Epístola a los Hebreos: Biblia Católica Completa

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Epístola a los Hebreos

Texto íntegro en la traducción católica de Monseñor Juan Straubinger, con notas patrísticas y exegéticas. 13 capítulos completos con acceso directo por versículos.

Índice de Capítulos (1 al 13)
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[Introducción a las Epístolas Paulinas](epistolas-paulinas)

I. Superioridad de la religión cristiana sobre la Ley antigua

Jesucristo igual al Padre

1[1] Dios que en los tiempos antiguos habló a los padres en muchas ocasiones y de muchas maneras por los profetas,

2en los últimos días nos ha hablado a nosotros en su Hijo, a quien ha constituido heredero de todo y por quien también hizo las edades [2];

3el cual es el resplandor de su gloria y la impronta de su substancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su poder, después de hacer la purificación de los pecados se ha sentado a la diestra de la Majestad en las alturas,

4llegado a ser tanto superior a los ángeles cuanto el nombre que heredó es más eminente que el de ellos [3].

Cristo superior a los ángeles

5Pues ¿a cuál de los ángeles dijo (Dios) alguna vez: "Hijo mío eres Tú, hoy te he engendrado"; y también: "Yo seré su Padre, y Él será mi Hijo"? [4]

6Y al introducir de nuevo al Primogénito en el mundo dice: "Y adórenlo todos los ángeles de Dios" [5].

7Respecto de los ángeles (solo) dice: "El que hace de sus ángeles vientos y de sus ministros llamas de fuego" [6].

8Mas al Hijo le dice: "Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; y cetro de rectitud el cetro de tu reino [7].

9Amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por eso te ungió, oh Dios, el Dios tuyo con óleo de alegría más que a tus copartícipes".

10Y también: "Tú, Señor, en el principio fundaste la tierra, y obra de tu mano son los cielos [8];

11ellos perecerán, mas Tú permaneces; y todos ellos envejecerán como un vestido;

12los arrollarás como un manto, como una capa serán mudados. Tú empero eres el mismo y tus años no se acabarán".

13Y ¿a cuál de los ángeles ha dicho jamás: "Siéntate a mi diestra hasta que Yo ponga a tus enemigos por escabel de tus pies"?

14¿No son todos ellos espíritus servidores, enviados para servicio a favor de los que han de heredar la salvación? [9]

Exhortación a la perseverancia en la fe

1Por lo cual debemos prestar mayor atención a las cosas que (ahora) hemos oído, no sea que nos deslicemos [10].

2Porque si la palabra anunciada por ángeles fue firme y toda transgresión y desobediencia recibió su justa retribución [11],

3¿cómo escaparemos nosotros si tenemos en poco una salud tan grande? La cual habiendo principiado por la Palabra del Señor, nos fue confirmada por los que la oyeron;

4dando testimonio juntamente con ellos Dios, por señales, prodigios y diversos milagros y por dones del Espíritu Santo conforme a su voluntad.

5Porque no a ángeles sometió Él el orbe de la tierra venidero de que estamos hablando [12].

6Mas alguien testificó en cierto lugar diciendo: "¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre para que lo visites? [13]

7Lo rebajaste un momento por debajo de los ángeles; lo coronaste de gloria y honor, y lo pusiste sobre las obras de tus manos;

8todo sujetaste bajo sus pies". Porque al someter a Él todas las cosas nada dejó que no le hubiera sometido. Al presente, empero, no vemos todavía sujetas a Él todas las cosas [14];

9pero sí vemos a Aquel que fue hecho un momento menor que los ángeles: a Jesús, coronado de gloria y honor, a causa de la pasión de su muerte, para que por la gracia de Dios padeciese la muerte por todos.

Jesús "consumado" por los padecimientos

10Pues convenía que Aquel para quien son todas las cosas, y por quien todas subsisten, queriendo llevar muchos hijos a la gloria, consumase al autor de la salud de ellos por medio de padecimientos.

11Porque todos, tanto el que santifica, como los que son santificados, vienen de uno solo, por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,

12diciendo: "Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea cantaré tu alabanza" [15].

13Y otra vez: "Yo pondré mi confianza en Él". Y de nuevo: "Heme aquí a mí y a los hijos que Dios me ha dado".

14Así que, como los hijos participan de sangre y carne, también Él participó igualmente de ellas, a fin de que por medio de la muerte destruyese a aquel que tiene el imperio de la muerte, esto es, al diablo,

15y librase a todos los que, por temor de la muerte, durante toda su vida estaban sujetos a servidumbre.

16Porque en manera alguna toma sobre sí a los ángeles, sino al linaje de Abrahán [16].

17Por lo cual tuvo que ser en todo semejante a sus hermanos a fin de que, en lo tocante a Dios, fuese un sumo sacerdote misericordioso y fiel para expiar los pecados del pueblo [17],

18pues, en las mismas cosas que Él padeció siendo tentado, puede socorrer a los que sufren pruebas [18].

Preexcelencia de Cristo sobre Moisés

1Por tanto, hermanos santos, partícipes de una vocación celestial, considerad al Apóstol y Sumo Sacerdote de la fe que profesamos: Jesús [19];

2el cual es fiel al que lo hizo (sacerdote), así como lo fue Moisés en toda su casa.

3Porque Él fue reputado digno de tanta mayor gloria que Moisés, cuanto mayor gloria tiene sobre la casa quien la edificó;

4dado que toda casa es edificada por alguno, y quien edificó todas las cosas es Dios.

5Y a la verdad, Moisés fue fiel como siervo, en toda la casa de Él, a fin de dar testimonio de las cosas que habían de ser dichas;

6mas Cristo lo fue como Hijo, sobre su propia casa, que somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza [20].

Advertencia contra la incredulidad

7Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: "Hoy, si oyereis su voz [21],

8no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto,

9donde me tentaron vuestros padres y me pusieron a prueba, aunque vieron mis obras

10durante cuarenta años. Por eso me irrité contra aquella generación, y dije: siempre yerran en su corazón; no han conocido ellos mis caminos.

11Y así juré en mi ira: No entrarán en mi reposo".

12Mirad, pues, hermanos, no sea que en alguno de vosotros haya corazón malo de incredulidad, de modo que se aparte del Dios vivo;

13antes bien, exhortaos unos a otros, cada día, mientras se dice: "Hoy"; para que no se endurezca ninguno de vosotros por el engaño del pecado.

14Pues hemos venido a ser participantes de Cristo, si de veras retenemos hasta el fin la segura confianza del principio [22],

15en tanto que se dice: "Hoy, si oyereis su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación".

16¿Quiénes fueron los que oyeron y provocaron? No fueron todos los que salieron de Egipto por medio de Moisés.

17¿Contra quiénes se irritó por espacio de cuarenta años? ¿No fue contra los que pecaron, cuyos cadáveres cayeron en el desierto?

18¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a los rebeldes?

19Vemos, pues, que estos no pudieron entrar a causa de su incredulidad [23].

La entrada en el reposo de Dios

1Temamos, pues, no sea que, subsistiendo aún la promesa de entrar en el reposo, alguno de vosotros parezca quedar rezagado [24].

2Porque igual que a ellos también a nosotros fue dado este mensaje; pero a ellos no les aprovechó la palabra anunciada, por no ir acompañada de fe por parte de los que la oyeron.

3Entramos, pues, en el reposo los que hemos creído [25], según dijo: "Como juré en mi ira: no entrarán en mi reposo"; aunque estaban acabadas las obras desde la fundación del mundo.

4Porque en cierto lugar habló así del día séptimo: "Y descansó Dios en el día séptimo de todas sus obras".

5Y allí dice otra vez: "No entrarán en mi reposo".

6Resta, pues, que algunos han de entrar en él; mas como aquellos a quienes primero fue dada la promesa no entraron a causa de su incredulidad

7señala Él otra vez un día, un "hoy", diciendo por boca de David, tanto tiempo después, lo que queda dicho arriba: "Hoy, si oyereis su voz, no endurezcáis vuestros corazones".

8Pues si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría (Dios), después de esto, de otro día [26].

9Por tanto, aún queda un descanso sabático para el pueblo de Dios.

10Porque el que "entra en su reposo", descansa él también de sus obras, como Dios de las suyas.

11Esforcémonos, pues, por entrar en aquel descanso, a fin de que ninguno caiga en aquel ejemplo de incredulidad [27].

12Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz y más tajante que cualquiera espada de dos filos, y penetra hasta dividir alma de espíritu, coyunturas de tuétanos, y discierne entre los afectos del corazón y los pensamientos [28].

13Y no hay creatura que no esté manifiesta delante de Él; al contrario, todas las cosas están desnudas y patentes a los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta.

Cristo, sumo sacerdote celestial

14Teniendo, pues, un Sumo Sacerdote grande que penetró los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, mantengamos fuertemente la confesión (de la fe) [29].

15Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que sea incapaz de compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que, a semejanza nuestra, ha sido tentado en todo, aunque sin pecado [30].

16Lleguémonos, por tanto, confiadamente al trono de la gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para ser socorridos en el tiempo oportuno [31].

Misión del sumo sacerdote

1Todo Sumo Sacerdote tomado de entre los hombres es constituido en bien de los hombres, en lo concerniente a Dios, para que ofrezca dones y sacrificios por los pecados [32],

2capaz de ser compasivo con los ignorantes y extraviados, ya que también él está rodeado de flaqueza;

3y a causa de ella debe sacrificar por los pecados propios lo mismo que por los del pueblo.

4Y nadie se toma este honor sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón [33].

Cristo, sacerdote según el orden de Melquisedec

5Así Cristo no se exaltó a Sí mismo en hacerse Sumo Sacerdote, sino Aquel que le dijo: "Mi Hijo eres Tú, hoy te he engendrado" [34].

6Así como dice también en otro lugar: "Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec" [35].

7El cual (Cristo) en los días de su carne, con grande clamor y lágrimas, ofreció ruegos y suplicas a Aquel que era poderoso para salvarle de la muerte; y habiendo obtenido ser librado del temor [36],

8aunque era Hijo, aprendió la paciencia por sus padecimientos [37]

9y, una vez perfeccionado, vino a ser causa de sempiterna salud para todos los que le obedecen [38],

10siendo constituido por Dios Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec [39].

Estado imperfecto de los Hebreos

11Sobre Él tenemos mucho que decir, y difícil de expresar por cuanto se os han embotado los oídos [40].

12Debiendo ya ser maestros después de tanto tiempo, tenéis otra vez necesidad de que alguien os enseñe los primeros rudimentos de los oráculos de Dios y habéis venido a necesitar de leche, y no de alimento sólido [41].

13Pues todo el que se cría con leche es rudo en la palabra de justicia, como que es niño [42].

14El alimento sólido, en cambio, es para los hombres hechos, para aquellos que por el uso tienen sus sentidos ejercitados para discernir lo bueno de lo malo.

El progreso en la doctrina y la apostasía

1Por lo cual, dejando la doctrina elemental acerca de Cristo, elevémonos a la perfección, no tratando de nuevo los artículos fundamentales que se refieren a la conversión de las obras muertas y a la fe en Dios [43],

2a la doctrina de los bautismos, a la imposición de las manos, a la resurrección de los muertos y al juicio eterno [44].

3Y así procederemos con el favor de Dios [45].

4Porque a los que, una vez iluminados, gustaron el don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo [46],

5y experimentaron la bondad de la palabra de Dios y las poderosas maravillas del siglo por venir,

6y han recaído, imposible es renovarlos otra vez para que se arrepientan, por cuanto crucifican de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios, y le exponen a la ignominia pública.

7Porque la tierra que bebe la lluvia, que cae muchas veces sobre ella, produce plantas útiles para aquellos por quienes es labrada, y participa de la bendición de Dios [47];

8pero la que produce espinas y abrojos es reprobada y está próxima a la maldición y su fin es el fuego.

Perseverar en la esperanza

9Mas de vosotros, carísimos, esperamos cosas mejores y conducentes a la salvación, aunque hablamos de esta manera.

10Porque no es Dios injusto para olvidarse de vuestra obra y del amor que habéis mostrado a su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndolos aún.

11Pero deseamos que cada uno de vosotros manifieste hasta el fin el mismo interés en orden a la plenitud de la esperanza,

12de manera que no seáis indolentes, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia son herederos de las promesas [48].

13Porque cuando Dios hizo promesa a Abrahán, como no pudiese jurar por otro mayor, juró por sí mismo,

14diciendo: "Por mi fe, te bendeciré con abundancia, y te multiplicaré grandemente".

15Y así, esperando con paciencia, recibió la promesa.

16Pues los hombres juran por el que es mayor y el juramento es para ellos el término de toda controversia, por cuanto les da seguridad.

17Por lo cual, queriendo Dios mostrar, con mayor certidumbre, a los que serían herederos de la promesa, la inmutabilidad de su designio, interpuso su juramento;

18para que mediante dos cosas inmutables, en las que es imposible que Dios mienta, tengamos un poderoso consuelo los que nos hemos refugiado en aferrarnos a la esperanza que se nos ha propuesto [49],

19la cual tenemos como áncora del alma, segura y firme, y que penetra hasta lo que está detrás del velo [50];

20adonde, como precursor, Jesús entró por nosotros, constituido Sumo Sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.

El sacerdocio de Melquisedec y el de Leví

1Este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, es el que salió al encuentro de Abrahán, cuanto este volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo [51].

2A él también repartió Abrahán el diezmo de todo; y su nombre se interpreta, primero, rey de justicia, y luego también, rey de Salem, que es rey de paz.

3El cual, sin padre, sin madre, sin genealogía, sin principio de días ni fin de vida, fue asemejado al Hijo de Dios y permanece sacerdote eternamente [52].

4Y considerad cuán grande es este a quien el patriarca Abrahán dio una décima parte de los mejores despojos.

5Cierto que aquellos de los hijos de Leví que reciben el sacerdocio tienen el precepto de tomar, según la Ley, el diezmo del pueblo, esto es, de sus hermanos, aunque estos también son de la estirpe de Abrahán;

6pero aquel que no es del linaje de ellos tomó diezmos de Abrahán y bendijo al que tenía las promesas.

7Ahora bien, no cabe duda de que el menor es bendecido por el mayor.

8Y aquí por cierto los que cobran diezmos son hombres que mueren, mas allí [53] uno de quien se da testimonio que vive.

9Y por decirlo así, también Leví, el que cobra diezmos, los pagó por medio de Abrahán,

10porque estaba todavía en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.

Imperfección del sacerdocio levítico

11Si, pues, la perfección se hubiera dado por medio del sacerdocio levítico, ya que bajo él recibió el pueblo la Ley ¿qué necesidad aún de que se levantase otro sacerdote según el orden de Melquisedec y que no se denominase según el orden de Aarón? [54]

12Porque cambiándose el sacerdocio, fuerza es que haya también cambio de la Ley.

