque el que es el más pequeño entre todos vosotros, ese es grande".

49Entonces Juan le respondió diciendo: "Maestro, vimos a un hombre que expulsaba demonios en tu nombre, y se lo impedíamos, porque no (te) sigue con nosotros".

50Mas Jesús le dijo: "No impidáis, pues quien no está contra vosotros, por vosotros está" [127].

IV. Viaje a judea y actividad en jerusalén

Los samaritanos le niegan hospedaje

51Como se acercase el tiempo en que debía ser quitado, tomó resueltamente la dirección de Jerusalén.

52Y envió mensajeros delante de sí, los cuales, de camino, entraron en una aldea de samaritanos para prepararle alojamiento.

53Mas no lo recibieron, porque iba camino de Jerusalén [128].

54Viendo (esto) los discípulos Santiago y Juan, le dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos que el fuego caiga del cielo, y los consuma?"

55Pero Él, habiéndose vuelto a ellos los reprendió.

56Y se fueron hacia otra aldea.

El seguimiento de Jesús

57Cuando iban caminando, alguien le dijo: "Te seguiré a donde quiera que vayas".

58Jesús le dijo: "Las raposas tienen guaridas, y las aves del cielo, nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza".

59Dijo a otro: "Sígueme". Este le dijo: "Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre".

60Respondiole: "Deja a los muertos enterrar a sus muertos; tú, ve a anunciar el reino de Dios" [129].

61Otro más le dijo: "Te seguiré, Señor, pero permíteme primero decir adiós a los de mi casa".

62Jesús le dijo: "Ninguno que pone mano al arado y mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios".

Misión de los setenta y dos discípulos

1Después de esto, el Señor designó todavía otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de Él a toda ciudad o lugar, adonde Él mismo quería ir.

2Y les dijo: "La mies es grande, y los obreros son pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

3Id: os envío como corderos entre lobos [130].

4No llevéis ni bolsa, ni alforja, ni calzado, ni saludéis [131] a nadie por el camino.

5En toda casa donde entréis, decid primero: *Paz a esta casa* [132].

6Y si hay allí un hijo de paz, reposará sobre él la paz vuestra; si no, volverá a vosotros.

7Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den, porque el obrero es acreedor a su salario. No paséis de casa en casa.

8Y en toda ciudad en donde entréis y os reciban, comed lo que os pusieren delante.

9Curad los enfermos que haya en ella, y decidles: *El reino de Dios está llegando a vosotros*.

10Y en toda ciudad en donde entrareis y no os quisieren recibir, salid por sus calles, y decid:

11"Aun el polvo que de vuestra ciudad se pegó a nuestros pies, lo sacudimos (dejándolo) para vosotros. Pero sabedlo: ¡el reino de Dios ha llegado!"

12Os digo que en aquel día será más tolerable para los de Sodoma que para aquella ciudad [133].

13¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! [134] porque si en Tiro y Sidón hubiesen sido hechos los milagros que se cumplieron entre vosotros, desde hace mucho tiempo se habrían arrepentido en saco y en ceniza.

14Mas para Tiro y para Sidón, será más tolerable, en el juicio, que para vosotros.

15Y tú, Cafarnaúm, ¿serás acaso exaltada hasta el cielo? ¡Hasta el abismo descenderás!

16Quien a vosotros escucha, a Mí me escucha; y quien a vosotros rechaza, a Mí me rechaza; ahora bien, quien me rechaza a Mí, rechaza a Aquel que me envió" [135].

17Entretanto los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: "Señor, hasta los demonios se nos sujetan en tu nombre".

18Díjoles: "Yo veía a Satanás caer como un relámpago del cielo [136].

19Mirad que os he dado potestad de caminar sobre serpientes y escorpiones y sobre todo poder del enemigo, y nada os dañará.

20Sin embargo no habéis de gozaros en esto de que los demonios se os sujetan, sino gozaos de que vuestros nombres están escritos en el cielo" [137].

Infancia espiritual

21En aquella hora se estremeció de gozo, en el Espíritu Santo, y dijo: "Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mantenido estas cosas escondidas a los sabios y a los prudentes, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te plugo a Ti [138].

22Por mi Padre, me ha sido dado todo, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, y quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelarlo".

23Y volviéndose hacia sus discípulos en particular, dijo: "¡Felices los ojos que ven lo que vosotros veis! [139]

24Os aseguro: muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron, oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron".

El buen samaritano

25Se levantó entonces un doctor de la Ley y, para enredarlo le dijo: "Maestro, ¿qué he de hacer para lograr la herencia de la vida eterna?"

26Respondiole: "En la Ley, ¿qué está escrito? ¿Cómo lees?"

27Y él replicó diciendo: "Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo".

28Díjole (Jesús): "Has respondido justamente. Haz esto y vivirás".

29Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: "¿Y quién es mi prójimo?"

30Jesús repuso diciendo: "Un hombre, bajando de Jerusalén a Jericó, vino a dar entre salteadores, los cuales, después de haberlo despojado y cubierto de heridas, se fueron, dejándolo medio muerto.

31Casualmente, un sacerdote iba bajando por ese camino; lo vio y pasó de largo.

32Un levita llegó asimismo delante de ese sitio; lo vio y pasó de largo.

33Pero un samaritano, que iba de viaje, llegó a donde estaba, lo vio y se compadeció de él;

34y acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; luego poniéndolo sobre su propia cabalgadura, lo condujo a una posada y cuidó de él.

35Al día siguiente, sacando dos denarios los dio al posadero y le dijo: "Ten cuidado de él, todo lo que gastares de más, yo te lo reembolsaré a mi vuelta".

36¿Cuál de estos tres te parece haber sido el prójimo de aquel que cayó en manos de los bandoleros?"

37Respondió: "El que se apiadó de él". Y Jesús le dijo: "Ve, y haz tú lo mismo" [140].

María y Marta

38Durante su viaje, entró en cierta aldea, y una mujer llamada Marta, lo recibió en su casa [141].

39Tenía esta una hermana llamada María, la cual, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

40Pero Marta, que andaba muy afanada en los múltiples quehaceres del servicio, vino a decirle: "Señor, ¿no se te da nada que mi hermana me haya dejado servir sola? Dile, pues, que me ayude".

41El Señor le respondió: "¡Marta, Marta! tú te afanas y te agitas por muchas cosas.

42Una sola es necesaria. María eligió la buena parte, que no le será quitada" [142].

La oración dominical

1Un día que Jesús estaba en oración, en cierto lugar, cuando hubo terminado, uno de sus discípulos le dijo: "Señor, enséñanos a orar, como Juan lo enseñó a sus discípulos".

2Les dijo: "Cuando oráis, decid: Padre, que sea santificado tu nombre; que llegue tu reino [143].

3Danos cada día nuestro pan supersubstancial;

4y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe; y no nos introduzcas en prueba" [144].

Parábola del amigo inoportuno

5Y les dijo: "Quien de vosotros, teniendo un amigo [145], si va (este) a buscarlo a medianoche y le dice: 'Amigo, necesito tres panes,

6porque un amigo me ha llegado de viaje, y no tengo nada que ofrecerle',

7y si él mismo le responde de adentro: 'No me incomodes, ahora mi puerta está cerrada y mis hijos están como yo en cama, no puedo levantarme para darte',

8os digo, que si no se levanta para darle por ser su amigo, al menos a causa de su pertinacia, se levantará para darle todo lo que le hace falta.

9Yo os digo: 'Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, golpead y se os abrirá' [146].

10Porque todo el que pide obtiene, el que busca halla, al que golpea se le abre.

11¿Qué padre, entre vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿Si pide pescado, en lugar de pescado le dará una serpiente?

12¿O si pide un huevo, le dará un escorpión?

13Si pues vosotros, aunque malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre dará desde el cielo el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!" [147]

Blasfemias de los fariseos

14Estaba Jesús echando un demonio, el cual era mudo. Cuando hubo salido el demonio, el mudo habló. Y las muchedumbres estaban maravilladas.

15Pero algunos de entre ellos dijeron: "Por Beelzebul, príncipe de los demonios, expulsa los demonios".

16Otros, para ponerlo a prueba, requerían de Él una señal desde el cielo.

17Mas Él, habiendo conocido sus pensamientos, les dijo: "Todo reino dividido contra sí mismo, es arruinado, y las casas caen una sobre otra.

18Si pues, Satanás se divide contra él mismo, ¿cómo se sostendrá su reino? Puesto que decís vosotros que por Beelzebul echo Yo los demonios.

19Ahora bien, si Yo echo los demonios por virtud de Beelzebul, ¿vuestros hijos por virtud de quién los arrojan? Ellos mismos serán, pues, vuestros jueces [148].

20Mas si por el dedo de Dios echo Yo los demonios, es que ya llegó a vosotros el reino de Dios.

21Cuando el hombre fuerte y bien armado guarda su casa, sus bienes están seguros.

22Pero si sobreviniendo uno más fuerte que él lo vence, le quita todas sus armas en que confiaba y reparte sus despojos.

23Quien no está conmigo, está contra Mí; y quien no acumula conmigo, desparrama".

Poder de Satanás

24"Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, recorre los lugares áridos, buscando donde posarse, y, no hallándolo, dice: *Me volveré a la casa mía, de donde salí*.

25A su llegada, la encuentra barrida y adornada.

26Entonces se va a tomar consigo otros siete espíritus aún más malos que él mismo; entrados, se arraigan allí, y el fin de aquel hombre viene a ser peor que el principio".

27Cuando Él hablaba así, una mujer levantando la voz de entre la multitud, dijo: "¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que Tú mamaste!"

28Y Él contestó: "¡Felices más bien los que escuchan la palabra de Dios y la conservan!" [149]

La señal de Jonás

29Como la muchedumbre se agolpaba, se puso a decir: "Perversa generación es esta; busca una señal, mas no le será dada señal, sino la de Jonás [150].

30Porque lo mismo que Jonás fue una señal para los ninivitas, así el Hijo del hombre será una señal para la generación esta.

31La reina del Mediodía será despertada en el juicio frente a los hombres de la generación esta y los condenará, porque vino de las extremidades de la tierra [151] para escuchar la sabiduría de Salomón; y hay aquí más que Salomón.

