Evangelio según San Juan: Biblia Católica Completa

Evangelio según San Juan
Texto íntegro en la traducción católica de Monseñor Juan Straubinger, con notas patrísticas y exegéticas. 21 capítulos completos con acceso directo por versículos.
Introducción Canónica y Teológica
San Juan, natural de Betsaida de Galilea, fue hermano de Santiago el Mayor, hijos ambos de Zebedeo, y de Salomé, hermana de la Virgen Santísima. Siendo primeramente discípulo de San Juan Bautista y buscando con todo corazón el reino de Dios, siguió después a Jesús, y llegó a ser pronto su discípulo predilecto. Desde la Cruz, el Señor le confió su Santísima Madre, de la cual Juan, en adelante, cuidó como de la propia.
Juan era aquel discípulo "al cual Jesús amaba" y que en la última Cena estaba "recostado sobre el pecho de Jesús" (Juan 13, 23), como amigo de su corazón y testigo íntimo de su amor y de sus penas.
Después de la Resurrección se quedó Juan en Jerusalén como una de las "columnas de la Iglesia" (Gálatas 2, 9), y más tarde se trasladó a Éfeso del Asia Menor. Desterrado por el emperador Domiciano (81-95) a la isla de Patmos, escribió allí el Apocalipsis. A la muerte del tirano pudo regresar a Éfeso, ignorándose la fecha y todo detalle de su muerte (cf. Juan 21, 23 y nota).
Además del Apocalipsis y tres Epístolas, compuso a fines del primer siglo, es decir, unos 30 años después de los Sinópticos y de la caída del Templo, este Evangelio, que tiene por objeto robustecer la fe en la mesianidad y divinidad de Jesucristo, a la par que sirve para completar los Evangelios anteriores, principalmente desde el punto de vista espiritual, pues ha sido llamado el Evangelista del amor.
Su lenguaje es de lo más alto que nos ha legado la Escritura Sagrada, como ya lo muestra el prólogo, que, por la sublimidad sobrenatural de su asunto, no tiene semejante en la literatura de la Humanidad.
#### PRÓLOGO
Toca un número para ir al capítulo
Capítulo 1
1En el principio el Verbo era, y el Verbo era junto a Dios, y el Verbo era Dios [1].
2Él era, en el principio, junto a Dios:
3Por Él, todo fue hecho, y sin Él nada se hizo de lo que ha sido hecho.
4En Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres.
5Y la luz luce en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron [2].
6Apareció un hombre, enviado de Dios, que se llamaba Juan [3].
7Él vino como testigo, para dar testimonio acerca de la luz, a fin de que todos creyesen por Él.
8Él no era la luz, sino para dar testimonio acerca de la luz.
9La verdadera luz, la que alumbra a todo hombre, venía [4] a este mundo.
10Él estaba en el mundo; por Él, el mundo había sido hecho, y el mundo no lo conoció.
11Él vino a lo suyo, y los suyos no lo recibieron.
12Pero a todos los que lo recibieron, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios: a los que creen en su nombre [5].
13Los cuales no han nacido de la sangre, ni del deseo de la carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios [6].
14Y el Verbo se hizo carne, y puso su morada entre nosotros —y nosotros vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre— lleno de gracia y de verdad [7].
I. Preparación para la vida pública de jesús
Testimonio del Bautista
15Juan da testimonio de él, y clama: "De Este dije yo: El que viene después de mí, se me ha adelantado porque Él existía antes que yo".
16Y de su plenitud hemos recibido todos, a saber, una gracia correspondiente a su gracia [8].
17Porque la Ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad han venido por Jesucristo [9].
18Nadie ha visto jamás a Dios; el Dios, Hijo único, que es en el seno del Padre, Ese le ha dado a conocer [10].
19Y he aquí el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron a él, desde Jerusalén, sacerdotes y levitas para preguntarle: "¿Quién eres tú?" [11].
20Él confesó y no negó; y confesó: "Yo no soy el Cristo" [12].
21Le preguntaron: "¿Entonces qué?¿Eres tú Elías?" Dijo: "No lo soy". "¿Eres el Profeta?" Respondió: "No" [13].
22Le dijeron entonces: "¿Quién eres tú? para que demos una respuesta a los que nos han enviado. ¿Qué dices de ti mismo?"
23Él dijo: "Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías".
24Había también enviados de entre los fariseos.
25Ellos le preguntaron: "¿Por qué, pues, bautizas, si no eres ni el Cristo, ni Elías, ni el Profeta?"
26Juan les respondió: "Yo, por mi parte, bautizo con agua; pero en medio de vosotros está uno que vosotros no conocéis [14],
27que viene después de mí, y al cual yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia".
28Esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.
Los primeros discípulos de Jesús
29Al día siguiente vio a Jesús que venía hacia él, y dijo: "He aquí el cordero de Dios, que lleva el pecado del mundo [15].
30Este es Aquel de quien yo dije: En pos de mí viene un varón que me ha tomado la delantera, porque Él existía antes que yo.
31Yo no lo conocía, mas yo vine a bautizar en agua, para que Él sea manifestado a Israel".
32Y Juan dio testimonio, diciendo: "He visto al Espíritu descender como paloma del cielo, y se posó sobre Él.
33Ahora bien, yo no lo conocía, pero Él que me envió a bautizar con agua, me había dicho: "Aquel sobre quien vieres descender el Espíritu y posarse sobre Él, Ese es el que bautiza en Espíritu Santo".
34Y bien: he visto, y testifico que Él es el Hijo de Dios" [16].
35Al día siguiente, Juan estaba otra vez allí, como también dos de sus discípulos;
36y fijando su mirada sobre Jesús que pasaba, dijo: "He aquí el Cordero de Dios".
37Los dos discípulos, oyéndolo hablar (así), siguieron a Jesús.
38Jesús, volviéndose y viendo que lo seguían, les dijo: "¿Qué queréis?" Le dijeron: Rabí, —que se traduce: Maestro—, ¿dónde moras?"
39Él les dijo: "Venid y veréis". Fueron entonces y vieron dónde moraba, y se quedaron con Él ese día. Esto pasaba alrededor de la hora décima.
40Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído (la palabra) de Juan y que habían seguido (a Jesús). [17]
41Él encontró primero a su hermano Simón y le dijo: "Hemos hallado al Mesías —que se traduce: "Cristo".
42Lo condujo a Jesús, y Jesús poniendo sus ojos en él, dijo: "Tú eres Simón, hijo de Juan: tú te llamarás Kefas —que se traduce: Pedro" [18].
43Al día siguiente resolvió partir para Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: "Sígueme".
44Era Felipe de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro.
45Felipe encontró a Natanael y le dijo: "A Aquel de quien Moisés habló en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: es Jesús, hijo de José, de Nazaret" [19].
46Natanael le replicó: "¿De Nazaret puede salir algo bueno?" Felipe le dijo: "Ven y ve".
47Jesús vio a Natanael que se le acercaba, y dijo de él: "He aquí, en verdad, un israelita sin doblez" [20].
48Díjole Natanael: "¿De dónde me conoces?" Jesús le respondió: "Antes de que Felipe te llamase, cuando estabas bajo la higuera te vi".
49Natanael le dijo: "Rabí, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel".
50Jesús le respondió: "Porque te dije que te vi debajo de la higuera, crees. Verás todavía más".
51Y le dijo: "En verdad, en verdad os digo: Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre" [21].
II. Vida pública de jesús
Capítulo 2
Las bodas de Caná
1Al tercer día hubo unas bodas en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús.
2Jesús también fue invitado a estas bodas, como asimismo sus discípulos.
3Y llegando a faltar vino, la madre de Jesús le dijo: "No tienen vino".
4Jesús le dijo: "¿Qué (nos va en esto) a Mí y a ti, mujer? Mi hora no ha venido todavía" [22].
5Su madre dijo a los sirvientes: "Cualquier cosa que Él os diga, hacedla".
6Había allí seis tinajas de piedra para las purificaciones de los judíos, que contenían cada una dos o tres metretas [23].
7Jesús les dijo: "Llenad las tinajas de agua"; y las llenaron hasta arriba.
8Entonces les dijo: "Ahora sacad y llevad al maestresala"; y le llevaron.
9Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, cuya procedencia ignoraba —aunque la conocían los sirvientes que habían sacado el agua—, llamó al novio
10y le dijo: "Todo el mundo sirve primero el buen vino, y después, cuando han bebido bien, el menos bueno; pero tú has conservado el buen vino hasta este momento".
11Tal fue el comienzo que dio Jesús a sus milagros, en Caná de Galilea; y manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en Él.
Defensa del templo
12Después de esto descendió a Cafarnaúm con su madre, sus hermanos [24] y sus discípulos, y se quedaron allí no muchos días.
13La Pascua de los judíos estaba próxima, y Jesús subió a Jerusalén.
14En el Templo encontró a los mercaderes de bueyes, de ovejas y de palomas, y a los cambistas sentados (a sus mesas) [25].
15Y haciendo un azote de cuerdas, arrojó del Templo a todos, con las ovejas y los bueyes; desparramó las monedas de los cambistas y volcó sus mesas.
16Y a los vendedores de palomas les dijo: "Quitad esto de aquí; no hagáis de la casa de mi Padre un mercado" [26].
17Y sus discípulos se acordaron de que está escrito: "El celo de tu Casa me devora" [27].
18Entonces los judíos le dijeron: "¿Qué señal nos muestras, ya que haces estas cosas?" [28].
19Jesús les respondió: "Destruid este Templo, y en tres días Yo lo volveré a levantar" [29].
20Replicáronle los judíos: "Se han empleado cuarenta y seis años en edificar este Templo, ¿y Tú, en tres días lo volverás a levantar?"
21Pero Él hablaba del Templo de su cuerpo.
22Y cuando hubo resucitado de entre los muertos, sus discípulos se acordaron de que había dicho esto, y creyeron a la Escritura y a la palabra que Jesús había dicho.
23Mientras Él estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los milagros que hacía.
24Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque a todos los conocía [30],
25y no necesitaba de informes acerca del hombre, conociendo por sí mismo lo que hay en el hombre.
Capítulo 3
El nuevo nacimiento por la fe
1Había un hombre de los fariseos, llamado Nicodemo, principal entre los judíos [31].
2Vino de noche a encontrarle y le dijo: "Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro, porque nadie puede hacer los milagros que Tú haces, si Dios no está con él".
3Jesús le respondió: "En verdad, en verdad, te digo, si uno no nace de lo alto, no puede ver el reino de Dios" [32].
4Nicodemo le dijo: "¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Puede acaso entrar en el seno de su madre y nacer de nuevo?"
5Jesús le respondió: "En verdad, en verdad, te digo, si uno no nace del agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de los cielos [33].
6Lo nacido de la carne, es carne; y lo nacido del espíritu, es espíritu.
7No te admires de que te haya dicho: "Os es necesario nacer de lo alto".
8El viento sopla donde quiere; tú oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene, ni adónde va. Así acontece con todo aquel que ha nacido del espíritu" [34].
9A lo cual Nicodemo le dijo: "¿Cómo puede hacerse esto?"
10Jesús le respondió: "¿Tú eres el doctor de Israel, y no entiendes esto?
11En verdad, en verdad, te digo: nosotros hablamos lo que sabemos, y atestiguamos lo que hemos visto, y vosotros no recibís nuestro testimonio.
12Si cuando os digo las cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo creeréis si os digo las cosas del cielo? [35]
13Nadie ha subido al cielo, sino Aquel que descendió del cielo, el Hijo del hombre.
14Y como Moisés, en el desierto, levantó la serpiente, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado [36].
15Para que todo el que cree tenga en Él vida eterna".
La revelación máxima
16Porque así amó Dios al mundo: hasta dar su Hijo único, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna [37].
17Porque no envió Dios su Hijo al mundo para juzgar al mundo [38], sino para que el mundo por Él sea salvo.
18Quien cree en, Él, no es juzgado, mas quien no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
19Y este es el juicio: que la luz ha venido al mundo, y los hombres han amado más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas [39].
20Porque todo el que obra mal, odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprobadas.
21Al contrario, el que pone en práctica la verdad, viene a la luz, para que se vea que sus obras están hechas en Dios.
Nuevo testimonio del Bautista
22Después de esto fue Jesús con sus discípulos al territorio de Judea y allí se quedó con ellos, y bautizaba.
23Por su parte, Juan bautizaba en Ainón, junto a Salim, donde había muchas aguas, y se le presentaban las gentes y se hacían bautizar [40];
24porque Juan no había sido todavía aprisionado.
25Y algunos discípulos de Juan tuvieron una discusión con un judío a propósito de la purificación.
26Y fueron a Juan, y le dijeron: "Rabí, Aquel que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, mira que también bautiza, y todo el mundo va a Él".
27Juan les respondió: "No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo.
28Vosotros mismos me sois testigos de que yo he dicho: *No soy yo el Mesías, sino que he sido enviado delante de Él*.