13Pues aquel de quien esto se dice, pertenecía a otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar [55].

14En efecto, manifiesto es que de Judá brotó el Señor nuestro, de la cual tribu nada dice Moisés cuando habla de sacerdotes.

15Esto es todavía mucho más manifiesto si a semejanza de Melquisedec se levanta otro sacerdote,

16constituido, no según la ley de un mandamiento carnal, sino conforme al poder de una vida indestructible [56];

17pues tal es el testimonio: "Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec".

18Queda, por tanto, abrogado el mandamiento anterior, a causa de su flaqueza e inutilidad,

19pues la Ley no llevaba nada a la perfección, sino que introdujo una esperanza mejor, por medio de la cual nos acercamos a Dios [57].

Superioridad del sacerdocio de Cristo

20Y por cuanto no fue hecho sin juramento,

21—pues aquellos fueron constituidos sacerdotes sin juramento, mas Este con juramento, por Aquel que le dijo: "Juró el Señor y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre—"

22de tanto mejor pacto fue constituido fiador Jesús.

23Y aquellos fueron muchos sacerdotes, porque la muerte les impedía permanecer,

24mas Este, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio sempiterno.

25Por lo cual puede salvar perfectamente a los que por Él se acercan a Dios, ya que vive siempre para interceder por ellos [58].

26Y tal Sumo Sacerdote nos convenía: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y encumbrado sobre los cielos [59],

27que no necesita diariamente, como los Sumos Sacerdotes, ofrecer víctimas, primero por sus propios pecados, y después por los del pueblo, porque esto lo hizo de una vez, ofreciéndose a sí mismo [60].

28Pues la Ley constituye Sumos Sacerdotes a hombres sujetos a la flaqueza; pero la palabra del juramento, posterior a la Ley, constituye al Hijo llegado a la perfección para siempre [61].

El Sumo Sacerdote del cielo

1Lo capital de lo dicho es que tenemos un Pontífice tal que está sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos [62];

2ministro del santuario y del verdadero tabernáculo, que hizo el Señor y no el hombre.

3Ahora bien, todo Pontífice es constituido para ofrecer dones y víctimas; por lo cual también Este debe necesariamente tener algo que ofrecer.

4Si pues Él habitase sobre la tierra, ni siquiera podría ser sacerdote, pues hay ya quienes ofrecen dones según la Ley [63];

5los cuales dan culto en figura y sombra de las realidades celestiales, según le fue significado a Moisés cuando se puso a construir el Tabernáculo: "Mira, le dice, que hagas todas las cosas conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte" [64].

6Mas ahora Él ha alcanzado tanto más excelso ministerio cuanto mejor es la alianza de que es mediador, alianza establecida sobre mejores promesas.

Superioridad de la nueva alianza

7Porque si aquella primera hubiese sido sin defecto, no se habría buscado lugar para una segunda.

8Pues en son de reproche les dice: "He aquí que vienen días, dice el Señor, en que concluiré una alianza nueva con la casa de Israel y con la casa de Judá [65];

9o como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano, para sacarlos de la tierra de Egipto; pues ellos no perseveraron en mi pacto, por lo cual Yo los abandoné, dice el Señor.

10Porque esta es la alianza que haré con la casa de Israel, después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en su mente, y, las escribiré en su corazón; Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo;

11y no enseñará más cada uno a su vecino, ni cada cual a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos,

12pues tendré misericordia de sus iniquidades y de sus pecados no me acordaré más".

13Al decir una (alianza) nueva, declara anticuada la primera; de modo que lo que se hace anticuado y envejece está próximo a desaparecer [66].

Imperfección del culto antiguo

1También el primer (pacto) tenía reglamento para el culto y un santuario terrestre;

2puesto que fue establecido un tabernáculo, el primero, en que se hallaban el candelabro y la mesa y los panes de la proposición —este se llamaba el Santo— [67];

3y detrás del segundo velo, un tabernáculo que se llamaba el Santísimo,

4el cual contenía un altar de oro para incienso y el Arca de la Alianza, cubierta toda ella de oro, en la cual estaba un vaso de oro con el maná, y la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas de la Alianza [68];

5y sobre ella, Querubines de gloria que hacían sombra al propiciatorio, acerca de lo cual nada hay que decir ahora en particular [69].

6Dispuestas así estas cosas, en el primer tabernáculo entran siempre los sacerdotes para cumplir las funciones del culto;

7mas en el segundo una sola vez al año el Sumo Sacerdote, solo y no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo;

8dando con esto a entender el Espíritu Santo no hallarse todavía manifiesto el camino del Santuario, mientras subsiste el primer tabernáculo.

9Esto es figura para el tiempo presente, ofreciéndose dones y víctimas, impotentes para hacer perfecto en la conciencia al que (así) practica el culto,

10consistentes solo en manjares, bebidas y diversos géneros de abluciones; preceptos carnales, impuestos hasta el tiempo de reformarlos.

Excelencia del sacrificio de la nueva alianza

11Cristo, empero, al aparecer como Sumo Sacerdote de los bienes venideros, entró en un tabernáculo más amplio y más perfecto, no hecho de manos, es decir, no de esta creación [70];

12por la virtud de su propia sangre, y no por medio de la sangre de machos cabríos y de becerros, entró una vez para siempre en el Santuario, después de haber obtenido redención eterna.

13Porque si la sangre de machos cabríos y de toros y la ceniza de la vaca santifica con su aspersión a los inmundos y los purifica en la carne [71],

14¿cuánto más la sangre de Cristo, que por su Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mácula a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis a Dios vivo? [72]

Cristo mediador por su sangre

15Por esto Él es mediador de un pacto nuevo a fin de que, una vez realizada su muerte para la redención de las transgresiones cometidas durante el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.

16Porque donde hay un testamento, necesario es que se compruebe la muerte del testador.

17Pues el testamento es valedero en caso de muerte, siendo así que no tiene valor mientras vive el testador [73].

18Por lo cual tampoco el primer (pacto) fue inaugurado sin sangre,

19sino que Moisés, después de leer a todo el pueblo todos los mandamientos de la Ley, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos y roció con agua y lana teñida de grana e hisopo, el libro y a todo el pueblo,

20diciendo: "Esta es la sangre del pacto que Dios ha dispuesto en orden a vosotros".

21También el tabernáculo y todos los instrumentos del culto, los roció de la misma manera con la sangre.

22Así, pues, según la Ley casi todas las cosas son purificadas con sangre, y sin efusión de sangre no hay perdón.

Necesidad del sacrificio de Cristo

23Es, pues, necesario que las figuras de las realidades celestiales se purifiquen con estos (ritos), pero las realidades celestiales mismas requieren mejores víctimas que estas [74].

24Porque no entró Cristo en un santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el mismo cielo para presentarse ahora delante de Dios a favor nuestro,

25y no para ofrecerse muchas veces, a la manera que el Sumo Sacerdote entra en el santuario año por año con sangre ajena.

26En tal caso le habría sido necesario padecer muchas veces desde la fundación del mundo; mas ahora se manifestó una sola vez en la consumación de las edades, para destruir el pecado por medio del sacrificio de sí mismo [75].

27Y así como fue sentenciado a los hombres morir una sola vez, después de lo cual viene el juicio,

28así también Cristo, que se ofreció una sola vez para llevar los pecados de muchos, otra vez aparecerá, sin pecado, a los que le están esperando para salvación [76].

El único y verdadero sacrificio

1La Ley no es sino una sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, por lo cual nunca puede con los mismos sacrificios, ofrecidos sin cesar año tras año, hacer perfectos a los que se le acercan.

2De lo contrario ¿no habrían cesado de ofrecerse? puesto que los oferentes una vez purificados no tendrían más conciencia del pecado.

3Sin embargo, en aquellos (sacrificios) se hace memoria de los pecados año por año.

4Porque es imposible que la sangre de toros y de machos cabríos quite pecados.

5Por lo cual dice al entrar en el mundo: "Sacrificio y oblación no los quisiste, pero un cuerpo me has preparado [77].

6Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron.

7Entonces dije: He aquí que vengo —así está escrito de Mí en el rollo del Libro— para hacer, oh Dios, tu voluntad".

8Habiendo dicho arriba: "Sacrificios y oblaciones, y holocaustos por el pecado no los quisiste, ni te agradaron estas cosas que se ofrecen según la Ley",

9continuó diciendo: "He aquí que vengo para hacer tu voluntad"; con lo cual abroga lo primero, para establecer lo segundo.

10En virtud de esta voluntad hemos sido santificados una vez para siempre por la oblación del cuerpo de Jesucristo.

Eficacia del sacrificio único

11Todo sacerdote está ejerciendo día por día su ministerio, ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, los cuales nunca pueden quitar los pecados;

12Este, empero, después de ofrecer un solo sacrificio por los pecados, para siempre "se sentó a la diestra de Dios",

13aguardando lo que resta [78] "hasta que sus enemigos sean puestos por escabel de sus pies".

14Porque con una sola oblación ha consumado para siempre a los santificados.

15Esto nos lo certifica también el Espíritu Santo, porque después de haber dicho:

16"Este es el pacto que concluiré con ellos, después de aquellos días, dice el Señor, pondré mis leyes en su corazón, y las escribiré en su mente" [79],

17(añade): "Y de sus pecados y sus iniquidades no me acordaré más".

18Ahora bien, donde hay perdón de estos, ya no hay más oblación por el pecado.

II. Exhortaciones deducidas de las enseñanzas precedentes

Fe y paciencia

19Teniendo, pues, hermanos, libre entrada en el santuario, en virtud de la sangre de Jesús [80];

20un camino nuevo y vivo, que Él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,

21y un gran sacerdote sobre la casa de Dios [81],

22lleguémonos con corazón sincero, en plenitud de fe, limpiados los corazones de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura.

23Mantengamos firme la confesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que hizo la promesa [82];

24y miremos los unos por los otros, para estímulo de caridad y de buenas obras,

25no abandonando la común reunión, como es costumbre de algunos, sino antes animándoos, y tanto más, cuanto que veis acercarse el día [83].

Castigo de la apostasía

26Porque si pecamos voluntariamente, después de haber recibido el conocimiento de la verdad, no queda ya sacrificio por los pecados [84],

27sino una horrenda expectación del juicio, y un celo abrasador que ha de devorar a los enemigos.

28Si uno desacata la Ley de Moisés, muere sin misericordia por el testimonio de dos o tres testigos,

29¿de cuánto más severo castigo pensáis que será juzgado digno el que pisotea al Hijo de Dios, y considera como inmunda la sangre del pacto con que fue santificado, y ultraja al Espíritu de la gracia? [85]

30Pues sabemos quién dijo: "Mía es la venganza; Yo daré el merecido", y otra vez: "Juzgará el Señor a su pueblo" [86].

31Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo.

Perseverancia hasta el fin

32Recordad los días primeros, en que, después de iluminados, soportasteis un gran combate de padecimientos [87].

33Por una parte habéis servido de espectáculo por la afrenta y tribulación que padecisteis; por la otra, os habéis hecho partícipes de los que sufrían tal tratamiento.

34Porque no solamente os compadecisteis de los encarcelados, sino que aceptasteis gozosamente el robo de vuestros bienes, sabiendo que tenéis una posesión mejor y duradera.

35No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene una grande recompensa,

36puesto que tenéis necesidad de paciencia, a fin de que después de cumplir la voluntad de Dios obtengáis lo prometido:

37"Porque todavía un brevísimo tiempo, y el que ha de venir vendrá y no tardará" [88].

38Y "El justo mío vivirá por la fe; mas si se retirare, no se complacerá mi alma en él".

39Pero nosotros no somos de aquellos que se retiran para perdición, sino de los de fe para ganar el alma [89].

Los grandes ejemplos de fe. Abel, Enoc, Noé

1La fe es la sustancia de lo que se espera, la prueba de lo que no se ve [90].

2Por ella se dio testimonio a los padres [91].

3Por la fe entendemos cómo las edades [92] han sido dispuestas por la Palabra de Dios, de modo que lo existente no tiene su origen en lo visible.

4Por la fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio más excelente que Caín, a causa del cual fue declarado justo, dando Dios testimonio a sus ofrendas; y por medio de ellas habla aún después de muerto [93].

5Por la fe, Enoc fue trasladado para que no viese la muerte, y no fue hallado porque Dios le trasladó; pues antes de su traslación recibió el testimonio de que agradaba a Dios [94].

6Sin fe es imposible ser grato, porque es preciso que el que se llega a Dios crea su ser [95] y que es remunerador de los que le buscan.

7Por la fe, Noé, recibiendo revelación de las cosas que aún no se veían, hizo con piadoso temor un arca para la salvación de su casa; y por esa (misma fe) condenó al mundo y vino a ser heredero de la justicia según la fe [96].

Abrahán y Sara

8Llamado por la fe, Abrahán obedeció para partirse a un lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber adónde iba [97].

9Por la fe habitó en la tierra de la promesa como en tierra extraña, morando en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa,

10porque esperaba aquella ciudad de fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

11Por la fe, también la misma Sara, a pesar de haber pasado ya la edad propicia, recibió vigor para fundar una descendencia, porque tuvo por fiel a Aquel que había hecho la promesa.

12Por lo cual fueron engendrados de uno solo, y ese ya amortecido, hijos "como las estrellas del cielo en multitud y como las arenas que hay en la orilla del mar" [98].

13En la fe murieron todos estos sin recibir las cosas prometidas, pero las vieron y las saludaron de lejos, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra [99].

14Porque los que así hablan dan a entender que van buscando una patria.

15Que si se acordaran de aquella de donde salieron, habrían tenido oportunidad para volverse.

16Mas ahora anhelan otra mejor, es decir, la celestial. Por esto Dios no se avergüenza de ellos para llamarse su Dios, como que les tenía preparada una ciudad.

17Por la fe, Abrahán, al ser probado, ofreció a Isaac. El que había recibido las promesas ofrecía a su unigénito,

18respecto del cual se había dicho: "En Isaac será llamada tu descendencia" [100].

19Pensaba él que aun de entre los muertos podía Dios resucitarlo, de donde realmente lo recobró como figura.

20Por la fe, Isaac dio a Jacob y a Esaú bendiciones de cosas venideras.

Isaac, Jacob, José

21Por la fe Jacob, a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró (apoyado) sobre la extremidad de su báculo [101].

22Por la fe, José, moribundo, se acordó del éxodo de los hijos de Israel, y dio orden respecto de sus huesos.

Moisés

23Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido tres meses por sus padres, pues vieron al niño tan hermoso, y no temieron la orden del rey.