32Los varones ninivitas actuarán en el juicio frente a la generación esta y la condenarán, porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás; y hay aquí más que Jonás".

La lámpara de la sabiduría

33"Nadie enciende una candela y la pone escondida en un sótano, ni bajo el celemín, sino sobre el candelero, para alumbrar a los que entran.

34La lámpara de tu cuerpo es tu ojo. Cuando tu ojo está claro, todo tu cuerpo goza de la luz, pero si él está turbio, tu cuerpo está en tinieblas [152].

35Vigila pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea tiniebla.

36Si pues todo tu cuerpo está lleno de luz (interiormente), no teniendo parte alguna tenebrosa, será todo él luminoso (exteriormente), como cuando la lámpara te ilumina con su resplandor".

Jesús nos denuncia el mal con apariencia de bien

37Mientras Él hablaba lo invitó un fariseo a comer con él; entró y se puso a la mesa.

38El fariseo se extrañó al ver que no se había lavado antes de comer.

39Díjole, pues el Señor: "Vosotros, fariseos, estáis purificando lo exterior de la copa y del plato, en tanto que por dentro estáis llenos de rapiña y de iniquidad [153].

40¡Insensatos! el que hizo lo exterior ¿no hizo también lo interior?

41Por eso, dad de limosna el contenido [154], y todo para vosotros quedará puro.

42Pero, ¡ay de vosotros, fariseos! ¡porque dais el diezmo de la menta, de la ruda y de toda legumbre, y dejáis de lado la justicia y el amor de Dios! Era menester practicar esto, sin omitir aquello.

43¡Ay de vosotros, fariseos! porque amáis el primer sitial en las sinagogas y ser saludados en las plazas públicas.

44¡Ay de vosotros! porque sois como esos sepulcros, que no lo parecen y que van pisando las gentes, sin saberlo".

45Entonces un doctor de la Ley le dijo: "Maestro, hablando así, nos ultrajas también a nosotros."

46Mas Él respondió: "¡Ay de vosotros también, doctores de la Ley! porque agobiáis a los demás con cargas abrumadoras, al paso que vosotros mismos ni con un dedo tocáis esas cargas.

47¡Ay de vosotros! porque reedificáis sepulcros para los profetas, pero fueron vuestros padres quienes los asesinaron [155].

48Así vosotros sois testigos de cargo y consentidores de las obras de vuestros padres, porque ellos los mataron y vosotros reedificáis (sus sepulcros).

49Por eso también la Sabiduría de Dios ha dicho: Yo les enviaré profetas y apóstoles; y de ellos matarán y perseguirán [156];

50para que se pida cuenta a esta generación de la sangre de todos los profetas que ha sido derramada desde la fundación del mundo,

51desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que fue matado entre el altar y el santuario. Sí, os digo se pedirá cuenta a esta generación [157].

52¡Ay de vosotros! hombres de la Ley, porque vosotros os habéis apoderado de la llave del conocimiento; vosotros mismos no entrasteis, y a los que iban a entrar, vosotros se lo habéis impedido" [158].

53Cuando hubo salido, los escribas y los fariseos se pusieron a acosarlo vivamente y a quererle sacar respuestas sobre una multitud de cosas,

54tendiéndole lazos para sorprender alguna palabra de su boca.

Contra la hipocresía

1Mientras tanto, habiéndose reunido miles y miles del pueblo, hasta el punto que unos a otros se pisoteaban, se puso a decir, dirigiéndose primeramente a sus discípulos: "Guardaos a vosotros mismos de la levadura —es decir de la hipocresía— de los fariseos [159].

2Nada hay oculto que no haya de ser descubierto, nada secreto que no haya de ser conocido.

3En consecuencia, lo que hayáis dicho en las tinieblas, será oído en plena luz; y lo que hayáis dicho al oído en los sótanos, será pregonado sobre los techos.

4Os lo digo a vosotros, amigos míos, no temáis a los que matan el cuerpo y después de esto nada más pueden hacer.

5Voy a deciros a quién debéis temer: temed a Aquel que, después de haber dado la muerte, tiene el poder de arrojar en la gehenna. Sí, os lo digo, a Aquel temedle".

Solicitud del Padre Celestial

6"¿No se venden cinco pájaros por dos ases? Con todo, ni uno solo es olvidado de Dios.

7Aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados [160]. No tenéis vosotros que temer: valéis más que muchos pájaros.

8Yo os lo digo: a quien me confesare delante de los hombres, el Hijo del hombre lo confesará también delante de los ángeles de Dios.

9Mas el que me haya negado delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios".

El pecado contra el Espíritu Santo

10"A cualquiera que hable mal contra el Hijo del hombre, le será perdonado, pero a quien blasfemare contra el Santo Espíritu, no le será perdonado.

11Cuando os llevaren ante las sinagogas, los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo y qué diréis para defenderos o qué hablaréis [161].

12Porque el Espíritu Santo os enseñará en el momento mismo lo que habrá que decir".

13Entonces uno del pueblo le dijo: "Maestro, dile a mi hermano que parta conmigo la herencia".

14Jesús le respondió: "Hombre, ¿quién me ha constituido sobre vosotros juez o partidor?" [162].

El rico insensato

15Y les dijo: "Mirad: preservaos de toda avaricia; porque, la vida del hombre no consiste en la abundancia de lo que posee".

16Y les dijo una parábola: "Había un rico, cuyas tierras habían producido mucho.

17Y se hizo esta reflexión: "¿Qué voy a hacer? porque no tengo dónde recoger mis cosechas".

18Y dijo: "He aquí lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré unos mayores; allí amontonaré todo mi trigo y mis bienes.

19Y diré a mi alma: Alma mía, tienes cuantiosos bienes en reserva para un gran número de años; reposa, come, bebe, haz fiesta".

20Mas Dios le dijo: "¡Insensato! esta misma noche te van a pedir el alma, y lo que tú has allegado, ¿para quién será?"

21Así ocurre con todo aquel que atesora para sí mismo, y no es rico ante Dios" [163].

Confianza en la divina providencia

22Y dijo a sus discípulos: "Por eso, os digo, no andéis solícitos por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué lo vestiréis.

23Porque la vida vale más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido.

24Mirad los cuervos: no siembran, ni siegan, ni tienen bodegas ni graneros, y sin embargo Dios los alimenta. ¡Cuánto más valéis vosotros que las aves!

25¿Quién de vosotros podría, a fuerza de preocuparse, añadir un codo a su estatura?

26Si pues no podéis ni aun lo mínimo ¿a qué os acongojáis por lo restante?

27Ved los lirios cómo crecen: no trabajan, ni hilan. Sin embargo, Yo os digo que el mismo Salomón, con toda su magnificencia, no estaba vestido como uno de ellos.

28Si pues a la yerba que está en el campo y mañana será echada al horno, Dios viste así ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe?

29Tampoco andéis pues afanados por lo que habéis de comer o beber, y no estéis ansiosos.

30Todas estas cosas, los paganos del mundo las buscan afanosamente; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de ellas.

31Buscad pues antes su reino, y todas las cosas os serán puestas delante.

32No tengas temor, pequeño rebaño mío, porque plugo a vuestro Padre daros el Reino.

33Vended aquello que poseéis [164] y dad limosna. Haceos bolsas que no se envejecen, un tesoro inagotable en los cielos, donde el ladrón no llega, y donde la polilla no destruye.

34Porque allí donde está vuestro tesoro, allí también está vuestro corazón".

Parábola de los servidores vigilantes

35"Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas.

36Y sed semejantes a hombres que aguardan a su amo a su regreso de las bodas, a fin de que, cuando Él llegue y golpee, le abran en seguida.

37¡Felices esos servidores, que el amo, cuando llegue, hallará velando! En verdad, os lo digo, él se ceñirá, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirles [165].

38Y si llega a la segunda vela, o a la tercera, y así los hallare, ¡felices de ellos!

39Sabedlo bien; porque si el dueño de casa supiese a qué hora el ladrón ha de venir, no dejaría horadar su casa.

40Vosotros también estad prontos, porque a la hora que no pensáis es cuando vendrá el Hijo del hombre" [166].

Juicio de los servidores

41Entonces, Pedro le dijo: "Señor, ¿dices por nosotros esta parábola o también por todos?"

42Y el Señor dijo: "¿Quién es pues el mayordomo fiel y prudente, que el amo pondrá a la cabeza de la servidumbre suya para dar a su tiempo la ración de trigo? [167]

43¡Feliz ese servidor a quien el amo, a su regreso, hallará haciéndolo así!

44En verdad, os digo, lo colocará al frente de toda su hacienda [168].

45Pero si ese servidor se dice a sí mismo: "Mi amo tarda en regresar", y se pone a maltratar a los servidores y a las sirvientas, a comer, a beber, y a embriagarse [169],

46el amo de este servidor vendrá en día que no espera y en hora que no sabe, lo partirá por medio, y le asignará su suerte con los que no creyeron [170].

47Pero aquel servidor que, conociendo la voluntad de su amo, no se preparó, ni obró conforme a la voluntad de este, recibirá muchos azotes.

48En cambio aquel que, no habiéndole conocido, haya hecho cosas dignas de azotes, recibirá pocos. A todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho le será demandado; y más aún le exigirán a aquel a quien se le haya confiado mucho" [171].

El fuego de Jesús

49Fuego vine a echar sobre la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté encendido!

50Un bautismo tengo para bautizarme, ¡y cómo estoy en angustias hasta que sea cumplido!

51¿Pensáis que vine aquí para poner paz en la tierra? No, os digo, sino división [172].

52Porque desde ahora, cinco en una casa estarán divididos: tres contra dos, y dos contra tres.

53Estarán divididos, el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra".

Las señales de los tiempos

54Dijo también a la muchedumbre: "Cuando veis una nube levantarse al poniente, luego decís: "Va a llover". Y eso sucede.

55Y cuando sopla el viento del mediodía, decís: "Habrá calor". Y eso sucede.

56Hipócritas, sabéis conocer el aspecto de la tierra y del cielo; ¿por qué entonces no conocéis este tiempo?

57¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?