29El que tiene la esposa, es el esposo. El amigo del esposo, que está a su lado y le oye, experimenta una gran alegría con la voz del esposo. Esta alegría, que es la mía, está, pues, cumplida [41].
30Es necesario que Él crezca y que yo disminuya [42].
31El que viene de lo alto, está por encima de todos. Quien viene de la tierra, es terrenal y habla de lo terrenal. Aquel que viene del cielo está por encima de todos.
32Lo que ha visto y oído, eso testifica, ¡y nadie admite su testimonio!
33Pero el que acepta su testimonio ha reconocido auténticamente que Dios es veraz.
34Aquel a quien Dios envió dice las palabras de Dios; porque Él no da con medida el Espíritu.
35El Padre ama al Hijo y le ha entregado pleno poder.
36Quien cree al Hijo tiene vida eterna; quien no quiere creer al Hijo no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él" [43].
Capítulo 4
La samaritana
1Cuando el Señor supo que los fariseos estaban informados de que Jesús hacía más discípulos y bautizaba más que Juan —
2aunque Jesús mismo no bautizaba, sino sus discípulos—
3abandonó la Judea y se volvió a Galilea.
4Debía, pues, pasar por Samaria.
5Llegó a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la posesión que dio Jacob a su hijo José.
6Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, pues, fatigado [44] del viaje, se sentó así junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.
7Vino una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dijo: "Dame de beber".
8Entretanto, sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar víveres [45].
9Entonces la samaritana le dijo: "¿Cómo Tú, judío, me pides de beber a mí que soy mujer samaritana?" Porque los judíos no tienen comunicación con los samaritanos [46].
10Jesús le respondió y dijo: "Si tú conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice: *Dame de beber*, quizá tú le hubieras pedido a Él, y Él te habría dado agua viva" [47].
11Ella le dijo: "Señor, Tú no tienes con qué sacar, y el pozo es hondo; ¿de dónde entonces tienes esa agua viva?
12Acaso eres Tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebió él mismo, y sus hijos y sus ganados?"
13Respondiole Jesús: "Todos los que beben de esta agua, tendrán de nuevo sed;
14mas quien beba el agua que Yo le daré, no tendrá sed nunca, sino que el agua que Yo le daré se hará en él fuente de agua surgente para vida eterna" [48].
15Díjole la mujer: "Señor, dame esa agua, para que no tenga más sed, ni tenga más que venir a sacar agua" [49].
16Él le dijo: "Ve a buscar a tu marido, y vuelve aquí".
17Replicole la mujer y dijo: "No tengo marido". Jesús le dijo: "Bien has dicho: *No tengo marido*;
18porque cinco maridos has tenido, y el hombre que ahora tienes, no es tu marido; has dicho la verdad".
19Díjole la mujer: "Señor, veo que eres profeta.
20Nuestros padres adoraron sobre este monte; según vosotros, en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar".
21Jesús le respondió: "Mujer, créeme a Mí, porque viene la hora, en que ni sobre este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre [50].
22Vosotros, adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos [51].
23Pero la hora viene, y ya ha llegado, en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad [52]; porque también el Padre desea que los que adoran sean tales.
24Dios es espíritu, y los que lo adoran, deben adorarlo en espíritu y en verdad" [53].
25Díjole la mujer: "Yo sé que el Mesías —es decir el Cristo— ha de venir. Cuando Él venga, nos instruirá en todo".
26Jesús le dijo: "Yo lo soy. Yo que te hablo".
27En este momento llegaron los discípulos, y quedaron admirados de que hablase con una mujer. Ninguno, sin embargo, le dijo: "¿Qué preguntas?" o "¿Qué hablas con ella?"
28Entonces la mujer, dejando su cántaro [54], se fue a la ciudad, y dijo a los hombres:
29"Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿no será este el Cristo?"
30Y salieron de la ciudad para ir a encontrarlo.
31Entretanto los discípulos le rogaron: "Rabí, come".
32Pero Él les dijo: "Yo tengo un manjar para comer, que vosotros no conocéis".
33Y los discípulos se decían entre ellos: "¿Alguien le habrá traído de comer?"
34Mas Jesús les dijo: "Mi alimento es hacer la voluntad de Aquel que me envió y dar cumplimiento a su obra [55].
35¿No decís vosotros: Todavía cuatro meses, y viene la siega? Y bien, Yo os digo: Levantad vuestros ojos, y mirad los campos, que ya están blancos para la siega [56].
36El que siega, recibe su recompensa y recoge la mies para la vida eterna, para que el que siembra se regocije al mismo tiempo que el que siega.
37Pues en esto se verifica el proverbio: *Uno es el que siembra, otro el que siega*.
38Yo os he enviado a cosechar lo que vosotros no habéis labrado. Otros labraron, y vosotros habéis entrado en (posesión del fruto de) sus trabajos".
39Muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por la palabra de la mujer que testificaba diciendo: "Él me ha dicho todo cuanto he hecho" [57].
40Cuando los samaritanos vinieron a Él, le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.
41Y muchos más creyeron a causa de su palabra [58],
42y decían a la mujer: "Ya no creemos a causa de tus palabras; nosotros mismos lo hemos oído, y sabemos que Él es verdaderamente el Salvador del mundo".
Jesús en Galilea
43Pasados aquellos dos días, partió para Galilea.
44Ahora bien, Jesús mismo atestiguó que ningún profeta es honrado en su patria [59].
45Cuando llegó a Galilea, fue recibido por los galileos, que habían visto todas las grandes cosas hechas por Él en Jerusalén durante la fiesta; porque ellos también habían ido a la fiesta.
Curación del hijo del cortesano
46Fue, pues, otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había un cortesano cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm.
47Cuando él oyó que Jesús había vuelto de Judea a Galilea, se fue a encontrarlo, y le rogó que bajase para sanar a su hijo, porque estaba para morir.
48Jesús le dijo: "¡Si no veis signos y prodigios, no creeréis!" [60].
49Respondiole el cortesano: "Señor, baja antes que muera mi hijo".
50Jesús le dijo: "Ve, tu hijo vive". Creyó este hombre a la palabra que le dijo Jesús y se puso en marcha [61].
51Ya bajaba, cuando encontró a algunos de sus criados que le dijeron que su hijo vivía.
52Preguntoles, entonces, la hora en que se había puesto mejor. Y le respondieron: "Ayer, a la hora séptima, le dejó la fiebre".
53Y el padre reconoció que esta misma era la hora en que Jesús le había dicho: "Tu hijo vive". Y creyó él, y toda su casa.
54Este fue el segundo milagro que hizo Jesús vuelto de Judea a Galilea.
Capítulo 5
El paralítico de la piscina
1Después de esto llegó una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén [62].
2Hay en Jerusalén, junto a la (puerta) de las Ovejas una piscina llamada en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos.
3Allí estaban tendidos una cantidad de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, que aguardaban que el agua se agitase.
4[Porque un ángel bajaba de tiempo en tiempo y agitaba el agua; y el primero que entraba después del movimiento del agua, quedaba sano de su mal, cualquiera que este fuese] [63].
5Y estaba allí un hombre, enfermo desde hacía treinta y ocho años.
6Jesús, viéndolo tendido y sabiendo que estaba enfermo hacía mucho tiempo, le dijo: "¿Quieres ser sanado?"
7El enfermo le respondió: "Señor, yo no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando el agua se agita; mientras yo voy, otro baja antes que yo".
8Díjole Jesús: "Levántate, toma tu camilla y anda".
9Al punto quedó sanado, tomó su camilla, y se puso a andar.
Discusión sobre el sábado
Ahora bien, aquel día era sábado:
10Dijeron, pues, los judíos al hombre curado: "Es sábado; no te es lícito llevar tu camilla".
11Él les respondió: "El que me sanó, me dijo: Toma tu camilla y anda".
12Le preguntaron: "¿Quién es el que te dijo: Toma tu camilla y anda?"
13El hombre sanado no lo sabía, porque Jesús se había retirado a causa del gentío que había en aquel lugar.
14Después de esto lo encontró Jesús en el Templo y le dijo: "Mira que ya estás sano; no peques más, para que no te suceda algo peor" [64].
15Fuese el hombre y dijo a los judíos que el que lo había sanado era Jesús.
16Por este motivo atacaban los judíos a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.
17Él les respondió: "Mi Padre continúa obrando, y Yo obro también" [65].
18Con lo cual los judíos buscaban todavía más hacerlo morir, no solamente porque no observaba el sábado, sino porque llamaba a Dios su padre, igualándose de este modo a Dios.
Jesús se declara Hijo de Dios
19Entonces Jesús respondió y les dijo: "En verdad, en verdad, os digo, el Hijo no puede por Sí mismo hacer nada, sino lo que ve hacer al Padre; pero lo que Este hace, el Hijo lo hace igualmente.
20Pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que Él hace; y le mostrará aún cosas más grandes que estas, para asombro vuestro.
21Como el Padre resucita a los muertos y les devuelve la vida, así también el Hijo devuelve la vida a quien quiere.
22Y el Padre no juzga a nadie, sino que ha dado todo el juicio al Hijo [66],
23a fin de que todos honren al Hijo como honran al Padre. Quien no honra al Hijo, no honra al Padre que lo ha enviado.
24En verdad, en verdad, os digo: El que escucha mi palabra y cree a Aquel que me envió, tiene vida eterna y no viene a juicio [67], sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.
25En verdad, en verdad, os digo, vendrá el tiempo, y ya estamos en él, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y aquellos que la oyeren, revivirán [68].
26Porque así como el Padre tiene la vida en Sí mismo, ha dado también al Hijo el tener la vida en Sí mismo.
27Le ha dado también el poder de juzgar, porque es Hijo del hombre.
28No os asombre esto, porque vendrá el tiempo en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz;
29y saldrán los que hayan hecho el bien, para resurrección de vida; y los que hayan hecho el mal, para resurrección de juicio.
30Por Mí mismo Yo no puedo hacer nada. Juzgo según lo que oigo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió [69].
31Si Yo doy testimonio de Mí mismo, mi testimonio no es verdadero [70].
32Pero otro es el que da testimonio de Mí, y sé que el testimonio que da acerca de Mí es verdadero.
33Vosotros enviasteis legados a Juan, y él dio testimonio a la verdad [71].
34Pero no es que de un hombre reciba Yo testimonio, sino que digo esto para vuestra salvación [72].
35Él era antorcha que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis regocijaros un momento a su luz.
36Pero el testimonio que Yo tengo es mayor que el de Juan, porque las obras que el Padre me ha dado para llevar a cabo, y que precisamente Yo realizo, dan testimonio de Mí, que es el Padre quien me ha enviado [73].
37El Padre que me envió, dio testimonio de Mí. Y vosotros ni habéis jamás oído su voz, ni visto su semblante,
38ni tampoco tenéis su palabra morando en vosotros, puesto que no creéis a quien Él envió.
39Escudriñad las Escrituras, ya que pensáis tener en ellas la vida eterna: son ellas las que dan testimonio de Mí [74],
40¡y vosotros no queréis venir a Mí para tener vida!
41Gloria de los hombres no recibo [75],
42sino que os conozco (y sé) que no tenéis en vosotros el amor de Dios [76].
43Yo he venido en el nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, ¡a ese lo recibiréis! [77]
44¿Cómo podéis vosotros creer, si admitís alabanza los unos de los otros, y la gloria que viene del único Dios no la buscáis? [78]
45No penséis que soy Yo quien os va a acusar delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quien habéis puesto vuestra esperanza.
46Si creyeseis a Moisés, me creeríais también a Mí, pues de Mí escribió Él [79].
47Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?"
Capítulo 6
Primera multiplicación de los panes
1Después de esto, pasó Jesús al otro lado del mar de Galilea, o de Tiberíades [80].
2Y le seguía un gran gentío, porque veían los milagros que hacía con los enfermos.
3Entonces Jesús subió a la montaña y se sentó con sus discípulos.
4Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.
5Jesús, pues, levantando los ojos y viendo que venía hacia Él una gran multitud, dijo a Felipe: "¿Dónde compraremos pan para que estos tengan qué comer?" [81].
6Decía esto para ponerlo a prueba, pues Él, por su parte, bien sabía lo que iba a hacer.
7Felipe le respondió: "Doscientos denarios de pan no les bastarían para que cada uno tuviera un poco".
8Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Pedro, le dijo:
9"Hay aquí un muchachito que tiene cinco panes de cebada y dos peces. Pero ¿qué es esto para tanta gente?"
10Mas Jesús dijo: "Haced que los hombres se sienten". Había mucha hierba en aquel lugar. Se acomodaron, pues, los varones, en número como de cinco mil.
11Tomó, entonces, Jesús los panes, y habiendo dado gracias, los repartió a los que estaban recostados, y también del pescado, cuanto querían [82].
12Cuando se hubieron hartado dijo a sus discípulos: "Recoged los trozos que sobraron, para que nada se pierda" [83].
13Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes, que sobraron a los que habían comido [84].
14Entonces aquellos hombres, a la vista del milagro que acababa de hacer, dijeron: "Este es verdaderamente el profeta, el que ha de venir al mundo" [85].