24Por la fe, Moisés, siendo ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija del Faraón [102],

25eligiendo antes padecer aflicción con el pueblo de Dios que disfrutar de las delicias pasajeras del pecado,

26y juzgando que el oprobio de Cristo era una riqueza más grande que los tesoros de Egipto; porque tenía su mirada puesta en la remuneración [103].

27Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey, pues se sostuvo como si viera ya al Invisible [104].

28Por la fe celebró la Pascua y la efusión de la sangre para que el exterminador no tocase a los primogénitos (de Israel) [105].

29Por la fe atravesaron el Mar Rojo, como por tierra enjuta, en tanto que los egipcios al intentar lo mismo fueron anegados.

Otros ejemplos de fe

30Por la fe cayeron los muros de Jericó después de ser rodeados por siete días.

31Por la fe, Rahab, la ramera, no pereció con los incrédulos, por haber acogido en paz a los exploradores.

32¿Y qué más diré? Porque me faltará el tiempo para hablar de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, de Samuel y de los profetas;

33los cuales por la fe subyugaron reinos, obraron justicia, alcanzaron promesas, obstruyeron la boca de los leones,

34apagaron la violencia del fuego, escaparon al filo de la espada, cobraron fuerzas de su flaqueza, se hicieron poderosos en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos enemigos [106].

35Mujeres hubo que recibieron resucitados a sus muertos; y otros fueron estirados en el potro, rehusando la liberación para alcanzar una resurrección mejor.

36Otros sufrieron escarnios y azotes, y también cadenas y cárceles.

37Fueron apedreados, expuestos a prueba, aserrados, muertos a espada; anduvieron errantes, cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, faltos de lo necesario, atribulados, maltratados

38—ellos, de quienes el mundo no era digno—, extraviados por desiertos y montañas, en cuevas y cavernas de la tierra.

39Y todos estos que por la fe recibieron tales testimonios, no obtuvieron la (realización de la) promesa,

40porque Dios tenía provisto para nosotros algo mejor, a fin de que no llegasen a la consumación sin nosotros [107].

Jesús, autor y consumador de nuestra fe

1Por esto también nosotros, teniendo en derredor nuestro una tan grande nube de testigos, arrojemos toda carga y pecado que nos asedia, y corramos mediante la paciencia la carrera que se nos propone [108],

2poniendo los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual en vez del gozo puesto delante de Él, soportó la cruz, sin hacer caso de la ignominia, y se sentó a la diestra de Dios.

3Considerad, pues, a Aquel que soportó la contradicción de los pecadores contra sí mismo, a fin de que no desmayéis ni caigáis de ánimo.

El sentido de las pruebas

4Aún no habéis resistido hasta la sangre, luchando contra el pecado,

5y os habéis olvidado de la consolación que a vosotros como a hijos se dirige: "Hijo mío, no tengas en poco la corrección del Señor, ni caigas de ánimo cuando eres reprendido por Él;

6porque el Señor corrige a quien ama, y a todo el que recibe por hijo, le azota" [109].

7Soportad, pues, la corrección. Dios os trata como a hijos. ¿Hay hijo a quien su padre no corrija?

8Si quedáis fuera de la corrección, de la cual han participado todos, en realidad sois bastardos y no hijos.

9Más aún, nosotros hemos tenido nuestros padres según la carne que nos corregían, y los respetábamos. ¿No nos hemos de someter mucho más al Padre de los espíritus, para vivir?

10Y a la verdad, aquellos castigaban para unos pocos días, según su arbitrio, mas Este lo hace en nuestro provecho, para que participemos de su santidad.

11Ninguna corrección parece por el momento cosa de gozo, sino de tristeza; pero más tarde da a los ejercitados por ella el apacible fruto de justicia [110].

12Por lo cual "enderezad las manos caídas y las rodillas flojas [111],

13y haced derechas las sendas para vuestros pies", a fin de que no se descamine lo que es cojo, antes bien sea sanado [112].

Paz y santidad

14Procurad tener paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor [113].

15Atended a que ninguno quede privado de la gracia de Dios; que no brote ninguna raíz de amargura, no sea que cause perturbación y sean por ella inficionados los muchos;

16que no haya ningún fornicario o profanador, como Esaú, el que por una comida vendió su primogenitura [114].

17Pues ya sabéis que aun cuando después deseaba heredar la bendición, fue desechado y no pudo cambiar los sentimientos (de su padre), por más que lo solicitase con lágrimas.

Del monte Sinaí al monte Sión

18Porque no os habéis acercado a monte palpable, fuego encendido, nube, tinieblas, tempestad [115],

19sonido de trompeta y voz de palabras, respecto de la cual los que la oyeron pidieron que no se les hablase más;

20porque no podían soportar lo mandado: "Aun una bestia que tocare el monte será apedreada".

21Y era tan espantoso lo que se veía, que Moisés dijo: "Estoy aterrado y temblando".

22Vosotros, empero, os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén celestial, miríadas de ángeles, asamblea general [116],

23e Iglesia de primogénitos [117], inscritos en el cielo, a Dios, Juez de todos, a espíritus de justos ya perfectos,

24a Jesús, Mediador de nueva Alianza, y a sangre de aspersión, que habla mejor que la de Abel [118].

25Mirad que no recuséis al que habla: si aquellos que recusaron al que sobre la tierra promulgaba la revelación no pudieron escapar (al castigo), mucho menos nosotros, si rechazamos a Aquel que nos habla desde el cielo [119]:

26cuya voz entonces sacudió la tierra y ahora nos hace esta promesa: "Una vez todavía sacudiré no solamente la tierra, sino también el cielo" [120].

27Eso de "una vez todavía" indica que las cosas sacudidas van a ser cambiadas, como que son creaturas, a fin de que permanezcan las no conmovibles.

28Por eso, aceptando el reino inconmovible, tengamos gratitud por la cual tributemos a Dios culto agradable con reverencia y temor [121].

29Porque nuestro Dios es fuego devorador [122].

Normas de conducta

1Perseverad en el amor fraternal.

2No os olvidéis de la hospitalidad; por ella algunos sin saberlo hospedaron a ángeles [123].

3Acordaos de los presos como si estuvierais presos con ellos, y de los maltratados, como que también vosotros vivís en cuerpo [124].

4Cosa digna de honor para todos sea el matrimonio y el lecho conyugal sin mancilla, porque a los fornicarios y adúlteros los juzgará Dios [125].

5Sed en vuestro trato sin avaricia, estando contentos con lo que tenéis, puesto que Él mismo ha dicho: "No te abandonaré ni te desampararé" [126].

6De manera que podemos decir confiadamente: "El Señor es mi auxiliador, no temeré; ¿qué me podrá hacer el hombre?" [127]

Obediencia a las enseñanzas apostólicas

7Acordaos de vuestros prepósitos que os predicaron la Palabra de Dios. Considerad el fin de su vida e imitad su fe [128].

8Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos [129].

9No os dejéis llevar de un lugar a otro por doctrinas abigarradas y extrañas; mejor es corroborar el corazón con gracia y no con manjares, los cuales nunca aprovecharon a los que fueron tras ellos [130].

10Tenemos un altar del cual no tienen derecho a comer los que dan culto en el tabernáculo [131].

11Porque los cuerpos de aquellos animales, cuya sangre es introducida por el Sumo Sacerdote en el santuario (como sacrificio) por el pecado, son quemados fuera del campamento.

12Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo con su propia sangre, padeció fuera de la puerta [132].

13Salgamos, pues, a Él fuera del campamento, llevando su oprobio [133].

14Porque aquí no tenemos ciudad permanente, sino que buscamos la futura [134].

15Ofrezcamos a Dios por medio de Él un continuo sacrificio de alabanza, esto es, el fruto de los labios que bendicen su Nombre [135].

16Y del bien hacer, y de la mutua asistencia, no os olvidéis; en sacrificios tales se complace Dios.

17Obedeced a vuestros prepósitos y sujetaos, porque velan por vuestras almas como quienes han de dar cuenta, a fin de que lo hagan con alegría y no con pena, pues esto no os sería provechoso [136].

Epílogo

18Orad por nosotros, porque confiamos tener buena conciencia, queriendo comportarnos bien en todo.

19Tanto más ruego que hagáis esto, a fin de que yo os sea restituido más pronto [137].

20El Dios de la paz, el cual resucitó de entre los muertos al (que es el) gran Pastor de las ovejas, "en la sangre de la Alianza eterna", el Señor nuestro Jesús [138],

21os perfeccione en todo bien para que cumpláis su voluntad, obrando Él en vosotros lo que es grato a sus ojos, por medio de Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén [139].

22Os ruego, hermanos, que soportéis esta palabra de exhortación, pues os he escrito solo brevemente.

23Sabed de nuestro hermano Timoteo que ha sido puesto en libertad; con el cual si viniere presto iré a veros [140].

24Saludad a todos vuestros prepósitos y a todos los santos. Os saludan los de Italia [141].

25La gracia sea con todos vosotros. Amén.

Comentarios de Mons. Straubinger

Notas Exegéticas y Comentarios Teológicos de Mons. Juan Straubinger (141 notas)

Comentarios patrísticos y doctrinales que iluminan el sentido del Epístola a los Hebreos.