58Mientras vas con tu adversario en busca del magistrado, procura en el camino librarte de él, no sea que te arrastre ante el juez, que el juez te entregue al alguacil y que el alguacil te meta en la cárcel.

59Yo te lo declaro, no saldrás de allí hasta que no hayas reintegrado el último lepte" [173].

Todos necesitamos arrepentirnos

1En aquel momento llegaron algunas personas a traerle la noticia de esos galileos cuya sangre Pilato había mezclado con la de sus sacrificios [174].

2Y respondiendo les dijo: "¿Pensáis que estos galileos fueron los más pecadores de todos los galileos, porque han sufrido estas cosas?

3Os digo que de ninguna manera, sino que todos pereceréis igualmente si no os arrepentís [175].

4O bien aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén?

5Os digo que de ninguna manera sino que todos pereceréis igualmente si no os convertís".

La higuera estéril

6Y dijo esta parábola: "Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Vino a buscar fruto de ella, y no lo halló [176].

7Entonces dijo al viñador: "Mira, tres años hace que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo. ¡Córtala! ¿Por qué ha de inutilizar la tierra?"

8Mas él le respondió y dijo: "Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor y eche abono.

9Quizá dé fruto en lo futuro; si no, la cortarás".

La mujer encorvada

10Un día sabático enseñaba en una sinagoga.

11Había allí una mujer que tenía desde hacía dieciocho años, un espíritu de enfermedad: estaba toda encorvada, y sin poder absolutamente enderezarse.

12Al verla Jesús, la llamó y le dijo: "Mujer, queda libre de tu enfermedad".

13Y puso sobre ella sus manos, y al punto se enderezó y se puso a glorificar a Dios.

14Entonces, el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en día sabático, respondió y dijo al pueblo: "Hay seis días para trabajar; en esos días podéis venir para haceros curar, y no el día de sábado".

15Mas Jesús le replicó diciendo: "Hipócritas, ¿cada uno de vosotros no desata su buey o su asno del pesebre, en día sabático, para llevarlo al abrevadero?

16Y a esta, que es una hija de Abrahán, que Satanás tenía ligada hace ya dieciocho años, ¿no se la había de libertar de sus ataduras, en día sabático?"

17A estas palabras, todos sus adversarios quedaron anonadados de vergüenza, en tanto que la muchedumbre entera se gozaba de todas las cosas gloriosas hechas por Él.

Parábola del grano de mostaza y de la levadura

18Dijo entonces: "¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué podré compararlo? [177]

19Es semejante a un grano de mostaza que un hombre tomó y fue a sembrar en su huerta; creció, vino a ser un árbol, y los pájaros del cielo llegaron a anidar en sus ramas".

20Dijo todavía: "¿Con qué podré comparar el reino de Dios?

21Es semejante a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina y, finalmente, todo fermentó".

La puerta angosta

22Y pasaba por ciudades y aldeas y enseñaba yendo de viaje hacia Jerusalén.

23Díjole uno: "Señor, ¿los que se salvan serán pocos?"

24Respondioles: "Pelead para entrar por la puerta angosta, porque muchos, os lo declaro, tratarán de entrar y no podrán [178].

25En seguida que el dueño de casa se haya despertado y haya cerrado la puerta, vosotros, estando fuera, os pondréis a llamar a la puerta diciendo: "¡Señor, ábrenos!" Mas él respondiendo os dirá: "No os conozco (ni sé) de dónde sois".

26Entonces comenzaréis a decir: "Comimos y bebimos delante de ti, y enseñaste en nuestras plazas" [179].

27Pero él os dirá: "Os digo, no sé de dónde sois. Alejaos de mí, obradores todos de iniquidad" [180].

28Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y a vosotros arrojados fuera.

29y del oriente y del occidente, del norte y del mediodía vendrán a sentarse a la mesa en el reino de Dios.

30Y así hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos".

El zorro Herodes

31En ese momento se acercaron algunos fariseos, para decirle: "¡Sal, vete de aquí, porque Herodes te quiere matar".

32Y les dijo: "Id a decir a ese zorro: He aquí que echo demonios y obro curaciones hoy y mañana; el tercer día habré terminado.

33Pero hoy, mañana y al otro día, es necesario que Yo ande, porque no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén" [181].

¡Ay de Jerusalén!

34Jerusalén, Jerusalén, tú que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados, ¡cuántas veces quise Yo reunir a tus hijos, como la gallina reúne su pollada debajo de sus alas, y vosotros no lo habéis querido! [182]

35[183] Ved que vuestra casa os va a quedar desierta. Yo os lo digo, no me volveréis a ver, hasta que llegue el tiempo en que digáis: "¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"

Jesús sana a un hidrópico

1Como Él hubiese ido a casa de un jefe de los fariseos, un día sabático a comer, ellos lo acechaban.

2Estaba allí, delante de Él un hombre hidrópico.

3Tomando la palabra, Jesús preguntó a los doctores de la Ley y a los fariseos: "¿Es lícito curar, en día sabático, o no?"

4Pero ellos guardaron silencio. Tomándolo, entonces, de la mano, lo sanó y lo despidió.

5Y les dijo: "¿Quién hay de vosotros, que viendo a su hijo o su buey caído en un pozo, no lo saque pronto de allí, aun en día de sábado?"

6Y no fueron capaces de responder a esto.

Parábola de los primeros puestos

7Observando cómo elegían los primeros puestos en la mesa, dirigió una parábola a los invitados, diciéndoles: [184]

8"Cuando seas invitado a un convite de bodas, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya allí otro convidado objeto de mayor honra que tú

9y viniendo el que os convido a ambos, te diga: "Deja el sitio a este", y pases entonces, con vergüenza, a ocupar el último lugar.

10Por el contrario, cuando seas invitado, ve a ponerte en el último lugar, para que, cuando entre el que te invitó, te diga: "Amigo, sube más arriba". Y entonces tendrás honor a los ojos de todos los convidados [185].

11Porque el que se levanta, será abajado; y el que se abaja, será levantado".

12También dijo al que lo había invitado: "Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos, no sea, que ellos te inviten a su vez, y que esto sea tu pago.

13Antes bien, cuando des un banquete, convida a los pobres, a los lisiados, a los cojos, y a los ciegos.

14Y feliz serás, porque ellos no tienen cómo retribuirte, sino que te será retribuido en la resurrección de los justos" [186].

Parábola del gran banquete

15A estas palabras, uno de los convidados le dijo: "¡Feliz el que pueda comer en el reino de Dios!"

16Mas Él le respondió: "Un hombre dio una gran cena a la cual tenía invitada mucha gente [187].

17Y envió a su servidor, a la hora del festín, a decir a los convidados: "Venid, porque ya todo está pronto" [188].

18Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: "He comprado un campo, y es preciso que vaya a verlo; te ruego me des por excusado".

19Otro dijo: "He comprado cinco yuntas de bueyes, y me voy a probarlas; te ruego me tengas por excusado".

20Otro dijo: "Me he casado, y por tanto no puedo ir".

21El servidor se volvió a contar todo esto a su amo. Entonces, lleno de ira el dueño de casa, dijo a su servidor: "Sal en seguida a las calles y callejuelas de la ciudad; y tráeme aquí los pobres, y lisiados, y ciegos y cojos".

22El servidor vino a decirle: "Señor, se ha hecho lo que tú mandaste, y aún hay sitio".

23Y el amo dijo al servidor: "Ve a lo largo de los caminos y de los cercados, y compele a entrar, para que se llene mi casa.

24Porque yo os digo, ninguno de aquellos varones que fueron convidados gozará de mi festín".

El amor de preferencia

25Como grandes muchedumbres le iban siguiendo por el camino, se volvió y les dijo [189]:

26"Si alguno viene a Mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun también a su propia vida, no puede ser discípulo mío [190].

27Todo aquel que no lleva su propia cruz y no anda en pos de Mí, no puede ser discípulo mío" [191].

28"Porque, ¿quién de entre vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero a calcular el gasto y a ver si tiene con qué acabarla?

29No sea que, después de haber puesto el cimiento, encontrándose incapaz de acabar, todos los que vean esto comiencen a menospreciarlo

30diciendo: "Este hombre se puso a edificar, y ha sido incapaz de llegar a término".

31¿O qué rey, marchando contra otro rey, no se pone primero a examinar si es capaz, con diez mil hombres, de afrontar al que viene contra él con veinte mil?

32Y si no lo es, mientras el otro está todavía lejos, le envía una embajada para pedirle la paz.

33Así, pues, cualquiera que entre vosotros no renuncia a todo lo que posee, no puede ser discípulo mío [192].

34La sal es buena, mas si la sal pierde su fuerza, ¿con qué será sazonada? [193]

35Ya no sirve, ni tampoco sirve para la tierra, ni para el muladar: la arrojan fuera. ¡Quién tiene oídos para oír, oiga!"

Parábola de la oveja descarriada

1Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Él para oírlo.

2Mas los fariseos y los escribas murmuraban y decían: "Este recibe a los pecadores y come con ellos".

3Entonces les dirigió esta parábola:

4"¿Qué hombre entre vosotros, teniendo cien ovejas, si llega a perder una de ellas, no deja las otras noventa y nueve en el desierto, para ir tras la oveja perdida, hasta que la halle? [194]

5Y cuando la hallare, la pone sobre sus hombros, muy gozoso,

6y vuelto a casa, convoca a amigos y vecinos, y les dice: "Alegraos conmigo, porque hallé mi oveja, la que andaba perdida".

7Así, os digo, habrá gozo en el cielo, más por un solo pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse".

La dracma perdida

8"¿O qué mujer que tiene diez dracmas [195], si llega a perder una sola dracma, no enciende un candil y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la halla?

9Y cuando la ha encontrado, convoca a las amigas y las vecinas, y les dice: "Alegraos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido".

10Os digo que la misma alegría reina en presencia de los ángeles de Dios, por un solo pecador que se arrepiente" [196].

El hijo pródigo

11Dijo aún: "Un hombre tenía dos hijos [197],

12el menor de lo cuales dijo a su padre: "Padre, dame la parte de los bienes, que me ha de tocar". Y les repartió su haber.