15Jesús sabiendo, pues, que vendrían a apoderarse de Él para hacerlo rey, se alejó de nuevo a la montaña, Él solo [86].
Jesús anda sobre las aguas
16Cuando llegó la tarde, bajaron sus discípulos al mar.
17Y subiendo a la barca, se fueron al otro lado del mar, hacia Cafarnaúm, porque ya se había hecho oscuro, y Jesús no había venido aún a ellos.
18Mas se levantó un gran viento y el mar se puso agitado.
19Y después de haber avanzado veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús, que caminaba sobre el mar aproximándose a la barca, y se asustaron.
20Pero Él les dijo: "No tengáis miedo".
21Entonces se decidieron a recibirlo en la barca, y en seguida la barca llegó a la orilla, adonde querían ir [87].
22Al día siguiente, la muchedumbre que permaneció al otro lado del mar, notó que había allí una sola barca, y que Jesús no había subido en ella con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían ido solos.
23Mas llegaron barcas de Tiberíades junto al lugar donde habían comido el pan, después de haber el Señor dado gracias.
Discurso sobre el pan de vida y la Eucaristía
24Cuando, pues, la muchedumbre vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron en las barcas, y fueron a Cafarnaúm, buscando a Jesús.
25Y al encontrarlo del otro lado del mar, le preguntaron: "Rabí, ¿cuándo llegaste aquí?"
26Jesús les respondió y dijo: "En verdad, en verdad, os digo, me buscáis, no porque visteis milagros, sino porque comisteis de los panes y os hartasteis [88].
27Trabajad, no por el manjar que pasa, sino por el manjar que perdura para la vida eterna, y que os dará el Hijo del hombre, porque a Este ha marcado con su sello el Padre, Dios" [89].
28Ellos le dijeron: "¿Qué haremos, pues, para hacer las obras de Dios?"
29Jesús, les respondió y dijo: "La obra de Dios es que creáis en Aquel a quien Él envió" [90].
30Entonces le dijeron: "¿Qué milagro haces Tú, para que viéndolo creamos en Ti? ¿Qué obra haces? [91]
31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: *Les dio de comer un pan del cielo*" [92].
32Jesús les dijo: "En verdad, en verdad, os digo, Moisés no os dio el pan del cielo; es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo [93].
33Porque el pan de Dios es Aquel que desciende del cielo y da la vida al mundo" [94].
34Le dijeron: "Señor, danos siempre este pan" [95].
35Respondioles Jesús: "Soy Yo el pan de vida; quien viene a Mí, no tendrá más hambre, y quien cree en Mí, nunca más tendrá sed [96].
36Pero, os lo he dicho: a pesar de que me habéis visto, no creéis.
37Todo lo que me da el Padre vendrá a Mí, y al que venga a Mí, no lo echaré fuera, ciertamente [97],
38porque bajé del cielo para hacer no mi voluntad, sino la voluntad del que me envió [98].
39Ahora bien, la voluntad del que me envió, es que no pierda Yo nada de cuanto Él me ha dado, sino que lo resucite en el último día [99].
40Porque esta es la voluntad del Padre: que todo aquel que contemple al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna; y Yo lo resucitaré en el último día" [100].
41Entonces los judíos se pusieron a murmurar contra Él, porque había dicho: "Yo soy el pan que bajó del cielo" [101];
42y decían: "No es este Jesús, el Hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo, pues, ahora dice: *Yo he bajado del cielo?*"
43Jesús les respondió y dijo: "No murmuréis entre vosotros.
44Ninguno puede venir a Mí, si el Padre que me envió, no lo atrae; y Yo lo resucitaré en el último día [102].
45Está escrito en los profetas: *Serán todos enseñados por Dios*. Todo el que escuchó al Padre y ha aprendido, viene a Mí.
46No es que alguien haya visto al Padre, sino Aquel que viene de Dios, Ese ha visto al Padre [103].
47En verdad, en verdad, os digo, el que cree tiene vida eterna.
48Yo soy el pan de vida.
49Los padres vuestros comieron en el desierto el maná y murieron.
50He aquí el pan, el que baja del cielo para que uno coma de él y no muera.
51Yo soy el pan, el vivo, el que bajó del cielo. Si uno come de este pan vivirá para siempre, y por lo tanto el pan que Yo daré es la carne mía para la vida del mundo" [104].
52Empezaron entonces los judíos a discutir entre ellos y a decir: "¿Cómo puede este darnos la carne a comer?"
53Díjoles, pues, Jesús: "En verdad, en verdad, os digo, si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis la sangre del mismo, no tenéis vida en vosotros.
54El que de Mí come la carne y de Mí bebe la sangre, tiene vida eterna y Yo le resucitaré en el último día [105].
55Porque la carne mía verdaderamente es comida y la sangre mía verdaderamente es bebida.
56El que de Mí come la carne y de Mí bebe la sangre, en Mí permanece y Yo en él.
57De la misma manera que Yo, enviado por el Padre viviente, vivo por el Padre, así el que me come, vivirá también por Mí [106].
58Este es el pan bajado del cielo, no como aquel que comieron los padres, los cuales murieron. El que come este pan vivirá eternamente".
59Esto dijo en Cafarnaúm, hablando en la sinagoga [107].
Confesión de Pedro
60Después de haberlo oído, muchos de sus discípulos dijeron: "Dura es esta doctrina: ¿Quién puede escucharla?" [108].
61Jesús, conociendo interiormente que sus discípulos murmuraban sobre esto, les dijo: "¿Esto os escandaliza? [109]
62¿Y si viereis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? [110]
63El espíritu es el que vivifica; la carne para nada aprovecha. Las palabras que Yo os he dicho, son espíritu y son vida [111].
64Pero hay entre vosotros quienes no creen". Jesús, en efecto, sabía desde el principio, quiénes eran los que creían, y quién lo había de entregar.
65Y agregó: "He ahí por qué os he dicho que ninguno puede venir a Mí, si esto no le es dado por el Padre" [112].
66Desde aquel momento muchos de sus discípulos volvieron atrás y dejaron de andar con Él.
67Entonces Jesús dijo a los Doce: "¿Queréis iros también vosotros?"
68Simón Pedro le respondió: "Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna [113].
69Y nosotros hemos creído y sabemos que Tú eres el Santo de Dios".
70Jesús les dijo: "¿No fui Yo acaso quien os elegí a vosotros los doce? ¡Y uno de vosotros es diablo!" [114]
71Lo decía por Judas Iscariote, hijo de Simón, pues él había de entregarlo: él, uno de los Doce.
Capítulo 7
Viaje de Jesús a Jerusalén
1Después de esto, Jesús anduvo por Galilea; pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo [115].
2Estando próxima la fiesta judía de los Tabernáculos [116],
3sus hermanos le dijeron: "Trasládate a Judea, para que tus discípulos también (allí) vean que obras haces.
4Ninguno esconde las propias obras cuando él mismo desea estar en evidencia. Ya que Tú haces tales obras, muéstrate al mundo".
5Efectivamente, ni sus mismos hermanos creían en Él [117].
6Jesús, por tanto, les respondió: "El tiempo no ha llegado aún para Mí; para vosotros siempre está a punto [118].
7El mundo no puede odiaros a vosotros; a Mí, al contrario, me odia, porque Yo testifico contra él que sus obras son malas.
8Id, vosotros, a la fiesta; Yo, no voy a esta fiesta, porque mi tiempo aún no ha llegado".
9Dicho esto, se quedó en Galilea.
10Pero, después que sus hermanos hubieron subido a la fiesta, Él también subió, mas no ostensiblemente, sino como en secreto.
11Buscábanle los judíos durante la fiesta y decían: "¿Dónde está Aquel?"
12Y se cuchicheaba mucho acerca de Él en el pueblo. Unos decían: "Es un hombre de bien". "No, decían otros, sino que extravía al pueblo".
13Pero nadie expresaba públicamente su parecer sobre Él, por miedo a los judíos [119].
Carácter divino de la doctrina de Cristo
14Estaba ya mediada la fiesta, cuando Jesús subió al Templo, y se puso a enseñar.
15Los judíos estaban admirados y decían: "¿Cómo sabe este letras, no habiendo estudiado?"
16Replicoles Jesús y dijo: "Mi doctrina no es mía, sino del que me envió.
17Si alguno quiere cumplir Su voluntad, conocerá si esta doctrina viene de Dios, o si Yo hablo por mi propia cuenta [120].
18Quien habla por su propia cuenta, busca su propia gloria, pero quien busca la gloria del que lo envió, ese es veraz, y no hay en él injusticia [121].
19¿No os dio Moisés la Ley? Ahora bien, ninguno de vosotros observa la Ley. (Entonces) ¿por qué tratáis de quitarme la vida?" [122].
20La turba le contestó: "Estas endemoniado. ¿Quién trata de quitarte la vida?"
21Jesús les respondió y dijo: "Una sola obra he hecho, y por ello estáis desconcertados todos [123].
22Moisés os dio la circuncisión —no que ella venga de Moisés, sino de los patriarcas— y la practicáis en día de sábado.
23Si un hombre es circuncidado en sábado, para que no sea violada la Ley de Moisés: ¿cómo os encolerizáis contra Mí, porque en sábado sané a un hombre entero?
24No juzguéis según las apariencias, sino que vuestro juicio sea justo.
Origen del Mesías
25Entonces algunos hombres de Jerusalén se pusieron a decir: "¿No es Este a quien buscan para matarlo?
26Y ved cómo habla en público sin que le digan nada. ¿Será que verdaderamente habrán reconocido los jefes que Él es el Mesías?
27Pero sabemos de dónde es Este [124]; mientras que el Mesías, cuando venga, nadie sabrá de dónde es".
28Entonces Jesús, enseñando en el Templo, clamó y dijo: "Sí, vosotros me conocéis y sabéis de dónde soy; pero es que Yo no he venido de Mí mismo; mas El que me envió, es verdadero; y a Él vosotros no lo conocéis [125].
29Yo sí que lo conozco, porque soy de junto a Él, y es Él quien me envió".
30Buscaban [126], entonces, apoderarse de Él, pero nadie puso sobre Él la mano, porque su hora no había llegado aún.
Intento de prender a Jesús
31De la gente, muchos creyeron en Él, y decían: "Cuando el Mesías venga, ¿hará más milagros que los que Este ha hecho?"
32Oyeron los fariseos estos comentarios de la gente acerca de Él; y los sumos sacerdotes con los fariseos enviaron satélites para prenderlo.
33Entonces Jesús dijo: "Por un poco de tiempo todavía estoy con vosotros; después me voy a Aquel que me envió.
34Me buscaréis y no me encontraréis, porque donde Yo estaré, vosotros no podéis ir".
35Entonces los judíos se dijeron unos a otros: "¿Adónde, pues, ha de ir, que nosotros no lo encontraremos? ¿Irá a los que están dispersos entre los griegos o irá a enseñar a los griegos?
36¿Qué significan las palabras que acaba de decir: Me buscaréis y no me encontraréis, y donde Yo estaré, vosotros no podéis ir?"
Promesa del agua viva
37Ahora bien, el último día, el más solemne de la fiesta, Jesús poniéndose de pie, clamó: "Si alguno tiene sed venga a Mí, y beba [127]
38quien cree en Mí. Como ha dicho la Escritura: *de su seno manarán torrentes de agua viva*.
39Dijo esto del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en Él: pues aún no había Espíritu, por cuanto Jesús no había sido todavía glorificado [128].
40Algunos del pueblo, oyendo estas palabras, decían: "A la verdad, Este es el profeta".
41Otros decían: "Este es el Cristo"; pero otros decían: "Por ventura ¿de Galilea ha de venir el Cristo?
42¿No ha dicho la Escritura que el Cristo ha de venir del linaje de David, y de Belén, la aldea de David?" [129]
43Se produjo así división en el pueblo a causa de Él.
Testimonio de los satélites y de Nicodemo
44Algunos de entre ellos querían apoderarse de Él, pero nadie puso sobre Él la mano.
45Volvieron, pues, los satélites a los sumos sacerdotes y fariseos, los cuales les preguntaron: ¿Por qué no lo habéis traído?"
46Respondieron los satélites: "¡Nadie jamás habló como este hombre!"
47A lo cual los fariseos les dijeron: "¿También vosotros habéis sido embaucados?
48¿Acaso hay alguien entre los jefes o entre los fariseos que haya creído en Él? [130]
49Pero esa turba, ignorante de la Ley, son unos malditos".
50Mas Nicodemo, el que había venido a encontrarlo anteriormente [131], y que era uno de ellos, les dijo:
51"¿Permite nuestra Ley condenar a alguien antes de haberlo oído y de haber conocido sus hechos?"
52Le respondieron y dijeron: "¿También tú eres de Galilea? Averigua y verás que de Galilea no se levanta ningún profeta" [132].
53Y se fueron cada uno a su casa.
Capítulo 8
La mujer adúltera
1Y Jesús se fue al Monte de los Olivos [133].