[Nota 1] (1, 1): ¿Por qué una carta a los *Hebreos*? Véase la explicación en 8, 4 y nota. Si bien el final de la carta muestra que fue para una colectividad determinada, su doctrina era para los judío-cristianos en general. También Santiago, y S. Pedro se dirigen epistolarmente, y en varios discursos de los Hechos, a todos los Hebreos de la dispersión (Santiago 1, 1; 1 Pedro 1, 1), muchos de los cuales se hallaban tu peligro de perder la fe y volver al judaísmo, no solo por las persecuciones a que estaban expuestos, sino más bien por la lentitud de su progreso espiritual (5, 12 y nota) y la atracción que ejercía sobre ellos la magnificencia del Templo y el culto de sus tradiciones. El amor que el apóstol tiene a sus compatriotas (Romanos 9, 1 ss.) le hace insistir aquí en predicarles una vez más como lo hacía en sus discursos de los Hechos, no obstante su reiterada declaración de pasarse a los gentiles (Hechos 13, 46; 18, 6 y notas). Su fin es inculcarles la preexcelencia de la Nueva Alianza sobre la Antigua y exhortarlos a la perseverancia —pues no los mira aún como maduros en la fe (3, 14 y nota), con la cual tendían a mezclar lo puramente judaico (Hechos 21, 17 ss., etc.)— y a la esperanza en Cristo resucitado (cap. 8 ss.) en quien se cumplirían todas las promesas de los Profetas (Hechos 3, 19-26 y notas). Aun la exégesis no católica, que solía desconocerla por falta del usual encabezamiento y firma, admite hoy la paternidad paulina de esta Epístola, tanto por su espíritu cuanto por indicios, como la mención de Timoteo en 13, 23, y consideran que S. Pedro, al mencionar las Epístolas de S. Pablo (2 Pedro 3, 15 s.), se refiere muy principalmente a esta carta a los Hebreos. El estilo acusa cierta diferencia con el de las demás cartas paulinas, por lo cual algunos exegetas suponen que Pablo pudo haberla escrito en hebreo (cf. Hechos 21, 40) para los hebreos, siendo luego traducida por otro, o bien valerse de un colaborador, hombre espiritual, como por ejemplo Bernabé, que diera forma a sus pensamientos. Fue escrita probablemente en Italia (13, 24), y todos admiten que lo fue antes de la tremenda destrucción del Templo de Jerusalén por los romanos el año 70, atribuyéndosele comúnmente la fecha de 63-66, si bien algunos observan que, por su contenido, es coetánea de la predicación que Pablo hacía aún a los judíos en tiempo de los Hechos de los Apóstoles, es decir, antes de apartarse definitivamente de aquellos, para dedicarse por entero a su misión de Apóstol de los Gentiles (Hechos 28, 23 ss.; 2 Timoteo 4, 17 y notas) y explayarles el misterio escondido del Cuerpo Místico, como lo hizo especialmente en las Epístolas que escribió en su primera cautividad en Roma.
[Nota 2] (1, 2): s. Hizo las edades (cf. 9, 26; 11, 3): es decir, salió de la eternidad pura en que vivía unido con su Verbo en el amor del Espíritu Santo, para realizar en la creación *ad extra* el plan de las edades (*tus aionas*) que conduciría a la glorificación de Cristo-Hombre (cf. Marcos 16, 11 y nota). Impronta (literalmente "carácter") de su sustancia: consustancialmente igual al Padre. Cf. Sabiduría 7, 26 y nota. Se ha sentado a la diestra: cf. Salmo 109, 1 y nota.
[Nota 3] (1, 4): Después de consumada su Hazaña redentora (v. 3) Jesús-Hombre fue, en la gloria del Padre, hecho superior a los ángeles, a los cuales parecía *inferior por un momento* (2, 6) mientras asumió la naturaleza caída del hombre mortal. Más eminente (cf. Filipenses 2, 9): es decir, recibió la gloria de Hijo de Dios también para su Humanidad santísima como dice el v. 5. De ahí que Jesús insistiese antes en llamarse "el Hijo del hombre". Cf. Lucas 1, 32; Juan 5, 25 y 27 donde Él alude alternativamente al "Hijo de Dios" y al "Hijo del hombre".
[Nota 4] (1, 5): En estas palabras del Salmo 2, 7 "la tradición católica constante y unánime desde el tiempo de los apóstoles (Hechos 4, 27; 13, 33; Apocalipsis 2, 27; 19, 15) ve una profecía relativa directamente al Mesías" (Pirot), es decir, al Verbo, no ya en su generación eterna (Juan 1, 1 ss.) sino en su Humanidad santísima (cf. v. 2 ss.) glorificada a la diestra del Padre (v. 3). Así lo vemos aplicado en esos pasajes citados por Pirot, y lo confirma la cita que añade el apóstol: "Él será mi Hijo", tomada de 2 Samuel 7, 14 y Salmo 88, 27. Cf. 5, 5; Romanos 1, 2 ss. y notas.
[Nota 5] (1, 6): S. Pablo interpreta este v. del Salmo 96, 7 refiriéndose al triunfo de Cristo en la Parusía, cuando el Padre le introduzca de nuevo en este mundo. Cf. 2, 5-8. Como los Salmos 44, 3 ss.; 71, 11; 109, 3, etc., es este uno de los pasajes de más inefable gozo para el espíritu creyente que, colmado por su "dichosa esperanza" (Tito 2, 13), pone los ojos en Jesús (3, 1; 12, 2) y piensa despacio en lo que significará verlo de veras aclamado y glorificado para siempre —como en vano esperaríamos verlo en "este siglo malo" (Gálatas 1, 4 y nota)— a ese Salvador, tan identificado en su primera venida con el dolor (Isaías 53, 3) y la humillación (Filipenses 2, 7 s.), que nos cuesta concebirlo glorioso. ¡Y lo será tanto más cuanto menos lo fue antes! Véase Filipenses 2, 9; Apocalipsis 5, 9; 1 Pedro 1, 11; Salmo 109, 7.
[Nota 6] (1, 7): Cf. Salmo 103, 4, tomado, como todas las citas que hace S. Pablo, de la versión griega de los LXX.
[Nota 7] (1, 8): s. Esta cita constituye un valioso testimonio de la realeza de Jesucristo. Está tomada del Salmo 44, 7 s., para cuya interpretación es un documento preciosísimo, pues muestra que quien habla en este S., es el Padre celestial dirigiéndose a Jesús.
[Nota 8] (1, 10): ss. Cf. Salmo 101, 26-28; Isaías 34, 4; Apocalipsis 6, 14; 20, 11; Hebreos 2, 8; 10, 13; Mateo 22, 44; Salmo 109, 1; 1 Corintios 15, 25; Efesios 1, 22.
[Nota 9] (1, 14): Cf. Daniel 7, 10; Apocalipsis 5, 11.
[Nota 10] (2, 1): De lo dicho en el cap. 1 el apóstol brinda, como fruto espiritual, esta recomendación que fluye de la superioridad de los nuevos misterios sobre los antiguos, tema que desarrollará en los capítulos siguientes.
[Nota 11] (2, 2): La palabra anunciada por ángeles: La Ley del Antiguo Testamento. Cf. Hechos 7, 53; Gálatas 3, 19.
[Nota 12] (2, 5): Cf. v. 8; 1, 6 y nota; 1 Corintios 15, 25.
[Nota 13] (2, 6): ss. Alguien: David, en Salmo 8, 5-8, donde este texto, según el hebreo, presenta otros matices que señalamos en las notas respectivas. S. Pablo lo cita según los LXX y lo aplica a Cristo. Lo rebajaste (v. 7) (así también Pirot y otros); cf. 1, 4; Filipenses 2, 7 y notas.
[Nota 14] (2, 8): S. Pablo explica que la omnímoda potestad que pertenece a Jesús no se ejerce ahora plenamente. Es que Jesús anunció que la cizaña estaría mezclada con el trigo basta el fin del siglo (Mateo 13, 38-43), no obstante hallarse Él desde ahora coronado de gloria a la diestra del Padre, como lo dice en el v. 9. Cf. 1, 5; Salmo 109, 1 y 3; Lucas 20, 25; Juan 18, 36; Romanos 1, 4; 1 Corintios 15, 25.
[Nota 15] (2, 12): s. Cf. Salmo 21, 23; 2 Samuel 22, 3; Salmo 17, 3; Isaías 8, 18.
[Nota 16] (2, 16): > "No solamente asumió Cristo la naturaleza humana, sino que, además, en un cuerpo frágil, pasible y mortal, se ha hecho consanguíneo nuestro. Pues si el Verbo se anonadó a sí mismo tomando la forma de esclavo (Filipenses 2, 7), lo hizo para hacer participantes de la naturaleza divina a sus hermanos según la carne, tanto en este destierro terreno por medio de la gracia santificante cuanto en la patria celestial por la eterna bienaventuranza" (Encíclica de Pío XII sobre el Cuerpo Místico de Cristo).
[Nota 17] (2, 17): Por disposición de Dios el Hijo se humilló, asemejándose a nosotros para hacerse Mediador entre Dios y los hombres. Solo de esta manera pudo ser el Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza, es decir, nuestro Redentor.
[Nota 18] (2, 18): Difícilmente podría darse un motivo y argumento más concreto para confiar en la protección de Jesús, aun en todas las pruebas temporales. Por lo cual nos exhorta S. Crisóstomo: > "Quien se deja agobiar por el dolor y pierde el ánimo en las pruebas, no tiene gloria; quien abrumado por la vergüenza se esconde, no tiene confianza". Cf. 3, 6; 4, 15; 7, 19; Colosenses 1, 23 y notas.
[Nota 19] (3, 1): -6. Sigue en los vv. 1-6 la comparación entre Moisés y Cristo. Ambos son mediadores, mas el Mediador del Nuevo Testamento supera incomparablemente a Moisés, pues el Padre, fundador de la Alianza de Moisés, la hizo, como hace todas las cosas, por Cristo su Hijo, "por quien creó también los siglos" (1, 2; Judas 5).
[Nota 20] (3, 6): Insiste sobre la confianza (2, 18 y nota), pero esta vez en el sentido sobrenatural (v. 14).
[Nota 21] (3, 7): ss. Recuerda aquel lugar de *contradicción* en el desierto, donde los israelitas murmuraban contra Moisés y contra Dios, porque les faltaba el agua. Cf. Números 14, 21 ss.; Salmo 94, 8 ss.; Éxodo 17, 7; Números 20, 25.
[Nota 22] (3, 14): S. Pablo enseña aquí que la *fe viva* es como un nuevo ser espiritual en Cristo y nos hace despreciar las cosas de abajo que nos roban este privilegio por el cual somos verdaderamente divinizados en Cristo. Pero a los Hebreos no les da aquí doctrina tan sobrenatural como a los Efesios, Colosenses, etc., por las razones que vimos en 1, 1 y nota. Cf. Juan 10, 34; Salmo 81, 6; 2 Pedro 1, 4.
[Nota 23] (3, 19): A causa de su incredulidad: Conclusión semejante a la que expone en Romanos 11, 30-32. Véase Juan 16, 9, donde Jesús muestra que el pecado por antonomasia está en no creerle a Él como Enviado del Padre porque si fueran rectos le creerían (Juan 3, 19; 7, 17 y nota) y esto es todo lo que Dios les pide (Mateo 17, 5; Juan 6, 29, etc.). Cf. 4, 1; 6, 4 ss. y notas.
[Nota 24] (4, 1): En el presente capítulo el apóstol prueba que la promesa de que los israelitas entrarían en el reposo, no se cumplió en aquel pueblo obstinado. De lo contrario, Dios no la habría repetido por medio de David (3, 7-8). Las palabras tienen, pues, un sentido mesiánico y se cumplirán tan solo en el Nuevo Testamento, siendo la fe la condición para entrar en el reino de Dios.
[Nota 25] (4, 3): Véase Salmo 94, 11. Los que hemos creído: Nótese con qué insistencia presenta S. Pablo la fe como la llave del reino de Dios. Cf. v. 6; 3, 19 y nota. A esto dedicará también todo el grandioso cap. 11 (cf. 10, 38 y nota).
[Nota 26] (4, 8): s. Se refiere a las *promesas* que aún quedan por cumplirse a favor del pueblo de Dios. Cf. 8, 8 ss.; 10, 16 s.; Salmo 104, 8; Hechos 3, 19 ss. y notas.
[Nota 27] (4, 11): Así como el reposo prometido al pueblo de Dios consiste en el reino mesiánico, hay también un reposo para cada creyente redimido por Cristo en aquel completo abandono que nada busca sino a Él.
[Nota 28] (4, 12): He aquí un extraordinario testimonio de la fuerza penetrante de la *Sagrada Escritura* (2 Timoteo 3, 16 s. y nota). Por eso dice S. Gregorio Magno: "Es necesario que quienes se dedican al ministerio de la predicación no se aparten del estudio de la Biblia"; y S. Agustín: "Quien no se aplica a oír en su interior la Palabra de Dios será hallado vacío en su predicación externa". Es lo que no han cesado de inculcar en sus Encíclicas los unimos Pontífices: León XIII en *Providentissimus Deus*, Benedicto XV en *Spiritus Paraclitus* y *Humani Generis*, Pío XII en *Divino Afflante*.
[Nota 29] (4, 14): Nueva incitación a permanecer en la fe. En 6, 4 ss. les expondrá las tremendas consecuencias de abandonarla.
[Nota 30] (4, 15): Para que nuestra *confianza* en Él no tuviera límites, Jesús quiso ponerse a nuestro nivel experimentando todas nuestras miserias menos el pecado (2, 18 y nota). > "Cuando miro a Jesús 'no como a mi Juez sino como a mi Salvador' (según reza la jaculatoria), esto me parece a primera vista una grande insolencia, por la cual Él debería indignarse. ¿Qué diría de eso un juez de los Tribunales?... Pero luego recuerdo que esa confianza es precisamente lo que a Jesús le agrada y que en eso consiste la divina paradoja de que 'la fe es imputada a justicia', o sea, es tenida por virtud, como nos lo revela S. Pablo. Entonces comprendo que tal paradoja se explica por el amor que Él tiene a los pecadores como yo y que al creer en ese amor —cosa dura para mi orgullo— lejos de incurrir en aquella insolencia culpable, me coloco en la verdadera posición de odio al pecado. Porque lo único capaz de hacerme odiar eso que tanto atrae a mí natural maldad, es el ver que ello me hace olvidar un bien tan inmenso y asombroso como es el de ser amado sin merecerlo".
[Nota 31] (4, 16): Al trono de la gracia: es decir, al Santuario celestial (v. 14). > "Recuerdas cuánto consuelo has recibido cada vez que has abierto tu corazón, y desahogado en otro corazón amigo tus íntimos deseos y preocupaciones, tus penas y tus culpas. Eso es lo que aquí se nos enseña a hacer en la oración. Nuestra fe será plena si aprendemos a obrar así con el Padre Celestial, invocando a su Hijo Jesucristo como Mediador". > "¿Cuál oración —pregunta Santo Tomás— puede ser más segura que la dictada por Aquel en quien se hallan todos los tesoros de la sabiduría (Colosenses 2, 3) y que, según lo dice S. Juan, es nuestro abogado delante del Padre?". > "Puesto que es Cristo quien aboga por nosotros ante su Padre ¿qué mejor que implorar nuestro perdón en los términos que nos ha dictado nuestro abogado?" (S. Cipriano).
[Nota 32] (5, 1): Requisitos indispensables en el Sumo Sacerdote deben ser la compasión hacia el prójimo y la vocación de Dios. Cristo es el supremo modelo de ambas. Cf. 1 Timoteo 1, 16. Pontífice significa el que hace puente, esto es, el mediador entre Dios y los hombres.