13Pocos días después, el menor, juntando todo lo que tenía, partió para un país lejano, y allí disipó todo su dinero, viviendo perdidamente.

14Cuando lo hubo gastado todo, sobrevino gran hambre en ese país, y comenzó a experimentar necesidad.

15Fué, pues, a ponerse a las órdenes de un hombre del país, el cual lo envió a sus tierras a apacentar los puercos.

16Y hubiera, a la verdad, querido llenarse el estómago con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba.

17Volviendo entonces sobre sí mismo, se dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me muero de hambre!

18Me levantaré, iré a mi padre, y le diré: "Padre, he pecado contra el cielo y delante de ti.

19Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo. Hazme como uno de tus jornaleros" [198].

20Y levantándose se volvió hacia su padre. Y cuando estaba todavía lejos, su padre lo vio, y se le enternecieron las entrañas, y corriendo a él, cayó sobre su cuello y lo cubrió de besos [199].

21Su hijo le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo".

22Pero el padre dijo a sus servidores: "Pronto traed aquí la ropa, la primera, y vestidlo con ella; traed un anillo para su mano, y calzado para sus pies;

23y traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y hagamos fiesta:

24porque este hijo mío estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado". Y comenzaron la fiesta.

25Mas sucedió que el hijo mayor estaba en el campo. Cuando, al volver llegó cerca de la casa, oyó música y coros.

26Llamó a uno de los criados y le averiguó qué era aquello.

27Él le dijo: "Tu hermano ha vuelto, y tu padre ha matado el novillo cebado, porque lo ha recobrado sano y salvo".

28Entonces se indignó y no quería entrar. Su padre salió y lo llamó [200].

29Pero él contestó a su padre: "He aquí tantos años que te estoy sirviendo y jamás he transgredido mandato alguno tuyo; a mí nunca me diste un cabrito para hacer fiesta con mis amigos.

30Pero cuando tu hijo, este que se ha comido toda, su hacienda con meretrices, ha vuelto, le has matado el novillo cebado".

31El padre le dijo: "Hijo mío, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo.

32Pero estaba bien hacer fiesta y regocijarse, porque este hermano tuyo había muerto, y ha revivido; se había perdido, y ha sido hallado".

Parábola del administrador infiel

1Dijo también, dirigiéndose a sus discípulos: "Había un hombre rico, que tenía un mayordomo. Este le fue denunciado como que dilapidaba sus bienes.

2Lo hizo venir y le dijo: "¿Qué es eso que oigo de ti? Da cuenta de tu administración, porque ya no puedes ser mayordomo".

3Entonces el mayordomo se dijo dentro de sí mismo: "¿Qué voy a hacer, puesto que mi amo me quita la mayordomía? De cavar no soy capaz; mendigar me da vergüenza.

4Yo sé lo que voy a hacer, para que, cuando sea destituido de la mayordomía, me reciban en sus casas".

5Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi amo?"

6Y él contestó: "Cien barriles de aceite" [201]. Le dijo: "Aquí tienes tu vale; siéntate en seguida y escribe cincuenta".

7Luego dijo a otro: "Y tú, ¿cuánto debes?" Este le dijo: "Cien medidas de trigo". Le dijo: "Aquí tienes tu vale, escribe ochenta" [202].

8Y alabó el señor al inicuo mayordomo, porque había obrado sagazmente. Es que los hijos del siglo, en sus relaciones con los de su especie, son más listos que los hijos de la luz [203].

9Por lo cual Yo os digo, granjeaos amigos por medio de la inicua riqueza para que, cuando ella falte, os reciban en las moradas eternas [204].

10El fiel en lo muy poco, también en lo mucho es fiel; y quien en lo muy poco es injusto, también en lo mucho es injusto [205].

11Si, pues, no habéis sido fieles en la riqueza inicua, ¿quién os confiará la verdadera?

12Y si en lo ajeno no habéis sido fieles, ¿quién os dará lo vuestro?" [206].

13"Ningún servidor puede servir a dos amos, porque odiará al uno y amará al otro, o se adherirá al uno y despreciará al otro; no podéis servir, a Dios y a Mammón".

La hipocresía de los fariseos

14Los fariseos, amadores del dinero, oían todo esto y se burlaban de Él.

15Díjoles entonces: "Vosotros sois los que os hacéis pasar por justos a los ojos de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones. Porque lo que entre los hombres es altamente estimado, a los ojos de Dios es abominable [207].

16La Ley y los profetas llegan hasta Juan; desde ese momento el reino de Dios se está anunciando, y todos le hacen fuerza [208].

17Pero es más fácil que el cielo y la tierra pasen, y no que se borre una sola tilde de la Ley.

18Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con una repudiada por su marido, comete adulterio" [209].

El rico epulón y Lázaro

19"Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y banqueteaba cada día espléndidamente.

20Y un mendigo, llamado Lázaro, se estaba tendido a su puerta, cubierto de úlceras,

21y deseando saciarse con lo que caía de la mesa del rico [210], en tanto que hasta los perros se llegaban y le lamían las llagas.

22Y sucedió que el pobre murió, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. También el rico murió, y fue sepultado.

23Y en el abismo, levantó los ojos, mientras estaba en los tormentos, y vio de lejos a Abrahán con Lázaro en su seno.

24Y exclamó: "Padre Abrahán, apiádate de mí, y envía a Lázaro para que, mojando en el agua la punta de su dedo, refresque mi lengua, porque soy atormentado en esta llama".

25Abrahán le respondió: "Acuérdate, hijo, que tú recibiste tus bienes durante tu vida [211], y así también Lázaro los males. Ahora él es consolado aquí, y tú sufres.

26Por lo demás, entre nosotros y vosotros un gran abismo ha sido establecido, de suerte que los que quisiesen pasar de aquí a vosotros, no lo podrían; y de allí tampoco se puede pasar hacia nosotros" [212].

27Respondió: "Entonces te ruego, padre, que lo envíes a la casa de mi padre,

28porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, a fin de que no vengan, también ellos, a este lugar de tormentos".

29Abrahán respondió: "Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen".

30Replicó: "No, padre Abrahán; pero si alguno de entre los muertos va junto a ellos, se arrepentirán".

31Él, empero, le dijo: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se dejarán persuadir, ni aun cuando alguno resucite de entre los muertos" [213].

El escándalo

1Dijo a sus discípulos: "Es inevitable que sobrevengan escándalos, pero, ¡ay de aquel por quien vienen! [214]

2Más le valdría que le suspendiesen una piedra de molino alrededor del cuello, y lo echasen al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños.

3Mirad por vosotros".

Perdón ilimitado de las ofensas

"Si uno de tus hermanos llega a pecar, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo.

4Y si peca siete veces en un día contra ti, y siete veces vuelve a ti y te dice: *Me arrepiento*, tú le perdonarás" [215].

Poder de la fe

5Y los apóstoles dijeron al Señor: "Añádenos fe" [216].

6Y el Señor dijo: "Si tuvierais alguna fe, aunque no fuera más grande que un grano de mostaza, diríais a este sicomoro: "Desarráigate y plántate en el mar", y él os obedecería.

7¿Quién de vosotros, que tenga un servidor, labrador o pastor, le dirá cuando este vuelve del campo: "Pasa en seguida y ponte a la mesa?"

8¿No le dirá más bien: "Prepárame de comer; y ceñido sírveme luego hasta que yo haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?"

9¿Y acaso agradece al servidor por haber hecho lo que le mandó?

10Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os, está mandado, decid: "Somos siervos inútiles, lo que hicimos, estábamos obligados a hacerlo" [217].

Los diez leprosos

11Siguiendo su camino hacia Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.

12Y al entrar en una aldea, diez hombres leprosos vinieron a su encuentro, los cuales se detuvieron a la distancia,

13y, levantando la voz, clamaron: "Maestro Jesús, ten misericordia de nosotros".

14Viéndolos, les dijo: "Id, mostraos a los sacerdotes". Y mientras iban quedaron limpios.

15Uno de ellos, al ver que había sido sanado, se volvió glorificando a Dios en alta voz,

16y cayó sobre su rostro a los pies de Jesús dándole gracias, y este era samaritano.

17Entonces Jesús dijo: ¿No fueron limpiados los diez? ¿Y los nueve dónde están?

18¿No hubo quien volviese a dar gloria a Dios [218] sino este extranjero?"

19Y le dijo: "Levántate y vete; tu fe te ha salvado".

Las dos venidas del Mesías

20Interrogado por los fariseos acerca de cuándo vendrá el reino de Dios, les respondió y dijo: "El reino de Dios no viene con advertencia [219],

21ni dirán: *¡Está aquí!* o *¡Está allí!* porque ya está el reino de Dios en medio de vosotros".

22Dijo después a sus discípulos: "Vendrán días en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis.

23Y cuando os digan: *¡Está allí!* o *¡Está aquí!* no vayáis allí y no corráis tras de él.

24Porque, como el relámpago, fulgurando desde una parte del cielo, resplandece hasta la otra, así será el Hijo del hombre, en su día [220].

25Mas primero es necesario que él sufra mucho y que sea rechazado por la generación esta.

26Y como fue en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre [221].

27Comían, bebían, se casaban (los hombres), y eran dadas en matrimonio (las mujeres), hasta el día en que Noé entró en el arca, y vino el cataclismo y los hizo perecer a todos.

28Asimismo, como fue en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban;

29mas el día en que Lot salió de Sodoma, cayó del cielo una lluvia de fuego y de azufre, y los hizo perecer a todos [222].

30Conforme a estas cosas será en el día en que el Hijo del hombre sea revelado.

31En aquel día, quien se encuentre sobre la azotea, y tenga sus cosas dentro de su casa, no baje a recogerlas; e igualmente, quien se encuentre en el campo, no se vuelva por las que dejó atrás.

32Acordaos de la mujer de Lot [223].

33El que procurare conservar su vida, la perderá; y el que la pierda, la hallará [224].

34Yo os digo, que en aquella noche, dos hombres estarán reclinados a una misma mesa: el uno será tomado, el otro dejado;

35dos mujeres estarán moliendo juntas: la una será tomada, la otra dejada.

36[Estarán dos en el campo; el uno será tomado, el otro dejado]" [225].