2Por la mañana reapareció en el Templo y todo el pueblo vino a Él, y sentándose les enseñaba.
3Entonces los escribas y los fariseos llevaron una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio,
4le dijeron: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante delito de adulterio.
5Ahora bien, en la Ley, Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Y Tú, qué dices?" [134]
6Esto decían para ponerlo en apuros, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir en el suelo, con el dedo.
7Como ellos persistían en su pregunta, se enderezó y les dijo: "Aquel de vosotros que esté sin pecado, tire el primero la piedra contra ella".
8E inclinándose de nuevo, se puso otra vez a escribir en el suelo [135].
9Pero ellos, después de oír aquello, se fueron uno por uno, comenzando por los más viejos, hasta los postreros, y quedó Él solo, con la mujer que estaba en medio [136].
10Entonces Jesús, levantándose, le dijo: "Mujer, ¿dónde están ellos? ¿Ninguno te condenó?"
11"Ninguno, Señor", respondió ella. Y Jesús le dijo: "Yo no te condeno tampoco. Vete, desde ahora no peques más".
Jesús, la luz del mundo
12Jesús les habló otra vez, y dijo: "Yo soy la luz del mundo. El que me siga, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" [137].
13Le dijeron, entonces, los fariseos: "Tú te das testimonio a Ti mismo; tu testimonio no es verdadero" [138].
14Jesús les respondió y dijo: "Aunque Yo doy testimonio de Mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde vengo y adónde voy; mas vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy.
15Vosotros juzgáis carnalmente; Yo no juzgo a nadie [139];
16y si Yo juzgo, mi juicio es verdadero, porque no soy Yo solo, sino Yo y el Padre que me envió.
17Está escrito también en vuestra Ley que el testimonio de dos hombres es verdadero [140].
18Ahora bien, para dar testimonio de Mí, estoy Yo mismo y el Padre que me envió".
19Ellos le dijeron: "¿Dónde está tu Padre?" Jesús respondió: "Vosotros no conocéis ni a Mí ni a mi Padre; si me conocieseis a Mí, conoceríais también a mi Padre".
20Dijo esto junto al Tesoro, enseñando en el Templo. Y nadie se apoderó de Él, porque su hora no había llegado aún.
Incredulidad de los judíos
21De nuevo les dijo: "Yo me voy y vosotros me buscaréis, mas moriréis en vuestro pecado. Adonde Yo voy, vosotros no podéis venir".
22Entonces los judíos dijeron: "Acaso va a matarse, pues que dice: Adonde Yo voy, vosotros no podéis venir".
23Y Él les dijo: "Vosotros sois de abajo; Yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo; Yo no soy de este mundo [141].
24Por esto, os dije que moriréis en vuestros pecados. Sí, si no creéis que Yo soy (el Cristo), moriréis en vuestros pecados" [142].
25Entonces le dijeron: "Pues ¿quién eres?" Respondioles Jesús: "Eso mismo que os digo desde el principio [143].
26Tengo mucho que decir y juzgar de vosotros. Pues El que me envió es veraz, y lo que Yo oí a Él, esto es lo que enseño al mundo".
27Ellos no comprendieron que les estaba hablando del Padre.
28Jesús les dijo pues: "Cuando hayáis alzado al Hijo del hombre, entonces conoceréis que soy Yo (el Cristo), y que de Mí mismo no hago nada, sino que hablo como mi Padre me enseñó [144].
29El que me envió, está conmigo. El no me ha dejado solo, porque Yo hago siempre lo que le agrada".
30Al decir estas cosas, muchos creyeron en Él [145].
La verdad nos hace libres
31Jesús dijo entonces a los judíos que le habían creído: "Si permanecéis en mi palabra [146], sois verdaderamente mis discípulos,
32y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" [147].
33Replicáronle: "Nosotros somos la descendencia de Abrahán, y jamás hemos sido esclavos de nadie; ¿cómo, pues, dices Tú, llegaréis a ser libres?" [148]
34Jesús les respondió: "En verdad, en verdad, os digo, todo el que comete pecado es esclavo [del pecado] [149].
35Ahora bien, el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo queda para siempre.
36Si, pues, el Hijo os hace libres, seréis verdaderamente libres.
37Bien sé que sois la posteridad de Abrahán, y sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros.
38Yo digo lo que he visto junto a mi Padre; y vosotros, hacéis lo que habéis aprendido de vuestro padre" [150].
39Ellos le replicaron diciendo: "Nuestro padre es Abrahán". Jesús les dijo: "Si fuerais hijos de Abrahán, haríais las obras de Abrahán.
40Sin embargo, ahora tratáis de matarme a Mí, hombre que os he dicho la verdad que aprendí de Dios. ¡No hizo esto Abrahán!
41Vosotros hacéis las obras de vuestro padre". Dijéronle: "Nosotros no hemos nacido del adulterio; no tenemos más que un padre: ¡Dios!"
42Jesús les respondió: "Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais a Mí, porque Yo salí y vine de Dios. No vine por Mí mismo sino que Él me envió.
43¿Por qué, pues, no comprendéis mi lenguaje? Porque no podéis sufrir mi palabra [151].
44Vosotros sois hijos del diablo, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Él fue homicida desde el principio, y no permaneció en la verdad, porque no hay nada de verdad en él. Cuando profiere la mentira, habla de lo propio, porque él es mentiroso y padre de la mentira [152].
45Y a Mí porque os digo la verdad, no me creéis.
46¿Quién de vosotros puede acusarme de pecado? Y entonces; si digo la verdad, ¿por qué no me creéis?
47El que es de Dios, escucha las palabras de Dios; por eso no la escucháis vosotros, porque no sois de Dios".
Nuevas diatribas de los judíos
48A lo cual los judíos respondieron diciéndole: "¿No tenemos razón, en decir que Tú eres un samaritano y un endemoniado?" [153]
49Jesús repuso: "Yo no soy un endemoniado, sino que honro a mi Padre, y vosotros me estáis ultrajando.
50Mas Yo no busco mi gloria; hay quien la busca y juzgará [154].
51En verdad, en verdad, os digo, si alguno guardare mi palabra, no verá jamás la muerte" [155].
52Respondiéronle los judíos "Ahora sabemos que estás endemoniado. Abrahán murió, los profetas también; y tú dices: "Si alguno guardare mi palabra no gustará jamás la muerte".
53¿Eres tú, pues, más grande que nuestro padre Abrahán, el cual murió? Y los profetas también murieron; ¿quién te haces a Ti mismo?"
54Jesús respondió: "Si Yo me glorifico a Mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es quien me glorifica: Aquel de quien vosotros decís que es vuestro Dios [156];
55mas vosotros no lo conocéis. Yo sí que lo conozco, y si dijera que no lo conozco, sería mentiroso como vosotros, pero lo conozco y conservo su palabra.
56Abrahán, vuestro padre, exultó por ver mi día; y lo vio y se llenó de gozo" [157].
57Dijéronle, pues, los judíos: "No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?"
58Díjoles Jesús: "En verdad, en verdad os digo: Antes que Abrahán existiera, Yo soy" [158].
59Entonces tomaron piedras para arrojarlas sobre Él. Pero Jesús se ocultó y salió del Templo.
Capítulo 9
Curación del ciego de nacimiento
1Al pasar vio a un hombre, ciego de nacimiento.
2Sus discípulos le preguntaron: "Rabí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que naciese ciego?" [159]
3Jesús les respondió: "Ni él ni sus padres, sino que ello es para que las obras de Dios sean manifestadas en él.
4Es necesario que cumplamos las obras del que me envió, mientras es de día; viene la noche, en que ya nadie puede obrar.
5Mientras estoy en el mundo, soy luz de (este) mundo" [160].
6Habiendo dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva y le untó los ojos con el barro.
7Después le dijo: "Ve a lavarte a la piscina del Siloé" [161], que se traduce "El Enviado". Fue, pues, se lavó y volvió con vista.
8Entonces los vecinos y los que antes lo habían visto —pues era mendigo— dijeron: "¿No es este el que estaba sentado y pedía limosna?"
9Unos decían: "Es él"; otros: "No es él, sino que se le parece". Pero él decía: "Soy yo".
10Entonces le preguntaron: "Cómo, pues, se abrieron tus ojos"
11Respondió: "Aquel hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó con él los ojos y me dijo: "Ve al Siloé y lávate". Fui, me lavé y vi".
12Le preguntaron: "¿Dónde está Él?" Respondió: "No lo sé".
13Llevaron, pues, a los fariseos al que antes había sido ciego.
14Ahora bien, el día en que Jesús había hecho barro y le había abierto los ojos era sábado.
15Y volvieron a preguntarle los fariseos cómo había llegado a ver. Les respondió: "Puso barro sobre mis ojos, y me lavé, y veo".
16Entonces entre los fariseos, unos dijeron: "Ese hombre no es de Dios, porque no observa el sábado". Otros, empero, dijeron: "¿Cómo puede un pecador hacer semejante milagro?" Y estaban en desacuerdo.
17Entonces preguntaron nuevamente al ciego: "Y tú, ¿qué dices de Él por haberte abierto los ojos?" Respondió: "Es un profeta" [162].
18Mas los judíos no creyeron que él hubiese sido ciego y que hubiese recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista.
19Les preguntaron: "¿Es este vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? Pues, ¿cómo ve ahora?"
20Los padres respondieron: "Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego;
21pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos; y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco sabemos. Preguntádselo a él: edad tiene, él hablará por sí mismo".
22Los padres hablaron así, porque temían a los judíos. Pues estos se habían ya concertado para que quienquiera lo reconociese como Cristo, fuese excluido de la Sinagoga.
23Por eso sus padres dijeron: "Edad tiene, preguntadle a él".
24Entonces llamaron por segunda vez al que había sido ciego, y le dijeron: "¡Da gloria a Dios! Nosotros sabemos que este hombre es pecador".
25Mas él repuso: "Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que yo era ciego, y que al presente veo".
26A lo cual le preguntaron otra vez: "¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?"
27Contestoles: "Ya os lo he dicho, y no lo escuchasteis. ¿Para qué queréis oírlo de nuevo? ¿Queréis acaso vosotros también haceros sus discípulos?" [163]
28Entonces lo injuriaron y le dijeron: "Tú sé su discípulo; nosotros somos los discípulos de Moisés.
29Nosotros sabemos que Dios habló a Moisés; pero este, no sabemos de dónde es".
30Les replicó el hombre y dijo: "He aquí lo que causa admiración, que vosotros no sepáis de dónde es Él, siendo así que me ha abierto los ojos [164].
31Sabemos que Dios no oye a los pecadores, pero al que es piadoso y hace su voluntad, a ese le oye.
32Nunca jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento.
33Si Él no fuera de Dios, no podría hacer nada".
34Ellos le respondieron diciendo: "En pecados naciste todo tú, ¿y nos vas a enseñar a nosotros?" Y lo echaron fuera [165].
Los ciegos verán y los videntes cegarán
35Supo Jesús que lo habían arrojado, y habiéndolo encontrado, le dijo: "¿Crees tú en el Hijo del hombre?"
36Él respondió y dijo: "¿Quién es, Señor, para que crea en Él?"
37Díjole Jesús: "Lo estás viendo, es quien te habla" [166].
38Y él repuso: "Creo, Señor", y lo adoró.
39Entonces Jesús dijo: "Yo he venido a este mundo para un juicio: para que vean los que no ven; y los que ven queden ciegos" [167].
40Al oír esto, algunos fariseos que se encontraban con Él, le preguntaron: "¿Acaso también nosotros somos ciegos?"
41Jesús les respondió: "Si fuerais ciegos, no tendríais pecado. Pero ahora que decís: *vemos*, vuestro pecado persiste" [168].
Capítulo 10
El Buen Pastor
1"En verdad, en verdad, os digo, quien no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es un ladrón y un salteador [169].
2Mas el que entra por la puerta, es el pastor de las ovejas.
3A este le abre el portero, y las ovejas oyen su voz, y él llama por su nombre a las ovejas propias, y las saca fuera [170].
4Cuando ha hecho salir todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen porque conocen su voz [171].
5Mas al extraño no le seguirán, antes huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños" [172].
6Tal es la parábola, que les dijo Jesús, pero ellos no comprendieron de qué les hablaba.
7Entonces Jesús prosiguió: "En verdad, en verdad, os digo, Yo soy la puerta de las ovejas.
8Todos cuantos han venido antes que Yo son ladrones y salteadores, mas las ovejas no los escucharon [173].
9Yo soy la puerta, si alguno entra por Mí, será salvo; podrá ir y venir y hallará pastos.
10El ladrón no viene sino para robar, para degollar, para destruir. Yo he venido para que tengan vida y vida sobreabundante.
11Yo soy el pastor, el Bueno. El buen pastor pone su vida por las ovejas [174].
12Mas el mercenario, el que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, viendo venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa;
13porque es mercenario y no tiene interés en las ovejas.
