Moniciones a la FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR- La Candelaria

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02 de Febrero 2020

Tips Litúrgicos del Día:

Blanco // LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR; fiesta // Misa de la
fiesta, Gloria, lecturas propias, prefacio propio. // Se prohíben las Misas
de difuntos, excepto la exequial. // 1ª Lectura: Ml 3, 1-4 o Hb 2, 14-18;
Salmo: Sal 23; Evangelio: Lc 2,22-40 o bien más breve Lc 2,22-32.
LITURGIA DE LAS HORAS: de la fiesta.
Observaciones:

Las candelas pueden ser bendecidas con procesión o entrada solemne.

Se encienden las candelas desde el principio, mientras se canta la antífona
“Nuestro Señor vendrá con gran poder…”, u otro cántico apropiado.

En la procesión el sacerdote puede usar capa pluvial o casulla.

Al entrar en la iglesia o en el presbiterio se canta el introito de la Misa, se
omite el saludo y el acto penitencial. Sigue el himno del Gloria y la oración
colecta.

MONICIÓN DE ENTRADA

La Iglesia conmemora hoy la Presentación del Niño en el Templo, cuando Simeón, lleno del Espíritu Santo, reconoce en Jesús la salvación, la luz del mundo. Ya no caminamos a ciegas. Es la Fiesta de la Luz, la fiesta de la Candelaria. La Liturgia de la Palabra nos habla de la purificación necesaria para que la luz de Dios resplandezca. Sólo los humildes se abren al amor, se someten a la purificación y reconocen en Jesús la luz definitiva, la salvación. Llenos de alegría, pongámonos de pie y abramos los ojos y el corazón a la Presencia del Resucitado aquí y ahora entre nosotros.

MONICIÓN PRIMERA LECTURA (Malaquías 3,1-4)

El Profeta anuncia que pronto llegará el Rey de la Alianza, que va a purificar nuestro amor para que seamos una ofrenda agradable a Dios. Escuchemos con atención. 

MONICIÓN SEGUNDA LECTURA (Hebreos, 2,14-18)

En vez de un personaje grandioso, el mensajero de Dios resulta ser un niñito indefenso que se transforma en un adulto rechazado y crucificado. Entregando su vida por amor, nos introduce en la verdadera relación de amor con Dios.  Escuchemos.

MONICIÓN EVANGELIO (Lucas 2,30-32)

Lucas hace hincapié en que Dios se manifiesta en los humildes porque sólo ellos son capaces de abrirse al amor, el valor divino por excelencia. Abramos los oídos, la mente y el corazón, y pongámonos de pie para acoger la Palabra.  

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