37Entonces le preguntaron: "¿Dónde, Señor?" Les respondió: "Allí donde está el cadáver, allí se juntarán los buitres" [226].

El juez inicuo

1Les propuso una parábola sobre la necesidad de que orasen siempre sin desalentarse:

2"Había en una ciudad un juez que no temía a Dios y no hacía ningún caso de los hombres.

3Había también allí, en esta misma ciudad, una viuda, que iba a buscarlo y le decía: "Hazme justicia librándome de mi adversario".

4Y por algún tiempo no quiso; mas después dijo para sí: "Aunque no temo a Dios, ni respeto a hombre,

5sin embargo, porque esta viuda me importuna, le haré justicia, no sea que al fin venga y me arañe la cara.

6Y el Señor agregó: "Habéis oído el lenguaje de aquel juez inicuo.

7¿Y Dios no habrá de vengar a sus elegidos, que claman a Él día y noche, y se mostraría tardío con respecto a ellos? [227]

8Yo os digo que ejercerá la venganza de ellos prontamente. Pero el Hijo del hombre, cuando vuelva, ¿hallará por ventura la fe sobre la tierra?" [228].

El fariseo y el publicano

9Para algunos, los que estaban persuadidos en sí mismos de su propia justicia, y que tenían en nada a los demás, dijo también esta parábola [229]:

10"Dos hombres subieron al Templo a orar, el uno fariseo, el otra publicano.

11El fariseo, erguido, oraba en su corazón de esta manera: "Oh Dios, te doy gracias de que no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros, ni como el publicano ese.

12Ayuno dos veces en la semana y doy el diezmo de todo cuanto poseo".

13El publicano, por su parte, quedándose a la distancia, no osaba ni aun levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: "Oh Dios, compadécete de mí, el pecador".

14Os digo: este bajó a su casa justificado [230], mas no el otro; porque el que se eleva, será abajado; y el que se abaja, será elevado".

Necesidad de la infancia espiritual

15Y le traían también los niñitos, para que los tocase; viendo lo cual, los discípulos los regañaban [231].

16Pero Jesús llamó a los niños, diciendo: "Dejad a los pequeñuelos venir a Mí: no les impidáis; porque de los tales es el reino de Dios.

17En verdad os digo: quien no recibe el reino de Dios como un niñito, no entrará en él" [232].

Peligros de la riqueza

18Preguntole cierto dignatario: "Maestro bueno, ¿qué he de hacer para poseer en herencia la vida eterna?"

19Jesús le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino uno: Dios.

20Conoces los mandamientos. "No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no dirás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre".

21Él repuso: "Yo he cumplido todo esto desde mi juventud".

22A lo cual Jesús replicó: "Una cosa te queda todavía: todo cuanto tienes véndelo y distribuye a pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; y ven y sígueme" [233].

23Al oír estas palabras, se entristeció, porque era muy rico.

24Mirándolo, entonces, Jesús dijo: "¡Cuán difícilmente, los que tienen los bienes entran en el reino de Dios! [234]

25Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de Dios".

26Y los oyentes dijeron: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?"

27Respondió: "Las cosas imposibles para hombres, posibles para Dios son" [235].

28Entonces Pedro le dijo: "Tú ves, nosotros hemos dejado las cosas propias y te hemos seguido".

29Respondioles: "En verdad, os digo, nadie dejará casa o mujer o hermanos o padres o hijos a causa del reino de Dios,

30que no reciba muchas veces [236] otra tanto en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna".

Jesús predice nuevamente su Pasión

31Tomando consigo a los Doce, les dijo: "He aquí que subimos a Jerusalén, y todo lo que ha sido escrito por los profetas se va a cumplir para el Hijo del hombre.

32Él será entregado a los gentiles, se burlarán de Él, lo ultrajarán, escupirán sobre Él [237],

33y después de haberlo azotado, lo matarán, y al tercer día resucitará".

34Pero ellos no entendieron ninguna de estas cosas; este asunto estaba escondido para ellos, y no conocieron de qué hablaba [238].

El ciego de Jericó

35Cuando iba aproximándose a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, y mendigaba.

36Oyendo que pasaba mucha gente, preguntó qué era eso.

37Le dijeron: "Jesús, el Nazareno pasa".

38Y clamó diciendo: "Jesús, Hijo de David, apiádate de mí!" [239]

39Los que iban delante, lo reprendían para que se callase, pero él gritaba todavía mucho más: "¡Hijo de David, apiádate de mí!"

40Jesús se detuvo y ordenó que se lo trajesen; y cuando él se hubo acercado, le preguntó:

41"¿Qué deseas que te haga?" Dijo: "¡Señor, que reciba yo la vista!"

42Y Jesús le dijo: "Recíbela, tu fe te ha salvado".

43Y en seguida vio, y lo acompañó glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.

Zaqueo el publicano

1Entró en Jericó, e iba pasando.

2Y he aquí que un hombre rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos,

3buscaba ver a Jesús para conocerlo, pero no lo lograba a causa de la mucha gente, porque era pequeño de estatura [240].

4Entonces corrió hacia adelante, y subió sobre un sicomoro para verlo, porque debía pasar por allí.

5Cuando Jesús llegó a este lugar, levantó los ojos y dijo: "Zaqueo, desciende pronto, porque hoy es necesario que Yo me hospede en tu casa" [241].

6Y este descendió rápidamente, y lo recibió con alegría.

7Viendo lo cual, todos murmuraban y decían: "Se ha ido a hospedar en casa de un varón pecador".

8Mas Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: "Señor, he aquí que doy a los pobres la mitad de mis bienes; y si en algo he perjudicado a alguno le devuelvo el cuádruplo".

9Jesús le dijo: "Hoy se obró salvación a esta casa, porque también él es un hijo de Abrahán.

10Vino el Hijo del hombre a buscar y a salvar lo perdido".

Parábola de las minas

11Oyendo ellos todavía estas cosas, agregó una parábola, porque se hallaba próximo a Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios iba a ser manifestado en seguida [242].

12Dijo pues: "Un hombre de noble linaje se fue a un país lejano a tomar para sí posesión de un reino y volver.

13Llamó a diez de sus servidores y les entregó diez minas [243], diciéndoles: "Negociad hasta que yo vuelva".

14Ahora bien, sus conciudadanos lo odiaban, y enviaron una embajada detrás de él diciendo: "No queremos que ese reine sobre nosotros" [244].

15Al retornar él, después de haber recibido el reinado, dijo que le llamasen a aquellos servidores a quienes había entregado el dinero, a fin de saber lo que había negociado cada uno [245].

16Presentose el primero y dijo: "Señor, diez minas ha producido tu mina".

17Le dijo: "Enhorabuena, buen servidor, ya que has sido fiel en tan poca cosa, recibe potestad sobre diez ciudades".

18Y vino el segundo y dijo: "Tu mina, Señor, ha producido cinco minas".

19A él también le dijo: "Y tú sé gobernador de cinco ciudades".

20Mas el otro vino diciendo: "Señor, aquí tienes tu mina, que tuve escondida en un pañuelo.

21Pues te tenía miedo, porque tú eres un hombre duro; sacas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste" [246].

22Replicole: "Por tu propia boca te condeno, siervo malvado. ¿Pensabas que soy hombre duro, que saco lo que no puse, y siego lo que no sembré?

23Y entonces por qué no diste el dinero mío al banco? (Así al menos) a mi regreso lo hubiera yo recobrado con réditos" [247].

24Y dijo a los que estaban allí: "Quitadle la mina, y dádsela al que tiene diez".

25Dijéronle: "Señor, tiene diez minas".

26"Os digo: a todo el que tiene, se le dará; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

27En cuanto a mis enemigos, los que no han querido que yo reinase sobre ellos, traedlos aquí y degolladlos en mi presencia" [248].

Aclamación del Mesías Rey en Jerusalén

28Después de haber dicho esto, marchó al frente subiendo a Jerusalén.

29Y cuando se acercó a Betfagé y Betania, junto al Monte de los Olivos, envió a dos de su discípulos [249],

30diciéndoles: "Id a la aldea de enfrente. Al entrar en ella, encontraréis un burrito atado sobre el cual nadie ha montado todavía; desatadlo y traedlo.

31Y si alguien os pregunta: "¿Por qué lo desatáis?", diréis así: "El Señor lo necesita".

32Los enviados partieron y encontraron las cosas como les había dicho.

33Cuando desataban el burrito, los dueños les dijeron: "Por qué desatáis el pollino?"

34Respondieron: "El Señor lo necesita" [250].

35Se lo llevaron a Jesús, pusieron sus mantos encima, e hicieron montar a Jesús.

36Y mientras Él avanzaba, extendían sus mantos sobre el camino [251].

37Una vez que estuvo próximo al descenso del Monte de los Olivos, toda la muchedumbre de los discípulos, en su alegría, se puso a alabar a Dios con gran voz, por todos los portentos que habían visto,

38y decían: "Bendito el que viene, el Rey en nombre del Señor. En el cielo paz, y gloria en las alturas".

39Pero algunos fariseos, de entre la multitud, dirigiéndose a Él, dijeron: "Maestro, reprende a tus discípulos" [252].

40Mas Él respondió: "Os digo, si estas gentes se callan, las piedras se pondrán a gritar".

¡Ay de Jerusalén!

41Y cuando estuvo cerca, viendo la ciudad, lloró sobre ella [253].

42y dijo: "¡Ah si en este día conocieras también tú lo que sería para la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.

43Porque vendrán días sobre ti, y tus enemigos te circunvalarán con un vallado, y te cercarán en derredor y te estrecharán de todas partes;

44derribarán por tierra a ti, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no conociste el tiempo en que has sido visitada" [254].

Ira de Jesús ante el comercio en el templo

45Entró en el Templo y se puso a echar a los vendedores [255],

46y les dijo: "Está escrito: *Mi casa será una casa de oración*, y vosotros la habéis hecho una cueva de ladrones".

47Y día tras día enseñaba en el Templo. Mas los sumos sacerdotes y los escribas andaban buscando perderle, y también los jefes del pueblo;

48pero no acertaban con lo que habían de hacer, porque el pueblo entero estaba en suspenso, escuchándolo.