14Yo soy el pastor bueno, y conozco las mías, y las mías me conocen,
15—así como el Padre me conoce y Yo conozco al Padre— y pongo mi vida por mis ovejas.
16Y tengo otras ovejas que no son de este aprisco. A esas también tengo que traer; ellas oirán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor [175].
17Por esto me ama el Padre, porque Yo pongo mi vida para volver a tomarla [176].
18Nadie me la puede quitar, sino que Yo mismo la pongo. Tengo el poder de ponerla, y tengo el poder de recobrarla. Tal es el mandamiento que recibí de mi Padre" [177].
Jesús confirma su misión mesiánica y su filiación divina
19Y de nuevo los judíos se dividieron a causa de estas palabras.
20Muchos decían: "Es un endemoniado, está loco. ¿Por qué lo escucháis?" [178]
21Otros decían: "Estas palabras no son de un endemoniado. ¿Puede acaso un demonio abrir los ojos de los ciegos?"
22Llegó entre tanto la fiesta de la Dedicación en Jerusalén. Era invierno [179],
23y Jesús se paseaba en el Templo, bajo el pórtico de Salomón.
24Lo rodearon, entonces, y le dijeron: "¿Hasta cuándo tendrás nuestros espíritus en suspenso? Si Tú eres el Mesías, dínoslo claramente".
25Jesús les replicó: "Os lo he dicho, y no creéis. Las obras que Yo hago en el nombre de mi Padre, esas son las que dan testimonio de Mí.
26Pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas.
27Mis ovejas oyen mi voz, Yo las conozco y ellas me siguen.
28Y Yo les daré vida eterna, y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano.
29Lo que mi Padre me dio es mayor que todo, y nadie lo puede arrebatar de la mano de mi Padre [180].
30Yo y mi Padre somos uno" [181].
31De nuevo los judíos recogieron piedras para lapidarlo.
32Entonces Jesús les dijo: "Os he hecho ver muchas obras buenas, que son de mi Padre. ¿Por cuál de ellas queréis apedrearme?"
33Los judíos le respondieron: "No por obra buena te apedreamos, sino porque blasfemas, y siendo hombre, te haces a Ti mismo Dios".
34Respondioles Jesús: "¿No está escrito en vuestra Ley: *Yo dije: sois dioses?* [182]
35Si ha llamado dioses a aquellos a quienes fue dirigida la palabra de Dios —y la Escritura no puede ser anulada [183] —
36¿cómo de Aquel que el Padre consagró y envió al mundo, vosotros decís: *Blasfemas*, porque dije: *Yo soy el Hijo de Dios?* [184]
37Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis;
38pero ya que las hago, si no queréis creerme, creed al menos, a esas obras, para que sepáis y conozcáis que el Padre es en Mí, y que Yo soy en el Padre".
39Entonces trataron de nuevo de apoderarse de Él, pero se escapó de entre sus manos [185].
40Y se fue nuevamente al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado primero, y allí se quedó.
41Y muchos vinieron a Él, y decían: "Juan no hizo milagros, pero todo lo que dijo de Este, era verdad".
42Y muchos allí creyeron en Él.
Capítulo 11
La resurrección de Lázaro
1Había uno que estaba enfermo, Lázaro de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana.
2María era aquella que ungió con perfumes al Señor y le enjugó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro estaba, pues, enfermo [186].
3Las hermanas le enviaron a decir: "Señor, el que Tú amas está enfermo" [187].
4Al oír esto, Jesús dijo: "Esta enfermedad no es mortal, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea por ella glorificado".
5Y Jesús amaba a Marta y a su hermana y a Lázaro.
6Después de haber oído que estaba enfermo se quedó aún dos días allí donde se encontraba.
7Solo entonces dijo a sus discípulos: "Volvamos a Judea".
8Sus discípulos le dijeron: "Rabí, hace poco te buscaban los judíos para lapidarte, ¿y Tú vuelves allá?"
9Jesús repuso: "¿No tiene el día doce horas? Si uno anda de día, no tropieza, porque tiene luz de este mundo [188].
10Pero si anda de noche, tropieza, porque no tiene luz".
11Así habló Él; después les dijo: "Lázaro nuestro amigo, se ha dormido; pero voy a ir a despertarlo".
12Dijéronle los discípulos: "Señor, si duerme, sanará".
13Mas Jesús había hablado de su muerte, y ellos creyeron que hablaba del sueño.
14Entonces Jesús les dijo claramente: "Lázaro ha muerto.
15Y me alegro de no haber estado allí a causa de vosotros, para que creáis. Pero vayamos a él".
16Entonces Tomás, el llamado Dídimo, dijo a los otros discípulos: "Vayamos también nosotros a morir con Él" [189].
17Al llegar, oyó Jesús que llevaba ya cuatro días en el sepulcro.
18Betania se encuentra cerca de Jerusalén, a unos quince estadios [190].
19Muchos judíos habían ido a casa de Marta y María para consolarlas por causa de su hermano.
20Cuando Marta supo que Jesús llegaba, fue a su encuentro, en tanto que María se quedó en casa.
21Marta dijo, pues, a Jesús: "Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano.
22Pero sé que lo que pidieres a Dios, te lo concederá" [191].
23Díjole Jesús: "Tu hermano resucitará".
24Marta repuso: "Sé que resucitará en la resurrección en el último día" [192].
25Replicole Jesús: "Yo soy la resurrección y la vida; quien cree en Mí, aunque muera, revivirá [193].
26Y todo viviente y creyente en Mí, no morirá jamás. ¿Lo crees tú?"
27Ella le respondió: "Sí, Señor. Yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de, Dios, el que viene a este mundo" [194].
28Dicho esto, se fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en secreto [195]: "El maestro está ahí y te llama".
29Al oír esto, ella se levantó apresuradamente, y fue a Él.
30Jesús no había llegado todavía a la aldea, sino que aún estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado.
31Los judíos que estaban con María en la casa, consolándola, al verla levantarse tan súbitamente y salir, le siguieron, pensando que iba a la tumba para llorar allí.
32Cuando María llegó al lugar donde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies, y le dijo: "Señor, si Tú hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano".
33y Jesús, viéndola llorar, y llorar también a los judíos que la acompañaban se estremeció en su espíritu, y se turbó a sí mismo.
34Y dijo: "¿Dónde lo habéis puesto?" Le respondieron: "Señor, ven a ver".
36Los judíos dijeron: "¡Cuánto lo amaba!"
37Algunos de entre ellos, sin embargo, dijeron: "El que abrió los ojos del ciego, ¿no podía hacer que este no muriese?"
38Jesús de nuevo estremeciéndose en su espíritu, llegó a la tumba: era una cueva; y tenía una piedra puesta encima.
39Y dijo Jesús: "Levantad la piedra". Marta, hermana del difunto, le observó: "Señor, hiede ya, porque es el cuarto día".
40Repúsole Jesús: "¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de Dios?"
41Alzaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: "Padre, te doy gracias por haberme oído.
42Bien sabía que siempre me oyes, mas lo dije por causa del pueblo que me rodea, para que crean que eres Tú quien me has enviado".
43Cuando hubo hablado así, clamó a gran voz: "¡Lázaro, ven fuera!"
44Y el muerto salió, ligados los brazos y las piernas con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: "Desatadlo, y dejadlo ir" [197].
Profecía de Caifás
45Muchos judíos, que habían venido a casa de María, viendo lo que hizo, creyeron en Él.
46Algunos de entre ellos, sin embargo, se fueron de allí a encontrar a los fariseos, y les dijeron lo que Jesús había hecho.
47Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos reunieron un consejo y dijeron: "¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchos milagros.
48Si le dejamos continuar, todo el mundo va a creer en Él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro Lugar (santo) y también nuestro pueblo".
49Pero uno de ellos, Caifás, que era Sumo Sacerdote en aquel año, les dijo: "Vosotros no entendéis nada,
50y no discurrís que os es preferible que un solo hombre muera por todo el pueblo, antes que todo el pueblo perezca".
51Esto, no lo dijo por sí mismo, sino que, siendo Sumo Sacerdote en aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación [198],
52y no por la nación solamente, sino también para congregar en uno a todos los hijos de Dios dispersos.
53Desde aquel día tomaron la resolución de hacerlo morir.
54Por esto Jesús no anduvo más, ostensiblemente, entre los judíos, sino que se fue a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y se quedó allí con sus discípulos [199].
55Estaba próxima la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subieron a Jerusalén antes de la Pascua, para purificarse.
56Y, en el Templo, buscaban a Jesús, y se preguntaban unos a otros: "¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?"
57Entre tanto, los sumos sacerdotes y los fariseos habían impartido órdenes para que quienquiera supiese dónde estaba, lo manifestase, a fin de apoderarse de Él.
Capítulo 12
María unge a Jesús
1Jesús, seis días antes de la Pascua, vino a Betania donde estaba Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos.
2Le dieron allí una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con Él.
3Entonces María tomó una libra de ungüento de nardo puro de gran precio ungió con él los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos, y el olor del ungüento llenó toda la casa [200].
4Judas el Iscariote, uno de sus discípulos, el que había de entregarlo, dijo:
5"¿Por qué no se vendió este ungüento en trescientos denarios, y se dio para los pobres?"
6No dijo esto porque se cuidase de los pobres, sino porque era ladrón; y como él tenía la bolsa, sustraía lo que se echaba en ella [201].
7Mas Jesús dijo: "Déjala, que para el día de mi sepultura lo guardaba.
8Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, mas a Mí no siempre me tenéis".
9Entre tanto una gran multitud de judíos supieron que Él estaba allí, y vinieron, no por Jesús solo, sino también para ver a Lázaro, a quien Él había resucitado de entre los muertos.
10Entonces los sumos sacerdotes tomaron la resolución de matar también a Lázaro [202],
11porque muchos judíos, a causa de él, se alejaban y creían en Jesús.
Entrada triunfal en Jerusalén
12Al día siguiente, la gran muchedumbre de los que habían venido a la fiesta, enterados de que Jesús venía a Jerusalén [203],
13tomaron ramas de palmeras, y salieron a su encuentro; y clamaban: "¡Hosanna! ¡Bendito sea el que viene en nombre del Señor y el rey de Israel!"
14Y Jesús hallando un pollino, montó sobre él, según está escrito:
15"No temas, hija de Sión, he aquí que tu rey viene, montado sobre un asnillo".
16Esto no entendieron sus discípulos al principio; mas cuando Jesús fue glorificado, se acordaron de que esto había sido escrito de Él, y que era lo que habían hecho con Él.
17Entre tanto el gentío que estaba con Él cuando llamó a Lázaro de la tumba y lo resucitó de entre los muertos, daba testimonio de ello.
18Y por eso la multitud le salió al encuentro, porque habían oído que Él había hecho este milagro.
19Entonces los fariseos se dijeron unos a otros: "Bien veis que no adelantáis nada. Mirad cómo todo el mundo se va tras Él".
Paganos quieren ver a Jesús
20Entre los que subían para adorar en la fiesta, había algunos griegos [204].
21Estos se acercaron a Felipe, que era de Betsaida en Galilea, y le hicieron este ruego: "Señor, deseamos ver a Jesús".
22Felipe fue y se lo dijo a Andrés; y los dos fueron a decirlo a Jesús.
23Jesús les respondió y dijo: "¿Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado?" [205]
24En verdad, en verdad, os digo: si el grano de trigo arrojado en tierra no muere, se queda solo; mas si muere, produce fruto abundante [206].
25Quien ama su alma, la pierde; y quien aborrece su alma en este mundo, la conservará para vida eterna.
26Si alguno me quiere servir, sígame, y allí donde Yo estaré, mi servidor estará también; si alguno me sirve, el Padre lo honrará".
Testimonio del Padre
27"Ahora mi alma está turbada: ¿y qué diré? ¿Padre, presérvame de esta hora? ¡Mas precisamente para eso he llegado a esta hora! [207]
28Padre glorifica tu nombre". Una voz, entonces, bajó del cielo: "He glorificado ya, y glorificaré aún" [208].
29La muchedumbre que ahí estaba y oyó, decía que había sido un trueno; otros decían: "Un ángel le ha hablado" [209].
30Entonces Jesús respondió y dijo: "Esta voz no ha venido por Mí, sino por vosotros.
31Ahora es el juicio de este mundo, ahora el príncipe de este mundo será expulsado [210].
32Y Yo, una vez levantado de la tierra, lo atraeré todo hacia Mí" [211].
33Decía esto para indicar de cuál muerte había de morir.
34El pueblo le replicó: "Nosotros sabemos por la Ley que el Mesías morará entre nosotros para siempre; entonces, ¿cómo puedes Tú decir que es necesario que el Hijo del hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del hombre?" [212]
35Jesús les dijo: "Poco tiempo está aún la luz entre vosotros; mientras tenéis la luz, caminad, no sea que las tinieblas os sorprendan; el que camina en tinieblas, no sabe adónde va [213].
36Mientras tenéis la luz, creed en la luz, para volveros hijos de la luz". Después de haber dicho esto, Jesús se alejó y se ocultó de ellos [214].