[Nota 33] (5, 4): Aarón el primer Sumo Sacerdote a quien eligió Dios mismo. Cf. Éxodo 28, 1; 2 Crónicas 26, 18; Salmo 104, 26.
[Nota 34] (5, 5): > "La idea dominante, dice Pirot, es, junto a la perfección personal, la del poder de salvación que le viene desde entonces en calidad de Pontífice según el orden de Melquisedec, es decir, de Pontífice perfecto" (Salmos 2, 7; 109, 4). Claro está que el término "personal" solo ha de referirse aquí a la Humanidad santísima de Jesús, ya que la Persona divina del Verbo no podía perfeccionarse. Así lo añade a continuación el mismo autor refutando a disidentes que ponían en duda la divinidad de la Persona de Jesús: > "No en cuanto Dios se instruye y se perfecciona Jesús por el sufrimiento, sino en cuanto hombre, venido para salvar a los hombres". Cf. 1, 5 y nota.
[Nota 35] (5, 6): Melquisedec, sacerdote y rey de Jerusalén, tipo de Jesucristo (cap. 7). Cf. Salmo 109, 4.
[Nota 36] (5, 7): Para salvarle de la muerte: No se trata de oraciones por otros, pues "en este pasaje el apóstol quiere mostrar que Cristo compartió nuestras debilidades" (Pirot). Cf. Mateo 26, 39 ss.; Marcos 14, 35 s.; Lucas 22, 42 ss.; Salmo 68, 21 y nota. Entonces obtuvo ser librado del temor (así S. Ambrosio y muchos modernos) y se hizo, como Él quería, instrumento de propiciación para que el Padre se demostrase justo no obstante haber "disimulado antes los pecados". Véase sobre esto la asombrosa revelación de Romanos 3, 21 ss. Así se comprende por qué no fue posible librarlo de la muerte, aunque el Padre le habría mandado, si Jesús hubiese querido, más de doce legiones de ángeles. Cf. Mateo 26, 42; Juan 14, 31 y notas.
[Nota 37] (5, 8): > "El más amado y el más obediente de los hijos se sometió —por evitárnoslo a nosotros— a ese duro camino del castigo, como si Él lo hubiera merecido por desobediencia, o como si su Padre no lo amase y lo tratase rudamente. No falló, empero, el amor del Padre, ni la obediencia del Hijo: fuimos nosotros los que fallamos, y el Amor misericordioso lo que triunfó".
[Nota 38] (5, 9): Perfeccionado: ¿Es posible esto? Tratándose de la Humanidad santísima del Señor, solemos inclinarnos a pensar que su Cuerpo fue como el de Adán antes de la caída. Pero S. Pablo insiste en mostrarnos que no es así. Para poder condolerse de nuestra flaqueza (v. 2 y 4, 15) y ser ahora un Pontífice misericordioso (v. 10; 4, 16; 6, 20; 7, 28) tuvo que tener carne mortal, pues vemos que solo recibió después de resucitado la inmortalidad que le permitió ser hecho Sacerdote para siempre a diferencia de los demás (7, 23-25) y encumbrado sobre los cielos (7, 26) a la diestra del Padre (Salmo 109, 4). Es decir que Jesús, "hecho de mujer" (Gálatas 4, 4) y descendiente de Adán (Lucas 3, 37), fue en todo igual a nosotros salvo en el pecado (4, 15), o sea que sin tener pecado heredó y soportó como nosotros las consecuencias del pecado, esto es, la naturaleza sujeta a la muerte, al hambre (Lucas 4, 2), al cansancio (Juan 4, 6), a la tristeza (Mateo 26, 38), al llanto (Lucas 19, 41; Juan 11, 35), al miedo (v. 7) y aun a la tentación de Mateo 4, 1 ss., aunque no al pecado ni a nuestra inclinación al mal; y también a la pérdida de fuerzas físicas, pues que lo hicieron ayudar por el Cireneo (cf. Salmo 68, 21). El poderoso grito que dio al morir (Mateo 27, 50), para mostrar que nadie le quitaba la vida sino que Él la entregaba voluntariamente (Juan 10, 18; 19, 30), fue sin duda milagroso como fue milagrosa la Transfiguración en que Él mostró anticipadamente la gloria que tendrá el día de su Parusía (Marcos 9, 1). Vemos que, aun resucitado, lo confunde Magdalena con un jardinero (Juan 20, 14 s.) y que solo entró en la gloria cuando el Padre lo sentó a su diestra (cf. Marcos 16, 11 y nota), dándole como hombre, es decir también en su Cuerpo, la gloria que tenía como Verbo de Dios igual al Padre (v. 5; 1, 5 y notas; Juan 17, 5; Salmos 2, 7; 109, 1 y 3 y notas). Esta glorificación es la que Él pidió también para nosotros (Juan 17, 21-26; cf. Juan 14, 2 s. y notas) y que nos dará el día que venga a ser glorificado también aquí (2 Tesalonicenses 1, 10; Salmo 109, 5 ss.) haciéndonos "semejantes al cuerpo de su gloria" (Filipenses 3, 20 s.). Este conocimiento de Cristo en su Humanidad que "vino a ser causa de sempiterna salud" es lo que nos une a Él con fe y amor sin límites, mostrándonos que Él es el Santo por excelencia de nuestra admiración y devoción, sin ocurrírsenos más ese pensamiento, que se oye a veces con apariencias de piedad: "Claro está que Jesús hizo maravillas, pero... era Dios", como diciendo que los ejemplos del Evangelio no son para imitarlos nosotros.
[Nota 39] (5, 10): Véase 6, 20.
[Nota 40] (5, 11): Se os han embotado los oídos: Véase Romanos 11, 10; 2 Corintios 3, 14 ss.
[Nota 41] (5, 12): Reproche análogo a este de los hebreos hace a los gentiles de Galacia (Gálatas 4, 9) y de Corinto (1 Corintios 3, 1). Hay aquí una indiferencia y lentitud espiritual que impide al apóstol darles, como quisiera, la plenitud del misterio de Cristo (Cf. 1, 1; 3, 14 y notas).
[Nota 42] (5, 13): s. ¡Cuidado con tomar esta ceguera como infancia espiritual! Cf. 1 Corintios 3, 1 ss. y nota.
[Nota 43] (6, 1): s. Recordando la necesidad de la perfección en la enseñanza, el apóstol, como observa Dom Delatte, se esfuerza aquí, no obstante lo dicho antes (5, 11 s. y notas), por arrastrar consigo a sus compatriotas (véase la confesión que él nos hace en Romanos 11, 14). Notemos que considera como rudimentos la necesidad del arrepentimiento para todos (conversión de las obras muertas) y de la fe (Marcos 1, 15; Hechos 2, 38). Habla de bautismos (v. 2), en plural, tal vez porque se hacían tres inmersiones (cf. Colosenses 2, 12), o abarcando quizás el bautismo de Juan (Hechos 19, 4 y nota) y las abluciones judaicas. Imposición de las manos es el sacramento de la Confirmación (Hechos 8, 17 s.; 19, 6) y del Orden (Hechos 6, 6; 1 Timoteo 4, 14, etc.). Sobre la resurrección y juicio eterno (v. 2) cf. Hechos 17, 31; 1 Corintios 15; 1 Tesalonicenses 4, 12 ss., etc. Parece que el apóstol alude así a la catequesis primitiva y a la preparación al Bautismo, sosteniendo que un bautizado no puede contentarse ya con la enseñanza de un catecúmeno. Véase sobre estas cosas la *Didajé*, manual cristiano del primer siglo.
[Nota 44] (6, 2): Más que del juicio eterno prefiere el apóstol hablarles de *eterna salvación* (5, 9); *eterna redención* (9, 12); *eterno espíritu* (9, 14); *eterna herencia* (9, 15); *eterna alianza* (13, 20). Cf. 7, 19 y nota.
[Nota 45] (6, 3): Es decir que S. Pablo se confirma en ese propósito de ir mas tejos en la exposición de la doctrina, empezando por mostrarles a continuación la gravedad que entraña la apostasía (v. 4 ss.), luego los estimula con paternal confianza (v. 9 ss.) reconociendo su caridad, y en fin les muestra como meta la esperanza en Cristo resucitado. Cf. 7, 19; 10, 23 y notas.
[Nota 46] (6, 4): ss. El apóstol muestra aquí a los judíos (y lo confirma en 10, 26 s.) el peligro de la *apostasía de la fe*, la cual comporta el pecado contra el Espíritu Santo, porque rechaza la luz (3, 19 y nota) y que por tanto los dejaría privados de la gracia que viene de la fe, y entregados sin defensa en manos de Satanás, padre de la mentira. Así lo muestra también S. Pablo, respecto de los gentiles, en 2 Tesalonicenses 2, 11 s. De ahí la imposibilidad de levantarse de este pecado, que reniega del Bautismo y del Espíritu Santo y es semejante a un nuevo pecado de Adán, que elige libremente a Satanás antes que a Dios. Tampoco puede borrarse por un nuevo Bautismo, porque este se da una sola vez. A lo mismo parece aludir también S. Juan cuando habla del que comete pecado *de muerte* (1 Juan 5, 16 y nota). Hasta aquí llega lo que puede entender el hombre. Más allá es indudable que subsiste el misterio de la infinita y libérrima misericordia de Dios, que puede siempre aplicarla a quien quiera y como quiera, sin dar cuenta a nadie de su conducta (Romanos 9, 15 s.; Santiago 4, 12). Algunos ven figurada la actitud de tales hebreos, que así retroceden hallándose al borde de la salvación, en la de aquellos que en Cadesbarne, no obstante haber visto los frutos de la Tierra prometida, no quisieron subir hasta ella por incredulidad a la Palabra de Dios (Deuteronomio 1, 25 ss.).
[Nota 47] (6, 7): Cf. la Parábola del Sembrador (Mateo 13, 1 ss.).
[Nota 48] (6, 12): Cf. Apocalipsis 13, 10 y nota.
[Nota 49] (6, 18): Las dos cosas inmutables son la promesa de Dios y su juramento a Abrahán. El v. 20 aludirá al juramento que también Jesús había recibido en Salmo 109, 4, sobre su Sacerdocio para siempre. Cf. 7, 28.
[Nota 50] (6, 19): s. El velo es la carne mortal de Jesús (10, 20). El *velo* que ocultaba al Santo de los Santos en el Templo de Jerusalén (9, 3 s.) simbolizaba esa Carne, es decir, la Humanidad santísima de Jesús (cf. 5, 9 y nota) y por eso se rasgó al momento de su muerte (Mateo 27, 51). Era necesario que Él muriese (Hechos 3, 22 y nota) y fuese glorificado para que se cumpliesen las promesas dadas a los Patriarcas (Romanos 15, 8). Como áncora: de aquí que el *ancla* sea el signo de la esperanza.
[Nota 51] (7, 1): Sigue la comparación con Melquisedec, rey de Salem (Jerusalén), que es en el Antiguo Testamento tipo de Cristo Sacerdote y Rey (Salmo 109, 3 y 4; Isaías 11; Zacarías 6, 11 ss., etc.). Como aquel, así también Cristo es "rey de paz" y "sin padre", es decir, sacerdote por vocación de Dios y no por herencia de familia levítica; y así como Melquisedec descuella sobre Abrahán y Leví, así también la Persona de Cristo tiene preeminencia sobre la persona de aquel. Para hacernos comprender su argumentación, el apóstol aduce los diezmos que Abrahán dio a Melquisedec, mostrando así la superioridad de este. Cf. Génesis 14, 18 y nota.
[Nota 52] (7, 3): Sin padre, sin madre, etc.: modelo del sacerdote en general, que no pertenece a ninguna familia sino solo a Dios. Ni fin de vida: No parece esto afirmar que Melquisedec continúe viviendo (como lo sabemos de Elías y Enoc), sino que su muerte permanece tan ignorada como todas las demás circunstancias de su vida que enumera S. Pablo sobre este misterioso personaje. Algunos lo creían de naturaleza angélica y querían así explicar que "el orden de Melquisedec" se aplicase al sacerdocio de Jesús (5, 6). De todos modos recalca S. Pablo el carácter celestial del divino Pontífice, que fue "nombrado por Dios" (5, 10), que penetró los cielos (4, 14) y dijo a los sacerdotes de Israel: > "Vosotros sois de abajo; Yo soy de arriba" (Juan 8, 23).
[Nota 53] (7, 8): Aquí: en el sacerdocio de Leví; allí: en el sacerdocio de Melquisedec, donde tenemos un sacerdote inmortal: Cristo.
[Nota 54] (7, 11): Aarón, el primer Sumo Sacerdote, representa el sacerdocio levítico que no era capaz de ofrecer un don perfecto, cual es hoy el sacrificio eucarístico, memorial de la Nueva Alianza sellada con la sangre de Cristo (1 Corintios 11, 25).
[Nota 55] (7, 13): Porque Cristo, a quien miraban estos vaticinios de David, no fue de la tribu de *Leví*, de la que eran tomados los sacerdotes, sino de la de Judá, a quien no pertenecía la función sacerdotal. Cf. 8, 4 y 13; Ezequiel 44, 15 y nota.
[Nota 56] (7, 16): s. Indestructible (Buzy, traduce: "con el privilegio de la inmortalidad"): porque Jesús resucitado no es mortal como antes y ya no puede morir (v. 24; Romanos 6, 9). De ahí que sea constituido Sacerdote "para siempre" (vv. 17 y 20). Cf. 5, 6; Salmo 109, 4 y nota.
[Nota 57] (7, 19): La Ley (dada en Éxodo caps. 19 ss.), fue superada por el Evangelio, como doctrina (Mateo 5, 17-48) y como espiritualidad (Gálatas 3, 1 ss.). Una esperanza mejor: la Nueva Alianza de los creyentes en Cristo, la Ley de la gracia y las promesas que superan a las esperanzas puramente terrenales de Israel. Véase 11, 10; 12, 18 ss.; 1 Tesalonicenses 4, 16 s.; Gálatas 4, 24 ss.; Apocalipsis 21, 10. Cf. 8, 8 ss.; 10, 23 ss. Otros traducen en el sentido de que la perfección no vino de la Ley, pero sí vino al introducirse una mejor esperanza (Romanos 5, 2). Junto con esta *mejor esperanza* Pablo anuncia a los hebreos *mejor pacto* (8, 6); *mejor posesión* (10, 34); *mejor patria* (11, 16); *mejor resurrección* (11, 35); *algo mejor* (11, 40); *sangre que habla mejor que la de Abel* (12, 24). Cf. 6, 2 y nota.
[Nota 58] (7, 25): ¡Qué consuelo no significa para nosotros el saber que podemos contar permanentemente con la oración todopoderosa de Cristo por nosotros y por nuestro ideal apostólico! Cf. 5, 7 y nota; 10, 4; Juan 17, 20; Romanos 8, 34. Solemos pensar que a Jesús, por ser Dios, no debemos pedirle que ruegue por nosotros, como si fuera impropia de Él tal cosa. Aquí vemos, con más claridad aún que respecto de los santos y la Santísima Virgen, cómo Jesús no solo rogó por nosotros en vida (Juan 17, 9 ss.) y prometió rogar después (Juan 14, 16) sino que está rogando permanentemente por nosotros, siendo esta precisamente su misión como Sacerdote (v. 26).
[Nota 59] (7, 26): Bellísimo *retrato sacerdotal* de Jesús, a quien S. Pedro llama el Pastor y Obispo de nuestras almas (1 Pedro 2, 25). Cf. 13, 20; Juan 10, 11.
[Nota 60] (7, 27): > "Este sacrificio único bastó a causa de su valor infinito. Cf. 9, 12, 25-28; 10, 10. En efecto, consistió en la inmolación de Jesucristo mismo. Por primera vez en los escritos del Nuevo Testamento se presenta aquí, abiertamente a Jesús como sacerdote y víctima a un tiempo". (Fillion).