Una vez más confunde Jesús a sus enemigos

1Un día en que Él enseñaba al pueblo en el Templo, anunciando el Evangelio, se hicieron presentes los sumos sacerdotes y los escribas con los ancianos [256],

2y le dijeron: "Dinos, ¿con qué autoridad haces esto, o quién es el que te ha dado esa potestad?"

3Respondioles diciendo: "Yo quiero, a mi vez, haceros una pregunta. Decidme:

4El bautismo de Juan ¿venía del cielo o de los hombres?"

5Entonces ellos discurrieron así en sí mismos: "Si contestamos: *del cielo*, dirá: *¿Por qué no le creísteis?*

6Y si decimos: *de los hombres*, el pueblo todo entero nos apedreará, porque está convencido de que Juan era profeta".

7Por lo cual respondieron no saber de dónde.

8Y Jesús les dijo: "Ni Yo tampoco os digo con cuál potestad hago esto".

Los viñadores homicidas

9Y se puso a decir al pueblo esta parábola: "Un hombre plantó una viña, y la arrendó a unos labradores, y se ausentó por un largo tiempo [257].

10En su oportunidad envió un servidor a los trabajadores, a que le diesen del fruto de la viña. Pero los labradores lo apalearon y lo devolvieron vacío.

11Envió aún otro servidor; también a este lo apalearon, lo ultrajaron y lo devolvieron vacío.

12Les envió todavía un tercero a quien igualmente lo hirieron y lo echaron fuera.

13Entonces, el dueño de la viña dijo: "¿Qué haré? Voy a enviarles a mi hijo muy amado; tal vez a Él lo respeten".

14Pero, cuando lo vieron los labradores deliberaron unos con otros diciendo: "Este es el heredero. Matémoslo, para que la herencia sea nuestra".

15Lo sacaron, pues, fuera de la viña y lo mataron. ¿Qué hará con ellos el dueño de la viña?

16Vendrá y hará perecer a estos labradores, y entregará la viña a otros". Ellos, al oír, dijeron: "¡Jamás tal cosa!"

17Pero Él, fija la mirada sobre ellos, dijo: "¿Qué es aquello que está escrito: *La piedra que desecharon los que edificaban, esa resultó cabeza de esquina?* [258]

18Todo el que cayere sobre esta piedra, quedará hecho pedazos; y a aquel sobre quien ella cayere, lo hará polvo".

19Entonces los escribas y los sumos sacerdotes trataban de echarle mano en aquella misma hora, pero tuvieron miedo del pueblo; porque habían comprendido bien, que para ellos había dicho esta parábola.

20Mas no lo perdieron de vista y enviaron unos espías que simulasen ser justos, a fin de sorprenderlo en sus palabras, y así poder entregarlo a la potestad y a la jurisdicción del gobernador.

Lo que es del César

21Le propusieron, pues, esta cuestión: "Maestro, sabemos que Tú hablas y enseñas con rectitud y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios según la verdad [259].

22¿Nos es lícito pagar el tributo al César o no?"

23Pero Él, conociendo su perfidia, les dijo:

24Mostradme un denario. ¿De quién lleva la figura y la leyenda?" Respondieron: "Del César".

25Les dijo: "Así pues, pagad al César lo que es del César, y lo que es de Dios, a Dios" [260].

26Y no lograron sorprenderlo en sus palabras delante del pueblo; y maravillados de su respuesta callaron.

Los saduceos y la resurrección

27Acercáronse, entonces, algunos saduceos, los cuales niegan la resurrección, y le interrogaron diciendo:

28"Maestro, Moisés nos ha prescripto, que si el hermano de alguno muere dejando mujer sin hijo, su hermano debe casarse con la mujer, para dar posteridad al hermano [261].

29Éranse, pues, siete hermanos. El primero tomó mujer, y murió sin hijo.

30El segundo,

31y después el tercero, la tomaron, y así (sucesivamente) los siete que murieron sin dejar hijo.

32Finalmente murió también la mujer.

33Esta mujer, en la resurrección, ¿de quién vendrá a ser esposa? porque los siete la tuvieron por mujer" [262].

34Díjoles Jesús: "Los hijos de este siglo toman mujer, y las mujeres son dadas en matrimonio;

35mas los que hayan sido juzgados dignos de alcanzar el siglo aquel y la resurrección de entre los muertos, no tomarán mujer, y (las mujeres) no serán dadas en matrimonio,

36porque no pueden ya morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección.

37En cuanto a que los muertos resucitan, también Moisés lo dio a entender junto a la zarza, al nombrar al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob" [263].

38Porque, no es Dios de muertos, sino de vivos, pues todos para Él viven".

39Sobre lo cual, algunos escribas le dijeron: "Maestro, has hablado bien".

40Y no se atrevieron a interrogarlo más.

Jesús demuestra su divinidad con los Salmos

41Pero Él les dijo: "¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David?

42Porque David mismo dice en el libro de los Salmos: *El Señor dijo a mi Señor: "Siéntate a mi diestra,

43hasta que Yo ponga a tus enemigos por escabel de tus pies"*.

44Así, pues, David lo llama "Señor"; entonces, ¿cómo es su hijo?" [264].

Advertencias sobre los escribas

45En presencia de todo el pueblo, dijo a sus discípulos [265]:

46"Guardaos de los escribas, que se complacen en andar con largas vestiduras, y en ser saludados en las plazas públicas; que apetecen los primeros asientos en las sinagogas y los primeros divanes en los convites [266];

47que devoran las casas de las viudas, y afectan orar largamente. ¡Para esas gentes será más abundante la sentencia!"

La ofrenda de la viuda

1Levantó los ojos y vio a los ricos que echaban sus dádivas en el arca de las ofrendas.

2Y vio también a una viuda menesterosa, que echaba allí dos moneditas de cobre;

3y dijo: En verdad, os digo, esta viuda, la pobre, ha echado más que todos,

4pues todos estos de su abundancia echaron para las ofrendas de Dios, en tanto que esta echó de su propia indigencia todo el sustento que tenía" [267].

Vaticinio de la ruina del templo y del fin del mundo

5Como algunos, hablando del Templo, dijesen que estaba adornado de hermosas piedras y dones votivos, dijo [268]:

6"Vendrán días en los cuales, de esto que veis, no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida".

7Le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo ocurrirán estas cosas, y cuál será la señal para conocer que están a punto de suceder?" [269]

8Y Él dijo: "Mirad que no os engañen; porque vendrán muchos en mi nombre y dirán: *Yo soy; ya llegó el tiempo*. No les sigáis.

9Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os turbéis; esto ha de suceder primero, pero no es en seguida el fin".

10Entonces les dijo: "Pueblo se levantará contra pueblo, reino contra reino.

11Habrá grandes terremotos y, en diversos lugares, hambres y pestes; habrá también prodigios aterradores y grandes señales en el cielo.

12Pero antes de todo esto, os prenderán; os perseguirán, os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, os llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi nombre.

13Esto os servirá para testimonio [270].

14Tened, pues, resuelto, en vuestros corazones no pensar antes como habéis de hablar en vuestra defensa [271],

15porque Yo os daré boca y sabiduría a la cual ninguno de vuestros adversarios podrá resistir o contradecir.

16Seréis entregados aun por padres y hermanos, y parientes y amigos; y harán morir a algunos de entre vosotros,

17y seréis odiados de todos a causa de mi nombre.

18Pero ni un cabello de vuestra cabeza se perderá.

19En vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".

20"Mas cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed que su desolación está próxima [272].

21Entonces, los que estén en Judea, huyan a las montadas; los que estén en medio de ella salgan fuera; y los que estén en los campos, no vuelvan a entrar,

22porque días de venganza son estos, de cumplimiento de todo lo que está escrito.

23¡Ay de las que estén encintas y de las que críen en aquellos días! Porque habrá gran apretura sobre la tierra, y gran cólera contra este pueblo.

24Y caerán a filo de espada, y serán deportados a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por gentiles hasta que el tiempo de los gentiles sea cumplido".

25"Y habrá señales en el sol, la luna y las estrellas y, sobre la tierra, ansiedad de las naciones, a causa de la confusión por el ruido del mar y la agitación (de sus olas).

26Los hombres desfallecerán de espanto, a causa de la expectación de lo que ha de suceder en el mundo, porque las potencias de los cielos serán conmovidas.

27Entonces es cuando verán al Hijo del Hombre viniendo en una nube con gran poder y grande gloria.

28Mas cuando estas cosas comiencen a ocurrir, erguíos y levantad la cabeza, porque vuestra redención se acerca" [273].

La señal de la higuera

29Y les dijo una parábola: "Mirad la higuera y los árboles todos [274]:

30cuando veis que brotan, sabéis por vosotros mismos que ya se viene el verano.

31Así también, cuando veáis que esto acontece, conoced que el reino de Dios está próximo.

32En verdad, os lo digo, no pasará la generación esta hasta que todo se haya verificado [275].

33El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

34Mirad por vosotros mismos, no sea que vuestros corazones se carguen de glotonería y embriaguez, y con cuidados de esta vida, y que ese día no caiga sobre vosotros de improviso [276],

35como una red; porque vendrá sobre todos los habitantes de la tierra entera.

36Velad, pues, y no ceséis de rogar para que podáis escapar a todas estas cosas que han de suceder, y estar en pie delante del Hijo del hombre".

37Durante el día enseñaba en el Templo, pero iba a pasar la noche en el monte llamado de los Olivos.

38Y todo el pueblo, muy de mañana acudía a Él en el Templo para escucharlo [277].

V. Pasión y muerte de jesús

Judas traiciona al Maestro

1Se aproximaba la fiesta de los Ázimos, llamada la Pascua [278].

2Andaban los sumos sacerdotes y los escribas buscando cómo conseguirían hacer morir a Jesús, pues temían al pueblo.

3Entonces, entró Satanás en Judas por sobrenombre Iscariote, que era del número de los Doce.

4Y se fue a tratar con los sumos sacerdotes y los oficiales (de la guardia del Templo) de cómo lo entregaría a ellos.

5Mucho se felicitaron, y convinieron con él en darle dinero [279].