Anuncio de la incredulidad
37Mas a pesar de los milagros tan grandes que Él había hecho delante de ellos, no creían en Él [215].
38Para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías que dijo: "Señor, ¿quién ha creído a lo que oímos (de Ti) y el brazo del Señor, ¿a quién ha sido manifestado?" [216]
39Ellos no podían creer, porque Isaías también dijo [217]:
40"Él ha cegado sus ojos y endurecido sus corazones, para que no vean con sus ojos, ni entiendan con su corazón, ni se conviertan, ni Yo los sane".
41Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y de Él habló.
Jesús, Legado divino
42Sin embargo, aun entre los jefes, muchos creyeron en Él, pero a causa de los fariseos, no (lo) confesaban, de miedo de ser excluidos de las sinagogas [218];
43porque amaron más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.
44Y Jesús clamó diciendo: "El que cree en Mí, no cree en Mí, sino en Aquel que me envió [219];
45y el que me ve, ve al que me envió [220].
46Yo la luz, he venido al mundo para que todo el que cree en Mí no quede en tinieblas [221].
47Si alguno oye mis palabras y nos las observa, Yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvarlo [222].
48El que me rechaza y no acepta mi palabra, ya tiene quien lo juzgará: la palabra que Yo he hablado, ella será la que lo condenará, en el último día [223].
49Porque Yo no he hablado por Mí mismo, sino que el Padre, que me envió, me prescribió lo que debo decir y enseñar [224];
50y sé que su precepto es vida eterna. Lo que Yo digo, pues, lo digo como el Padre me lo ha dicho".
III. Pláticas de despedida
Capítulo 13
Jesús lava los pies a sus discípulos
1Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora para que pasase de este mundo al Padre, como amaba a los suyos, los que estaban en el mundo, los amó hasta el fin [225].
2Y mientras cenaban, cuando el diablo había ya puesto en el corazón de Judas, el Iscariote, hijo de Simón, el entregarlo,
3sabiendo que su Padre todo se lo había dado a Él en las manos, que había venido de Dios y que a Dios volvía [226].
4se levantó de la mesa, se quitó sus vestidos [227], y se ciñó un lienzo.
5Luego, habiendo echado agua en un lebrillo, se puso a lavar los pies de sus discípulos y a enjugarlos con el lienzo con que estaba ceñido [228].
6Llegando a Simón Pedro, este le dijo: "Señor, ¿Tú lavarme a mí los pies?"
7Jesús le respondió: "Lo que Yo hago, no puedes comprenderlo ahora, pero lo comprenderás después.
8Pedro le dijo: "No, jamás me lavarás Tú los pies". Jesús le respondió. "Si Yo no te lavo, no tendrás nada de común conmigo" [229].
9Simón Pedro le dijo: "Entonces, Señor, no solamente los pies, sino también las manos y la cabeza".
10Jesús le dijo: "Quien está bañado, no necesita lavarse [más que los pies] [230], porque está todo limpio. Y vosotros estáis limpios, pero no todos".
11Él sabía, en efecto, quién lo iba a entregar; por eso dijo: "No todos estáis limpios".
12Después de lavarles los pies, tomó sus vestidos, se puso de nuevo a la mesa y les dijo: "¿Comprendéis lo que os he hecho?
13Vosotros me decís: *Maestro* y *Señor*, y decís bien, porque lo soy.
14Si, pues, Yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis unos a otros lavaros los pies [231],
15porque os he dado el ejemplo, para que hagáis como Yo os he hecho.
16En verdad, en verdad, os digo, no es el siervo más grande que su Señor ni el enviado mayor que quien lo envía.
17Sabiendo esto, seréis dichosos al practicarlo.
18No hablo de vosotros todos; Yo sé a quiénes escogí; sino para que se cumpla la Escritura: *El que come mi pan, ha levantado contra Mí su calcañar* [232].
19Desde ahora os lo digo, antes que suceda, a fin de que, cuando haya sucedido, creáis que soy Yo.
20En verdad, en verdad, os digo, quien recibe al que Yo enviare, a Mí me recibe; y quien me recibe a Mí, recibe al que me envió".
Jesús denuncia al traidor
21Habiendo dicho esto, Jesús se turbó en su espíritu y manifestó abiertamente: "En verdad, en verdad, os digo, uno de vosotros me entregará".
22Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo de quién hablaba.
23Uno de sus discípulos, aquel a quien Jesús amaba [233], estaba recostado a la mesa en el seno de Jesús.
24Simón Pedro dijo, pues, por señas a ese: "Di, quién es aquel de quien habla?"
25Y él, reclinándose así sobre el pecho de Jesús, le preguntó: "Señor, ¿quién es?"
26Jesús le respondió: "Es aquel a quien daré el bocado [234], que voy a mojar". Y mojando un bocado, lo tomó y se lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón.
27Y tras el bocado, en ese momento, entró en él Satanás. Jesús le dijo, pues: "Lo que haces, hazlo más pronto" [235].
28Mas ninguno de los que estaban a la mesa entendió a qué propósito le dijo esto.
29Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaron que Jesús le decía: "Compra lo que nos hace falta para la fiesta", o que diese algo a los pobres.
30En seguida que tomó el bocado, salió. Era de noche.
El mandamiento nuevo
31Cuando hubo salido, dijo Jesús: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado, y Dios glorificado en Él [236].
32Si Dios ha sido glorificado en Él, Dios también lo glorificará en Sí mismo, y lo glorificará muy pronto.
33Hijitos míos, ya no estaré sino poco tiempo con vosotros. Me buscaréis, y, como dije a los judíos, también lo digo a vosotros ahora: "Adonde Yo voy, vosotros no podéis venir".
34Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros: para que, así como Yo os he amado, vosotros también os améis unos a otros [237].
35En esto reconocerán todos que sois discípulos míos, si tenéis amor unos para otros".
Anuncia la negación de Pedro
36Simón Pedro le dijo: "Señor, ¿adónde vas?" Jesús le respondió: "Adonde Yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más tarde me seguirás" [238].
37Pedro le dijo: "¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por Ti".
38Respondió Jesús: "¿Tú darás tu vida por Mí?" En verdad, en verdad, te digo, no cantará el gallo hasta que tú me hayas negado tres veces" [239].
Capítulo 14
El supremo discurso de Jesús
1No se turbe vuestro corazón: creed en Dios, creed también en Mí [240].
2En la casa de mi Padre hay muchas moradas; y si no, os lo habría dicho, puesto que voy a preparar lugar para vosotros [241].
3Y cuando me haya ido y os haya preparado el lugar, vendré otra vez y os tomaré junto a Mí, a fin de que donde Yo estoy, estéis vosotros también [242].
4Y del lugar adonde Yo voy, vosotros sabéis el camino" [243].
5Díjole Tomás: "Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo, pues, sabremos el camino?"
6Jesús le replicó: "Soy Yo el camino, y la verdad, y la vida; nadie va al Padre, sino por Mí [244].
7Si vosotros me conocéis, conoceréis también a mi Padre. Más aún, desde ahora lo conocéis y lo habéis visto".
8Felipe le dijo: "Señor, muéstranos al Padre, y esto nos basta".
9Respondiole Jesús: "Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, ¿y tú no me has conocido, Felipe? El que me ha visto, ha visto a mi Padre. ¿Cómo puedes decir: Muéstranos al Padre?
10¿No crees que Yo soy en el Padre, y el Padre en Mí? Las palabras que Yo os digo, no las digo de Mí mismo; sino que el Padre, que mora en Mí, hace Él mismo sus obras [245].
11Creedme: Yo soy en el Padre, y el Padre en Mí; al menos, creed a causa de las obras mismas.
12En verdad, en verdad, os digo, quien cree en Mí, hará él también las obras que Yo hago, y aun mayores, porque Yo voy al Padre [246]
13y haré todo lo que pidiereis en mi nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo [247].
14Si me pedís cualquier cosa en mi nombre Yo la haré".
Promesa del Espíritu Santo
15"Si me amáis, conservaréis mis mandamientos [248].
16Y Yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Intercesor, que quede siempre con vosotros [249],
17el Espíritu de verdad, que el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce; mas vosotros lo conocéis, porque Él mora con vosotros y estará en vosotros [250].
18No os dejaré huérfanos; volveré a vosotros.
19Todavía un poco, y el mundo no me verá más, pero vosotros me volveréis a ver, porque Yo vivo, y vosotros viviréis.
20En aquel día conoceréis que Yo soy en mi Padre, y vosotros en Mí, y Yo en vosotros [251].
21El que tiene mis mandamientos y los conserva, ese es el que me ama; y quien me ama, será amado de mi Padre, y Yo también lo amaré, y me manifestaré a él" [252].
22Díjole Judas —no el Iscariote—: "Señor, ¿cómo es eso: que te has de manifestar a nosotros y no al mundo?"
23Jesús le respondió y dijo: "Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y en él haremos morada [253].
24El que no me ama no guardará mis palabras; y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió" [254].
Jesús da su propia paz
25"Os he dicho estas cosas durante mi permanencia con vosotros.
26Pero el intercesor, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, Él os lo enseñará todo, y os recordará todo lo que Yo os he dicho [255].
27Os dejo la paz, os doy la paz mía; no os doy Yo como da el mundo. No se turbe vuestro corazón, ni se amedrente.
28Acabáis de oírme decir: *Me voy y volveré a vosotros*. Si me amaseis, os alegraríais de que voy al Padre, porque el Padre es más grande que Yo [256].
29Os lo he dicho, pues, antes que acontezca, para que cuando esto se verifique, creáis.
30Ya no hablaré mucho con vosotros, porque viene el príncipe del mundo [257]. No es que tenga derecho contra Mí [258],
31pero es para que el mundo conozca que Yo amo al Padre, y que obro según el mandato que me dio el Padre. Levantaos, vamos de aquí".
Capítulo 15
La vid y los sarmientos
1"Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador.
2Todo sarmiento que, estando en Mí, no lleva fruto, lo quita, pero todo sarmiento que lleva fruto, lo limpia, para que lleve todavía más fruto [259].
3Vosotros estáis ya limpios, gracias a la palabra que Yo os he hablado [260].
4Permaneced en Mí, y Yo en vosotros. Así como el sarmiento no puede por sí mismo llevar fruto, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en Mí [261].
5Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. Quien permanece en Mí, y Yo en él, lleva mucho fruto, porque separados de Mí no podéis hacer nada [262].
6Si alguno no permanece en Mí, es arrojado fuera como los sarmientos, y se seca; después los recogen y los echan al fuego, y se queman [263].
7Si vosotros permanecéis en Mí, y mis palabras permanecen en vosotros, todo lo que queráis, pedidlo, y lo tendréis [264]:
8En esto es glorificado mi Padre: que llevéis mucho fruto, y seréis discípulos míos" [265].
Jesús declara cómo nos ama
9"Como mi Padre me amó, así Yo os he amado: permaneced en mi amor [266].
10Si conserváis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, lo mismo que Yo, habiendo conservado los mandamientos de mi Padre, permanezco en su amor.
11Os he dicho estas cosas, para que mi propio gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea cumplido [267].
12Mi mandamiento es que os améis unos a otros, como Yo os he amado.
13Nadie puede tener amor más grande que dar la vida por sus amigos.
14Vosotros sois mis amigos, si hacéis esto que os mando [268].
15Ya no os llamo más siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor, sino que os he llamado amigos, porque todo lo que aprendí de mi Padre, os lo he dado a conocer [269].
16Vosotros no me escogisteis a Mí; pero Yo os escogí, y os he designado para que vayáis, y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que el Padre os dé todo lo que le pidáis en mi nombre [270].
17Estas cosas os mando, para que os améis unos a otros".
Los discípulos serán odiados
18"Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a Mí antes que a vosotros [271].
19Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como vosotros no sois del mundo —porque Yo os he entresacado del mundo— el mundo os odia.
20Acordaos de esta palabra que os dije: No es el siervo más grande que su Señor. Si me persiguieron a Mí, también os perseguirán a vosotros; si observaron mi palabra, observarán [272] también la vuestra.
21Pero os harán todo esto a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió [273].
22Si Yo hubiera venido sin hacerles oír mi palabra, no tendrían pecado, pero ahora no tienen excusa por su pecado.
23Quien me odia a Mí odia también a mi Padre.
24Si Yo no hubiera hecho en medio de ellos las obras que nadie ha hecho, no tendrían pecado, mas ahora han visto, y me han odiado, lo mismo que a mi Padre.
25Pero es para que se cumpla la palabra escrita en su Ley: *Me odiaron sin causa* [274].
26Cuando venga el Intercesor [275], que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de Mí.
27Y vosotros también dad testimonio, pues desde el principio estáis conmigo".
Capítulo 16
Causa de la persecución
1"Os he dicho esto para que no os escandalicéis [276].
2Os excluirán de las sinagogas; y aun vendrá tiempo en que cualquiera que os quite la vida, creerá hacer un obsequio a Dios [277].
3Y os harán esto, porque no han conocido al Padre, ni a Mí.