[Nota 61] (7, 28): Llegado a la perfección: (así también Pirot). Cf. 5, 9 y nota.
[Nota 62] (8, 1): ss. La preexcelencia del sacerdocio de Cristo se muestra, además, por el *lugar* donde ejerce sus funciones, es decir, no en la tierra, en el *Sancta Sanctorum*, sino en el cielo (9, 11 y 24; 10, 19). Esto quiere decir que, allá en lo Alto, Jesucristo presenta perpetuamente a su Padre el mérito de su pasión y de su muerte consumada ya en la cruz (5, 7 y nota), misterio que repetimos cada día en el sacrificio eucarístico. Inmensa novedad para los destinatarios de esta carta. Según el judaísmo talmúdico, dice Klausner, el Mesías solo libraría a Israel de la sujeción política, haría prosélitos de los gentiles y juzgaría a las naciones con rectitud y equidad.
[Nota 63] (8, 4): Pues hay: Fillion hace notar que el griego, a diferencia de la *Vulgata*, usa el presente (cf. 13, 11) "de donde se concluye, con justificada razón —añade— que el culto judío aún subsistía cuando fue compuesta la Epístola y que ella apareció, por consiguiente, antes de la ruina de Jerusalén. El detalle 'según la Ley' —prosigue— es importante: aquí abajo ya se ofrecía a Dios los sacrificios exigidos por Él; era, pues, menester que el nuevo Pontífice ofreciera el suyo en el cielo". La actitud de S. Pablo frente al culto judío, continuado en el Templo de Jerusalén hasta su destrucción el año 70, así como su conducta en las sinagogas judías donde él mismo predicaba (Hechos 13, 14 y 44; 14, 1; 18, 4, etc.), confirma la verdad, a menudo olvidada de que el rechazo definitivo de Israel fue al fin del tiempo de los Hechos de los Apóstoles (Hechos 28, 28). Este tiempo le fue acordado a Israel, según la Parábola de la higuera infructuosa (Lucas 6, 13 ss.) para que los judíos de la Dispersión reconocieran, mediante la predicación apostólica, al Mesías resucitado a quien los jefes de la nación judía rechazaron mientras Él vivió (Hechos 3, 17-26 y notas). El mismo Jesús había aludido a esto al anunciar la necesidad de su Muerte y Resurrección (Lucas 24, 44 ss.), pues sin ello la semilla no daría fruto (Juan 12, 24 y 32), ya que antes de eso "aún no había Espíritu" por cuanto Jesús no había sido todavía glorificado (Juan 7, 39). De ahí, pues, que durante "esos días anunciados por los Profetas" (Hechos 3, 24), los judíos, aun cristianos, frecuentaran el templo y observaran la Ley, continuando sin embargo las señales milagrosas y los carismas visibles del Espíritu Santo. Mas desoída por Israel la predicación de los apóstoles, no solo en Jerusalén, sino también en Antioquía de Pisidia (Hechos 13, 14-48), en Tesalónica (Hechos 17, 5-9), en Corinto (Hechos 18, 6) y finalmente en Roma, donde Pablo les habla por última vez de Jesús, "según la Ley de Moisés y los Profetas" (Hechos 28, 23), el apóstol, al verlos apartarse (Hechos 28, 25), les anuncia solemnemente que "esta salud de Dios ha sido transmitida a los gentiles" (Hechos 28, 28 ss. y notas), a quienes en adelante explayará principalmente el misterio del Cuerpo Místico escondido desde todos los siglos (Efesios 3, 9; Colosenses 1, 26).
[Nota 64] (8, 5): Cf. Éxodo 25, 40. En 13, 10 vemos el contraste entre estas figuras materiales y la realidad celestial y espiritual (cf. 13, 9; Juan 4, 23 s.). En el monte: figura del cielo (v. 2) donde está Cristo el eterno Sacerdote. El apóstol, "después de haber probado, por la naturaleza del Sacerdocio de Jesucristo, que su teatro es el cielo, lo prueba una vez más por la tipología" (Pirot). Cf. Hebreos 9, 23; 10, 1; Colosenses 2, 17. > "En las palabras de S. Pablo hay que dar no pequeña parte a la metáfora. Como sería ridículo afirmar que existe en el cielo un 'tabernáculo verdadero' que sirviera de modelo al construido por Moisés, así sería irracional pretender deducir de las palabras del apóstol que Jesucristo solamente en el cielo consumó su sacrificio. Lo único que inculca S. Pablo es que el sacerdocio y el sacrificio de Jesucristo no son terrenos a la manera de los levíticos, ni están vinculados a un santuario material" (Bover).
[Nota 65] (8, 8): Vemos aquí que Jesucristo es también mediador de las promesas referentes a la salvación de Israel, a quien fue prometido antes que a los gentiles (10, 16; Ezequiel 34, 25 y nota; 37, 21-28; 2 Corintios 3, 15 s.). Es de notar que las profecías mesiánicas de Jeremías 31, 31 ss., que aquí reproduce S. Pablo y que corresponden a Israel y a Judá, son paralelas a las de Isaías 59, 20 s., que él mismo reproduce en Romanos 11, 25 ss., como anuncio de la conversión final de Israel (cf. Jeremías 30, 3 y nota). Lo mismo vemos en otros pasajes del Nuevo Testamento (10, 29; 12, 26 ss.; Hechos 2, 17 s.; 3, 22 ss.; 15, 16 ss.; Romanos 9, 25 ss., etc. y notas). Se admite comúnmente la aplicación de estas promesas al período actual de la gracia, en que no hay "ni judío ni griego" (Gálatas 3, 28 s.).
[Nota 66] (8, 13): El apóstol se refiere a los sacrificios antiguos (cf. v. 4; 7, 13 y 19 y notas) y no a las divinas Escrituras del Antiguo Testamento. > "Los Libros santos del Antiguo Testamento son Palabra de Dios y parte orgánica de su revelación" (Encíclica *Mit brennender Sorge*).
[Nota 67] (9, 2): s. Describe el Santuario terrestre, es decir, el tabernáculo, que Moisés hizo por orden de Dios en el desierto, y cuya continuación era el Templo de Jerusalén. Cf. Éxodo 25 y 26; 36, 8; Levítico 16. Sobre el velo (v. 3) cf. 6, 19 s. y nota.
[Nota 68] (9, 4): El detalle de la conservación de la vara de Aarón en el Arca nos es dado solamente por S. Pablo. Nótese la suma veneración con que se guardaban las tablas de la Ley. Con el mismo espíritu solíase conservar antiguamente el sagrado Libro del Evangelio al lado de la Eucaristía. Cf. v. 19.
[Nota 69] (9, 5): Propiciatorio: Así se llamaba la plancha de oro con que estaba cubierta el Arca de la Alianza. Sobre ella se derramaba la sangre de las víctimas en el día de la Expiación. Cf. v. 12 y nota.
[Nota 70] (9, 11): s. Los bienes venideros: cf. v. 15. Pirot hace notar la lección de S. Efrén: "Pontífice futuro, no de los sacrificios sino de los bienes". Después de haber obtenido: otra diferencia entre el Sacerdote celestial y los de la Ley: el Sumo Pontífice entraba una vez al año en el santuario (Santo de los Santos) del Tabernáculo (y luego del Templo único) de Jerusalén; y, *después de entrar*, derramaba sobre el *Propiciatorio* sangre de animales por los pecados del pueblo y los suyos (Levítico 16, 14 ss.; Números 19, 9 y 17). En cambio Jesucristo, *antes de entrar*, y por única vez, al Santuario celestial (10, 19), constituido Sacerdote para siempre (5, 9; 6, 20; 8, 2; 10, 21), había derramado como Víctima, en este mundo, su Sangre de infinito valor, y así *obtenido redención eterna* (v. 12), pues el Padre "lo puso como *instrumento de propiciación* por medio de la fe en su Sangre" (Romanos 3, 25), con esa eficacia definitiva (10, 10) que no tuvo aquel antiguo *Propiciatorio*. De aquí deducen los sectarios la objeción de que la misa sería una repetición innecesaria del Sacrificio de Cristo ya consumado en el Calvario y ofrecido en el cielo. La verdad es que Jesús mandó hacer en memoria suya lo que Él realizó en la Cena, y el mismo S. Pablo (1 Corintios 11, 20 ss.) y S. Lucas (Hechos 2, 42) nos muestran que, en su cumplimiento, los primeros cristianos "perseveraban en la fracción del pan" y "en la Cena del Señor". S. Justino y S. Ireneo recogen en igual sentido la tradición primitiva de la Iglesia. Y lo mismo hicieron S. Ignacio Mártir y S. Clemente Romano. El cristiano de fe ilustrada sabe que en la misa no se ofrece una víctima distinta de la que fue inmolada en el Calvario (v. 26) y que todos nuestros ruegos, como los del celebrante, han de unirse a los de la divina Víctima Jesús, el Sumo Sacerdote para siempre, que allí en el Santuario celestial, "con su intercesión incesante, con la aplicación de los frutos de la cruz y con la continuada renovación del sacrificio eucarístico, da cierta perpetuidad moral al sacrificio del Calvario" (Bover).
[Nota 71] (9, 13): La ceniza de la vaca sacrificada y quemada se mezclaba con agua y se la esparcía sobre los que tenían que purificarse.
[Nota 72] (9, 14): Por su Espíritu eterno: como observa Pirot, más que el Espíritu Santo parece entenderse aquí el Verbo, o sea la naturaleza divina de Jesús que ofrece al Padre su Humanidad como víctima (cf. Romanos 1, 4; 1 Corintios 15, 45; 1 Timoteo 3, 16). > "Este espíritu, siendo poderoso y eterno, comunica a la efusión de la sangre en la Cruz un valor infinito y una eficacia eterna" (10, 10).
[Nota 73] (9, 17): El testamento, o sea la promesa (en hebreo *berith*) de la nueva alianza que tendría por Mediador al Mesías (v. 15; 8, 6-13; 10, 15-18), no pudo entrar en vigor sino por su muerte. Cf. Hechos 3, 22 y nota.
[Nota 74] (9, 23): Véase este contraste en 8, 5 y 13, 10. Cf. 10, 1.
[Nota 75] (9, 26): En la consumación de las edades: en esta última edad del mundo, pues su muerte borra los pecados de todas las generaciones. Cf. 1 Corintios 10, 11; Gálatas 4, 4; 1 Juan 2, 18.
[Nota 76] (9, 28): Véase v. 12 y nota. > "Aparecerá, no ya para ofrecerse en sacrificio por el pecado, sino para dar la salud eterna a todos aquellos que le esperan con amorosa impaciencia, deseando su eterna libertad" (S. Crisóstomo). Cf. Lucas 21, 28; Romanos 8, 23; Filipenses 3, 20 s.; 2 Timoteo 4, 8; 1 Pedro 3, 18; 2 Juan 7.
[Nota 77] (10, 5): ss. Cita del Salmo 39, 7 s. (según los LXX). Véase allí las notas. El apóstol ve en esta oración la de *Cristo* que motiva su presencia en la tierra por el deseo de cumplir la voluntad de su Padre (véase Mateo 26, 42; Juan 14, 31 y notas). Para ello se ofreció Él como víctima y sufrió todo lo que de Él estaba escrito en el *rollo del libro*, esto es, en la Escritura. En estas palabras ha de admirarse, pues, la primera oración del "Hijo del hombre" "*al entrar en el mundo*", o sea en el momento de la Encarnación del Verbo. Es digno de nuestra mayor atención que la primera oración del Dios Hombre sea tomada del Salterio, como también su última: "en tus manos encomiendo mi espíritu" (Salmo 30, 6; Lucas 23, 46). Véase Juan 4, 34; 10, 17 s.; Isaías 53, 7. Comentando estas palabras misteriosas dice el Papa Pío XI: > "Aun en la Cruz no quiso Jesús entregar su alma en las manos del Padre antes de haber declarado que estaba ya cumplido todo cuanto las Sagradas Escrituras habían predicho de Él, y así toda la misión que el Padre le había confiado, hasta aquel último tan profundamente misterioso "sed tengo" que pronunció "para que se cumpliese la Escritura" (Juan 19, 28). (Encíclica *Ad Catholici Sacerdotii*).
[Nota 78] (10, 13): Aguardando lo que resta: Véase 2, 8; 2 Tesalonicenses 2, 6; Salmo 109, 1-4 y notas.
[Nota 79] (10, 16): Véase 8, 10 y 12; Jeremías 31, 33 s. y notas.
[Nota 80] (10, 19): s. > "Las alusiones y atrevidas metáforas de este pasaje reclaman alguna declaración. Ante todo hay una alusión, que pudiéramos llamar fundamental, al segundo velo del Templo, a través del cual penetraba el Pontífice con la sangre de las víctimas en el Lugar Santísimo. Otra segunda alusión recuerda el velo del Templo que se rasgó de alto a bajo al morir el Redentor. Luego, una osada metáfora presenta la carne del Salvador, rasgada con los clavos y principalmente con la lanza, como el velo rasgado, a través del cual entramos en el Santuario celeste" (Bover).
[Nota 81] (10, 21): La casa de Dios. Cf. 1 Pedro 2, 5; Judas 20.
[Nota 82] (10, 23): Nuestra esperanza: es decir, la meta que propuso como perfección (7, 19; Tito 2, 3 y notas) cuyo objeto supremo, Cristo, señala en el v. 25 Cf. 6, 3; 9, 28 y notas.
[Nota 83] (10, 25): La común reunión: En griego "*episynagogué*", palabra solo usada aquí y en 2 Tesalonicenses 2, 1 para indicar la unión de todos en Cristo el día de su venida. Cf. 1 Tesalonicenses 4, 16 s. Esta reunión de los fieles es la Iglesia (Mateo 13, 47 ss. y notas). El día: > "El día de la segunda venida de Jesucristo, que los primeros cristianos miraban como próximo. Cf. v. 37" (Crampon). Cf. Salmo 117, 24 y nota. Fillion observa que el griego dice: > "*Ten hemeran*, con el artículo: el día bien conocido. Es cosa cierta que el autor ha querido designar aquí el segundo advenimiento de Jesucristo (cf. 1 Corintios 3, 13; 1 Tesalonicenses 5, 4; 2 Timoteo 1, 12 y 18, etc.)". El mismo autor hace notar el importante papel que la esperanza ocupa en toda esta Epístola destinada a luchar contra el desaliento, y cita 3, 6; 6, 11 y 18 s.; 7, 19, etc. La esperanza mesiánica sería también hoy el lazo de unión para cristianos y judíos (cf. Hechos 23, 6; 26, 6-8; 28, 20), pues entre estos "se ha llegado poco a poco a negar la creencia en el advenimiento de un Mesías personal, sustituyéndolo por la idea de la misión mesiánica del pueblo de Israel, que habrá de realizarse en la era mesiánica de la humanidad". Cf. Amós 8, 12 y nota.
[Nota 84] (10, 26): Véase 6, 4 y nota.
[Nota 85] (10, 29): S. Pablo insiste en mostrar a los hebreos que es más grave despreciar los dones de la Nueva Alianza en la sangre de Cristo (9, 17 y nota; Lucas 22, 20), por lo mismo que son más preciosos que los de la Antigua. Véase Cantar de los Cantares 8, 6.
[Nota 86] (10, 30): Cf. Deuteronomio 32, 35 s.; Salmo 134, 14; Romanos 12, 19.
[Nota 87] (10, 32): Iluminados por Cristo (6, 4; 2 Corintios 4, 4; Efesios 1, 18; 2 Timoteo 1, 10). Algunos lo refieren concretamente al Bautismo, el cual, por esto se llama también, especialmente en la Iglesia oriental, Sacramento de la Iluminación. "Los iluminados en la primitiva Iglesia eran los bautizados (entonces adultos) que estaban en "novedad de vida" (Romanos 6, 6) porque se habían revestido de Cristo". Cf. Juan 12, 46.