6Y Judas empeñó su palabra, y buscaba una ocasión para entregárselo a espaldas del pueblo.

La Última Cena

7Llegó, pues, el día de los Ázimos, en que se debía inmolar la pascua [280].

8Y envió (Jesús) a Pedro y a Juan, diciéndoles: "Id a prepararnos la Pascua, para que la podamos comer" [281].

9Le preguntaron: "Dónde quieres que la preparemos?"

10Él les respondió. "Cuando entréis en la ciudad, encontraréis a un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo hasta la casa en que entre.

11Y diréis al dueño de casa: "El Maestro te manda decir: ¿Dónde está el aposento en que comeré la pascua con mis discípulos?"

12Y él mismo os mostrará una sala del piso alto, amplia y amueblada; disponed allí lo que es menester".

13Partieron y encontraron todo como Él les había dicho, y prepararon la pascua.

14Y cuando llegó la hora, se puso a la mesa, y los apóstoles con Él.

15Díjoles entonces: "De todo corazón he deseado comer esta pascua con vosotros antes de sufrir.

16Porque os digo que Yo no la volveré a comer hasta que ella tenga su plena realización en el reino de Dios" [282].

17Y, habiendo recibido un cáliz dio gracias y dijo: "Tomadlo y repartíoslo [283].

18Porque, os digo, desde ahora no bebo del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios".

19Y habiendo tomado pan y dado gracias, (lo) rompió, y les dio diciendo: "Este es el cuerpo mío, el que se da para vosotros. Haced esto en memoria mía" [284].

20Y asimismo el cáliz, después que hubieron cenado, diciendo: "Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que se derrama para vosotros [285].

21Sin embargo, ved: la mano del que me entrega está conmigo a la mesa.

22Porque el Hijo del hombre se va, según lo decretado, pero ¡ay del hombre por quien es entregado!"

23Y se pusieron a preguntarse entre sí quién de entre ellos sería el que iba a hacer esto.

Disputa entre los apóstoles

24Hubo también entre ellos una discusión sobre quién de ellos parecía ser mayor [286].

25Pero Él les dijo: "Los reyes de las naciones les hacen sentir su dominación, y los que ejercen sobre ellas el poder son llamados bienhechores [287].

26No así vosotros; sino que el mayor entre vosotros sea como el menor; y el que manda, como quien sirve.

27Pues ¿quién es mayor, el que está sentado a la mesa, o el que sirve? ¿No es acaso el que está sentado a la mesa? Sin embargo, Yo estoy entre vosotros como el sirviente [288].

28Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas [289].

29Y Yo os confiero dignidad real como mi Padre me la ha conferido a Mí,

30para que comáis y bebáis a mi mesa en, mi reino, y os sentéis sobre tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

Jesús predice la negación de Pedro

31Simón Simón, mira que Satanás os ha reclamado para zarandearos como se hace con el trigo.

32Pero Yo he rogado por ti, a fin de que tu fe no desfallezca. Y tú, una vez convertido [290], confirma a tus hermanos.

33Pedro le respondió: "Señor, yo estoy pronto para ir contigo a la cárcel y a la muerte" [291].

34Mas Él le dijo: "Yo te digo, Pedro, el gallo no cantará hoy, hasta que tres veces hayas negado conocerme" [292].

35Y les dijo: "Cuando Yo os envié sin bolsa, ni alforja, ni calzado, ¿os faltó alguna cosa?" Respondieron: "Nada".

36Y agregó: "Pues bien, ahora, el que tiene una bolsa, tómela consigo, e igualmente la alforja; y quien no tenga, venda su manto y compre una espada [293].

37Porque Yo os digo, que esta palabra de la Escritura debe todavía cumplirse en Mí: *Y ha sido contado entre los malhechores*. Y así, lo que a Mí se refiere, toca a su fin".

38Le dijeron: "Señor, aquí hay dos espadas". Les contestó: "Basta" [294].

Getsemaní

39Salió y marchó, como de costumbre, al Monte de los Olivos, y sus discípulos lo acompañaron.

40Cuando estuvo en ese lugar, les dijo: "Rogad que no entréis en tentación".

41Y se alejó de ellos a distancia como de un tiro de piedra,

42y, habiéndose arrodillado, oró así: "Padre, si quieres, aparta de Mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya".

43Y se le apareció del cielo un ángel y lo confortaba.

44Y entrando en agonía, oraba sin cesar. Y su sudor fue como gotas de sangre, que caían sobre la tierra [295].

45Cuando se levantó de la oración, fue a sus discípulos, y los halló durmiendo, a causa de la tristeza.

46Y les dijo: "¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para que no entréis en tentación".

El beso de Judas

47Estaba todavía hablando, cuando llegó una tropa, y el que se llamaba Judas, uno de los Doce, iba a la cabeza de ellos, y se acercó a Jesús para besarlo [296].

48Jesús le dijo: "Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?"

49Los que estaban con Él, viendo lo que iba a suceder, le dijeron: "Señor, ¿golpearemos con la espada?"

50Y uno de ellos dio un golpe al siervo del sumo sacerdote, y le separó la oreja derecha.

51Jesús, empero, respondió y dijo: "Sufrid aun esto"; y tocando la oreja la sanó.

52Después Jesús dijo a los que habían venido contra Él, sumos sacerdotes, oficiales del Templo y ancianos: "¿Cómo contra un ladrón salisteis con espadas y palos?

53Cada día estaba Yo con vosotros en el Templo, y no habéis extendido las manos contra Mí. Pero esta es la hora vuestra, y la potestad de la tiniebla".

La negación de Pedro

54Entonces lo prendieron, lo llevaron y lo hicieron entrar en la casa del Sumo Sacerdote. Y Pedro seguía de lejos.

55Cuando encendieron fuego en medio del patio, y se sentaron alrededor, vino Pedro a sentarse entre ellos [297].

56Mas una sirvienta lo vio sentado junto al fuego y, fijando en él su mirada, dijo: "Este también estaba con Él".

57Él lo negó, diciendo: "Mujer, yo no lo conozco".

58Un poco después, otro lo vio y le dijo: "Tú también eres de ellos". Pero Pedro dijo: "Hombre, no lo soy".

59Después de un intervalo como de una hora, otro afirmó con fuerza: "Ciertamente, este estaba con Él; porque es también un galileo".

60Mas Pedro dijo: "Hombre, no sé lo que dices". Al punto, y cuando él hablaba todavía, un gallo cantó.

61Y el Señor se volvió para mirar a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra del Señor, según lo había dicho: "Antes que el gallo cante hoy, tú me negarás tres veces".

62Y salió fuera y lloró amargamente [298].

63Y los hombres que lo tenían (a Jesús), se burlaban de Él y lo golpeaban.

64Y habiéndole velado la faz, le preguntaban diciendo: "¡Adivina! ¿Quién es el que te golpeó?"

65Y proferían contra Él muchas otras palabras injuriosas.

Ante el Sanhedrín

66Cuando se hizo de día, se reunió la asamblea de los ancianos del pueblo, los sumos sacerdotes y escribas, y lo hicieron comparecer ante el Sanhedrín [299],

67diciendo: "Si Tú eres el Cristo, dínoslo". Mas les respondió: "Si os hablo, no me creeréis,

68y si os pregunto, no me responderéis.

69Pero desde ahora el Hijo del hombre estará sentado a la diestra del poder de Dios".

70Y todos le preguntaron: "¿Luego eres Tú el Hijo de Dios?" Les respondió: "Vosotros lo estáis diciendo: Yo soy".

71Entonces dijeron: "¿Qué necesidad tenemos ya de testimonio? Nosotros mismos acabamos de oírlo de su boca" [300].

Jesús ante Pilato y Herodes

1Entonces, levantándose toda la asamblea, lo llevaron a Pilato;

2y comenzaron a acusarlo, diciendo: "Hemos hallado a este hombre soliviantando a nuestra nación, impidiendo que se dé tributo al César y diciendo ser el Cristo Rey" [301].

3Pilato lo interrogó y dijo: "¿Eres Tú el rey de los judíos?" Respondiole y dijo: "Tú lo dices".

4Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a las turbas: "No hallo culpa en este hombre" [302].

5Pero aquellos insistían con fuerza, diciendo: "Él subleva al pueblo enseñando por toda la Judea, comenzando desde Galilea, hasta aquí".

6A estas palabras, Pilato preguntó si ese hombre era galileo.

7Y cuando supo que era de la jurisdicción de Herodes, lo remitió a Herodes, que se encontraba también en Jerusalén, en aquellos días [303].

8Herodes, al ver a Jesús, se alegró mucho, porque hacía largo tiempo que deseaba verlo por lo que oía decir de Él, y esperaba verle hacer algún milagro.

9Lo interrogó con derroche de palabras, pero Él no le respondió nada [304].

10Entretanto, los sumos sacerdotes y los escribas estaban allí, acusándolo sin tregua.

11Herodes lo despreció, lo mismo que sus soldados; burlándose de Él, púsole un vestido resplandeciente y lo envió de nuevo a Pilato.

12Y he aquí que en aquel día se hicieron amigos Herodes y Pilato, que antes eran enemigos.

Barrabás y Jesús

13Convocó, entonces, Pilato a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo,

14y les dijo: "Habéis entregado a mi jurisdicción este hombre como que andaba sublevando al pueblo. He efectuado el interrogatorio delante vosotros y no he encontrado en Él nada de culpable, en las cosas de que lo acusáis.

15Ni Herodes tampoco, puesto que nos lo ha devuelto; ya lo veis, no ha hecho nada que merezca muerte.

16Por tanto, lo mandaré castigar y lo dejaré en libertad [305].

17[Ahora bien, debía él en cada fiesta ponerles a uno en libertad] [306].

18Y gritaron todos a una: "Quítanos a este y suéltanos a Barrabás" [307].

19Barrabás había sido encarcelado a causa de una sedición en la ciudad y por homicidio.

20De nuevo Pilato les dirigió la palabra, en su deseo de soltar a Jesús.

21Pero ellos gritaron más fuerte, diciendo: "¡Crucifícalo, crucifícalo!"

22Y por tercera vez les dijo: "¿Pero qué mal ha hecho este? Yo nada he encontrado en él que merezca muerte. Lo pondré, pues, en libertad, después de castigarlo".