4Os he dicho esto, para que, cuando el tiempo venga, os acordéis que Yo os lo había dicho. No os lo dije desde el comienzo, porque Yo estaba con vosotros [278].
5Y ahora Yo me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adónde vas? [279]
6sino que la tristeza ha ocupado vuestros corazones porque os he dicho esto.
7Sin embargo, os lo digo en verdad: Os conviene que me vaya; porque, si Yo no me voy, el Intercesor no vendrá a vosotros; mas si me voy, os lo enviaré [280].
8Y cuando Él venga, presentará querella al mundo, por capítulo de pecado, por capítulo de justicia, y por capítulo de juicio [281]:
9por capítulo de pecado, porque no han creído en Mí [282];
10por capítulo de justicia, porque Yo me voy a mi Padre, y vosotros no me veréis más [283];
11por capítulo de juicio, porque el príncipe de este mundo está juzgado [284].
12Tengo todavía mucho que deciros, pero no podéis soportarlo ahora.
13Cuando venga Aquel, el Espíritu de verdad, Él os conducirá a toda la verdad; porque Él no hablará por Sí mismo, sino que dirá lo que habrá oído, y os anunciará las cosas por venir [285].
14Él me glorificará, porque tomará de lo mío, y os (lo) declarará. Todo cuanto tiene el Padre es mío;
15por eso dije que Él tomará de lo mío, y os (lo) declarará".
Me volveréis a ver
16"Un poco de tiempo y ya no me veréis: y de nuevo un poco, y me volveréis a ver, porque me voy al Padre" [286].
17Entonces algunos de sus discípulos se dijeron unos a otros: "¿Qué es esto que nos dice: *Un poco, y ya no me veréis; y de nuevo un poco, y me volveréis a ver* y: *Me voy al Padre?*"
18Y decían: "¿Qué es este *poco* de que habla? No sabemos lo que quiere decir".
19Mas Jesús conoció que tenían deseo de interrogarlo, y les dijo: "Os preguntáis entre vosotros que significa lo que acabo de decir: *Un poco, y ya no me veréis, y de nuevo un poco, y me volveréis a ver*.
20En verdad, en verdad, os digo, vosotros vais a llorar y gemir, mientras que el mundo se va a regocijar. Estaréis contristados, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo.
21La mujer, en el momento de dar a luz, tiene tristeza, porque su hora ha llegado; pero, cuando su hijo ha nacido, no se acuerda más de su dolor, por el gozo de que ha nacido un hombre al mundo.
22Así también vosotros, tenéis ahora tristeza, pero Yo volveré a veros, y entonces vuestro corazón se alegrará y nadie os podrá quitar vuestro gozo.
23En aquel día no me preguntaréis más sobre nada. En verdad, en verdad, os digo, lo que pidiereis al Padre, Él os lo dará en mi nombre [287].
24Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre. Pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado" [288].
Tened confianza
25"Os he dicho estas cosas en parábolas; viene la hora en que no os hablaré más en parábolas, sino que abiertamente os daré noticia del Padre.
26En aquel día pediréis en mi nombre, y no digo que Yo rogaré al Padre por vosotros [289],
27pues el Padre os ama Él mismo, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que Yo vine de Dios.
28Salí del Padre, y vine al mundo; otra vez dejo el mundo, y retorno al Padre" [290].
29Dijéronle los discípulos: "He aquí que ahora nos hablas claramente y sin parábolas.
30Ahora sabemos que conoces todo, y no necesitas que nadie te interrogue. Por esto creemos que has venido de Dios".
31Pero Jesús les respondió: "¿Creéis ya ahora?
32Pues he aquí que viene la hora, y ya ha llegado, en que os dispersaréis cada uno por su lado, dejándome enteramente solo. Pero, Yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo.
33Os he dicho estas cosas, para que halléis paz en Mí. En el mundo pasáis apreturas, pero tened confianza: Yo he vencido al mundo".
Capítulo 17
Jesús ora por la gloria del Padre y por su propia glorificación
1Así habló Jesús [291]. Después, levantando sus ojos al cielo, dijo: "Padre, la hora es llegada; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a Ti [292];
2—conforme al señorío que le conferiste sobre todo el género humano— dando vida eterna a todos los que Tú le has dado.
3Y la vida eterna es: que te conozcan a Ti, solo Dios verdadero, y a Jesucristo Enviado tuyo [293].
4Yo te he glorificado a Ti sobre la tierra dando acabamiento a la obra que me confiaste para realizar.
5Y ahora Tú, Padre, glorifícame a Mí junto a Ti mismo, con aquella gloria que en Ti tuve antes que el mundo existiese" [294].
Ruega por los discípulos
6"Yo he manifestado tu Nombre [295] a los hombres que me diste (apartándolos) del mundo. Eran tuyos, y Tú me los diste, y ellos han conservado tu palabra.
7Ahora saben que todo lo que Tú me has dado viene de Ti [296].
8Porque las palabras que Tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han recibido y han conocido verdaderamente que Yo salí de Ti, y han creído que eres Tú quien me has enviado [297].
9Por ellos ruego; no por el mundo, sino por los que Tú me diste, porque son tuyos [298].
10Pues todo lo mío es tuyo, y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado.
11Yo no estoy ya en el mundo, pero estos quedan en el mundo mientras que Yo me voy a Ti. Padre Santo, por tu nombre, que Tú me diste, guárdalos para que sean uno como somos nosotros [299].
12Mientras Yo estaba con ellos, los guardaba por tu Nombre, que Tú me diste, y los conservé, y ninguno de ellos se perdió sino el hijo de perdición, para que la Escritura fuese cumplida [300].
13Mas ahora voy a Ti, y digo estas cosas estando (aún) en el mundo, para que ellos tengan en sí mismos el gozo cumplido que tengo Yo.
14Yo les he dado tu palabra y el mundo les ha tomado odio, porque ellos ya no son del mundo, así como Yo no soy del mundo.
15No ruego para que los quites del mundo, sino para que los preserves del Maligno [301].
16Ellos no son ya del mundo, así como Yo no soy del mundo.
17Santifícalos en la verdad [302]: la verdad es tu palabra.
18Como Tú me enviaste a Mí al mundo, también Yo los he enviado a ellos al mundo.
19Y por ellos me santifico Yo mismo, para que también ellos "sean santificados, en la verdad" [303].
Ruega por todos los que van a creer en él
20"Mas no ruego solo por ellos, sino también por aquellos que, mediante la palabra de ellos, crean en Mí [304],
21a fin de que todos sean uno, como Tú, Padre, en Mí y Yo en Ti, a fin de que también ellos sean en nosotros, para que el mundo crea que eres Tú el que me enviaste [305].
22Y la gloria que Tú me diste, Yo se la he dado a ellos, para que sean uno como nosotros somos Uno [306]:
23Yo en ellos y Tú en Mí, a fin de que sean perfectamente uno, y para que el mundo sepa que eres Tú quien me enviaste y los amaste a ellos como me amaste a Mí [307].
24Padre, aquellos que Tú me diste quiero que estén conmigo en donde Yo esté, para que vean la gloria mía, que Tú me diste, porque me amabas antes de la creación del mundo [308].
25Padre Justo, si el mundo no te ha conocido, te conozco Yo, y estos han conocido que eres Tú el que me enviaste [309],
26y Yo les hice conocer tu nombre, y se lo haré conocer para que el amor con que me has amado sea en ellos y Yo en ellos" [310].
IV. Pasión y muerte de jesús
Capítulo 18
Jesús es tomado preso
1Después de hablar así, se fue Jesús acompañado de sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con ellos [311].
2Y Judas, el que lo entregaba, conocía bien este lugar, porque Jesús y sus discípulos se habían reunido allí frecuentemente.
3Judas, pues, tomando a la guardia y a los satélites de los sumos sacerdotes y de los fariseos, llegó allí con linternas y antorchas, y con armas.
4Entonces Jesús, sabiendo todo lo que le había de acontecer, se adelantó y les dijo: "¿A quién buscáis?"
5Respondiéronle: "A Jesús el Nazareno". Les dijo: "Soy Yo". Judas, que lo entregaba, estaba allí con ellos.
6No bien les hubo dicho: "Yo soy", retrocedieron y cayeron en tierra.
7De nuevo les preguntó: "¿A quién buscáis?" Dijeron: "A Jesús de Nazaret".
8Respondió Jesús: "Os he dicho que soy Yo. Por tanto si me buscáis a Mí, dejad ir a estos" [312];
9para que se cumpliese la palabra, que Él había dicho: "De los que me diste, no perdí ninguno" [313].
10Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó e hirió a un siervo del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El nombre del siervo era Malco.
11Mas Jesús dijo a Pedro: "Vuelve la espada a la vaina; ¿no he de beber el cáliz que me ha dado el Padre?"
Jesús ante Anás y Caifás. Negación de Pedro
12Entonces la guardia, el tribuno y los satélites de los judíos prendieron a Jesús y lo ataron.
13Y lo condujeron primero a Anás [314], porque este era el suegro de Caifás, el cual era Sumo Sacerdote en aquel año. [Pero Anás lo envió atado a Caifás, el Sumo Sacerdote] [315].
14Caifás era aquel que había dado a los judíos el consejo: "Conviene que un solo hombre muera por el pueblo".
15Entretanto Simón Pedro seguía a Jesús como también otro discípulo. Este discípulo, por ser conocido del Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el palacio del Pontífice [316];
16mas Pedro permanecía fuera, junto a la puerta Salió, pues, aquel otro discípulo, conocido del Sumo Sacerdote, habló a la portera, y trajo adentro a Pedro.
17Entonces, la criada portera dijo a Pedro: "¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?" Él respondió: "No soy".
18Estaban allí de pie, calentándose, los criados y los satélites, que habían encendido un fuego, porque hacía frío. Pedro estaba también en pie con ellos y se calentaba.
19El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y sobre su enseñanza.
20Jesús le respondió: "Yo he hablado al mundo públicamente; enseñé en las sinagogas y en el Templo, adonde concurren todos los judíos, y nada he hablado a escondidas [317].
21¿Por qué me interrogas a Mí? Pregunta a los que han oído, qué les he enseñado; ellos saben lo que Yo he dicho" [318].
22A estas palabras, uno de los satélites, que se encontraba junto a Jesús, le dio una bofetada, diciendo: ¿Así respondes Tú al Sumo Sacerdote?"
23Jesús le respondió: "Si he hablado mal, prueba en qué está el mal; pero si he hablado bien ¿por qué me golpeas?" [319]
25Entretanto Simón Pedro seguía allí calentándose, y le dijeron: "No eres tú también de sus discípulos?" Él lo negó y dijo: "No lo soy".
26Uno de los siervos del Sumo Sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dijo: "¿No te vi yo en el huerto con Él?"
27Pedro lo negó otra vez, y en seguida cantó un gallo.
Jesús ante Pilato
28Entonces condujeron a Jesús, de casa de Caifás, al pretorio: era de madrugada. Pero ellos no entraron en el pretorio, para no contaminarse, y poder comer la Pascua [321].
29Vino, pues, Pilato a ellos, afuera, y les dijo: "¿Qué acusación traéis contra este hombre?"
30Respondiéronle y dijeron: "Si no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado".
31Díjoles Pilato: "Entonces tomadlo y juzgadlo según vuestra Ley". Los judíos le respondieron: "A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie";
32para que se cumpliese la palabra por la cual Jesús significó de qué muerte había de morir [322].
33Pilato entró, pues, de nuevo en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: "¿Eres Tú el Rey de los judíos?"
34Jesús respondió: "¿Lo dices tú por ti mismo, o te lo han dicho otros de Mí?"
35Pilato repuso: "¿Acaso soy judío yo? Es tu nación y los pontífices quienes te han entregado a Mí. ¿Qué has hecho?"
36Replicó Jesús: "Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores combatirían a fin de que Yo no fuese entregado a los judíos. Mas ahora mi reino no es de aquí" [323].
37Díjole, pues, Pilato: "¿Conque Tú eres rey?" Contesto Jesús: "Tú lo dices: Yo soy rey. Yo para esto nací y para esto vine al mundo, a fin de dar testimonio a la verdad. Todo el que es de la verdad [324], escucha mi voz".
38Pilato le dijo: "¿Qué cosa es verdad?" [325].
Jesús y Barrabás
Apenas dicho esto, salió otra vez afuera y les dijo a los judíos: "Yo no encuentro ningún cargo contra él.
39Pero tenéis costumbre de que para Pascua os liberte a alguien. ¿Queréis, pues, que os deje libre al rey de los judíos?"
40Y ellos gritaron de nuevo: "No a él, sino a Barrabás". Barrabás era un ladrón.
Capítulo 19
Jesús azotado y coronado de espinas
1Entonces, pues, Pilato tomó a Jesús y lo hizo azotar [326].
2Luego los soldados trenzaron una corona de espinas, que le pusieron sobre la cabeza, y lo vistieron con un manto de púrpura.