[Nota 88] (10, 37): s. Cita de Habacuc 2, 3 s. Brevísimo tiempo: esta idea, frecuentemente expresada (cf. v. 25 y nota; Romanos 13, 11; 1 Corintios 1, 7; 1 Tesalonicenses 1, 10; 2 Tesalonicenses 1, 7 y 10; 2, 13; Santiago 5, 8; 1 Pedro 4, 7, etc.) ha hecho suponer a algunos que tal vez la defección de Israel (Lucas 13, 6; Hechos 28, 23 ss.; Romanos 11, 30) retardó en el plan divino el cumplimiento de esa promesa. Cf. 2 Pedro 3, 4 y 9; Romanos 11, 25 s. El que ha de venir: Crampon hace notar que el griego "nombra al Mesías: *Ho erjómenos* (Daniel 7, 13; Zacarías 9, 9; Malaquías 3, 1; Mateo 11, 3; Lucas 7, 19) y aplica el oráculo a los tiempos mesiánicos" (cf. Juan 11, 27 y nota). El justo mío vivirá por la fe (v. 38): El justo vive de la fe por todos conceptos: en cuanto solo la fe puede hacerlo justo según Dios; en cuanto solo la confianza que da esa fe puede sostenerlo en medio de las persecuciones anunciadas a los creyentes; y en cuanto esa misma fe es la prenda de la promesa de vida eterna. Por tres veces S. Pablo cita este texto, y —cosa admirable— cada vez saca de él una nueva luz. En Romanos 1, 17 presenta la fe del Evangelio como don universal a judíos y griegos, y muestra en consecuencia la inexcusabilidad de los que no lo aceptan. En Gálatas 3, 11 presenta la fe en Cristo por oposición a las obras de la Ley, mostrando que ya nadie se justificará por estas sino por aquella. Aquí presenta a los hebreos la fe en el sentido de confiada esperanza, como la actitud que corresponde necesariamente a todo el que vive en un período de expectación y no de realidad actual, es decir, el que va persiguiendo un fin y no se detiene en los accidentes del camino sino que mira y goza anticipadamente aquel deseado objeto, que ya poseemos y disfrutamos "en esperanza" (Romanos 5, 2; 8, 24; 12, 12). Los dos maravillosos capítulos que siguen (11 y 12) no son sino el desarrollo de este concepto, de esta visión, a través de innumerables ejemplos, hasta culminar (12, 26 s.) en la cita de Ageo 2, 6 aplicándola al gran cambio que espera a las cosas transitorias (12, 27).
[Nota 89] (10, 39): Aquellos que se retiran: Alude a la deserción de la esperanza, que señaló en el v. 25. Alma: puede traducirse también "vida". Cf. Lucas 21, 19.
[Nota 90] (11, 1): s. La seguridad que la fe nos proporciona de las cosas invisibles es incomparablemente mayor que la alcanzada por medio de la ciencia humana. De ahí que la fe viva sea el único *fundamento* (el griego dice sustancia) sobre el cual se puede apoyar la esperanza de los bienes venideros, para lo cual ha de estar animada por el amor, ya que sin este no desearíamos esos bienes (3, 6; 7, 19; 8, 6; 10, 23, etc.). Muy necesario es, pues, avivar la fe. Tal es el objeto de todo este admirable capítulo y no es otro el de toda la Epístola y aún el de toda la Sagrada Escritura. El único reproche que Jesús hacía a sus discípulos era la falta de fe (Lucas 17, 5 s. y nota). ¡Son tantas y tan distintas de la lógica humana las maravillas que Él nos propone creer en cada página del Evangelio! (Lucas 17, 23 y nota). Por eso la fe es la vida del justo (10, 38) porque, si no es fingida (1 Timoteo 1, 5), nos lleva a obrar por amor (Gálatas 5, 6). La prueba de lo que no se ve (cf. vv. 3 y 7), es sinónimo de seguridad y certeza, de confianza total, de crédito ilimitado a la Palabra de Dios, aunque a veces nos parezca un crédito en descubierto; de entrega sin condiciones, como la desposada que se juega toda su vida al dejar el hogar de sus padres para entregarse a un extraño (Génesis 2, 24; Efesios 5, 31; Salmo 44, 11 s.) > "¡Dichosos los que no vieron y creyeron!" (Juan 20, 29). ¿Y nosotros? ¿Es así como hemos creído a Cristo? ¿Quién se atrevería a pretenderlo? Mientras así no sea, estamos en falta de fe y necesitamos crecer en ella cada día, a cada instante. Tenemos, pues, que pedirla, porque es un don de Dios (Marcos 9, 23), y buscarla especialmente en las Sagradas Escrituras, pues la fe viene de la palabra (Romanos 10, 17); y no averiguar otra explicación para nuestras tristezas y nuestras faltas de espíritu o de conducta: todas vienen de que no le creemos a Jesús, pues al le creemos, Él habita en nuestros corazones (Efesios 3, 17) y vivimos de Él como el sarmiento de la vid (Juan 15, 1 ss.). Sobre esto de creerle a Cristo decía con fuerte ironía un predicador: > "Conviene recordar bien de memoria todas y cada una de las palabras de Jesús. A lo mejor resulta que son ciertas y que perdemos lo que en ellas se nos promete por no haberlo sabido o no habernos interesado en recordar lo que escuchamos con frialdad y escepticismo".
[Nota 91] (11, 2): Testimonio: cf. vv. 5 y 39.
[Nota 92] (11, 3): Las edades: cf. 1, 2; 9, 26 y nota.
[Nota 93] (11, 4): El apóstol va a mostrar a los hebreos muchos *ejemplos de fe*, aun desde antes de Israel, comenzando por Abel, quien por su fe habla todavía, y cuya sangre clama a Dios (Génesis 4, 8; Mateo 23, 35). Aquí se nos muestra por qué el sacrificio de Abel, figura del Cordero, fue más grato a Dios que el de Caín (Génesis 4, 4).
[Nota 94] (11, 5): Sobre Enoc, cf. Génesis 5, 24; Eclesiástico 44, 16; 49, 16.
[Nota 95] (11, 6): Crea su ser: > "Al que se ha de ir uniendo a Dios, conviénele que *crea su ser*. Como si dijera: el que se ha de venir a juntar en una unión con Dios, no ha de ir entendiendo ni arrimándose al gusto, ni al sentido ni a la imaginación, sino creyendo su ser, que no cae en entendimiento, ni apetito, ni imaginación ni otro algún sentido, ni en esta vida se puede saber" (San Juan de la Cruz). Para eso no basta la creencia de que hay una deidad creadora del universo (Romanos 1, 20). Eso lo creen también los demonios, y no se salvan (Santiago 2, 19). Es necesario mirar a Dios tal como Él se ha revelado, es decir, conocerlo tal como Él quiere ser conocido (Juan 17, 3) para poder pensar bien de Él (Sabiduría 1, 1) y tenerle entonces esa fe absolutamente confiada que vimos en el v. 1. Tal es lo que entiende el apóstol al decir "que Él es remunerador de los que le buscan", o sea, no un simple juez de justicia sino un Salvador que hace misericordia a cuantos confían en Él. Cf. Salmo 32, 22; Lucas 1, 50; Efesios 2, 4; Juan 3, 16; 6, 37, etc.
[Nota 96] (11, 7): Por la fe: Construyendo el arca y creyendo a la Palabra de Dios, condenó la incredulidad de sus contemporáneos (Génesis 6, 8-22; Eclesiástico 44, 17; 1 Pedro 3, 20). Jesús pone aquella fe y esta incredulidad como ejemplo de lo que ocurrirá con las señales de su segunda Venida (Lucas 17, 26 s.).
[Nota 97] (11, 8): ss. Cf. Génesis 12, 1-4; 15, 5; 17, 19; 21, 2; 22, 17; 23, 4; 26, 3; 32, 12; 35, 12 y 27; Eclesiástico 44, 20-23; Hechos 7, 2-8; Romanos 4, 16-22.
[Nota 98] (11, 12): Azarías recuerda a Dios esta promesa en Daniel 3, 36, haciéndole presente la escasez del pueblo durante el cautiverio de Babilonia. Según algunos, las estrellas del cielo serían los descendientes fieles de Abrahán, y las arenas del mar los que solo descienden de él según la carne (Romanos 9, 6 ss.; Gálatas 4, 28).
[Nota 99] (11, 13): En la tierra de Canaán los patriarcas encontraron solo una figura de la patria que buscaban (v. 16), y se consideraron peregrinos (Génesis 23, 4; 47, 9; 1 Crónicas 29, 15) como todos lo somos en esta vida (Salmo 38, 13). S. Ireneo hace notar que entonces no recibieron cumplimiento de las promesas (Génesis 13, 14 ss.; 15, 18; 27, 23, etc.) y tanto Abrahán (Génesis 12, 10) como Jacob (Génesis 42, 10; 43, 1, etc.) tuvieron que recurrir a Egipto a causa del hambre. Y agrega respecto al primero: > "y entonces no recibió su herencia en aquella tierra, ni siquiera un palmo, sino que siempre fue en ella peregrino y extranjero. Y cuando murió Sara su esposa, queriendo voluntariamente los heteos darle lugar para sepultarla, no quiso recibirlo sino que compró un monumento a Efrén hijo de Seor, heteo, entregando cuatrocientos ciclos de plata (Génesis 23, 10), prefiriendo atenerse a la promesa de Dios y no queriendo aparecer como que recibía de los hombres lo que le halda prometido Dios, el cual en otro lugar (Génesis 15, 18) le habla dicho: 'A tu posteridad daré esta tierra desde el río de Egipto hasta el grande río Éufrates'".
[Nota 100] (11, 19): > "Abrahán era figura del Padre celestial e Isaac la de Jesús" (Buzy). Isaac es también figura del Señor resucitado, por cuanto Dios lo devolvió a su padre que estaba a punto de inmolarlo como sacrificio (Génesis cap. 22). En esto consistió el ejemplo admirable de la fe de Abrahán, que creyó esperando contra toda esperanza (Romanos 4, 18 ss.). Así creyó la Virgen María al pie de la Cruz (Juan 19, 25 y nota).
[Nota 101] (11, 21): Cf. Génesis 47, 31. S. Pablo sigue la versión de los Setenta, cuyo sentido sería que Jacob acataba el señorío de José y es él, como figura, la realeza de Cristo.
[Nota 102] (11, 24): Moisés es modelo de los que por la fe desprecian los honores y seducciones del mundo. Así lo hizo el mismo apóstol, Véase Filipenses 3, 8; cf. Números 11, 28 s.
[Nota 103] (11, 26): El oprobio de Cristo: S. Pablo toma como tipo de Jesucristo al pueblo de Israel por los oprobios que sufrió en Egipto.
[Nota 104] (11, 27): Como si viera ya: He aquí el secreto de la esperanza, que permite evadirse del presente doloroso y vivir en el gozo anticipado de lo que se espera, manteniéndose firme en esa confianza y sabiendo que el Padre está presente aunque no se le vea con los ojos de la carne. Cf. Juan 14, 23.
[Nota 105] (11, 28): s. Cf. Éxodo 12, 21; 14, 22; Josué 6, 20; 2, 3.
[Nota 106] (11, 33): Los vv. 33-39 son un resumen de manifestaciones de fe que los lectores de esta Carta conocían bien; por eso no traen nombres. Hay referencias a Daniel cerrando la boca de los leones (Daniel 6, 22); a Jeremías torturado (Jeremías 20, 2); a Elías y Eliseo resucitando muertos (1 Reyes 17; 2 Reyes 4); a Zacarías lapidado (2 Crónicas 24, 21); a Isaías, aserrado por medio (según es tradición judía), etc.
[Nota 107] (11, 40): El Mesías trajo la salud también para los justos del Antiguo Testamento. Según algunos, Dios habría querido que esperasen para entrar en el cielo hasta que fuese abierto por la Ascensión del Salvador para que sus almas recibiesen con nosotros esa eterna recompensa. Pero aquí se trata de una perfección o consumación definitiva (cf. Efesios 4, 12 s.) y no del destino del alma solamente (cf. Apocalipsis 6, 10). De ahí que S. Crisóstomo, S. Agustín, Estio y otros antiguos y modernos reconozcan aquí la resurrección corporal, que se efectuaría para los justos del Antiguo Testamento (Daniel 12, 2) como para los del Nuevo (Lucas 14, 14; 1 Corintios 15, 23 y 51 ss.; 1 Tesalonicenses 4, 16, etc.), al mismo tiempo, esto es, en el Advenimiento de Cristo al juicio. Tenía provisto algo mejor: Esta mejor provisión podría consistir simplemente en esa espera de los antiguos. Véase sin embargo Mateo 27, 52 s. y nota. Algunos deducen de aquí un destino superior para los cristianos que para los justos de la Antigua Alianza, considerando a estos como "amigos del Esposo" (Juan 3, 29 y nota), y a la Iglesia como Esposa del Cordero (Apocalipsis 19, 6 ss.). Con todo, en el v. 16 y en 12, 22 vemos que los patriarcas están llamados a la Jerusalén celestial (Apocalipsis 21, 2 y 10). Cf. 10, 25 y notas; 13, 14. Son estos puntos de escatología, muy difíciles de precisar, que envuelven el misterio de Israel como Esposa de Yahvé y de la Iglesia como Esposa de Cristo, y que Dios parece haber dejado en el arcano (Gálatas 6, 16 y nota) hasta el momento propicio en que se han de entender (Jeremías 30, 24; Daniel 12, 4 y 9). Compárese al respecto el misterio de los siete truenos (Apocalipsis 10, 4) que es el único que a S. Juan se le mandó sellar (Apocalipsis 22, 10), por lo cual parecería lógico suponer que en él se encierra la llave para la plena inteligencia del plan de Dios según esa grande y definitiva profecía del Nuevo Testamento. Entretanto, algo parece cierto y es: que si el Cordero que subió a lo más alto de los cielos (Efesios 1, 20) será la *lumbrera* que ilumine la Jerusalén celestial (Apocalipsis 21, 23), los que estemos incorporados a Él (Juan 14, 3) como su Cuerpo místico (Efesios 1, 23) asimilados "al cuerpo de su gloria" (Filipenses 3, 20 s.), tendremos en Él una bendición superior a toda otra. Cf. Juan 17, 24 y nota.
[Nota 108] (12, 1): ss. Siguiendo el ejemplo de tan grandes santos que supieron evadirse de sí mismos (11, 27 y nota), pongamos los ojos en Jesús, *autor y consumador de la fe*. Véase al respecto Salmo 118, 37 y nota y la introducción al Libro de la Sabiduría.
[Nota 109] (12, 6): s. Todo este pasaje es el más eficaz *consuelo* en las pruebas de esta vida. > "No lleguemos a figuramos, dice S. Crisóstomo, que las aflicciones sean una prueba de que Dios nos ha abandonado y de que nos desprecia, pues son, al contrario, la señal más manifiesta de que Dios se ocupa de nosotros; porque nos purifica de nuestros vicios, y nos facilita los medios de merecer su gracia y protección". Cf. nuestro estudio sobre "Job, el libro del consuelo".
[Nota 110] (12, 11): Cf. 2 Corintios 4, 17 s.; Sabiduría 3, 5; Juan 16, 20; 1 Pedro 1, 6; Santiago 3, 18; Isaías 35, 3; Job 4, 4.
[Nota 111] (12, 12): Cf. Isaías 35, 3 ss., de donde está tomada la cita.
