¿Quién fue Rahab en la Biblia?

Jose Toro
Rajab

Rahab, o también conocida como Raab, fue una mujer prostituta de Jericó que es nombrada por primera vez en la Biblia por Josué en su Libro de su mismo nombre, que pertenece al Antiguo Testamento, por su apoyo a dos espías israelitas en el tiempo de la conquista de Canaán por parte de Israel; De igual manera en el Evangelio de San Mateo, en La Epístola de los Hebreos y en la Epístola de Santiago.

Rahab acogió en su casa a los dos espías –llamados Josué y Caleb- enviados por Moisés a Jericó para evaluar las condiciones para poder tomar las tierras, el Rey que tenía conocimiento de la llegada de los espías mandó a arrestarlos y asesinarlos por lo que los israelitas se vieron en la obligación de esconderse. Ante la busque de los soldados por Canaán, Rahab escondió a los espías bajo las cañas de lino que estaban secando en el tejado y dio una pista falsa sobre el paradero de los hombres, con esta acción pudo salvarles la vida a los informadores de Josué. Luego de la toma de Jericó por Israel, su familia fue la única sobreviviente puesto que fueron considerados aliados del reino de Israel.

Rahab tomó al judaísmo como su religión, aceptando al Señor en su vida y en tierra natal, desde ese momento Raab fue una fiel y respetuosa hija del Dios de Israel.

Historia

Josué 2, 1–22: Rajab y los espías

2 «Vayan a explorar la tierra, especialmente Jericó.» Cuando los espías llegaron a Jericó, se hospedaron en la casa de una prostituta llamada Rajab. 2 Pero el rey de Jericó se enteró de que dos espías israelitas habían entrado esa noche en la ciudad para reconocer el país. 3 Así que le envió a Rajab el siguiente mensaje: «Echa fuera a los hombres que han entrado en tu casa, pues vinieron a espiar nuestro país.»

4 Pero la mujer, que ya había escondido a los espías, le respondió al rey: «Es cierto que unos hombres vinieron a mi casa, pero no sé quiénes eran ni de dónde venían. 5 Salieron cuando empezó a oscurecer, a la hora de cerrar las puertas de la ciudad, y no sé a dónde se fueron. Vayan tras ellos; tal vez les den alcance.» 6 (En realidad, la mujer había llevado a los hombres al techo de la casa y los había escondido entre los manojos de lino que allí secaba.) 7 Los hombres del rey fueron tras los espías, por el camino que lleva a los vados del río Jordán. En cuanto salieron, las puertas de Jericó se cerraron.

8 Antes de que los espías se acostaran, Rajab subió al techo 9 y les dijo:

—Yo sé que el Señor les ha dado esta tierra, y por eso estamos aterrorizados; todos los habitantes del país están muertos de miedo ante ustedes. 10 Tenemos noticias de cómo el Señor secó las aguas del Mar Rojo para que ustedes pasaran, después de haber salido de Egipto. También hemos oído cómo destruyeron completamente a los reyes amorreos, Sijón y Og, al este del Jordán. 11 Por eso estamos todos tan amedrentados y descorazonados frente a ustedes. Yo sé que el Señor y Dios es Dios de dioses tanto en el cielo como en la tierra. 12 Por lo tanto, les pido ahora mismo que juren en el nombre del Señor que serán bondadosos con mi familia, como yo lo he sido con ustedes. Quiero que me den como garantía una señal 13 de que perdonarán la vida de mis padres, de mis hermanos y de todos los que viven con ellos. ¡Juren que nos salvarán de la muerte!

14 —¡Juramos por nuestra vida que la de ustedes no correrá peligro!—contestaron ellos—. Si no nos delatas, seremos bondadosos contigo y cumpliremos nuestra promesa cuando el Señor nos entregue este país.

15 Entonces Rajab los bajó por la ventana con una soga, pues la casa donde ella vivía estaba sobre la muralla de la ciudad. 16 Ya les había dicho previamente: «Huyan rumbo a las montañas para que sus perseguidores no los encuentren. Escóndanse allí por tres días, hasta que ellos regresen. Entonces podrán seguir su camino.»

17 Los hombres le dijeron a Rajab:

—Quedaremos libres del juramento que te hemos hecho 18 si, cuando conquistemos la tierra, no vemos este cordón rojo atado a la ventana por la que nos bajas. Además, tus padres, tus hermanos y el resto de tu familia deberán estar reunidos en tu casa. 19 Quien salga de la casa en ese momento, será responsable de su propia vida, y nosotros seremos inocentes. Sólo nos haremos responsables de quienes permanezcan en la casa, si alguien se atreve a ponerles la mano encima. 20 Conste que si nos delatas, nosotros quedaremos libres del juramento que nos obligaste hacer.

21 —De acuerdo—respondió Rajab—. Que sea tal como ustedes han dicho.

Luego los despidió; ellos partieron, y ella ató el cordón rojo a la ventana.

22 Los hombres se dirigieron a las montañas y permanecieron allí tres días, hasta que sus perseguidores regresaron a la ciudad. Los habían buscado por todas partes, pero sin éxito.

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