3Y acercándose a Él, decían: "¡Salve, rey de los judíos!" y le daban bofetadas.
Ecce Homo
4Pilato salió otra vez afuera, y les dijo: "Os lo traigo fuera, para que sepáis que yo no encuentro contra Él ningún cargo".
5Entonces Jesús salió fuera, con la corona de espinas y el manto de púrpura, y (Pilato) les dijo: "¡He aquí al hombre!"
6Los sumos sacerdotes y los satélites, desde que lo vieron, se pusieron a gritar: "¡Crucifícalo, crucifícalo!" Pilato les dijo: "Tomadlo vosotros, y crucificadlo; porque yo no encuentro en Él ningún delito" [327].
7Los judíos le respondieron: "Nosotros tenemos una Ley, y según esta Ley, debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios".
8Ante estas palabras, aumentó el temor de Pilato [328].
9Volvió a entrar al pretorio, y preguntó a Jesús: "¿De dónde eres Tú?" Jesús no le dio respuesta.
10Díjole, pues, Pilato: "¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo el poder de librarte y el poder de crucificarte?"
11Jesús le respondió: "No tendrías sobre Mí ningún poder, si no te hubiera sido dado de lo alto; por esto quien me entregó a ti, tiene mayor pecado" [329].
La condenación
12Desde entonces Pilato buscaba cómo dejarlo libre; pero los judíos se pusieron a gritar diciendo: "Si sueltas a este, no eres amigo del César: todo el que se pretende rey, se opone al César".
13Pilato, al oír estas palabras, hizo salir a Jesús afuera; después se sentó en el tribunal en el lugar llamado Lithóstrotos, en hebreo Gábbatha.
14Era la preparación de la Pascua, alrededor de la hora sexta. Y dijo a los judíos: "He aquí a vuestro Rey".
15Pero ellos se pusieron a gritar: "¡Muera! ¡Muera! ¡Crucifícalo!" Pilato les dijo: "¿A vuestro rey he de crucificar?" Respondieron los sumos sacerdotes: "¡Nosotros no tenemos otro rey que el César!" [330]
16Entonces se lo entregó para que fuese crucificado.
La crucifixión
Tomaron, pues, a Jesús;
17y Él, llevándose su cruz, salió para el lugar llamado "El cráneo", en hebreo Gólgotha [331],
18donde lo crucificaron, y con Él a otros dos, uno de cada lado, quedando Jesús en el medio.
19Escribió también Pilato un título que puso sobre la cruz. Estaba escrito: "Jesús Nazareno, el rey de los judíos".
20Este título fue leído por muchos judíos, porque el lugar donde Jesús fue crucificado se encontraba próximo a la ciudad; y estaba redactado en hebreo, en latín y en griego.
21Mas los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: "No escribas "el rey de los judíos", sino escribe que Él ha dicho: "Soy el rey de los judíos".
22Respondió Pilato: "Lo que escribí, escribí".
23Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, de los que hicieron cuatro partes, una para cada uno, y también la túnica. Esta túnica era sin costura, tejida de una sola pieza desde arriba.
24Se dijeron, pues, unos a otros: "No la rasguemos, sino echemos suertes sobre ella para saber de quién será"; a fin de que se cumpliese la Escritura: "Se repartieron mis vestidos, y sobre mi túnica echaron suertes". Y los soldados hicieron esto [332].
María al pie de la cruz
25Junto a la cruz de Jesús estaba de pie [333] su madre, y también la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.
26Jesús, viendo a su madre y, junto a ella, al discípulo que amaba, dijo a su madre: "Mujer, he ahí a tu hijo" [334].
27Después dijo al discípulo: "He ahí a tu madre". Y desde este momento el discípulo la recibió consigo [335].
Muerte de Jesús
28Después de esto, Jesús, sabiendo que todo estaba acabado, para que tuviese cumplimiento la Escritura, dijo: "Tengo sed" [336].
29Había allí un vaso lleno de vinagre. Empaparon pues, en vinagre una esponja, que ataron a un hisopo, y la aproximaron a su boca.
30Cuando hubo tomado el vinagre, dijo: "Está cumplido" [337], e inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
La lanzada
31Como era la Preparación a la Pascua, para que los cuerpos no quedasen en la cruz durante el sábado —porque era un día grande el de aquel sábado— los judíos pidieron a Pilato que se les quebrase las piernas, y los retirasen.
32Vinieron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero, y luego del otro que había sido crucificado con Él.
33Mas llegando a Jesús y viendo que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas;
34pero uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua.
35Y el que vio, ha dado testimonio —y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad— a fin de que vosotros también creáis [338].
36Porque esto sucedió para que se cumpliese la Escritura: "Ningún hueso le quebrantaréis" [339].
37Y también otra Escritura dice: "Volverán los ojos hacia Aquel a quien traspasaron" [340].
Sepultura de Jesús
38Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero ocultamente, por miedo a los judíos, pidió a Pilato llevarse el cuerpo de Jesús, y Pilato se lo permitió. Vino, pues, y se llevó el cuerpo.
39Vino también Nicodemo, el que antes había ido a encontrarlo de noche; este trajo una mixtura de mirra y áloe, como cien libras.
40pues, el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en fajas con las especies aromáticas, según la manera de sepultar de los judíos.
41En el lugar donde lo crucificaron había un jardín, y en el jardín un sepulcro nuevo, donde todavía nadie había sido puesto.
42Allí fue donde, por causa de la Preparación de los judíos, y por hallarse próximo este sepulcro, pusieron a Jesús.
V. Jesús vencedor de la muerte
Capítulo 20
Aparición a la Magdalena y a los apóstoles
1El primer día de la semana [341], de madrugada, siendo todavía oscuro, María Magdalena llegó al sepulcro; y vio quitada la losa sepulcral.
2Corrió, entonces, a encontrar a Simón Pedro, y al otro discípulo a quien Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto".
3Salió, pues, Pedro y también el otro discípulo, y se fueron al sepulcro.
4Corrían ambos, pero el otro discípulo corrió más a prisa que Pedro y llegó primero al sepulcro.
5E, inclinándose, vio las fajas puestas allí, pero no entró.
6Llegó luego Simón Pedro, que le seguía, entró en el sepulcro y vio las fajas puestas allí,
7y el sudario, que había estado sobre su cabeza, puesto no con las fajas, sino en lugar aparte, enrollado [342].
8Entonces, entró también el otro discípulo, que había llegado primero al sepulcro, y vio, y creyó.
9Porque todavía no habían entendido la Escritura, de cómo Él debía resucitar de entre los muertos.
10Y los discípulos se volvieron a casa.
11Pero María se había quedado afuera, junto al sepulcro, y lloraba. Mientras lloraba, se inclinó al sepulcro,
12y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.
13Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?" Díjoles: "Porque han quitado a mi Señor, y yo no sé dónde lo han puesto".
14Dicho esto se volvió y vio a Jesús que estaba allí, pero no sabía que era Jesús.
15Jesús le dijo: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas" Ella, pensando que era el jardinero, le dijo: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré".
16Jesús le dijo: "Mariam" [343]. Ella, volviéndose, dijo en hebreo: "Rabbuní", es decir: "Maestro".
17Jesús le dijo: "No me toques más, porque no he subido todavía al Padre; pero ve a encontrar a mis hermanos, y diles: voy a subir a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios".
18María Magdalena fue, pues, a anunciar a los discípulos: "He visto al Señor", y lo que Él le había dicho.
19A la tarde de ese mismo día, el primero de la semana, y estando, por miedo a los judíos, cerradas las puertas (de) donde se encontraban los discípulos, vino Jesús y, de pie en medio de ellos, les dijo: ¡Paz a vosotros!"
20Diciendo esto, les mostró sus manos y su costado; y los discípulos se llenaron de gozo, viendo al Señor.
21De nuevo les dijo: ¡Paz a vosotros! Como mi Padre me envió, así Yo os envío".
22Y dicho esto, sopló sobre ellos, y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo [344]:
23a quienes perdonareis los pecados, les quedan perdonados; y a quienes se los retuviereis, quedan retenidos".
Incredulidad de Tomás
24Ahora bien Tomás, llamado Dídimo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús.
25Por tanto le dijeron los otros: "Hemos visto al Señor". Él les dijo: "Si yo no veo en sus manos las marcas de los clavos, y no meto mi dedo en el lugar de los clavos, y no pongo mi mano en su costado, de ninguna manera creeré" [345].
26Ocho días después, estaban nuevamente adentro sus discípulos, y Tomás con ellos. Vino Jesús, cerradas las puertas, y, de pie en medio de ellos, dijo: "¡Paz a vosotros!"
27Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo, mira mis manos, alarga tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente".
28Tomás respondió y le dijo: "¡Señor mío y Dios mío!"
29Jesús le dijo: "Porque me has visto, has creído; dichosos los que han creído sin haber visto" [346].
30Otros muchos milagros obró Jesús, a la vista de sus discípulos, que no se encuentran escritos en este libro.
31Pero estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y, creyendo, tengáis vida en su nombre [347].
APÉNDICE
Capítulo 21
Aparición junto al mar de Tiberíades
1Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a los discípulos a la orilla del mar de Tiberíades [348]. He aquí cómo:
2Simón Pedro, Tomás, llamado Dídimo; Natanael, el de Caná de Galilea; los hijos de Zebedeo, y otros dos discípulos, se encontraban juntos.
3Simón Pedro les dijo: "Yo me voy a pescar". Le dijeron: "Vamos nosotros también contigo". Partieron, pues, y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.
4Cuando ya venía la mañana, Jesús estaba sobre la ribera, pero los discípulos no sabían que era Jesús.
5Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tenéis algo para comer?" Le respondieron: "No".
6Díjoles entonces: "Echad la red al lado derecho de la barca, y encontraréis". La echaron, y ya no podían arrastrarla por la multitud de los peces.
7Entonces el discípulo, a quien Jesús amaba, dijo a Pedro: "¡Es el Señor!" Oyendo que era el Señor, Simón Pedro se ciñó la túnica —porque estaba desnudo— y se echó al mar.
8Los otros discípulos vinieron en la barca, tirando de la red (llena) de peces, pues estaban solo como a unos doscientos codos de la orilla.
9Al bajar a tierra, vieron brasas puestas, y un pescado encima, y pan [349].
10Jesús les dijo: "Traed de los peces que acabáis de pescar".
11Entonces Simón Pedro subió (a la barca) y sacó a tierra la red, llena de ciento cincuenta y tres grandes peces; y a pesar de ser tantos, la red no se rompió.
12Díjoles Jesús: "Venid, almorzad". Y ninguno de los discípulos osaba preguntarle: "¿Tú quién eres?" sabiendo que era el Señor.
13Aproximose Jesús y tomando el pan les dio, y lo mismo del pescado.
14Esta fue la tercera vez que Jesús, resucitado de entre los muertos, se manifestó a sus discípulos.
El primado de Pedro
15Habiendo, pues, almorzado, Jesús dijo a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas tú más que estos?" Le respondió: "Sí, Señor, Tú sabes que yo te quiero". Él le dijo: "Apacienta mis corderos" [350].
16Le volvió a decir por segunda vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Le respondió: "Sí, Señor, Tú sabes que te quiero". Le dijo: "Pastorea mis ovejas".
17Por tercera vez le preguntó: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?" Se entristeció Pedro de que por tercera vez le preguntase: "¿Me quieres?", y le dijo: "Señor, Tú lo sabes todo. Tú sabes que yo te quiero". Díjole Jesús: "Apacienta mis ovejas".
Sobre Pedro y Juan
18"En verdad, en verdad, te digo, cuando eras más joven, te ponías a ti mismo el ceñidor, e ibas adonde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás los brazos, y otro te pondrá el ceñidor, y te llevará adonde no quieres" [351].
19Dijo esto para indicar con qué muerte él había de glorificar a Dios. Y habiéndole hablado así, le dijo: "Sígueme".
20Volviéndose Pedro, vio que los seguía el discípulo al cual Jesús amaba, el que, durante la cena, reclinado sobre su pecho, le había preguntado: "Señor ¿quién es el que te ha de entregar?"
21Pedro, pues, viéndolo, dijo a Jesús: "Señor: ¿y este, qué?"
22Jesús le respondió: "Si me place que él se quede hasta mi vuelta, ¿qué te importa a ti? Tú sígueme" [352].
23Y así se propagó entre los hermanos el rumor de que este discípulo no ha de morir. Sin embargo, Jesús no le había dicho que él no debía morir, sino: "Si me place que él se quede hasta mi vuelta, ¿qué te importa a ti?"
24Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero [353].
25Jesús hizo también muchas otras cosas: si se quisiera ponerlas por escrito, una por una creo que el mundo no bastaría para contener los libros que se podrían escribir [354].
Comentarios de Mons. Straubinger
¿Deseas profundizar en la Palabra de Dios cada día?
Recibe gratis cada semana el Evangelio meditado, guías de Lectio Divina y subsidios litúrgicos directamente en tu correo electrónico.
Recursos Bíblicos y Litúrgicos Relacionados