23Pero ellos insistían a grandes voces, exigiendo que Él fuera crucificado, y sus voces se hacían cada vez más fuertes.

24Entonces Pilato decidió que se hiciese según su petición.

25Y dejó libre al que ellos pedían, que había sido encarcelado por sedición y homicidio, y entregó a Jesús a la voluntad de ellos.

Via crucis

26Cuando lo llevaban, echaron mano a un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, obligándole a ir sustentando la cruz detrás de Jesús [308].

27Lo acompañaba una gran muchedumbre del pueblo, y de mujeres que se lamentaban y lloraban sobre Él.

28Mas Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloréis por Mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos [309],

29porque vienen días, en que se dirá: ¡Felices las estériles y las entrañas que no engendraron, y los pechos que no amamantaron!

30Entonces se pondrán a decir a las montañas: *Caed sobre nosotros, y a las colinas: ocultadnos*.

31Porque si esto hacen con el leño verde, ¿qué será del seco?" [310].

La crucifixión

32Conducían también a otros dos malhechores con Él para ser suspendidos.

33Cuando hubieron llegado al lugar llamado del Cráneo, allí crucificaron a Él, y a los malhechores, uno a su derecha, y el otro a su izquierda [311].

34Y Jesús decía: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Entretanto, hacían porciones de sus ropas y echaron suertes.

35Y el pueblo estaba en pie mirándolo, mas los magistrados lo zaherían, diciendo: "A otros salvó; que se salve a sí mismo, si es el Cristo de Dios, el predilecto".

36También se burlaron de Él los soldados, acercándose, ofreciéndole vinagre y diciendo:

37"Si Tú eres el rey de los judíos, sálvate a Ti mismo".

38Había, empero, una inscripción sobre Él, en caracteres griegos, romanos y hebreos: "El rey de los judíos es Este".

El buen ladrón

39Uno de los malhechores suspendidos, blasfemaba de Él, diciendo: "¿No eres acaso Tú el Cristo? Sálvate a Ti mismo, y a nosotros".

40Contestando el otro lo reprendía y decía: "¿Ni aún temes tú a Dios, estando en pleno suplicio? [312]

41Y nosotros, con justicia; porque recibimos lo merecido por lo que hemos hecho; pero Este no hizo nada malo".

42Y dijo: "Jesús, acuérdate de mí, cuando vengas en tu reino" [313].

43Le respondió: "En verdad, te digo, hoy estarás conmigo en el Paraíso".

Muerte de Jesús

44Era ya alrededor de la hora sexta, cuando una tiniebla se hizo sobre toda la tierra hasta la hora nona,

45eclipsándose el sol; y el velo del templo se rasgó por el medio.

46Y Jesús clamó con gran voz: "Padre, en tus manos entrego mi espíritu". Y, dicho esto, expiró [314].

47El centurión, al ver lo ocurrido, dio gloria a Dios, diciendo: "¡Verdaderamente, este hombre era un justo!" [315]

48Y todas las turbas reunidas para este espectáculo, habiendo contemplado las cosas que pasaban, se volvían golpeándose los pechos.

49Mas todos sus conocidos estaban a lo lejos [316] —y también las mujeres que lo habían seguido desde Galilea— mirando estas cosas.

La sepultura

50Y había un varón llamado José, que era miembro del Sanhedrín, hombre bueno y justo [317]

51—que no había dado su asentimiento, ni a la resolución de ellos ni al procedimiento que usaron—, oriundo de Arimatea, ciudad de los judíos, el cual estaba a la espera del reino de Dios [318].

52Este fue a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.

53Y habiéndolo bajado, lo envolvió en una mortaja y lo depositó en un sepulcro tallado en la roca, donde ninguno había sido puesto.

54Era el día de la Preparación, y comenzaba ya el sábado [319].

55Las mujeres venidas con Él de Galilea, acompañaron (a José) y observaron el sepulcro y la manera cómo fue sepultado Su cuerpo.

56Y de vuelta, prepararon aromas y ungüento. Durante el sábado se estuvieron en reposo, conforme al precepto.

VI. Resurrección y ascensión de jesús

La Resurrección

1Pero el primer día de la semana [320], muy de mañana, volvieron al sepulcro, llevando los aromas que habían preparado.

2hallaron la piedra desarrimada del sepulcro.

3Habiendo entrado, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús.

4Mientras ellas estaban perplejas por esto, he ahí que dos varones de vestidura resplandeciente se les presentaron.

5Como ellas estuviesen poseídas de miedo e inclinasen los rostros hacia el suelo, ellos les dijeron: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

6No está aquí; ha resucitado. Acordaos de lo que os dijo, estando aún en Galilea:

7que era necesario que el Hijo del hombre fuese entregado en manos de hombres pecadores, que fuese crucificado y resucitara el tercer día".

8Entonces se acordaron de sus palabras.

9Y de vuelta del sepulcro, fueron a anunciar todo esto a los Once [321] y a todos los demás.

10Eran María la Magdalena, Juana y María la (madre) de Santiago; y también las otras con ellas referían esto a los apóstoles.

11Pero estos relatos aparecieron ante los ojos de ellos como un delirio, y no les dieron crédito.

12Sin embargo Pedro se levantó y corrió al sepulcro, y, asomándose, vio las mortajas solas. Y se volvió, maravillándose de lo que había sucedido.

Los discípulos de Emaús

13Y he aquí que, en aquel mismo día, dos de ellos se dirigían a una aldea, llamada Emaús, a ciento sesenta estadios de Jerusalén [322].

14E iban comentando entre sí todos estos acontecimientos.

15Y sucedió que, mientras ellos platicaban y discutían, Jesús mismo se acercó y se puso a caminar con ellos.

16Pero sus ojos estaban deslumbrados para que no lo conociesen.

17Y les dijo: "¿Qué palabras son estas que tratáis entre vosotros andando?"

18Y se detuvieron con los rostros entristecidos. Uno, llamado Cleofás, le respondió: "Eres Tú el único peregrino, que estando en Jerusalén, no sabes lo que ha sucedido en ella en estos días?"

19Les dijo: "¿Qué cosas?" Y ellos: "Lo de Jesús el Nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y palabra delante de Dios y de todo el pueblo,

20y cómo lo entregaron nuestros sumos sacerdotes y nuestros magistrados para ser condenado a muerte, y lo crucificaron.

21Nosotros, a la verdad, esperábamos que fuera Él, aquel que habría de librar a Israel. Pero, con todo, ya es el tercer día desde que sucedieron estas cosas.

22Y todavía más, algunas mujeres de los nuestros, nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro,

23y no habiendo encontrado su cuerpo se volvieron, diciendo también que ellas habían tenido una visión de ángeles, los que dicen que Él está vivo [323].

24Algunos de los que están con nosotros han ido al sepulcro, y han encontrado las cosas como las mujeres habían dicho; pero a Él no lo han visto".

25Entonces les dijo: "¡Oh hombres sin inteligencia y tardos de corazón para creer todo lo que han dicho los profetas!

26¿No era necesario que el Cristo sufriese así para entrar en su gloria?" [324]

27Y comenzando por Moisés, y por todos los profetas, les hizo hermenéutica de lo que en todas las Escrituras había acerca de Él.

28Se aproximaron a la aldea a donde iban, y Él hizo ademán de ir más lejos.

29Pero ellos le hicieron fuerza, diciendo: "Quédate con nosotros, porque es tarde, y ya ha declinado el día". Y entró para quedarse con ellos.

30Y estando con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y les dio [325].

31Entonces los ojos de ellos fueron abiertos y lo reconocieron; mas Él desapareció de su vista.

32Y se dijeron uno a otro: "¿No es verdad que nuestro corazón estaba ardiendo dentro de nosotros, mientras nos hablaba en el camino, mientras nos abría las Escrituras?" [326].

Jesús se aparece a los Once

33Y levantándose en aquella misma hora, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los demás,

34los cuales dijeron: "Realmente resucitó el Señor y se ha aparecido a Simón".

35Y ellos contaron lo que les había pasado en el camino, y cómo se hizo conocer de ellos en la fracción del pan.

36Aún estaban hablando de esto cuando Él mismo se puso en medio de ellos diciendo: "Paz a vosotros" [327].

37Mas ellos, turbados y atemorizados, creían ver un espíritu.

38Él entonces les dijo: "¿Por qué estáis turbados? y ¿por qué se levantan dudas en vuestros corazones?

39Mirad mis manos y mis pies: soy Yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que Yo tengo".

40Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies.

41Como aún desconfiaran, de pura alegría, y se estuvieran asombrados, les dijo: "¿Tenéis por ahí algo de comer?" [328]

42Le dieron un trozo de pez asado.

43Lo tomó y se lo comió a la vista de ellos.

Despedida y Ascensión

44Después les dijo: "Esto es aquello que Yo os decía, cuando estaba todavía con vosotros, que es necesario que todo lo que está escrito acerca de Mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos se cumpla".

45Entonces les abrió la inteligencia para que comprendiesen las Escrituras [329].

46Y les dijo: "Así estaba escrito que el Cristo sufriese y resucitase de entre los muertos al tercer día [330],

47y que se predicase, en su nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén [331].

48Vosotros sois testigos de estas cosas.

49Y he aquí que Yo envío sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Mas vosotros estaos quedos en la ciudad hasta que desde lo alto seáis investidos de fuerza [332].

50Y los sacó fuera hasta frente a Betania y, alzando sus manos, los bendijo [333].

51Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue elevado hacia el cielo.

52Ellos lo adoraron y se volvieron a Jerusalén con gran gozo.

53Y estaban constantemente en el Templo, alabando y bendiciendo a Dios [334].

Comentarios de Mons. Straubinger

Comunidad de Oración

¿Deseas profundizar en la Palabra de Dios cada día?

Recibe gratis cada semana el Evangelio meditado, guías de Lectio Divina y subsidios litúrgicos directamente en tu correo electrónico.




Recursos Bíblicos y Litúrgicos Relacionados

Biblioteca Sagrada
Portal de la Santa Biblia Católica
Directorio general de los 73 libros canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento.




Subir