[Nota 112] (12, 13): Los lectores de la carta andaban claudicando entre judaísmo y cristianismo (1, 1 y nota). Por lo cual les amonesta a marchar directamente hacia el fin, que es la salvación en Jesucristo.
[Nota 113] (12, 14): Vemos una vez más que, para Pablo, la santidad es en el cristiano el estado normal y necesario. Véase 1 Tesalonicenses 4, 8 y nota.
[Nota 114] (12, 16): s. Cf. Génesis 27, 38. No pudo cambiar (v. 17): esto es: Esaú no pudo mover a su padre Isaac a que se arrepintiese de la bendición dada a Jacob ni volviese sobre sus pasos. El desprecio de la privilegiada elección de Dios que significaba la primogenitura (v. 23), es lo que más ofende al amor (Cantar de los Cantares 8, 6 y nota). Véase en Revista Bíblica Nº 39, pág. 29, un estudio intitulado "Primogenitura", sobre este caso de Esaú.
[Nota 115] (12, 18): ss. Recuerda los acontecimientos tremendos que se produjeron cuando la manifestación de Dios en el monte Sinaí. Vemos cuánto más suave o la Ley de gracia y de amor traída por Jesús, y cuánto debemos apreciar las palabras de confianza que se nos dan en el Evangelio. Así también es mayor la responsabilidad del que las conculca (10, 29) o las menosprecia desdeñando escucharlas (Juan 12, 47-48). Cf. v. 25.
[Nota 116] (12, 22): > "El apóstol señala sucesivamente el teatro de la Nueva Alianza (v. 22) y las promesas que ella aporta (vv. 22-24)... Sobre las promesas gloriosas vinculadas a Sión y a Jerusalén, cf. Salmo 2, 6; 47, 2; 77, 68 ss.; 124, 1; Isaías 52, 1; Miqueas 4, 7; Gálatas 4, 26; Apocalipsis 21, 2 y 10, etc." (Fillion). Véase el paso del Sinaí al Sión en Salmo 67, 18 y nota.
[Nota 117] (12, 23): Primogénitos: cf. v. 16 y nota. Según algunos, los justos del Antiguo Testamento. Según Fillion, todos los fieles, porque "en la familia cristiana todos los hijos son primogénitos; pues participan todos de las mismas ventajas, que son la realeza y el sacerdocio". Véase 1 Pedro 2, 9; Apocalipsis 1, 6; 5, 10 etc.
[Nota 118] (12, 24): La sangre de Abel clamaba venganza (11, 4; Génesis 4, 10); la sangre de Cristo, en cambio, pide perdón y misericordia, porque es también sangre de una alianza (9, 18; 13, 11 s.) pero mejor que la antigua. Cf. 8, 6; 13, 20 y nota
[Nota 119] (12, 25): Vemos que la condenación de aquellos se funda en que no quisieron oír la Palabra. Gran lección para nosotros. El que no oye la divina Palabra no puede amar a Dios, pues no lo conoce. Y si no lo ama, no puede cumplir sus mandamientos (Juan 14, 23 s.). Leamos, pues, esa carta (la Sagrada Escritura) que Dios —dice S. Gregorio— escribió al género humano; oigamos atentos el Mensaje que Él nos mandó por medio de su Hijo, para que no se apague nuestro amor. Cf. v. 18 ss. y nota; 1 Samuel 12, 15; Jeremías 6, 10; 7, 23; Oseas 9, 7 y nota; Juan 12, 48.
[Nota 120] (12, 26): s. Cita de Ageo 2, 6, según los Setenta, que coincide con el texto hebreo. En la *Vulgata* es Ageo 2, 7 (véase allí la nota). El apóstol acentúa las palabras "una vez todavía" queriendo mostrar a los hebreos que los bienes definitivos que Israel esperaba del Mesías, a quien luego rechazó (cf. Isaías 35, 5 y nota), se cumplirán plenamente en Cristo resucitado (13, 20; Hechos 3, 22 y notas). Para entender bien este pasaje, que es la conclusión de todo lo que precede, véase 8, 4; 10, 38 y nota. Cf. Isaías 13, 13; Ezequiel 21, 27; Joel 3, 16; Mateo 24, 29; 2 Pedro 3, 10 s. Reino inconmovible (v. 28): De él habla el Credo: "cuyo Reino no tendrá fin".
[Nota 121] (12, 28): Tengamos gratitud (así el Crisóstomo). Cf. 13, 15 y nota, donde se habla también del *culto agradable a Dios* en el sentido de alabanza, fruto de la gratitud. Otros vierten: "retengamos la gracia" (cf. v. 15).
[Nota 122] (12, 29): Dios consume como un fuego a sus amigos, para fundirlos consigo; a sus enemigos, para destruirlos. Cf. Deuteronomio 4, 24; 9, 3; Isaías 33, 14, etc.
[Nota 123] (13, 2): Alude a *Abrahán*, *Tobías* y otros, de los que la Biblia narra que hospedaron a ángeles (Génesis 18, 2 ss.; 19, 1 ss.; etc.). Cf. 1 Pedro 4, 9; Romanos 12, 13; Filipenses 2, 14, etc.
[Nota 124] (13, 3): Consecuencia de la caridad fraterna (v. 1) es acordarse de los que sufren y estar con ellos en espíritu, como hacía S. Pablo (2 Corintios 11, 29). Y después de hacer por ellos cuanto el Señor nos muestra (Efesios 2, 10) hemos de saber que no está en nuestra mano el suprimir de la tierra los dolores —sin duda necesarios para prueba de la fe (1 Pedro 1, 6 s.)— y así, sin perder la paz y la alegría, encomendaremos al Padre celestial, según las intenciones de Cristo, a esos hermanos doloridos y desdichados que sufren a ejemplo de Él (1 Pedro 2, 21; 3, 14; 4, 14) y cuya existencia nos consuela a su vez en las pruebas nuestras.
[Nota 125] (13, 4): Es decir, todos honren el matrimonio respetando el tálamo, sea propio o ajeno, para no ser fornicarios o adúlteros. No puede sostenerse la interpretación de algunos disidentes, según la cual el matrimonio debe ser obligatorio para todos (cf. 1 Timoteo 3, 2; Tito 1, 6). Porque, si bien S. Pablo condena a los que prohíben el matrimonio como si fuese pecado (1 Timoteo 4, 3; 1 Corintios 7, 25), no es menos cierto que el mismo apóstol aconseja la virginidad como más conveniente (1 Corintios 7, 27 ss.) y el Señor nos enseña que, aunque no todos lo entienden, hay eunucos que se hacen tales a causa del Reino de los cielos (Mateo 19, 12).
[Nota 126] (13, 5): Cf. Deuteronomio 31, 6; 1 Crónicas 28, 20; Josué 1, 5. Cf. Salmo 33, 4 s.; Filipenses 4, 19.
[Nota 127] (13, 6): Cita del Salmo 117, 6. Este salmo contiene las grandes esperanzas de Israel y Jesús lo cita también en su despedida del Templo (Mateo 23, 39 y nota).
[Nota 128] (13, 7): Cf. vv. 17 y 24. Las expresiones "acordaos" y "fin de su vida" muestran que se refiere a los primeros apóstoles, ya mártires entonces, como Esteban (Hechos 7) y Santiago (Hechos 12, 1 s.). El apóstol destaca una vez más como distintivo y mérito esencial de los pastores el haber transmitido la Palabra de Dios (Hechos 6, 2 y nota). > "Mucho se debe a aquellos de quienes se ha recibido la palabra evangélica" (Fillion). Cf. 1 Tesalonicenses 5, 12 s.; 1 Pedro 4, 11.
[Nota 129] (13, 8): s. Si Cristo siempre es el mismo, su Evangelio es invariable, y también las tradiciones apostólicas (1 Timoteo 6, 20; Gálatas 1, 8 ss. y notas). > "Es, pues, falso que se deba modernizar la doctrina de Cristo, y adaptar su mensaje, esencialmente sobrenatural, a una propaganda puramente sociológica o política, como si el Señor fuese un pensador a la manera de tantos otros que se ocuparon de cosas temporales, y no un Profeta divino que nos llamó de parte del Padre a su Reino eterno, prometiendo darnos lo demás por añadidura y dejando al César el reino de este mundo" Cf. Mateo 6, 33; 22, 21; Lucas 12, 14; Juan 18, 36; 2 Timoteo 2, 4, etc.
[Nota 130] (13, 9): Advertencia semejante a la que hace a los gentiles en 1 Corintios 10, 14. Cf. nota.
[Nota 131] (13, 10): Tenemos un altar: Pirot, refiriéndose a la opinión de los que ven aquí la mesa eucarística, dice: > "Es no tener en cuenta la doctrina general de la Epístola, para la cual el sacrificio cristiano es siempre el Sacrificio de la Cruz". Y añade que los vv. siguientes son la explicación del presente. En efecto, el v. 15 (cf. nota) habla de que ofrezcamos "un continuo sacrificio de alabanza", y que ello sea *por medio de Jesús*. Y que sea "fuera del campamento" (v. 13). ¿Cuál es ese campamento? Este mundo, "porque aquí no tenemos ciudad permanente sino que buscamos la futura" (v. 14) es decir, el cielo, donde está desde ahora nuestra habitación (Efesios 2, 6; Filipenses 3, 20; Colosenses 3, 1-3). Así, pues, las palabras "*tenemos un altar*" corresponden a las anteriores: "*Tenemos un Pontífice... en los cielos, Ministro del Santuario*" (8, 1 s.) al cual Santuario "*tenemos libre acceso*" por la sangre de Jesús (10, 19), y allí "*tenemos un gran Sacerdote sobre la casa de Dios*" (10, 21) al cual hemos de llegarnos confiadamente (10, 22). No es otra la opinión de S. Tomás, pues dice: > "Este altar, o es la cruz de Cristo en la cual Él se inmoló por nosotros, o es el mismo Cristo en el cual y por el cual ofrecemos nuestras preces".
[Nota 132] (13, 12): Fuera de la puerta: el Calvario quedaba entonces fuera del recinto de Jerusalén (Mateo 27, 32; Juan 19, 17 y 20), esto es, dice Teodoreto, fuera del sistema teocrático.
[Nota 133] (13, 13): Alusión al "macho cabrío emisario" que simbólicamente llevaba los pecados del pueblo al desierto en el gran día de la Expiación. Salgan así también de su pueblo los hebreos cristianos, disponiéndose a separarse de quienes en Israel no acepten el nuevo sacrificio redentor de Cristo. Este es tal vez el misterioso sentido del Salmo 44, 11 s., cuando dice: Abandona la casa de tu padre, etc. Llevando su oprobio: porque los judíos cristianos eran despreciados por sus compatriotas, como lo fue el Maestro (10, 32 ss.; 11, 26; 12, 11). Cuando recordamos la Pasión de Jesús, sentimos que nada puede ser más deseable para el corazón que ser humillado en compañía del divino Rey escupido, abofeteado y coronado como rey de burlas. Cf. Filipenses 2, 7 y nota, Hechos 5, 41.
[Nota 134] (13, 14): La futura: Alude sin duda a la Jerusalén celestial, como vimos en 11, 40 y nota. Allí está escondida nuestra vida que es Cristo (Colosenses 3, 4). De allí esperamos que Él venga y en eso ha de consistir nuestra conversación (Filipenses 3, 20 s.). Eso hemos de buscar (Colosenses 3, 1 s.) y saborear anticipadamente en esperanza (Tito 2, 13). Véase en Jeremías 35, 7 ss. el ejemplo de los Recabitas que vivían como peregrinos en la tierra. Cf. 11, 14 y nota.
[Nota 135] (13, 15): He aquí para todos una gran luz acerca de la *oración*: El sacrificio de alabanza es lo propio de todo creyente, sacerdote en cierto modo, según enseña San Pedro (1 Pedro 2, 4 ss.); y hemos de ofrecerlo *continuadamente* y *por medio de Él*, pues es el Sacerdote del Santuario celestial (5, 9; 6, 20; 7, 24 s.; 8, 2; 9, 11 y 24; 10, 19 s.). Cf. v. 10; Romanos 12, 1 y notas. Dios se digna recibir nuestra alabanza como un obsequio precioso (Salmos 49, 23 y nota; 68, 31 s.). Y no es porque su infinita Majestad divina tenga nada que ganar con que lo alabemos, sino porque ello es, para nosotros y para nuestro bien, el mayor acto de justicia y santidad que podemos hacer: alabar al Único que es digno de alabanza (Salmo 148, 13; Romanos 16, 27 y notas), y tal será el lenguaje de los santos el día de la glorificación final de Cristo (Salmo 149, 6). De ahí que la patente señal del extravío del mundo sea —aunque él naturalmente no lo cree así— haber sustituido la alabanza de Dios por la de los hombres. Tal será el sumo pecado del Anticristo y el misterio de la iniquidad: ocupar el hombre el lugar de Dios como quiso Lucifer (2 Tesalonicenses 2, 6 ss.; Isaías 14, 12-15 y notas).
[Nota 136] (13, 17): Como observa Fillion, el v. 7 se refiere a los pastores antiguos, y este a los de entonces.
[Nota 137] (13, 19): Esta referencia personal y la mención de Timoteo (v. 23) muestran bien que la Epístola es de S. Pablo aunque no lleve su firma.
[Nota 138] (13, 20): Alusión a la promesa de Ezequiel 34, 25 (véase allí la nota). Jesús anunció en Juan 10, 12 que el buen Pastor pone la vida por sus ovejas y en Lucas 22, 20 enseñó que la Nueva Alianza era *en su Sangre derramada*. Ahora vemos cómo esa función de "Pastor y Obispo de las almas" (1 Pedro 2, 25), que Cristo resucitado asumirá en la Nueva Alianza (1 Pedro 5, 4), se funda *en la sangre que derramó*. Fillion hace notar que el epíteto "*eterna*", aplicado a esta alianza, resume lo que el apóstol ha dicho antes en 8, 8 ss. y 12, 26 s. Merk cita además los siguientes lugares: Isaías 63, 11; Zacarías 9, 11; Isaías 55, 3; Jeremías 32, 4 y Ezequiel 37, 26.
[Nota 139] (13, 21): Es, pues, Dios quien nos hace capaces de cumplir su propia voluntad. Véase Filipenses 2, 13; Romanos 5, 5; Judas 24, etc. Hasta entonces los hebreos ignoraban esto, pues no contaban con la Sangre redentora de Cristo (v. 10 ss. y nota). Lo mismo reprocha S. Pablo a los gentiles de Galacia (Gálatas 3, 1 ss. y notas), y aun podría reprocharlo a muchos de nosotros cuando piramos a Jesús como un simple moralista, ignorando el misterio de la Redención o inutilizando los méritos que Él nos ganó (Gálatas 2, 21), con lo cual, imposibilitados de amar a Cristo porque no tenemos conciencia de lo que le debemos, no pensamos en la amistad con Él y solo nos preocupamos como el fariseo del Templo (Lucas 18, 9 ss.) de elaborar presuntuosamente virtudes propias como si eso fuera posible sin Él (Juan 15, 5; cf. Marcos 7, 4 y nota). En la Sagrada Escritura la palabra *virtud* es aplicada a Dios, pues significa *fuerza*, y a Él le corresponde plenamente, porque "nadie es bueno sino solo Dios" (Lucas 18, 19). Cf. Lucas 1, 35; 5, 17; 6, 19; Hechos 8, 10; Romanos 1, 16 y 20; 1 Corintios 1, 18; 2 Corintios 12, 9, etc.
[Nota 140] (13, 23): Sabed, etc. Según Santo Tomás, el apóstol quiere decir a los hebreos que reciban a Timoteo con benevolencia, tanto más cuanto que había sido circuncidado no obstante ser hijo de padre gentil (Hechos 16, 3).
[Nota 141] (13, 24): Se refiere a los apóstoles aún vivientes (cf. vv. 7 y 17) y a todos los hebreos creyentes. ¿Quiénes serían? Es un punto digno de meditación el que de tantos discípulos directos del Señor incluso los 72 primeros, entre los cuales ha de haber tantas almas escogidas, no nos haya quedado memoria alguna. No anunció Jesús que sus amigos tendrían gloria aquí abajo.

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